Reportajes

Una generación de italianos no sabe lo que es un Mundial: «Mi padre y mi abuelo me han contado historias, siento un poco de envidia»

Es noticia
Aficionados italianos (Foto: Cordon Press) Italia - Bosnia
Aficionados italianos (Foto: Cordon Press)

«Sentí tristeza, rabia. Porque Italia siempre iba al Mundial y es la tercera vez seguida que no irá. Nosotros no hemos visto nunca un Mundial con Italia. Nunca. Sería bonito. Mi padre y mi abuelo me han contado historias del Mundial. Siento un poco de envidia porque me gustaría haber estado ahí en esos momentos», cuenta Michele mientras pasea por la calle principal de Údine con su amigo Francesco. Desde los 14 años aseguran que «ya no hay jugadores como antes» (sic) porque en la Serie A «ya no se dan oportunidades a los jóvenes y solo se fichan jugadores extranjeros». Sus ídolos son «de fuera», no del país. Las dos generaciones anteriores ya habían ganado una Copa del Mundo a su edad. Esta generación, huérfana, se encuentra de repente en la triste e impensable situación de preguntarse a qué país anima

El ministro de Deportes del país, Andrea Abodi, ha reconocido estos días que le entristece pensar que hay «toda una generación de niños y jóvenes que aún no han experimentado la emoción de ver a la selección nacional jugar un Mundial». «El fútbol es un deporte y en tiempos de crisis militar y económica como esta no se le debería dar más importancia de la que tiene, pero por otro lado es innegable que es algo más que un deporte. Especialmente en Italia, donde el fútbol se ha convertido en cultura popular, un ritual comunitario y un símbolo de prestigio internacional», afirmó después de lamentar el enésimo «fracaso» de la Azzurra.

La semana pasada, justo después de que Adidas presentara una camiseta para el Mundial que ya no cruzará el Atlántico, la selección italiana completó una trilogía fatal, un drama nacional en tres actos a cada cual más trágico. La penosa derrota contra Bosnia y Herzegovina en los penaltis de la final de la repesca supone la tercera ausencia consecutiva en un Mundial. Se volvió a perder un partido que no se podía perder, igual que en 2018 contra Suecia y en 2022 contra Macedonia del Norte. Italia se ha convertido en la primera campeona del mundo ausente en tres ediciones seguidas de la Copa del Mundo. La presente es todavía más grave si cabe porque será un torneo de 48 equipos, con Cabo Verde, Curaçao, Jordania o Uzbekistán y sin Italia: presente en todas las ediciones desde 1962 hasta 2014 y campeona en 1934, 1938, 1982 (España) y 2006.

Pio Esposito (Foto: Cordon Press)
Pio Esposito (Foto: Cordon Press)

En 2010 la selección italiana quedó última de grupo, con dos empates con Paraguay y Nueva Zelanda y una derrota contra Eslovaquia, y en 2014 volvió a casa como tercera de grupo, con un triunfo contra Inglaterra y dos derrotas contra Costa Rica y Uruguay. El último encuentro de Italia en una Copa del Mundo sigue y seguirá siendo el partido del mordisco de Luis Suárez a Giorgio Chiellini. Fue el 24 de junio de 2014, justo el día que Leo Messi cumplía 27 años. Lamine Yamal aún no había soplado las siete velas. Hace más de 4.300 días. Serán por lo menos 5.800 sin Italia en un Mundial. 16 años, de 2014 a 2030.

«Es una pesadilla. Personalmente llevo nueve años en la selección y todavía no he jugado un Mundial. Es algo realmente terrible. Para nosotros, para toda Italia. Es un dolor enorme. Es una pesadilla. La tristeza es enorme. Espero que esta maldición termine», admitió Leandro Spinazzola con la voz rota después del partido. Las portadas del día después eran claras, meridianas: Tutti a casa en La Gazzetta dello Sport, el Corriere dello Sport y La Repubblica. Disastro mondiale en La Stampa. La maledizioni del Mondiali en el Corriere della Sera. «Nos hemos acostumbrado a la mediocridad. Nos extinguimos como la foca monje», escribió Maurizio Crosetti en La Repubblica. La Gazzetta dello sport lamentaba el tercer apocalipsis. L’incubo continua: la pesadilla continúa. Un fallimento dopo l’altro: un fracaso detrás de otro.

