Fútbol argentino

Secanuca, la palabra del año en el fútbol argentino

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Ángel di María (Foto: Cordon Press)

Secanuca es la palabra del año en el fútbol argentino. Para rastrear la etimología hay que viajar hasta la Copa América de 2024, a la noche agobiante del 9 de julio en el MetLife Stadium de New Jersey, Estados Unidos, cuando se jugó la semifinal del torneo entre Argentina y Canadá. El termómetro marcaba una temperatura de 31 grados y la humedad ambiente superaba el 80 por ciento: en ese infierno se disputó el partido que ganó Argentina por 2 a 0. Ya se sabía que era la penúltima vez de Ángel Di María con la camiseta de la selección y hacia él fueron los micrófonos tras la victoria: «Es difícil llegar a las finales, parece fácil pero no es así. Hoy hizo mucho calor, con mucha humedad, pero igual corrimos y metimos».

Dentro de la cancha, el padecimiento de los jugadores fue evidente, pero la escena que nos interesa para este relato sucedió en las tribunas, en el sector destinado a las autoridades. Allí estaba Claudio Chiqui Tapia, siguiendo el partido desde su platea preferencial con el traje resignadamente puesto. El presidente de la Asociación del Fútbol Argentino no es un hombre flaco y no la estaba pasando bien. Se sabe, los gordos sufrimos mucho el calor, transpiramos más porque el sobrepeso estimula la sudoración excesiva, es un dato objetivo. El cuerpo exuda a través de los poros más inciertos y no hay forma de evitarlo. En el caso de Tapia, el sudor comenzó a brotar en la parte de atrás de la cabeza, justo donde termina el degradado prolijo de su corte de pelo. Para evitar que las gotas llegaran al cuello del saco, fue auxiliado por un colaborador cercano, un hombre sentado a sus espaldas con un paño en la mano, que meticulosamente iba frotando por su nuca.

El nombre del asistente fiel es Luciano Nakis, prosecretario de AFA y encargado de la logística y la gestión operativa de todas las selecciones nacionales argentinas. Al día siguiente, luego de la circulación en redes sociales de un video infraganti, Tapia salió a aclarar que padecía un cuadro febril y que Nakis estuvo ahí para acompañarlo. No importa que haya sido cierto o no su malestar físico, la viralización exponencial de la escena y sus interpretaciones ya habían recorrido su propio camino: nacía la palabra secanuca como sinónimo de obsecuente y servil al poder. Vale como adjetivo o sustantivo y es muy eficaz por su potencia poética.

Secanuca empezó a usarse de manera paulatina entre los hinchas hasta que terminó explotando y excediendo las fronteras del fútbol a partir del 20 de noviembre de 2025. Ese día, en una reunión del Comité Ejecutivo de la Liga Profesional de Fútbol, se traspasó un límite. Ya hacía tiempo que las autoridades de la AFA, encabezadas por el presidente Claudio Tapia y el tesorero Pablo Toviggino, venían tensando la cuerda con desprolijidades organizativas sin rendir demasiadas cuentas a nadie. Blindados por el ciclo triunfal de la selección, armaron un esquema de poder interno basado en la sumisión o el silencio. Se sabían intocables. Mientras tanto, el hincha común acumulaba fastidio e impotencia. Cada fin de semana se renovaban las sospechas de manipulación de arbitrajes para favorecer a los amigos o castigar a los díscolos.

Para entender la naturaleza de lo que ocurrió el 20 de noviembre, es necesario conocer el sistema de disputa de la liga argentina.

Hay dos torneos por año (el Apertura y el Clausura) y 30 equipos en primera división, divididos en dos zonas de 15. Los 8 primeros de cada zona clasifican a los playoffs y se cruzan entre sí a partido único, así hasta llegar a la final. Los campeones de cada semestre se enfrentan luego en otro partido único que se denomina «Trofeo de Campeones». Es un sistema que premia lo efímero por sobre la regularidad, por eso cualquiera puede ser campeón. Por eso el Apertura lo pudo ganar Platense después de clasificar octavo en su zona (en el Clausura terminaron últimos).

