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Antonio Páez: «Cuando le conocí, Eufemiano Fuentes ya tenía 16 apartamentos»

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ANTONIO PAEZ 06229 2 Editar

Antonio Páez (Granada, 1956) siempre será una obra inacabada en el atletismo. Las lesiones cerraron el paso muy pronto a un atleta prodigioso. El primer español que ganó un Europeo (Viena, 1979). Pero eso no detuvo al inconformista ni al revolucionario que fue Antonio Páez.

«Todo hay que entenderlo en el contexto de la época», replica hoy él, a los 69 años, jubilado ya y abuelo de dos nietos a los que adora. Por eso hoy sólo se trata de recordar, de fotografiar su sonrisa, de apreciar su planta física y de sacar al pasado de la caja fuerte en la que está metido. «Ni estoy orgulloso ni arrepentido de como fui», insiste.

Fuiste un revolucionario en el atletismo, en la vida.

Sí. ¿Sabes qué pasa? Que yo lo cuestionaba todo. Siempre estaba metido en follones. Si eso lo consideras ser un revolucionario, sí, lo fui, lo sería.

En la residencia Blume no te dejaron entrar por llevar el pelo muy largo.

Bueno, esa es una historia un poco larga. Pero resumiéndola, el año anterior a yo entrar la Blume, recuerdo que hubo una concentración en Hondarribia. Y entonces nos hacían formar ya sólo para entrar al comedor. Y yo dije que no, que yo no formaba.

Entonces el director se quejó diciendo que Antonio Páez era un rebelde y que no hacía una serie de cosas. Y, al año siguiente, cuando intento entrar en la Blume, el director, que venía de la División Azul y que era conocido de ese señor, me dice que no puedo entrar y que, además, no le gustan los pelos que llevo. Recuerdo que le contesté: «A mí tampoco me gusta usted».

Sí eras un revolucionario, sí.

Bueno, yo creo que ante todo debe existir un respeto. «Fuera de aquí», me dijo. Y me echó del despacho. Pero es verdad que todo eso hay que entenderlo en el contexto de la época, la España de 1975 o 1976 y yo tenía 17 años y no entendía a ese tipo de caciques.

¿Y cómo era ir con ese pelo, que casi te llegaba hasta la cintura, por la calle?

Bueno, te miraban, sí. Pero no sé cómo decírtelo. A mí me daba lo mismo. Recuerdo que a mi padre no le gustaba. Pero mi madre me decía: «Antoñito, tú ves como quieras, tú tienes tu propia personalidad». Y, de alguna manera, el pelo largo formaba parte de mi personalidad. O así lo creía yo en aquel momento.

¿Y eso venía de familia?

No lo sé. Te puedo decir que yo era el cuarto de cinco hermanos de los que ahora quedamos vivos tres. Y es verdad que a los mayores les gustaba mucho la música. Pero yo también me recuerdo como un chaval bastante tímido que sorprendentemente cuando empieza a andar por el mundo empieza a cuestionarlo todo.

¿Y eso fue gracias al atletismo?

Yo tuve la suerte de conocer el atletismo y de que me gustase el atletismo, sí. Por eso recuerdo que en el año 79, cuando gané el Europeo de Viena en el 800, un periodista me pregunta si me esperaba esa victoria y le contestó que «sí, claro, que lo esperaba porque estaba entrenando para eso». Y lo normal es recoger los frutos de tu trabajo.

¿Y cómo fue esa mítica carrera de Viena?

Bueno, antes te voy a contar otra anécdota, una especie de primicia que no lo sabe nadie. Yo empiezo a destacar a nivel internacional en los campeonatos de Europa del 77 en San Sebastián. Entonces en el País Vasco había muchas manifestaciones.

Y yo salgo a calentar con un crespón que era como una reivindicación en contra de la represión que existía entonces. Yo tenía un amigo vasco que me la contaba que por el hecho de hablar en vasco las autoridades te golpeaban y que me pide que me ponga el crespón.

ANTONIO PAEZ 06416 2 Editar

Y tú, claro, te lo pones  

Sí, y cuando me ve, viene un sargento de la Guardia Civil que me dice: «tú chulo, quítate eso». «¿Cómo que chulo?», le contesto. «Que te quites eso inmediatamente», le contestó.

