
No todos recuerdan a Trey Waltke, tenista estadounidense de finales de los 70 y principios de los 80, pero fue capaz de ganar a John McEnroe y a Jimmy Connors el mismo año. Llegó solo al 41 del ranking mundial en 1980 en su mejor clasificación, pero no dejó mal sabor de boca en Grand Slam, como el US Open y Wimbledon.
En una entrevista no exenta de humor en Tosh show, ha analizado todo el tenis actual y el de su tiempo, donde no han faltado anécdotas y risas. Sobre Rafa Nadal, ha dejado claro que no ha sido aún igualado. Preguntado por un Mount Rushmore del tenis, ha dicho que situaría a dos «Federer, seguro; Nadal, seguro». Y luego «Pancho Gonzales y Steffi Graff».
De hecho, ha dicho que con el tiempo incluso acabó cayéndole simpático: «Creo que al final acabé apreciando la personalidad de Nadal. Y luego estaba esa pequeña rutina antes de cada saque, cuando se tocaba el trasero y después se frotaba la nariz; era algo extraño». Broma que recoge el entrevistador, Daniel Tosh, y comenta «Sí, era raro, yo no vi que se oliera el dedo, pero lo hacía. La secuencia era bastante loca». Waltke insiste: «Siempre empezaba tocándose el trasero»; y Tosh remata: «Siempre era tocarse el trasero… y luego llevarse la mano a la cara. Y yo pensaba: ‘trasero y luego a la nariz’»
Pero Waltke no deja de elogiarlo. No ve que los actuales le igualen: «No creo que Sinner sea mucho mejor que Federer o Nadal. Pero con el tiempo los jugadores van mejorando, el equipamiento es mejor y están en mejor forma. Los jugadores de ahora son más altos que los de mi generación, así que el deporte les resulta más fácil».

Ahora, de todos modos, su jugador favorito es Carlos Alcaraz: «Me encanta ver jugar a Alcaraz. Absolutamente me encanta verlo jugar. Para mí es como un espectáculo constante. Aporta muchísima alegría al juego. Siempre está sonriendo después de un gran punto. Incluso si lo pierde, sonríe. Consigue que todo el mundo se meta en el partido. Es fantástico». Aquí Tosh le pregunta cómo le iría a Alcaraz contra Ivan Lendl, y se pone de parte del español: «Alcaraz sería mejor. Lendl no voleaba tan bien. Su toque cerca de la red no era gran cosa. Alcaraz además es más rápido».
De hecho, también le gusta más que Novak Djokovic, de quien tiene buena opinión, pero no es un enamorado de su juego: «A mí Djokovic me gusta, pero conozco a mucha gente que dice: «No me gusta Djokovic, soy más de Federer o de Nadal». Lo entiendo. Aun así, yo lo respeto, y además habla muy bien después de los partidos, así que creo que podría ser una especie de figura representativa del tenis cuando se retire. Esa parte me gusta de él. ¿Me emociona verlo jugar? No. Es como un metrónomo fantástico: es muy bueno en lo que hace». Y otro mensaje positivo –más o menos- se lo lleva Nick Kyrgios, «ese saque suyo es lo más grande que he visto en la vida, pero no le importa el tenis».
Los partidos de Trey Waltke contra McEnroe
Pero lo mejor de la entrevista llega cuando habla de John McEnroe. Durante un tiempo, fue su bestia negra: Creo que había algo en mi juego que le incomodaba. Y seguimos jugando al golf juntos, así que quizá no debería contar el secreto… pero su saque de zurdo iba a mi mejor golpe, que era un revés alto. Si podía devolverlo bajo hacia su volea, entonces tenía que golpear su primera volea hacia arriba. Mucha gente no tenía ese golpe como yo, así que creo que eso me ayudaba a romperle el servicio de vez en cuando. También es verdad que él me ganó dos veces con mucha claridad».
Saltaron chispas en sus enfrentamientos: «El peor episodio fue en el US Open. Yo iba ganando dos sets a uno y, cuando cambiábamos de lado, se me puso delante de la cara y empezó a decir: «Que te jodan, que te jodan, que te jodan», así, directamente en mi cara». Pero es que eran otros tiempos: «En aquella época nadie se abrazaba después de los partidos como ahora. Cuando jugabas contra los mejores era una guerra total».
Y la tensión llegaba hasta la misma grada: «Lo curioso de ese partido es que había un aficionado sentado en primera fila que no conocía de nada y que no paraba de aplaudirme. McEnroe se irritó con ese tipo y cada vez que pasaba por delante sacaba serrín del bolsillo y se lo lanzaba a la cara. Después del partido supe que ese hombre demandó a McEnroe y me incluyó a mí también en la denuncia. Fue toda una historia».
Las fiestas de los 70
En aquella época, si las canchas eran como recuerda Waltke, «algunos jugadores fumaban durante los partidos», cómo sería luego cuando dejaban la raqueta. Pues da unas pistas: «El gran fiestero del tenis era Vitas Gerulaitis y siempre había una fiesta en el hotel después de los partidos».