Son torneos que nivelan la competencia hacia abajo, donde no siempre los mejores del año coronan sus campañas con un título. El premio que reciben es la clasificación a torneos continentales, a través de una tabla anual donde se mezclan los 30 equipos y se cuentan los puntos obtenidos durante las fases regulares. Los dos primeros de esa tabla acceden a un cupo para la Copa Libertadores. Y el primero, además, obtiene el derecho a jugar una final con el ganador del Trofeo de Campeones.

A modo de ejemplo, en 2025, quien sumó más puntos fue Rosario Central, donde brilla Ángel Di María desde el mes de julio, el club donde arrancó hace veinte años una carrera gloriosa y al que volvió para cerrar el círculo. Central fue el que más ganó, el que menos perdió, el que menos goles en contra recibió. En las 32 fechas que se computan, obtuvo 66 puntos, 4 más que el segundo, el Boca Juniors de Leandro Paredes.

La reunión del Comité Ejecutivo programada para el jueves 20 de noviembre a las 12 del mediodía tenía un objetivo burocrático: ultimar los detalles de la próxima temporada, quizás ajustar alguna de las inconsistencias de la organización de los torneos, no mucho más. Pero la reunión de rutina no fue tal. Los periodistas que cubrían el evento empezaron a escuchar rumores, a recibir información en off: una delegación de Rosario Central estaba llegando a la sede de la Liga Profesional de Fútbol. El presidente del club y su esposa (que a su vez es la vicepresidenta), el entrenador del equipo (Ariel Holan), su capitán (Jorge Broun), y su máxima figura (Ángel Di María) viajaban desde Rosario hasta Buenos Aires «para recibir un reconocimiento». Al menos ese era el dato que circulaba. Finalmente llegaron, entraron a las oficinas, y a la hora se retiraron con un trofeo bajo el brazo. Por la puerta principal salieron todos, excepto Di María.

Angel di María (Foto: Cordon Press)
Angel di María (Foto: Cordon Press)

¿Qué sucedió en esos escritorios? Lo que era el primer puesto de una tabla anual para determinar la clasificación a copas continentales se convirtió mágicamente en un título oficial y se designó a Rosario Central como «campeón de liga 2025». La delegación (sin Di María) se acercó a donde esperaban los periodistas y trataron de explicar la situación simulando naturalidad, como si ganar un trofeo que nadie sabía que estaba en juego fuera lo más normal del mundo. «Bueno, es un torneo que faltaba, el fútbol argentino necesitaba de nuevo tener ese torneo anual y arrancan premiándonos a nosotros. Nos parece súper lógico».

Las declaraciones del presidente de Central empezaron a circular por todos lados, se conocieron también sus agradecimientos hacia la AFA, el Chiqui Tapia, Toviggino y a todos los miembros del Comité Ejecutivo. La primera reacción del futbolero promedio fue de estupor, luego de risa absurda, y finalmente de indignación hacia los dirigentes de sus propios clubes: ¿cómo pudieron haber avalado semejante mamarracho en esa reunión? Las cuentas en redes sociales de cada institución se llenaron de reproches a sus dirigentes: son unos secanucas.

En el revoleo, también la ligó Di María por haberse prestado al circo. ¿Era necesario que una estrella mundial, campeón en serio en todos los clubes donde jugó, un futbolista de élite que levantó hasta la copa del mundo, accediera a recibir un trofeo así un jueves al mediodía en una oficina? ¿Qué le suma a su palmarés? No hace falta ser experto en lenguaje corporal para advertir su incomodidad: no existe una sola imagen suya de felicidad genuina con la copa inventada en sus manos.

Creció la ola de rechazos y el presidente de AFA buscó diluir su responsabilidad, explicando que el título se había otorgado por decisión unánime de todos los clubes. Imaginó aplacar las críticas, pero no contaba con el desplante público de Estudiantes, club que preside Juan Sebastíán Verón, hombre de prestigio deportivo bien ganado y con espalda suficiente para desmontar un relato falaz con un simple comunicado: «El Club Estudiantes de La Plata comunica a sus socios, socias, hinchas y a la comunidad que, en la reunión del Comité Ejecutivo de la Liga Profesional del Fútbol Argentino, no se realizó ninguna votación respecto del reconocimiento del título de Campeón de Liga 2025». En realidad, el texto es bastante aséptico, muy lejos de un panfleto incendiario, de hecho, ni siquiera nombra a Rosario Central, como si el único propósito hubiera sido evitar el cuestionamiento de sus propios hinchas después de haber entrado a los playoffs por una carambola involuntaria.