El caso es que estaba calentando y se organiza un follón de la leche. La gente se pregunta que ha hecho este tío, porque quieren detenerme. Pero debido a la presión de los entrenadores, de los atletas del campeonato, me dejan correr. Pero aun así imagina mi estado al entrar a la pista, a la cámara de llamadas.

¿Y cómo entraste?

Quiero recalcar que fuera de contexto no se entiende. En aquella época tú ibas por la calle en San Sebastián, veías señores con fusiles, manifestaciones, gente que salía corriendo… Entonces yo estaba en contra de todas esas cosas y mi gesto era como un rechazo a eso, al abuso de poder o de no poder decir, «oye, que es que yo también tengo mis pensamientos».

Porque, además, eras un rebelde.

Sí, lo cuestionaba todo.

Un rebelde que fue campeón de Europa.

¿Pero qué ocurre? Que como ya había mucho más rebeldes, lo que pasa que quizá no tenían voz y seguramente en una manifestación normal a mí me hubiesen llevado para adentro. Pero claro, con el chándal de la selección nacional no pudo ser. Quizás no tenía que habérmelo puesto. Pues a lo mejor sí. No te digo que no. Pero no tenía la experiencia que puedo tener ahora y entonces lo entendí como otra manera de protestar.

El pasado ya no se puede cambiar.

Ni estoy orgulloso ni me arrepiento. Fue una cosa que pasó. Entonces no tenía 69 años. Mira, recuerdo un domingo que íbamos a San Sebastián varios atletas a competir y de repente hay una patrulla que nos para y nos grita:  «Bájense del coche». Y nos lo dicen con muy malos modos y con el fúsil. «Pero ¿por qué si nosotros no hemos hecho nada?» Pero ese era el contexto de la época.

¿Y cuando te proclamas campeón de Europa cómo te reivindicas?

¿En qué aspecto?

Frente al micrófono de los periodistas.

Sí, aprovecho para sacar cosas que tenía que decir.

¿Y qué dices?

Recuerdo que hacen una entrevista a Pajarón, que era el director técnico de la Federación, y más o menos viene a decir que lo que ha conseguido Páez ha sido gracias a su planificación. Y yo le contesto directamente que no, que ha sido pese a su planificación.

Entras en guerra.

Hay un enfrentamiento ahí de mucho cuidado. De hecho, lo primero que se hace es coger a todos los atletas, sacarlos de la Blume y meterlos en colegios mayores repartidos por la Ciudad Universitaria. A mí me tocó creo que el San Agustín.

Nos reparten para que no estemos juntos. Hoy en día es inconcebible que tú, por ejemplo, vayas a un Centro de Alto Rendimiento y te digan que no, fuera de aquí. Es más, incluso a algunos los llevaron a apartamentos por Moncloa, aquí eran unos apartamentos.

Entonces un día tomando café en la cafetería yo digo que «esto no puede, esto es injusto y no podemos consentirlo». Y propongo que por qué no nos encerramos en el gimnasio de la Blume para reivindicar esto, y lo hacemos, y viene la prensa.

ANTONIO PAEZ 06457 2 Editar

El responsable eres tú.

Bueno, es que yo era campeón de Europa. Tenía esa ventaja. A mí no me podían hacer nada. Tenía mi beca. Si yo no soy campeón de Europa, a mí no me hace el caso la prensa. Entonces yo me valí de eso, lo reconozco, y hoy ya no quiero alardear de nada, faltaría más. Y conseguimos que nos quedásemos en la Blume.

¿En aquella España de finales de los setenta eras un personaje?

No, no, para nada. Es verdad que me invitaban a sitios, pero en general no iba. Sí es verdad que formé parte en el 79 del jurado del Festival de Eurovisión que, por cierto, fue un fraude.

Fue el año en el que Betty Missiego quedó segunda. Recuerdo que estábamos empatados con Israel. Entonces llaman de Moncloa y dicen que tenemos que darle los votos. «¿Y esto por qué?», nos preguntamos. Porque España no se puede permitir el año siguiente organizar esto, el Festival de Eurovisión. Y tuvimos que hacerlo.

Veo que tu vida está llena de historias.

Bueno, tengo historias, sí.

¿El atletismo te daba dinero en tu época?

