
El hermano pequeño de John McEnroe, Patrick, llegó a ganar un Roland Garros en dobles en 1989 y formó parte del equipo estadounidense de Copa Davis, del que fue entrenador después durante más de una década. Ahora trabaja en la academia que lleva el nombre de su hermano formando nuevos talentos y desde hace unos días ha decidido dar varias entrevistas, en las que lo más interesante es qué opina de otros jugadores:
John McEnroe: «Mi hermano era obviamente mucho mejor jugador que yo. Creo que ese partido fue más duro emocionalmente para él que para mí. Yo siempre lo admiré, fue como un mentor y me ayudó en todo mi camino. Es el mejor jugador individual de Copa Davis que ha habido en este país. Hoy en día seguiría siendo un jugador de primer nivel y probablemente también llegaría al número uno. Incluso, con el sistema electrónico de líneas, quizá se enfadaría menos, se habría calmado un poco y hasta podría haber sido mejor, aunque parte de su fuerza venía de esa emoción».
Mark McEnroe: «Tenemos otro hermano en medio, Mark, que no jugó tenis altamente competitivo, pero era muy buen jugador. Era como el puente entre nosotros, el que equilibraba las cosas».

Björn Borg: «Si ves los partidos de mi hermano contra Borg, parece que juegan a cámara lenta. Pero si tuvieran que jugar hoy, también podrían adaptarse y hacerlo».
Roger Federer: «Roger hacía que todo pareciera fácil por la elegancia que tenía. Era precioso verlo jugar» (…) «Cuando era joven tenía mucho temperamento, incluso era bastante impulsivo en sus primeros años en el circuito. Pero aprendió a canalizar esa energía hasta convertirse en el jugador sereno que todos recordamos. Ese control no era natural, lo trabajó».
Rafael Nadal: «La intensidad, el enfoque y la fuerza física de Nadal eran algo que no habíamos visto a ese nivel».
Novak Djokovic: «Djokovic ha sido el más difícil de batir porque combina todo. Es el paquete completo. Para mí, es el mejor jugador de todos los tiempos en el lado masculino. Su récord habla por sí solo. Está a punto de cumplir 39 años y sigue en lo más alto. Lo que más me impresiona es su pasión por seguir compitiendo con los jóvenes» (…) «Él mismo ha dicho que su fortaleza mental no es algo con lo que naciera, sino algo que ha entrenado, igual que entrena su golpe de derecha o su saque».
Carlos Alcaraz: «Juega con una alegría increíble. Hace golpes que antes ni pensábamos que fueran posibles, y los hace con regularidad. Ha elevado el nivel del juego. Tiene la explosividad de Nadal, la velocidad de Djokovic y el talento de Federer, todo en uno. Es un showman, como una estrella de Broadway. Le encanta jugar y conectar con la gente, y está atrayendo a muchos niños al tenis».
Serena Williams: «Es una entre mil millones. Tenía una técnica increíble, un saque precioso y todos los golpes. Su dureza, su competitividad y su deseo eran impresionantes. Estaba totalmente enfocada cuando salía a jugar. Además, tuvo que soportar muchas cosas como mujer afroamericana en este deporte, y admiro cómo manejó todo eso. Pasó de ser una chica persiguiendo a su hermana a convertirse en una de las más grandes».
Venus Williams: «Serena empezó intentando alcanzar a su hermana mayor».
Steffi Graf: «Terminó con 22 grandes. Si hubiera jugado más años, quién sabe cuántos habría ganado».
Jannik Sinner: «Es un gran jugador, pero más mecánico. Fuera de la pista es más reservado, aunque no podría ser más educado ni más elegante. Ha llevado el golpeo desde el fondo a otro nivel, aunque no tiene tanta variedad como Alcaraz».
Andre Agassi: «Agassi era uno de esos jugadores que movían al público. Ahora está muy metido en el pickleball, parece que le ha dado una nueva vida».
Pete Sampras: «He visto el tenis evolucionar desde la era de Agassi y Sampras».
Ben Shelton: «Es ahora mismo el número uno estadounidense. Nos encanta su historia, que jugara otros deportes y pasara por la universidad. Creo que tiene una oportunidad».
Taylor Fritz: «Es un veterano que sigue llamando a la puerta. Ha estado en una final del US Open y sigue muy cerca».

