Tenis

Aryna Sabalenka: «Los hombres tenistas son más fuertes que nosotras, pero hacemos el mismo trabajo, las mismas horas»

Es noticia
Arina Sabalenka (Foto: Александр Соколовский)
Aryna Sabalenka (Foto: Александр Соколовский)

No hay grandes trucos para la número uno del mundo, la bielorrusa Arina Sabalenka, a la hora de afrontar la preparación para la alta competición. En una entrevista ha explicado que uno de los secretos más divulgados de Novak Djokovic, la meditación, ella lo rechaza. Preguntada por las técnicas en este sentido del serbio, ha contestado: «Son temas muy profundos y detrás de eso hay mucho trabajo. En cuanto a la meditación, nosotros nos centramos más en la respiración, en la recuperación a través de la respiración, en las retenciones de la respiración y cosas así, en desarrollar esa parte, pero no en la meditación. Porque me conozco y puedo o meterme demasiado profundo… y conozco varios casos en los que, cuando te sumerges demasiado en eso, desconectas por completo todas esas… no sé cómo decirlo… tus estados nerviosos, algo así, y luego simplemente no puedes recomponerte durante los dos o tres días siguientes. O sea, en lo que respecta a la meditación, yo no hago eso. Mi meditación, por decirlo de algún modo, son las prácticas de respiración. A través de ellas me recupero, y a través de ellas también me hago más fuerte y más resistente. Y en nuestro caso mucho trabajo está orientado precisamente a ese tipo de respiración».

Y sobre el neuroentrenamiento que, en este caso, emplea Jannik Sinner, tampoco se puede decir que le seduzca mucho: «Yo hice todo eso. Trabajé cinco años con un psicólogo. Hacía tests de velocidad de reacción y de toma de decisiones. Todo eso lo hice y me dio cierto impulso. Pero yo tenía muy buenos resultados, la verdad, una y otra vez. Tenía que trabajar en otras direcciones».

Cómo ser Arina Sabalenka, número uno del mundo

En el apartado de confesiones, Sabalenka explica que, aunque desde fuera pueda parecer que ya lo tiene todo, títulos, dinero, fama y el número uno, su motor no está ahí. «Si miras toda la lista, mis éxitos aún están lejos de ese top-list. Para mí la meta principal es disfrutar cuando veo a niños en la grada con mis carteles y se me acercan: ‘¿Puedo abrazarte? Eres increíble, me inspiras, eres mi motivación, quiero ser como tú’. Para mí eso es lo mejor: ayudar, inspirar a los niños y ver hasta dónde puedo llegar de verdad en lo mío».

Arina Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

Pero cree que todavía le quedan metas por alcanzar: «Estoy lejos de todas esas alturas y probablemente no llegue a algunas de ellas por una cuestión, bueno, de edad. No es que sea vieja, simplemente hablo de que ya no hay tanto tiempo».

Cuando le preguntan por sus referentes, cita a Serena Williams y Maria Sharapova, pero no desde un ángulo técnico, sino casi de presencia y magnetismo. De Serena le impresiona el dominio y la voluntad competitiva: «Dominación, sí, y esa fuerza de voluntad. Se veía, por ejemplo, en Serena cuando jugaba un partido. A lo mejor las cosas no iban como ella quería, pero en su cara estaba escrito: ‘No lo vais a conseguir, hoy no’. Y cómo dominaba especialmente en el circuito… eso, claro, es fuerza, fuerza de voluntad».

De Sharapova se queda con otro aspecto: «Siempre me pareció tan guapa, tan fuerte y tan de moda… como la belleza del tenis». En la conversación aparece también Anna Kournikova como una de esas figuras que ayudaron a embellecer el tenis ante el gran público, no solo como deporte, sino como fenómeno visual y cultural.

Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

Sobre el dinero, Sabalenka no adopta una pose hipócrita, reconoce que gusta, pero niega que sea el combustible de su carrera. «Bueno, a ver, todos somos humanos. El dinero, por supuesto, es un bonus agradable en toda esta historia, pero nunca me ha pasado salir a jugar un partido pensando: ‘ahí hay tanto dinero por la victoria’. Nunca. Yo simplemente quiero meter mi apellido en la historia».

Donde sí se pone muy seria  es en la gestión de todo lo que rodea a su equipo, que en la práctica funciona como una pequeña empresa: «Intento no pensar en eso. Claro que hay salarios, bonus y gastos. No quiero que mi equipo viva en algún hotel raro o no sé dónde; quiero que vivan con comodidad, que todos estén cómodos, que vayamos todos hacia un mismo objetivo en un buen estado moral».

Igualdad entre hombres y mujeres

Sobre si los tenistas ganan más, se muestra combativa: «Claro que hay una cuestión fisiológica: los hombres, en general, son más fuertes que nosotras. Eso es así. Pero nosotros hacemos el mismo trabajo. Tenemos la misma cantidad de horas de preparación, de entrenamiento, de trabajo previo para esos torneos y esos partidos». No se trata solo del tiempo visible del partido: «La preparación son cientos de horas. La dedicación y el gasto de energía son iguales».

Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

Aparte, las mujeres tienen que sacrificar más: «Si lo miras desde otro lado… nosotras, como mujeres, también pasamos por más cosas. Ellos pueden formar una familia y seguir jugando, pero para nosotras, si decides tener hijos, es un parón de dos o tres años, y no sabes si vas a volver al mismo nivel». Y remata: «Nosotras no estamos pidiendo más. Solo lo mismo».

Ella misma reconoce que su plan vital ha ido cambiando con el tiempo: «Cuando tenía 18 años pensaba: vale, a los 25 habré ganado todo lo que quiero, tendré hijos, volveré y seguiré ganando». Pero la realidad ha sido distinta y ese horizonte se ha ido desplazando: «Llegué a los 25, gané algunas cosas y pensé: bueno, quizá a los 27 o 28. Ahora tengo 27 y pienso: mejor más adelante».

El dilema es bastante complicado de resolver: «Quiero realizarme al máximo en mi deporte, ver hasta dónde puedo llegar». Y sitúa la maternidad en un futuro hipotético: «Quizá dentro de unos cinco años intentar formar una familia y, si se da, ver si puedo volver». Sin embargo, detesta tener que postergarlo: «Si pudiera, lo haría ya. Me encantan los niños, y creo que a los niños también les gusto yo». Pero enseguida vuelve a la realidad competitiva: «Ahora mismo mi prioridad es mi carrera y ver hasta dónde puedo llegar».

Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

Sabe que no toda siguieron esa línea. «Sí, hay ejemplos. Serena, por ejemplo, se fue, tuvo un hijo, volvió y jugó cuatro finales de Grand Slam». Pero matiza inmediatamente el límite de esos precedentes: «De momento nadie ha vuelto exactamente al nivel que tenía antes». Y explica por qué: «El tenis exige muchísimo. Si estás un mes sin jugar, ya aparecen dudas; necesitas tiempo para volver a la forma». Un embarazo supone una ruptura mucho mayor: «Aquí hablamos de nueve meses más el tiempo de recuperación… es muy difícil».

Preparación física

Sobre farmacología, suplementos y alimentación, Sabalenka es flexible:: «Cada uno tiene su camino, a cada uno le funciona algo distinto. Yo entendí que todo eso de tenerlo todo perfectamente organizado, todo por estanterías, a mí no me funciona. Empiezo a obsesionarme, a pensar demasiado en la comida, me entran más ganas de comer, de dulce, de lo que no debería».

Intenta no llevar una línea espartana: «Yo sé lo que tengo que comer para sentirme bien, para tener energía, para no subir de peso durante los torneos. Evito la comida basura, lo muy pesado, pero como lo que me gusta». Y pone ejemplos muy concretos: «Un tost con aguacate y huevos es perfecto para mí. También carne roja con verduras, a veces incluso con patatas fritas. Sé que no me va a perjudicar al día siguiente».

Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

Y su válvula de escape: «Tengo un día a la semana en el que puedo comer lo que quiera. No es que me atiborre, pero cada comida puede ser lo que me apetezca: pancakes, patatas, incluso una hamburguesa por la noche. A veces es mejor comerte uno o dos dulces y quedarte tranquila toda la semana, que estar comiendo barritas ‘saludables’ todo el tiempo y acabar pasándote igual».

En cuanto a los suplementos, no los rechaza, pero los sitúa en un plano secundario: «Claro que tomas vitaminas, aminoácidos, proteína para recuperar… todo eso está. Todo lo controla el equipo. Mi preparador físico también es nutricionista, psicólogo… y hasta niñera, como él dice». Y añade un detalle relevante en términos de control antidopaje: «Todo lo pasamos por el sistema. Incluso las vitaminas, incluso si te pones enferma y necesitas antibióticos. Lo introduces y te dice si está permitido o no».

En este punto, se queja de las habladurías: «Cuando estaba subiendo en el deporte, todo el mundo me decía que todos estaban dopados, que había que hacerlo todo perfecto, que si no, no se podía estar arriba».

Ganar por castigo

Sobre los Grand Slams, Sabalenka explica que no vive del mismo modo la primera gran victoria que las siguientes, porque cada una pertenece a una versión distinta de sí misma: «Yo creo que el primer Grand Slam fueron unas emociones; ya era una jugadora. Cuando gané el segundo, ya era otra jugadora, con otra experiencia, con nuevos desafíos. Antes no lo entendía: cómo se puede ganar un tercero, un cuarto, un quinto Grand Slam y aun así caerte y llorar. Como diciendo: bueno, si ya ha pasado, ¿no debería ser casi normal?».

Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

Pero ahora lo ve justo al revés: «Ahora entiendo que cada vez que ganas uno de estos te conviertes en una persona nueva. Superas dificultades distintas. Esta vez, en el US Open, estaba luchando con mis propios demonios. Y cuando me caí y me puse a llorar, no me lo esperaba. Y en ese momento entendí por qué cada atleta, cuando consigue algo no por primera vez, igualmente se cae y muestra emociones: porque cada vez es como la primera vez».

Cuando recuerda la conquista del primer Grand Slam y el número uno, lo hace todavía emocionada: «Miro atrás y me entran ganas de llorar. Te caes y piensas: ‘Dios mío, ¿de verdad? Gracias’. Cuando gané, me caí y lloré porque todo eso estaba todavía muy atado emocionalmente a mi familia, a todo. Pensaba: gracias, porque mi mayor miedo en la vida era terminar el tenis sin un Grand Slam. Porque entonces habría pensado: ‘¿Y para qué fue todo esto? ¿Cuál era el objetivo?’».

Su mayor crisis

Sabalenka no duda al identificar ese periodo como el más oscuro de su carrera, cuando su saque dejó de funcionar. «Fue el peor periodo de mi vida. Era todo a la vez… no sé ni cómo explicarlo. Además de que no podía sacar, había muchísimo ruido alrededor, muchísima crítica, y todo eso se te mete dentro».

Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

El bloqueo fue tan profundo que llegó a plantearse dejar el tenis. «En algún momento pensé: quizá tengo que parar, quizá es el final, quizá simplemente ya está», reconoce. No era una decisión racional, sino una sensación de agotamiento total ante algo que no conseguía resolver. Cada partido se convertía en una exposición incómoda: «Me daba vergüenza salir a la pista. De verdad. Pensaba: por favor, que la gente no compre entradas para este partido, porque lo que van a ver… no es tenis».