Sí, sí me daba dinero. Para empezar, yo cobraba la máxima beca por un periodo de cuatro años, porque entonces eran de cuatro años. Pero todo lo que ganaba yo lo entregaba en casa. Al final, yo sabía que era un privilegiado y mi familia me había ayudado a serlo. Había colaborado en mi formación. Imagínate con 17 o 18 años. Viajaba por el mundo con todo pagado, salía en la prensa…

A los 25 años prácticamente tienes que retirarte.

No, no me retiro. Pero si empiezo a ver que el sueño se acaba. No se acaba porque sigues intentándolo. De hecho, a mi me operan y me quitan el menisco, lo que me desencadena un desequilibrio increíble. Estoy seis meses de recuperación con la escayola de aquí para allá. Algo que ahora se haría con una artroscopia, simplemente. Pero yo no me resigno.

¿Y cómo?

Vuelvo a entrenar y otra vez al quirófano. Aquí los médicos españoles, no sé qué pasa, pero no, llego a tener hasta nueve versiones de la misma lesión. Al final, voy a Finlandia y dentro de lo que cabe me las arreglo para volver.

Pero ahora me encuentro con los organizadores que me dicen que lo tengo que demostrar. Y yo digo que si no participo en buenas carreras no lo puedo demostrar hasta que me presentan la oportunidad de hacer de liebre para otros. Me dicen «tú que tienes buena anchura, buenas espaldas y que todavía conservas el ritmo… ¿te interesaría?»

Y te interesa.

Ya no estaba en las condiciones en las que tenía que estar. Sobre todo, mental. Y lo que me dicen es que les interesa mucho que haga de liebre. Y estoy hasta los 42 años, porque no sólo estaba muy bien pagado, sino que también me resultaba un trabajo muy fácil. Y era muy fácil porque realmente cuando viene el cansancio es cuando tú te retiras, es decir, si corres 800 metros a los 400 lo dejas. Era muy cómodo. Incluso había mitines en los que terminaba la carrera.

Para ti, que fuiste el primer español en ganar un Europeo de pista cubierta.

Además, fui el primero en ranking mundial. Luego en el 81 quedé tercero en Grenoble y en el 82 volví a ganar en Milán. A partir de ahí entré en un quirófano, una operación tras otra. Así durante cinco años. Entonces imagínate como fue mi vida.

Y se apaga la llama del revolucionario, ¿no?

Quieras o no, eso es un golpe para un tío joven, el ver que ya no va, que a los veinticinco, es difícil volver a ser el de antes. Pero yo sigo insistiendo. De eso no te quepa duda. De hecho, en el 86 llego a hacer 1:46 en 800 que da lugar a que me den dos años de beca. Pero es verdad que sí y que tengo que entrar otra vez al quirófano. Pero eso a mí no me frustra porque lo intento, hago todo lo que puedo.

ANTONIO PAEZ 06288 2 Editar

La conciencia tranquila.

No me puede quedar esa pena de no haberlo intentado. Todo lo que está en mi mano lo hago, lo intento. Nadie elige lesionarse. Me tocó a mí como le ha tocado a tantos. Le puede pasar a cualquiera al máximo nivel.

Pero siempre fui fiel a mí mismo. Me gustaba el atletismo, me gustaba entrenar, me gustaba competir. Jamás nadie me escucho decir, «es que esto es un sacrificio». El sacrificio es el del hombre que tiene que levantarse a las seis de la mañana, que tiene tres hijos y que no le llega, o le llega justo, para pagar la hipoteca. Pero ese no fue mi caso.

Tienes tres hijas. ¿Cómo ha sido el día después del revolucionario?

Después de la pandemia lo dejé todo. Estaba bastante estresado. Estaba muy metido en el tenis, viajando de un sitio a otro con entrenamientos personales a tenistas profesionales. Pero, además, estaba en la enseñanza como interino en  institutos, según me tocase, fuese en Villaverde, en Vallecas, en Parla…. Hasta que dije «hasta aquí hemos llegado». Ya tenía más de 60 años.

¿Fue el final deseado?

Te puedo decir que de lo único que me arrepiento es no haber estado más tiempo con mis hijas. Tenía que haberles dedicado más tiempo. Pero eso me he dado cuenta tarde, ahora que ya tengo dos nietos que, para mí, son lo más.

Incluso tienes su fotografía en tu usuario de WhatsApp.