Dino admite «resignación» mientras se aleja de un kiosco con un periódico debajo del brazo que clama vergogna. «Es la tercera vez. Es increíble», escupe. «El problema es que en los equipos italianos no hay jóvenes y hay muchos, muchos extranjeros», lamenta. Es el sentir general. Cuenta que cada vez más niños se decantan por otros deportes y que el baloncesto, el tenis, con Jannik Sinner, número 2 del ranking ATP, como gran embajador, o el vóley están creciendo mucho.

Novak Djokovic iba con Bosnia (Cordon Press)
Novak Djokovic iba con Bosnia (Cordon Press)

En el mismo sentido Giuseppe y Silvano, hijos de la década de los 40, lamentan sentados en una terraza que en el fútbol italiano no hay oportunidades ni minutos para los jóvenes. Sonríen cuando recuerdan el Mundial de 1982, «una maravilla». Italia vive con la cruda certeza de que el pasado siempre será más feliz, más glorioso. Quizá tropieza tantas veces porque va mirando hacia atrás mientras camina. «A Lamine en España le pusieron a jugar con 15, 16, 17 años. Aquí no jugaría porque es demasiado joven. Aquí llegan a la selección con 24 años. A los 24 años es demasiado tarde. A los 24 ya eres viejo», acentúan desde los 75 años. Apuntan que el futbolista que selló la gesta de Bosnia y la debacle de Italia, Esmir Bajraktarevic, tiene 21 años. «Sentimos vergüenza, rabia. Es una desesperación. Ha sido un desastre, aunque era previsible. Si hubiéramos pasado tampoco habríamos llegado muy lejos», dicen. «Los dos deportes principales de Italia eran el fútbol y el ciclismo y ahora no son nada. Se acabaron los tiempos de Baggio y compañía. Los grandes jugadores de antes ya no existen», prosiguen. Lamentan que el «mal» de Italia es que la Serie A se ha llenado de presidentes extranjeros que priorizan sus intereses y su dinero y de jugadores extranjeros.

Los datos avalan esta opinión, tan compartida. LaLiga tiene un 43,7% de jugadores extranjeros, 227 de 519. La Serie A tiene 168 italianos y 366 extranjeros, un 68,5% del total. Eran alrededor de 200 en la temporada 2005-2006, el curso del último Mundial. Solo tres equipos de LaLiga tienen más de 15 extranjeros (Sevilla, Real Madrid y Atlético de Madrid) y diez bajan de los 12. Solo cuatro equipos de la Serie A tienen menos de 15 extranjeros y ninguno baja de los 12. El Como de Cesc Fàbregas, la gran sorpresa del curso en el fútbol italiano porque está en posiciones de Liga de Campeones en su segundo año en la élite, apenas tiene dos italianos: un portero reserva de 35 años, inédito, y un central de 32 años que suma 14 minutos entre dos partidos de liga. Uno compra un paquete de cromos en un kiosco de la calle principal de Údine y no sale ningún jugador italiano: el andaluz Tete Morente, el francés Warren Bondo y para más inri el bosnio Milan Djuric (Parma), además de algunos escudos de la Serie B. Panini, empresa histórica de Módena, ha vuelto a editar una colección de cromos del Mundial sin Italia.

Es un problema estructural que se aprecia incluso más abajo: en la última jornada antes del parón del campeonato Primavera, la liga italiana sub20, una cuarta parte de los equipos, cinco de 20, tenían más extranjeros que italianos en su once titular. Solo 142 de los 220 jugadores titulares eran italianos: menos de dos terceras partes a pesar de ser la categoría sub20. El Lecce jugó con apenas dos italianos. El Inter es séptimo, la Juventus, novena y el Milan, 13º. El Nápoles, único equipo con pleno de italianos en la jornada antes del parón, 17º. Muchas voces abogan por fijar un mínimo de futbolistas italianos en el once titular en la Serie A, cuatro, cinco, para proteger el talento de casa.