Pausa. Conviene detenerse en esta circunstancia porque es muy graciosa por su contenido kármico. Resulta que Estudiantes estaba casi eliminado, venía de tres derrotas consecutivas y dependía de otros resultados para clasificar, entre ellos, que no perdiera Barracas Central su partido contra Huracán. Y Barracas Central no perdió porque es el equipo de Chiqui Tapia y necesitaba un punto para asegurar su clasificación a la Copa Sudamericana (el equivalente de la Europa League) por primera vez en la historia. Como era esperable, el árbitro del partido se encargó de garantizar ese punto a través de fallos escandalosos. El amaño deliberado para favorecer a Tapia le permitió a Estudiantes clasificar octavo en su grupo y enfrentar en la siguiente fase al primero del otro, ¡a Rosario Central!

Volvemos al comunicado de Estudiantes. La controversia podría haber concluido ahí, pero no. En su afán disciplinador, la conducción de la AFA redobló la apuesta desde la cuenta de X de Pablo Toviggino, un personaje oscuro que todavía se debe estar arrepintiendo de esos tuits. Toviggino maltrató a Verón, buscó humillarlo inventando una reglamentación para obligar a su club a realizar un pasillo de honor «al recientemente designado Campeón de Liga 2025», y finalmente lo amenazó con sus modos barrocos: «Que 2026 Te/Nos Espera !! Cuídate mucho Boina multicolor».

El país se puso del lado de Estudiantes y en contra de Central. En cuestión de horas, Di María fue convertido en meme, de ídolo reverenciado en todas las canchas a secanuca.

Tres días más tarde, se enfrentaron en cancha de Central y ganó Estudiantes. El contexto enrarecido después de la copa obsequio, sin dudas desenfocó mentalmente al equipo de Di María. Perdieron el partido desde el túnel, cuando los jugadores rivales protagonizaron un hecho performático implacable: les dieron la espalda a los campeones designados. Transformaron la amenaza en fortaleza. Toviggino había apelado a una resolución apócrifa para someterlos a la rendición simbólica, pero los jugadores de Estudiantes desafiaron la humillación con un gesto demoledor que trascendió el ámbito del fútbol. Se ubicaron para hacer el pasillo, pero al darse vuelta y ponerse de espaldas produjeron una secuencia cinematográfica única, interpretada mayoritariamente como un símbolo de dignidad, de valentía, de desobediencia frente a la arbitrariedad del poder. En ese momento, además, empezó a construir la mística que lo llevaría a consagrarse el 14 de diciembre como campeón del Torneo Clausura y, una semana más tarde, a ganar el Trofeo de Campeones.

En paralelo, comenzaron a llegar los problemas para Tapia y Toviggino, también por fuera del ámbito del fútbol. El trofeo de escritorio a Di María fue el primer aleteo de una mariposa que derivó en un tornado de denuncias por corrupción y de lavado de activos, encabezadas inicialmente por la ex ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich. Se produjo una fisura y se volvieron vulnerables. El gobierno nacional leyó el humor social y parece haberse lanzado contra la conducción de la AFA. Aparecieron allanamientos judiciales, mansiones a nombre de testaferros insolventes, una pista de aviones clandestina, caballos de carrera, una colección de autos de lujo, acusaciones de haber usurpado 50.000 hectáreas de tierra en la provincia de Santiago del Estero. También hay denuncias en la justicia norteamericana por contratos incumplidos y desvío millonario de fondos a intermediarios dudosos. Un sponsor de la AFA interrumpió sus pagos, exige auditoría y rendición de cuentas. No sabemos dónde ni cómo puede terminar esta escalada. Tal vez en unos meses baja la espuma y todo se olvida. O tal vez a Tapia y Toviggino ya no les alcance con el blindaje de sus pares secanucas.