Sí, es que son una preciosidad, no me digas que no. Es más, te digo que se lo tengo dicho a mi hija María, «disfruta de ellos, disfruta, hija, que el tiempo pasa volando».

¿Qué te impidió disfrutar de tus hijas?

Tenía que entrenar mañana y tarde. Tenía que viajar. En esa época ya hacia de liebre en las competiciones y eso era un trabajo. Pero no era mi único trabajo. También trabajaba en la Federación de masajista, de readaptador. Daba clases y hacía entrenamientos personales a tenistas. Estaba todo el día liado.

Yo empecé a estudiar con 37 años en la misma clase de chavales de 18 o 19. Hice magisterio, el curso puente y luego la licenciatura. No me quedaba tiempo. Pero esa era mi forma de vida. Los fines de semana tenía que desplazarme para sacar dinero a millas populares, a lo que fuese, a las oportunidades que se me presentasen.

En definitiva, estabas pluriempleado.

Yo siempre he estado pluriempleado. Me encantaba. Pero porque me gustaba lo que hacía y no me costaba hacer de liebre entre otras razones porque entendía a los atletas cuando me decían, «Antonio, estaba bien, pero no sé qué me ha pasado». «No te preocupes, que te entiendo perfectamente porque yo lo he pasado», les contestaba.

¿Y eso era tu valor añadido?

Mi valor añadido es que he tenido gente muy buena. Te puedo hablar de Carla Sacramento, que fue campeona del mundo de 1.500, o de Francis Obikwelu, que fue plata olímpica de 100 metros en Atenas. Yo les llevaba todo lo que es el masaje y la parte de recuperaciones en el gimnasio y, sobre todo, me basaba en la experiencia que me dio el atletismo, saber decir, «no te preocupes, esto pasa», saber restar importancia a las cosas, eso al atleta le da mucha confianza.

Hoy en día, solucionas tus propios dolores.

Bueno, en mi caso hay dolores que no tienen solución. Tengo una artritis por todos lados, los dedos… Pero es como consecuencia del ejercicio que he hecho, de entrenar mañana y tarde, de hacer esas burradas que hacíamos, porque antes hacíamos burradas y entraba… Pero en mi caso es el precio de haber hecho lo que me gustaba.

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¿Qué llegaste a entrenar mañana y tarde, por ejemplo?

Pues mira, yo te puedo decir que por ejemplo hacía 12 kilómetros por la mañana con ocho toboganes de ida y vuelta de 1500 metros y por la tarde me metía 40×300 en grupos de diez. Hoy es impensable, hoy tienes tu toma de lactatos y puedes ver «hasta aquí hemos llegado». Pero en nuestra época era como acierto, error, yo te meto 10 series y veo que vas bien. Pues mira, te bajo la recuperación o te subo la intensidad o te meto tres series más.

¿Y cómo se vive con dolor?

No me quejo. Ahora he perdido unos cinco kilos y me siento bien porque me gusta, me gusta entrenar, me gusta comer bien. De hecho, yo no como grasas, yo soy vegetariano, y no me cuesta.

En mi caso la fortuna es que el cuerpo tiene memoria. Enseguida me pongo en forma. Pero, sobre todo, mi ventaja es que no he sido un sacrificado. Todo lo que he hecho me ha gustado y hubo un tiempo en el que me fue bien y muy bien.

La idea mía era correr 1500, que para mí es una de las pruebas reinas del atletismo Todo iba dirigido para eso. Mira, yo tuve la cuarta mejor marca mundial en el año 80 en 1.000 metros (2.16.64)  haciendo récord del mundo Sebastián Coe. Me duró 12 años. Me lo quitó Fermín Cacho 2019-17. Después de 12 años tirándole yo. Es decir, eso te demostraba que yo podía haber subido al 1.500, pero me pasó lo que me pasó.

Te faltaron unos Juegos Olímpicos.

Sí, cometí el error en los JJOO de Moscú. Seguramente tenía que haber cogido medalla. ¿Por qué? Mira, yo estaba muy bien. Tenía la quinta mejor marca del mundo antes de ir a Moscú. Llegué a hacer récord de España cuando me debía haber reservado. Pero tenía tanta ansia de coger, de hacer este récord que no hice caso a mi entrenador y cuando llegué estaba desinflado…

El bronce fue Nikolai Kirov tras Ovett y Coe.