Roberto Baggio, tras fallar su penalti en 1994, solo que lo hizo en la final (Foto: Cordon Press)
Roberto Baggio, tras fallar su penalti en 1994, solo que lo hizo en la final (Foto: Cordon Press)

La Bundesliga tiene un 58,9% de extranjeros y la Ligue 1, un 62%. En la Premier League aún son más que en la Serie A, un 72,2%, pero los jugadores nacionales son más diferenciales. También son más los que brillan fuera del país, con Jude Bellingham o Harry Kane a la cabeza. El fútbol inglés tiene 51 jugadores por encima de los 25 millones de valor en el portal especializado Transfermarkt. Francia, 40. España, 35. Alemania, 24. Italia, 15. Inglaterra tiene 16 jugadores por encima de los 50 millones. Francia, 13. España, 11. Alemania, 6. Italia, dos: el centrocampista Sandro Tonali (80, Newcastle) y el defensa Alessandro Bastoni (70, Inter, triste protagonista de la derrota contra Bosnia). El jugador italiano más valioso se encuentra a partir del número 30 del ranking mundial, por detrás de seis franceses, cuatro ingleses, tres españoles (Lamine Yamal, Pedri y Fermín López) y dos alemanes. En el año 2006 Italia era el país más representado en el top 30, con seis nombres: Francesco Totti, Gianluigi Buffon, Alessandro Nesta, Luca Toni, Alberto Gilardino y Gianluca Zambrotta. «Antes teníamos jugadores de clase mundial. Hoy los jugadores son muy normales», lamentó Alessandro del Piero tras el encuentro de Zenica, tras un revés «realmente imperdonable» que ha convertido Italia en el «hazmerreír» del fútbol internacional.

Matteo Moretto (Pádua, 1990), periodista de referencia en España en materia de mercado, también señala la falta de oportunidades para el talento joven y que faltan jugadores «diferenciales». «Cuando veo jugar a Nico Paz [jugador del Como] me emociono. Es algo distinto. Tiene una calidad que no existe en Italia», apunta. Nació una semana antes del inicio el Mundial de 1990, disputado en Italia. Su madre se enfadaba con su padre porque se ponía a mirar los partidos de Italia, «los goles de Schillaci». La vida alrededor del fútbol: recuerdos alrededor del Mundial que ya no se escriben en italiano. Elena e Ilaria, estudiantes de la universidad de Údine, apenas tenían cuatro años en la final de 2006, pero ya atesoran recuerdos de ese 9 de julio. Seguramente los primeros de su vida. Los padres de Elena sacaron la televisión al jardín y celebraron el título junto a amigos y vecinos. El padre de Ilaria le pintó la cara con los colores de Italia.

Sigue Moretto: «El Mundial de 2006 fue una locura. Sentí mucho orgullo. Yo tenía 16 años y quería ser como ellos. Es algo que ahora mismo no pasa. Ahora los ídolos de los niños son de fuera. Ahora el niño italiano mira hacia fuera y habla de Lamine, de Pedri, de Vinicius. Es una locura. Es increíble. Es el primer paso de un cambio que puede ser histórico. Italia siempre había tenido jugadores de culto, jugadores que daban miedo al rival antes de entrar al campo y es básicamente lo que falta ahora. Antes los niños que querían ser defensas respondían Cannavaro, Maldini, Nesta. Yo jugaba de diez y me encantaban Totti y del Piero. En esos años había la figura del trequartista, el jugador con talento que jugaba entre el centro del campo y el delantero. Ahora ya se ha perdido», asiente Moretto. Lamenta que también se ha perdido «la característica más importante de siempre del fútbol italiano»: la fortaleza defensiva, su catenaccio.