Esa vergüenza tenía varias capas. «Me sentía mal por mí, por mi equipo… y también por la gente», explica. «Ellos vienen a ver un espectáculo, a ver buen tenis, y tú estás ahí luchando con algo que ni tú misma entiendes». A eso se sumaba la sensación de estar fallando a quienes la rodeaban: «Ves a tu equipo ahí sentado, trabajando contigo todos los días, y tú no puedes hacer algo tan básico… es muy duro».

Durante ese tiempo buscó soluciones en todas partes, sin encontrar respuestas. «Probábamos cosas, hablábamos, pensábamos que era mental… y yo todo el rato esperando que alguien me lo arreglara», cuenta. Hasta que cambió el enfoque: «Llegó un momento en que dije: vale, ya está, lo tengo que resolver yo. No puedo seguir esperando».

Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

La salida apareció por un camino inesperado, la biomecánica. «No lo habíamos probado», recuerda. Fue una propuesta de su equipo en un momento límite, y ella se agarró a ello desesperadamente. «Yo ya estaba en un punto en el que me daba igual todo. Haría lo que fuera para solucionarlo». El trabajo consistía en reconstruir el gesto desde la base, entender el cuerpo, la técnica, la eficiencia del movimiento. «Es física, al final. Cómo usar tu cuerpo para mandar la bola donde quieres con el menor esfuerzo posible».

El cambio empezó a notarse casi de inmediato. «En uno o dos días ya empecé a sentir algo diferente». No fue una solución mágica, pero sí el inicio de una reconstrucción. A partir de ahí, horas y horas de repetición: «Mucho trabajo, muchos saques, muchas repeticiones hasta que ese nuevo movimiento se convirtió en algo natural».

Con el tiempo, esa crisis dejó de ser solo un recuerdo doloroso para convertirse en un punto de inflexión. «Ahora miro atrás y estoy agradecida», afirma. «Porque me hizo mucho más fuerte». No solo por haber solucionado el problema, sino por todo lo que aprendió en el proceso. «Después de eso, si pierdo un saque, pienso: bueno, he pasado por cosas mucho peores. Esto no es nada».

El estrés del tenista

A la hora de explicar la sobrecarga emocional del deportista profesional, advierte de lo inestable que es:  «Creo que la vida de los deportistas, o de los grandes empresarios o de la gente muy mediática, tiene esos altibajos porque todo está mucho más expuesto: todo el mundo lo ve, todo el mundo mira, comenta, juzga o no juzga. Y por eso existe esa tendencia a caer en esos vaivenes».

Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

A ella le ha costado aprender esa lección: «Con los años he aprendido a escuchar la opinión que de verdad importa y a apartar el resto. He aprendido a balancear este trabajo tan duro con cosas que de verdad me dan placer: divertirme, pasar tiempo con amigos, con la familia. Me voy lo antes posible del lugar donde he perdido, no enciendo la televisión, no veo tenis. Llega un momento en que te cansas de pensar, repensar, culparte, no culparte… y solo quieres un par de chupitos de tequila, agua, una vista bonita y que todo el mundo te deje en paz». También menciona formas más prosaicas de evasión: «Me voy de compras».

Y poco a poco se va endureciendo: «Se aprende. Se aprende con los años. Pasas una y otra vez por lo mismo, te preocupas, te hundes, te pones nerviosa, y luego llega un momento en que entiendes: ya ha pasado. Ya sabes qué hiciste mal, qué hiciste bien, qué hay que corregir, en qué trabajar, qué hay que introducir nuevo en tu equipo, en tu vida. Y ya está. Te concentras en el momento e intentas corregirlo. Analizas todo, por supuesto; sin análisis no hay crecimiento y sin derrota no hay victorias. Pero analizas, sacas conclusiones y sigues adelante, porque ya no puedes controlar lo que ha ocurrido».

Rechazo a verse jugar

Cuando hablan del análisis de partidos, reconoce que evita mirarse: «No me gusta verme en la pista. En el momento me da absolutamente igual cómo me veo, cómo reacciono. Estoy trabajando y sé lo que tengo que hacer para ganar. Luego verme, ver mis miradas, mis palabras, todo lo que digo hacia el equipo… no puedo. Hasta cómo respiro… digo: por favor, quitad el sonido, no puedo escucharlo».

Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

Por eso ha delegado ese proceso en su entorno. «Para eso tengo a alguien que hace el análisis. Todo se envía a mi equipo, ellos lo procesan, vienen y me lo explican. Yo lo tengo todo fresco en la cabeza, sé lo que pasó, no necesito volver a verlo. Hablamos, en algunas cosas estamos de acuerdo, en otras no, llegamos a un punto común y seguimos trabajando».

Mejoras obsesivas

Cuando habla del perfeccionismo, lo plantea directamente como un problema más que como una virtud: «Yo creo que el perfeccionismo puede hacer daño. Al principio de mi carrera tenía muchos de estos fallos emocionales… porque siempre quieres que todo sea perfecto. Cuando algo no sale ideal, piensas: ya está, es el fin del mundo».

Con el tiempo, sin embargo, ha ido desmontando esa lógica: «Con los años entiendes que puedes sentirte horrible y aun así ganar el partido y jugar buen tenis. Tu estado en ese momento no significa victoria o derrota».

Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

Esa misma evolución se refleja en la mentalidad con la que sale a pista. Sabalenka rechaza frontalmente la idea de competir desde una superioridad autoimpuesta. «Si salgo pensando: voy a ganar, soy la más fuerte… eso me perjudica». En lugar de eso, su enfoque es mucho más operativo. «Yo sé de lo que soy capaz. Conozco mis puntos fuertes». A partir de ahí, construye el partido como una serie de tareas concretas: «Me digo: tienes que hacer esto, esto y esto, y estar preparada para esto, esto y esto».

Esa preparación incluye, sobre todo, la capacidad de adaptarse cuando el guion se rompe. «Si el partido no va bien, ya no tengo ese pensamiento de antes de: ya está, he perdido, se acabó». En su lugar, activa alternativas: «Vale, esto hoy funciona así… tengo esto, esto y esto más. Si esto no funciona, tengo otra opción».

Los dineros del tenis

En cuanto a si el tenis es un deporte de ricos, da la razón indirectamente: «Yo tenía una familia bastante acomodada durante un tiempo, y eso me permitió jugar, viajar y estar dentro del sistema». Una lucha gastando dinero a expuertas hasta que llega la marca que echa un cable: «Luego, como mucha gente, pasas por momentos difíciles… y apareció un patrocinador». Y concluye de forma filosófica: «Yo creo de verdad que si amas algo y te entregas al cien por cien, las puertas se acaban abriendo. Yo estaba completamente entregada a este deporte… y de alguna manera todo acabó encajando».

Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)
Aryna Sabalenka (Foto: Cordon Press)

Porque para Sabalenka, ser la número uno no ha supuesto un cambio radical en su manera de entender el tenis: «No pienso en eso constantemente. Es bonito, claro, suena bien cuando dicen ‘número uno del mundo’, pero para mí sigue siendo trabajo. No es algo que esté ahí y ya se quede para siempre».

De hecho, insiste en que no se permite obsesionarse con el ranking. «Esto puede cambiar en cualquier momento. No es algo que esté asegurado. Puedes perderlo igual que lo has conseguido».

Aun así, reconoce que hay un punto de disfrute. «Claro que es agradable. A veces ayuda cuando tienes que reservar algo o entrar en algún sitio y dicen: ‘es la número uno’. Estoy feliz de estar ahí, quiero ver cuánto tiempo puedo mantenerme. Intento concentrarme en desarrollarme como jugadora y como persona. Quiero estar ahí el mayor tiempo posible».

 

 

 

Un comentario

  1. Pingback: Aryna Sabalenka reflexiona sobre su carrera, la igualdad en el tenis y la preparación mental y física - Hemeroteca KillBait

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*