Con la ventaja de que fue el año en el que hubo boicot en los JJOO. No había tres americanos, no había tres keniatas, no había tres alemanes. Estaba chupado. Estaba Coe y estaba Ovett. Nada más. Estaba todo muy abierto. En la semifinal quedé detrás de Steve Ovett y no entré en la final por un puesto. Entonces lo entendí todo. Pero ya no tenía solución.

No habías hecho caso a tu entrenador.

Mi entrenador me conocía desde que era un niño. Siempre me decía «no te metas en follones» y si me echaban de la Blume me decía «aquí tienes mi casa». Para mí, Pascua, Manuel Pascua Piqueras, siempre fue el mejor. No me voy a meter en lo que hizo después o dejó de hacer. Me quedo con lo que conocí de él. Mis recuerdos son todos buenos.

¿Te ofreció dopaje?

No, en aquella época no. Debes tener en cuenta que mis éxitos son en 1979, 1981 y 82, es todo anterior.

ANTONIO PAEZ 06561 2 Editar

Todo anterior.

Mira, te voy a dar una primicia (risas). Yo traje a Eufemiano Fuentes a Madrid. Yo estaba intentando en 1986 clasificarme a la desesperada para los JJOO. Voy a un mitin en Berna a ver si puedo hacer marca para volver a lograr beca. Y se me cruza un chaval que me dice: «oiga, ¿usted es Antonio Paez?» Me cuenta que es ginecólogo o que está estudiando para ginecología. No recuerdo bien. Pero está claro que es una gran cabeza. Fue el número 1 de su promoción en la Universidad de Navarra. No sé cómo lo hace, pero creo que a esa edad ya tenía dieciséis apartamentos.

¿Dieciséis?

Entonces creo que su madre le mandaba a Berna a aprender alemán y me lo cuenta, que iba ahí todos los veranos a aprender, pero que a él lo que realmente le gusta es el atletismo y que, por una cosa familiar, ha hecho o ha tenido que hacer ginecología. Y la cosa queda ahí.

¿Y?

Me dice que el año que viene quiere sacarse el título de profesor de educación Física y que como tiene el título de Medicina le convalidarán bastantes asignaturas.

Y viene a Madrid. Y un día a finales de septiembre se presenta en la Blume y me dice: «¿se acuerda usted de mí?» Y le presento a Pascua porque él hacia 400 vallas y aquí tenemos a los mejores de España, y Eufemiano decide venirse a entrenar con nosotros.

Recuerdo que todos los días vomitaba, todos. Porque intentaba hacer las series y si, por ejemplo, se hacían diez, él hacía tres. Pero lo cierto es que al año siguiente Eufemiano compite en los universitarios y queda campeón de España de 400 vallas con una marca, sí, ridícula pero que le vale para ser campeón de España.

Pues no lo sabía.

Pascua, que tenía mucho poder en la Federación, le dice: «Eufemiano, ¿a  ti te interesaría ser médico de la Federación de Atletismo?» Y él contesta que sí. Y ya era ginecólogo y estaba ejerciendo, pero se viene a Madrid por 80.000 pesetas y una suite en la Blume, una habitación un poco más grande que las de las demás.

Y entonces empieza a trabajar con Pascua y hacen un programa de cara a los JJOO de Barcelona. Y luego se mete en el ciclismo. Ahí me dice que me quiere llevar. Y hablo con Manolo Saiz, que me hace una oferta increíble, pero le digo que no, que lo siento y que ese no es mi mundo.

Eufemiano sí se va al ciclismo. 

Bueno, yo le pierdo la pista y empiezan a salir cosas de que si lleva a Pantani y demás gente.

¿Y no vuelves a hablar con él?

Sí, sí, sí, he vuelto a hablar con él.

ANTONIO PAEZ 06211 2 Editar

¿Y qué te cuenta?

Yo lo único que te puedo decir es que cuando le pregunta a quién lleva o deja de llevar me contesta: «Antonio, ¿a quién no llevo?» Así que yo no me voy a meter en eso. Yo me quedo con lo bueno.

Sí es verdad que Eufemiano era un hombre al que le gustaba estar continuamente en boca de todo el mundo. Hace un par de años se jubiló pero estoy seguro que sigue llevando gente. Es un genio, tiene un don. Y te digo una cosa, ha dicho menos de lo que sabe. Ha respetado mucho. Quizás se pasó con Fermín Cacho porque ¿a cuento de qué vino eso que dijo? Aunque fuese verdad, ¿para qué? ¿Por qué destruir una vida deportiva? No destruirla, sino mancharla.