Dino Zoff rodeado de policías nacionales, con la copa del mundo del 82 (Foto: Cordon Press)
Dino Zoff rodeado de policías nacionales, con la copa del mundo del 82 (Foto: Cordon Press)

Después de que los equipos italianos recibieran diez goles en tres partidos en la ida de los playoffs de la Liga de Campeones, Fabio Capello escribió en La Gazzetta dello Sport, según recogió El País: «Este es el fruto de lo que hemos sembrado en los últimos años. Antes construíamos defensores únicos. Hoy en las academias les piden jugar el balón, pero no saben defender. Les falta atención. Se colocan, pero no cubren. Y si se enfrentan a gente veloz y técnica se meten en grandes dificultades. El error se remonta a las escuelas: a los niños les impiden driblar, cancelan la fantasía, se trabaja solo sobre la táctica sin mejorar la velocidad. El nivel de los equipos de club se refleja en la selección nacional y viceversa».

La Serie A es la gran liga europea que lleva más tiempo sin ganar la Liga de Campeones. Francia la ganó el año pasado de la mano del Paris Saint-Germain. España e Inglaterra, en 2024 y 2023 con el Real Madrid y el Manchester City. Alemania en 2020, con el Bayern de Múnich. En esta edición la Juventus y el Inter cayeron en el playoff contra el Galatasaray y el Bodø/Glimt y la Atalanta cedió en octavos contra el Bayern: Italia tendrá que seguir esperando. Es verdad que el Inter ha sido finalista en dos de las últimas tres ediciones, pero el último título italiano se remonta a 2010. Con el Inter de José Mourinho y sin ningún futbolista nacional en el once titular. No ha vuelto a pasar desde entonces.

En ese momento España e Italia compartían el liderato de Championspor países: tres lustros después Italia sigue estancada en los 12 títulos, muy por detrás de España (20) y también ya de Inglaterra (15). En 2007 había salido campeón el Milan, con Carlo Ancelotti en el banquillo y con siete italianos en el once titular: Massimo Oddo, Alessandro Nesta, Paolo Maldini, Gennaro Gattuuso, Andrea Pirlo, Massimo Ambrosini y Filippo Inzaghi. En este último parón el club de San Siro no aportó ningún jugador a la selección italiana: apenas tiene cinco italianos en la plantilla, contando dos porteros suplentes.

Cannavaro, con la copa de 2006 (Foto: Cordon Press)
Cannavaro, con la copa de 2006 (Foto: Cordon Press)

Horacio, un argentino que lleva más de 40 años en Italia, señala mientras apura una copa de vino blanco que «Italia está en el último puesto de la clasificación de  regatear de Europa. No les enseñan a driblar a los niños. Les sacan la fantasía. Ahora no tocan la pelota. El sistema no funciona. ¿Por qué en el Como todos los futbolistas son extranjeros? Antes se jugaba en 60, 80 metros y ahora todos los jugadores están en 20, 40 metros: el uno contra uno es mucho más importante y Fàbregas sabe que en eso ganan ellos». Su hija de diez años, a su lado, cuenta que sus compañeros de clase el miércoles decían que los jugadores de la selección italiana son «unos troncos».

Mientras encadena un cigarro detrás de otro en otra terraza Dario lamenta que el fútbol italiano se ha «ingenierizado» desde la base y ha ido perdiendo «la poesía y la belleza». «Si ves a los niños jugar solos hay uno que corre, uno que regatea, uno que chuta porque son libres de jugar como quieren. Si se pierde esa libertad el talento no se desarrolla. El talento sale solo. No se puede enseñar», enfatiza. «El fútbol italiano se basa en mitos muy antiguos», añade. También señala la utilización del fútbol por empresarios con más interés por mover millones y cuadrar balances y cuentas que por el propio deporte y el exceso de de extranjeros: «Entrenamos a los campeones extranjeros y nuestro 30% de jugadores de la Serie A se queda limitado».

«Italia es un país un poco extraño. No tenemos el orgullo nacional de España, Francia o Alemania. Aquí no existe este sentido de país y nadie mira hacia una misión general, hacia un objetivo nacional porque todo el mundo se limita a mirar su propio campanario. Hasta hace 150 años éramos tres naciones distintas, dos reinos y el papado en medio, y desde la Segunda Guerra Mundial no hemos conseguido crear un país. En Francia hacen el concurso del mejor milhojas del país. Aquí cada región hace sus dulces y es como: ‘Yo hago lo mío y que os den a los demás’. Italia es una suma de pequeños grupos, una mancha de leopardo, con una cultura nacional débil. Luego esperamos que la selección nacional nos una a todos de repente, pero no funciona así», argumenta.