Por lo pronto, la nueva temporada está por comenzar. Y Estudiantes y Central volverán a jugar una de las tantas finales y superfinales que se disputan en el fútbol argentino (esta se llama “Supercopa Internacional”), todavía sin fecha ni sede confirmadas.

3 comentarios

  1. Pingback: El origen y la explosión del término ‘secanuca’ en el fútbol argentino: del episodio con Tapia hasta el polémico título de Rosario Central - Hemeroteca KillBait

  2. Jajajajajajajaja, el secanuca 1 del Mundo

  3. Marcos Buchin

    Ni muy muy, ni tan tan. Tal como se explica en la nota, el «secanuca» es un neologismo que refiere a un personaje que realiza una tarea subalterna (cuasi humillante) para un poderoso. Obsecuente, lamebota, chupamedia y un largo etc. son sinónimos bien establecidos. Pero claramente el secanuca no es el beneficiario de la acción, y aunque la nota no dice explícitamente porqué esa palabra se puso de moda un año después de lo hechos da a entender que Di María es un secanuca por haber sido premiado por Tapia. No tiene lógica ésto, ¿cual sería el hecho servil de Angelito, que se dedicó a jugar y lo hizo bastante bien? Dicho esto declaro que el título de «Campeón de Liga» otorgado a Rosario Central es extemporáneo, deberían por supuesto haberlo establecido ANTES de que empiece a rodar la pelota en la 1ª fecha. El primer y único perjudicado por este hecho es el propio club, ya que se cuestiona con justicia lo irregular del otorgamiento. Pero a nadie se le quitó nada, no relegaron arbitrariamente a otro equipo ya que «Central fue el que más ganó, el que menos perdió, el que menos goles en contra recibió. En las 32 fechas que se computan, obtuvo 66 puntos, 4 más que el segundo (…)» Y , repito, esta nota no dice cual fue el acto «secanuca» que realizó Rosario Central, Di María o cualquier otro jugador o dirigente para que le tiren ese hueso, que como se ve, estaba envenenado. Vayamos al contexto del torneo argentino, que tiene la particularidad de que participan 30 equipos. Esta cantidad, que parece excesiva tiene sus pro y sus contra. Pero el sistema de disputa de dividir en 2 zonas en sí no es nuevo y ha sido usado ocasionalmente con ligeras variantes desde hace décadas (por ejemplo, en el Metropolitano 1974) Esto de que «nivela para abajo» no es necesariamente algo malo, si comparamos el torneo argentino con las grandes ligas del mundo, vemos que hay una diversidad de campeones que en otros países no existen: en España 2 clubes ganaron el 90% de los últimos 20 títulos, en Francia un sólo club mismo guarismos, lo mismo que en Alemania, etc. En cambio en Argentina hubo 8 campeones distintos en los últimos 20 años .
    La paradoja es que la nota se queja de que el sistema nivele para abajo haciendo campeón a un dizque mediocre Platense cuando si no se jugase con este sistema el campeón tendría que haber sido… Rosario Central. Hay malos arbitrajes, hay robos a mano armada, hay equipos favorecidos y perjudicados, hay decisiones arbitrarias de la AFA y mucho, mucho circo, pero nada que no haya pasado antes, y si comparamos esto con digamos, el comité del Premio Nobel, casi que la AFA son carmelitas descalzas ¿Estudiantes era el enemigo del poder? Salió campeón dos veces este año ¿Paredes es otro secanuca porque no se sabe porqué y le iban a regalar el campeonato a Boca? No ganó nada Boca. Ahora está de moda que los DT hagan escándalo por fallos arbitrales que juzgan escandalosos (p ej Berti en la final de la copa Argentina, o Zielinsky en el último Central Belgrano) y después sus equipos terminan ganando el partido y quedan pedaleando en el aire, pero en esta era de las redes lo único que vale es el clickbait, no la verdad, ni la objetividad. Además todo esto en un país donde el contexto político permea todo, tenemos a una justicia cooptada por el poder real que puso presa a una ex presidenta por una causa absurda, y por motivos que exceden esta respuesta la AFA está circunstancialmente inmersa en esta grieta en la vereda de enfrente al gobierno. Por último, vale un disclaimer de conflicto de intereses: quien esto escribe es hincha de Rosario Central y el autor de la nota, de Newells Old Boys

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