¿Y se lo dijiste?

No, no se lo dije. No, porque eso ha sido posterior.

No, pero no le podías haber llamado, escribirle un WhatsApp y decírselo.

Pero quizá me hubiese dicho, bueno, ¿Has pensado que llevo razón? No lo sé. Mira, yo he vivido el atletismo desde el 75 hasta el 2000. He ido día a día a la residencia Blume. He entrenado a tenistas. Yo lo sé todo.

¿Cuándo decidiste cortarte el pelo tan largo?

Cuando fui al servicio militar. No me quedó otro remedio. Luego, ya no me lo volví a dejar el pelo tan largo porque me di cuenta de que era muy incómodo.

¿A los 69 años ya no eres un rebelde?

Lo sigo siendo, lo sigo siendo. Pero ante muchas reivindicaciones me siento impotente en el mundo de hoy. Como me parece que decía Pérez Reverte, estamos en un mundo que está lleno de hijos de puta.

Y tú no puedes ser así.

Intento no ser así. Es más, intento predicar con el ejemplo. Hace cuatro años con motivo de la guerra de Ucrania me traje a casa, a Aranjuez donde vivo, una familia Altavoz, a un niño de cinco o seis años y a la madre. Fue una experiencia emocional increíble.

Sólo estuvieron cuatro meses porque no aguantaban los pobres. Pero nosotros lo intentamos. Llegamos a escolarizar al chaval. La gente en los colegios, le dieron becas de todo tipo. Pero no se adaptaba. La madre intentó con el problema del idioma. La buscamos trabajo. Utilizamos nuestros contactos. Pero ante la presión del padre, que estaba en Ucrania, se volvieron para allá.

¿Sigues teniendo contacto con ellos?

Sigo teniendo contacto y muy mal, lo están pasando muy mal, porque ellos, como me dicen con el traductor, es increíble, te dicen cuando están durmiendo, no saben qué dron viene o qué misil viene. Es increíble como están siempre en tensión, siempre. Y esto hace ya cuatro años, o sea que imagínate. ¿Cómo es posible que esto pase en el mundo?

Opositaste para profesor.

Pero no saqué la plaza. Hice las oposiciones para entrar en la lista de interinos.

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Y estuviste continuamente de un instituto a otro.

Sí, sí, porque como interino además estaba en la lista de los últimos. No tenía puntos.

¿Y cuántos años estuviste?

Como unos seis años. Seis años trabajando con ellos. Y no me gustaba. No me gustaba porque la educación física la típica María. De hecho, ibas por allí y te decían, «oye, tú eres el proceso de gimnasia» y yo le contestaba, «y tú el de números». Estaba cansado de que me dijeran estas cosas.

Me costaba entender a los profesores que se quejaban de la enseñanza. En casa somos todos profesores. Mi mujer lo ha sido. Mis hijas lo son. Por eso yo contestaba a los que se quejaban, «¿has pensado que puedes hacer otra cosa?» «Si no te gusta lo que haces ¿por qué estás aquí?» Yo siempre iba con la mejor de mis sonrisas y mis alumnos me parecían los mejores del mundo. No se puede vivir amargado.

¿Qué te unió al tenis después de retirarte del atletismo?

Un día me viene un entrenador y me dice si puedo hacer entrenamientos personalizados. Pero no vinieron a mí por mis conocimientos, sino por quién soy. El atletismo me hizo un nombre. A partir del atleta a mí me ha venido todo. Sobre todo, los entrenamientos. Luego, puedes valer o no. Pero yo creo que he valido porque he sido un tipo con sentimiento que no se esconde y que dice las cosas a la cara.

En la pandemia ya lo dejas todo.

Sí. Me llaman para dar clases, pero digo que no, que ya no quiero trabajar. Estaba muy quemado. Creo que he trabajado mucho en mi vida y que merecía decidir el punto y final. Fue lo que hice.

Ahora vives más cómodo.

