
Habla sin filtros. Nick Kyrgios ha repasado su momento actual, marcado por las lesiones, y reflexiona sobre su carrera, la presión mediática y el desgaste emocional del circuito en Get Set Tennis. Sigue siendo un revolucionario, rechaza modelos tradicionales, como la figura del entrenador, y detesta el calendario, al tiempo que reivindica una forma de competir más libre, más intuitiva y profundamente personal.
Eso sí, habla mucho, menos en las cuestiones capitales. Le preguntan directamente si prefiere a Rafa Nadal o a Jannik Sinner y no se atreve a mojarse: «No puedo decir ninguno de esos nombres. Tengo que tomarme un chupito». Pero luego sí que entra al trapo y es para criticar a Fabio Fognini, al que considera sobrevalorado: «Cuando le veo conseguir resultados, ganarle a Rafa en el US Open y esas cosas, pienso: ‘¿Cómo?’. De verdad, no sé cómo Rafa perdió ese partido».
Pero señala a la nueva generación como un espejo en el que mirarse, especialmente en lo que respecta a la gestión de la presión. Para Kyrgios, casos como los de Carlos Alcaraz o Sinner son excepcionales por la naturalidad con la que han asumido una exposición enorme desde muy jóvenes: «Por eso creo que Alcaraz y Sinner son increíbles y atletas muy raros», afirma.

El australiano pone el foco en todo lo que rodea al rendimiento, más allá de la pista: «Todo lo que manejan fuera… no es fácil. Están firmando contratos millonarios, lidiando con expectativas y estando en el foco». Y ahí establece la comparación consigo mismo: «Yo no era así. No tenía ni idea de cómo gestionar todo eso». Por eso subraya su admiración por ambos: «Ves a Alcaraz y es superprofesional todo el tiempo».
El inicio del declive de Nick Kyrgios
Kyrgios reconoce que está en otra fase de su carrera, marcada por los límites físicos y una relación distinta con la competición. Ya no se ve tan capaz de afrontar el desgaste del circuito individual y está bajando sus expectativas: «Sabemos lo que es un partido al mejor de cinco sets en un Grand Slam. Tienes que estar a un nivel élite mental y físico. No quieres salir ahí pensando que no puedes aguantar».
Por eso opta por rebajar la exigencia y centrarse en otros formatos: «No quería jugar el Open de Australia en individuales y salir ahí a decepcionar a mis fans o a mí mismo… y tener expectativas demasiado altas».

El desgaste viene acumulado tras años de exigencia máxima y problemas físicos. Reconoce abiertamente el impacto de las lesiones en su rendimiento: «He tenido cinco cirugías. Mi cuerpo está realmente destrozado», explica. Su situación actual es el resultado de una larga batalla con su físico: «Quiero salir ahí y competir por un buen resultado, no solo estar por estar. Sé cuál es mi nivel, pero ya no es tan bueno como antes».
Aceptar la pérdida de competitividad
Ese cambio físico tiene también un reflejo directo en su mentalidad competitiva. Ahora recuerda con pena cuando salía a la pista a comérselos a todos: «Cuando salía a pista contra Federer y contra todos estos jugadores, literalmente pensaba: ‘Este tío no puede ganarme si juego bien’. Era casi una especie de delirio… pero creo que es la mentalidad que necesitas si quieres salir ahí fuera y sacudir el mundo del tenis».
Todo eso ha volado. El australiano reconoce que su forma de enfrentarse a los partidos ha cambiado, en parte por las circunstancias físicas, pero también por una mayor conciencia de sus propios límites: «Es un poco triste porque ya no pienso así. Ahora, cuando salgo a pista, sé cuáles son mis expectativas, sé cómo está mi cuerpo. Sé que mi nivel sigue ahí, pero ya no es tan bueno como antes».

Las lesiones han marcado un antes y un después en su carrera, especialmente tras la reconstrucción de su muñeca: «La operación prácticamente destrozó mi cuerpo», explica, «había momentos en los que me estaban tirando bolas suaves para volver a aprender a usar la mano otra vez».
Su exigencia interna seguía siendo la misma, pero su cuerpo ya no respondía igual: «Fui muy duro conmigo mismo cuando volví a la pista. Quería estar otra vez a ese nivel de inmediato. Los últimos años han sido increíblemente duros para mí».
El éxito no mola tanto
Ahora su relación con el tenis es otra. Kyrgios no reniega de lo vivido, pero sí introduce matices que antes no estaban: «Ha sido un viaje increíble, pero también muy duro. Ha sido agotador. Si el Nick de diez años estuviera delante de mí ahora, no sé si le diría que siguiera este camino».
Aparte, todo el show está montado para que la máquina no pare nunca y eso le deja exhausto. A su juicio, la acumulación de torneos acaba pasando factura tanto al rendimiento como a la salud de los jugadores: «El calendario es demasiado largo. Puedes ver tenis todas las semnas. Si te pierdes un torneo, no pasa nada, porque hay otro la semana siguiente».

Y ya se conocen los riesgos de la acumulación de partidos. El impacto se refleja directamente en las lesiones y la longevidad de las carreras: «No quiero ver a jugadores jóvenes que van a llevar este deporte durante los próximos diez años teniendo lesiones que les acaben la carrera».
Además, detesta la fama: «Al principio está bien, es genial ser famoso, pero cuanto más famoso te haces y más tiempo pasas siendo famoso, menos te gusta. Cada foto más, cada momento en el que se interrumpe tu privacidad… se vuelve un poco más doloroso. Cada vez lo llevo peor».
Por no mencionar la tortura de las redes sociales: «Podría coger mi teléfono ahora mismo y encontrar cosas bastante horribles. Es brutal… es lo más duro para los deportistas hoy en día».
Entrenadores no
Lo más divertido es cuando se carga la figura del entrenador. El australiano defiende un enfoque mucho más autónomo, basado en el conocimiento propio del jugador: «Nadie conoce tu juego mejor que tú mismo. Puedes tener al mejor entrenador del mundo, pero si no quieres levantarte y ser mejor, ¿de qué sirve? En 2022 no tenía entrenador y fue prácticamente el mejor año de mi carrera».

Lo suyo es un entorno de confianza, personas que le conozcan más allá de la pista: «Prefiero viajar con alguien que realmente quiere que disfrute, que tiene mi mejor interés en mente». Y añade con sorna: «Además, son carísimos».
Quizá por este tipo de comentarios se le percibe como un tipo conflictivo, pero advierte de que no tiene nada que ver con la realidad: «La gente piensa que soy exactamente como en la pista, y no es así. Siento que los medios crearon una especie de personaje. La gente ya tiene una idea preconcebida de mí y no me da ni una oportunidad. Ha sido difícil lidiar con eso. Solo mis amigos de verdad saben quién soy».