Filippo Ricci (Reggio Emilia, 1967), corresponsal de La Gazzetta dello Sport en España, asegura que «la selección nunca ha sido entre comillas tan relevante para el aficionado italiano». «No digo que sea una selección poco amada, pero sí siempre en segundo plano en comparación con los clubes. Nunca hemos tenido un espíritu muy de los azzurri, pero los grandes jugadores que había aglutinaban a la gente. ¿Ahora que no hay figuras quién va a aglutinar?», acentúa. «Lo que ha pasado es duro y no veo la solución. Se habla mucho de que hay que cambiarlo todo, pero para cambiarlo todo se necesita una estructura y se necesita un tiempo», dice. En este sentido lamenta que ya se va tarde. La Eurocopa de 2021, conquistada por sorpresa general desde el papel de outsider después de ganar en los penaltis tanto a España en las semifinales como a Inglaterra en la final, fue visto en perspectiva «un desvío en el camino del cambio», un freno.

Aficionados italianos (Foto: Cordon Press)
Aficionados italianos (Foto: Cordon Press)

«La Serie A es como Italia como selección. Era la NBA y ahora es en un campeonato de bajo nivel y sobre todo que no ve nadie», subraya. Entre los años 1989 y 1999 el fútbol italiano conquistó cuatro Champions y ocho Copas de la UEFA, además del Balón de Oro de Roberto Baggio. En la primera década de los 2000 fueron tres nuevas Champions y el Mundial, además del Balón de Oro de Fabio Cannavaro y las Botas de Oro de Luca Toni y Francesco Totti. Desde entonces poco o nada. «Hace unos días miré los futbolistas con mil minutos como mínimo de los primeros diez equipos de la Serie A. Eran 39 italianos. En LaLiga salían 80 españoles. Más siete españoles en la Serie A y solo un italiano en LaLiga, Ruggeri», asegura.

Responde desde el coche mientras regresa de unas vacaciones en el Valle de Aosta junto a su familia. «Mi hijo se pasó el día después de la derrota contra Bosnia sin hablar. Estaba de luto y no hablaba. Ya le he dicho que si le dura cuatro años mal va la cosa», explica el padre. Él fue campeón del mundo con 16 años. Su hijo llegará a los 27 años con apenas seis partidos de Italia en el Mundial en su haber, dos ediciones sin pasar la fase de grupos.

Dice Gregorio, nacido en 2003: «Yo nunca he visto un partido de Italia en el Mundial con mis amigos. Más que una pesadilla lo peor es que se empieza a convertir casi en una normalidad. A saber cuándo vamos a poder volver a un Mundial». Con sus amigos a veces hablan de la mala suerte de no haber nacido dos, tres, cuatro años antes y haber podido vivir con consciencia el Mundial de 2006. La ausencia de 2018 supuso una sorpresa. La ausencia de 2022, enfado y tristeza. La ausencia de este 2026, el tercer clavo en el ataúd, más resignación que ningún otro sentimiento.

Como afirmó Maurizio De Giovanni en La Stampa: «Me levanté y miré por la ventana: ni un solo ruido, ni rastro de melancolía. Mi ciudad seguía su curso sin inmutarse. Italia no iba a ir al Mundial y ni siquiera se oía un grito de desesperación». Cuenta Moretto: «Te acostumbras a no ganar, a no entrar en el Mundial y se va perdiendo el sentimiento. Ahora mismo a los niños Italia les da igual. Es mucho más importante que el Milan gane la Serie A o que el Inter gane la Champions porque no se identifican con Italia. No es una prioridad».

Es un drama nacional, pero es un muerto que no todos lloran. Muchos vieron a alguien llorar. Pocos cuentan la tristeza en primera persona. Dice Eugenio, un niño de Turín de unos diez años: «Mi amigo Pietro estaba triste y otra compañera de clase también. Estaban decepcionados. Enfadados y tristes, pero sobre todo tristes».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*