Luego, sobre la evolución del juego, el McEnroe pequeño cree que ha habido un cambio en el ritmo, pero no en la esencia: «El tenis se ha vuelto más rápido. El tempo de los puntos y de los partidos ha aumentado a medida que la tecnología ha mejorado. Las raquetas, las cuerdas… todo permite a los jugadores golpear más fuerte y con más control, y eso hace que tengan que moverse también más rápido. Pero, en realidad, si miras los fundamentos, el tenis no ha cambiado tanto. Lo que ha cambiado es la velocidad a la que se ejecuta todo. Es un aprendizaje continuo: cada generación ve lo que hace la anterior e intenta ir un paso más allá».
Por mucha evolución técnica que haya, sigue pesando la personalidad, opina: «El tenis es un deporte impulsado por estrellas. Siempre lo ha sido. Necesita jugadores con carisma, rivalidades que enganchen, historias que contar. Al final, hay unos pocos que son los que realmente mueven la aguja. El nivel puede ser altísimo, pero el atractivo del tenis no depende solo de cómo se juega, sino de quién lo juega. Son esas figuras las que hacen que el público quiera encender la televisión y ver un partido».
Aunque hay quien se queja de que el tenis tiene poco margen de mejora, él está en contra de esa apreciación: «Siempre pensamos que no se puede ir más allá, que el nivel ya es el máximo, y sin embargo cada pocos años aparece alguien que cambia las reglas. Los jugadores jóvenes ya están intentando golpes que hace una década ni siquiera se planteaban. Eso abre el juego, lo hace más creativo y más espectacular. Cada generación empuja un poco más el límite, y eso es lo que mantiene vivo al tenis».
Patrick McEnroe vs. John McEnroe
En otra entrevista dada días atrás se explayó sobre el trato que tuvo con su hermano. Desde el principio su carrera estuvo bajo la sombra de su hermano mayor, John: «Desde muy joven tuve que preguntarme si esto era realmente lo que quería hacer, porque sabía que me iban a comparar con mi hermano hiciera lo que hiciera. Tenía que mirarme al espejo y decidir si quería seguir en esto sabiendo que esa comparación iba a estar siempre ahí».

Esa presión fue constante en su carrera: «Me pasó cuando tenía que decidir a qué universidad ir, me pasó cuando di el salto al circuito profesional y me pasó después cuando empecé a trabajar como comentarista o como capitán de Copa Davis. Siempre estaba esa idea de que ibas a seguir los pasos de tu hermano. Al final entendí que, fuera donde fuera, la comparación iba a existir, así que lo único que podía hacer era elegir lo que fuera mejor para mí».
Solo tuvo que calibrar qué sería el éxito para alguien de su nivel: «No era una obviedad que yo fuera a llegar al tenis profesional como lo fue para él. Él era un fenómeno con 17 años. Yo tuve que trabajar muchísimo solo para convertirme en un jugador competitivo en el circuito», admite. A partir de ahí, su relato se articula sobre una idea clara: redefinir el éxito en términos propios. «Sabía que no iba a tener su carrera, así que tenía que encontrar la manera de que la mía tuviera sentido. Eso fue lo que intenté hacer todo el tiempo».
En 1991, se enfrentaron en Chicago en una final: «Mi hermano era siete años mayor que yo y en ese momento estaba ya al final de su carrera, mientras que yo estaba en mi mejor momento. Fue prácticamente la única etapa en la que salí a la pista pensando que realmente podía ganarle». Hasta entonces, explica, la historia había sido muy distinta: «Me había ganado siempre, con mucha facilidad. Me había dominado toda la vida».
Sin embargo, las emociones estaban a flor de piel: «Para él era mucho más difícil que para mí. Lo último que quería en el mundo era perder contra su hermano pequeño», señala. Patrick, en cambio, no vivía el partido con la misma urgencia competitiva: «Yo lo admiraba, había sido una guía para mí, así que no tenía esa necesidad enorme de ganarle. Quería competir, claro, pero no era una obsesión». Aun así, reconoce que era la única ocasión real en la que esa victoria estaba a su alcance.

El momento más recordado del partido llegó en el punto de partido, cuando un teléfono sonó en la grada en medio del silencio: «Fue justo cuando él iba a sacar. Se hizo un silencio total y de repente sonó un teléfono en la parte alta del estadio. Entonces paró y dijo: ‘Mamá está llamando’». La broma tenía un trasfondo familiar: su padre había viajado expresamente para ver la final, mientras que su madre se había quedado en casa. «Era una especie de chiste interno», explica Patrick, que respondió con la misma ironía: «Le dije que yo llegaría a casa pronto porque el partido estaba a punto de terminar».
El encuentro se cerró en ese mismo punto, con victoria de John, pero no lo olvida porque no fue un partido más: «Fue la única vez que realmente pude ganarle, o al menos la única en la que sentí que podía hacerlo».