A veces tenían que intervenir las fuerzas del orden: «Un año organizamos una fiesta antes de Wimbledon porque unos diez sabíamos que no íbamos a ganar. Estamos todos aquí, en Wimbledon, en buenos hoteles… ¡vamos a hacer una fiesta! Al final, la policía vino y nos cerró la fiesta en Londres».
Aquellos años también mezclaban deporte con celebridades. Waltke recuerda haber coincidido incluso con O. J. Simpson: «Sí, salí un poco de fiesta con O. J. Simpson». Cuando el entrevistador le pregunta si le sorprendió lo que ocurrió años después, responde con ironía: «Sí, me sorprendió. ¡No me esperaba que matara a nadie!».
El circuito del tenis también se mezclaba con el mundo del espectáculo. Waltke recuerda partidos improvisados con famosos en la mansión Playboy: «Una vez Johnny Carson y yo jugamos contra Vitas Gerulaitis y Bill Cosby. Era un mundo completamente surrealista». Según explica, el propio Carson jugaba bastante bien al tenis, algo que no era tan habitual entre celebridades.
El contraste con el tenis actual es enorme. En aquellos años, los jugadores apenas tenían equipo alrededor: «No teníamos entrenadores ni preparadores ni nada de eso. Simplemente jugábamos». Y tampoco el dinero era comparable con el actual. En su mejor temporada, recuerda, ganó unos 98.000 dólares: «Si hoy estuviera en el puesto 41 del mundo probablemente ganaría un millón y medio al año».
Ahora, retirado desde 1983, Waltke sigue ligado al tenis, aunque desde un lugar muy distinto. Tras pasar por empresas deportivas y montar una cadena de cafeterías inspiradas en los espresso bars italianos, terminó dirigiendo uno de los clubes más exclusivos de California. Hoy es el director general del Malibu Racquet Club, propiedad del fundador de Oracle, Larry Ellison.
La historia de cómo llegó allí también parece sacada de otra época. Waltke explica que un día fue invitado a jugar al tenis con Ellison y decidió enseñarle un viejo club de la zona que estaba en decadencia. «Le dije: ‘Si compras este sitio, yo puedo dirigirlo y hacerlo mucho mejor’». Esa misma noche me dijo que sí».
Desde entonces gestiona un club que tiene lista de espera para entrar y que mantiene una idea muy clara: preservar el tenis frente a otras modas. Cuando le preguntan por el auge del pickleball, el deporte que está conquistando pistas en Estados Unidos, responde con cierta ironía: «Para mí es como jugar a las tabas. No veo el atractivo».
Los inicios de Trey Waltke en el tenis
Waltke recuerda que creció en St. Louis, una ciudad que en los años sesenta tenía una sorprendente tradición tenística. Según explica, junto con Los Ángeles era uno de los lugares de Estados Unidos con mayor concentración de jugadores de alto nivel. «Había probablemente unos veinte jugadores que estaban clasificados a nivel nacional», recuerda. De allí salieron figuras como Jimmy Connors o Chuck McKinley, campeón de Wimbledon en 1962.

En ese ambiente empezó a competir desde muy joven. De hecho, asegura que ya desde los 12 años viajaba solo a torneos por todo el país, algo que hoy resultaría impensable para un jugador juvenil. «Iba a torneos por mi cuenta, reservaba hoteles y llevaba mis propios cheques de viaje», cuenta.
Su progresión fue rápida y terminó dando el salto al profesionalismo en 1974, cuando tenía 19 años, después de un breve paso por la universidad de California. En aquellos años el circuito era mucho más reducido que el actual: «Probablemente había unos 250 jugadores intentando ganarse la vida con el tenis», explica.
Las diferencias también eran económicas. Waltke recuerda que en su mejor temporada como profesional ganó unos 98.000 dólares, una cifra muy alejada de lo que se mueve hoy en el circuito. «Si hoy estuviera en el puesto 41 del mundo probablemente ganaría alrededor de un millón y medio al año», calcula, para ilustrar cómo ha cambiado el negocio del tenis en las últimas décadas (Ojo, 98.000 dólares de 1980 equivalen a 387.000 actuales)
El tenis moderno
Finalmente, debaten sobre cómo ha cambiado el tenis en la actualidad. Sobre el sistema Hawk-Eye para revisar las decisiones arbitrales, Waltke se muestra claramente favorable a su utilización: «Soy partidario. Quita todas las discusiones». Para él, el sistema tecnológico es preferible a los jueces de línea: «Es más fiable que algunos jueces».


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