Sí, soy un privilegiado. No tengo problemas económicos. Mi familia bien. Tengo los achaques que pueda tener una persona de 69 años. Soy consciente de que esto va a ir a más. Intento mentalizarme. Sigo vivo. Un hermano mío murió en pandemia, no nos dejaron hacer la autopsia. Otro falleció con 50 años. Y en su día fue un atleta mucho mejor que yo.

Mientras tanto, tú sigues aquí.

El lunes empiezo a preparar a un grupo de opositores que les dejé un poco de lado y que me he dado cuenta que los necesito. Para mí, me hacen un favor escuchándome, creyendo en lo que les digo. Levantarme y que me estén esperando. Algún día, cuando tengas mi edad, entenderás lo que te digo, les digo a los que no me entienden.

18 comentarios

  1. José Carlos Tuñas Dugnol

    Sencillamente maravillosa entrevista
    Para guardarla y releerla en bucle

  2. Eusebio Ponce Diaz

    Me encantó la entrevista

    Mi admiración eterna Antonio
    Yo soy distribuidor de conceptos de nutrición .Le pueden ayudar

  3. No entiendo lo que cuenta Páez sobre Eufemiano. Eufemiano tiene la misma edad que Páez, eso de que un chaval se dirige a él, sería un igual. Y Eufemiano era conocido en el grupo de Pascua desde 1975 porque en el grupo entrenaban cuatrociento vallistas como Eufemiano.

  4. Ángel Horcajada

    Estupenda entrevista.
    Antonio Páez era y será único.
    Un ejemplo de esfuerzo en los entrenamientos diarios.
    Un prodigio de la Naturaleza.

  5. Gran entrevista y gran persona…recuerdos de una epoca k quizas ya se acaba ?!

  6. Me gusto tu entrevista. Fueron unos años muy bonitos del atletismo de los cuales tuve la suerte de estar, competir y de conocerte,

  7. El mejor masajista que ha habido en la Blume y van y lo echan. Seguramente porque fué, es y será un rebelde.

  8. Personalidad, carácter y campeón. Valorable ser él mismo en esa época tan pacata y vasalla. Convivir en un estamento federativo de convicciones muy ancestrales y lleno de sumisos como la RFEA no es fácil. Felicitaciones A. Páez

  9. Para mí fue un referente,siempre le admiré como atleta .El mejor mediofondista corto en muchos años en España,pena de sus lesiones muy joven.Me ha encantado tu entrevista.

  10. Maravillosa entrevista,
    Tengo diez años menos que él, me acuerdo perfectamente de sus éxitos. Un grande del atletismo.

  11. Beni Nogales Cremades

    Grande Antonio el tiempo que te conocí me decías estás gordo era para motivar grandes recuerdos

  12. Aparentemente arisco, pero en el trato cercano cálido y amable. No puede ser de otra manera teniendo esa estupenda familia a su lado.

  13. Gran entrevista, que buenos recuerdos.
    Coincidimos muchas veces en INEF y Vallehermoso. También con Eufemiano, yo también hacía 400 vallas. Saludos

  14. Paco Fernández

    Recuerdo que en una ocasión, Antonio vino a hacer de liebre en una carrera en el palacio de los deportes de Oviedo. Le tuve que dejar unas zapatillas de clavos porque no había traído las suyas. Al final de la carrera me regaló una camiseta del equipo MAM PRODUCTION. Siempre la guardé con mucha estima. Me pareció una persona generosa. Yo era corredor junior de 1500. Estuve encantado de poder «colaborar» con Antonio.

  15. Un atleta único y mejor hermano, un referente para mis hijos y ahora para mis nietos.
    Un beso enorme Antonio.

  16. «En aquella época tú ibas por la calle en San Sebastián, veías señores con fusiles, manifestaciones, gente que salía corriendo…» No sé si sabe este tipo que además había gente que miraba debajo de su coche, que recibían cartas muy «cariñosas», que eran chantajeados y que recibían tiros en la nuca. Pero está bien eso de ser rebelde en la casa de los asesinos.
    Y dice que Eufemiano tiene un «don», claro, es Don dopaje, el rey de la manipulación ilegal de los deportistas, pero claro, él se queda con lo bueno.

  17. Una entrevista estupenda para un gran deportista y persona. Por favor, revisad los textos antes de publicarlos, que los errores tipográficos «afean» el contenido.

  18. En 1986 Eufemiano Fuentes tenía más de 30 años, hay algo que no cuadra en la historia que cuenta Páez.

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