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Egor Demin: «El Real Madrid me ofreció subir al primer equipo, pero no sabía si realmente iba a jugar ni cuál sería mi rol, así que decidí ir a la NCAA»

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Egor Demin (Foto: Brooklyn Nets)
Egor Demin (Foto: Brooklyn Nets)

Nacido en Moscú en 2006, llegó a las categorías formativas del Real Madrid para debutar en el primer equipo, pero dar el salto a la NCAA con Brigham Young University. Ahora Egor Demin, desde el Draft de 2025, es jugador de los Brooklyn Nets, que lo eligieron con el número 8 de la primera ronda. Su temporada rookie no está yendo nada mal, promedia alrededor de 7 puntos, 3 rebotes y 3 asistencias en unos 20 minutos por noche, con buen acierto en el triple (en torno al 35%) y los tiros libres, y viene de firmar su tope de 16 puntos, 4 rebotes y 5 asistencias en una derrota ante Toronto.

En una entrevista en el canal de su club ha explicado por qué salió del Real Madrid: «Cuando terminé mi última temporada en la academia, tenía un par de opciones sobre la mesa. La primera, obviamente, era volver a Rusia y jugar como profesional. Otra opción era quedarme en el Real Madrid, en el primer equipo, en el equipo profesional. Me lo ofrecieron, pero en ese punto no sabía si realmente iba a estar en la rotación o si acabaría yéndome a otro sitio mientras el club mantenía mis derechos y todo ese tipo de cosas. Hay muchos detalles en los contratos europeos. Y la otra opción era la universidad, que al principio para mí… No lo veía. Pero al final me di cuenta de que probablemente era lo mejor para mi desarrollo en ese momento. No quería centrarme tanto en el resultado final como en el proceso. No quería dar un salto demasiado grande y luego arrepentirme y tener que retroceder dos veces».

Egor Demin (Foto: Cordon Press)
Egor Demin (Foto: Cordon Press)

Por esa academia también pasó Luka Doncic y las palabras de Demin sobre cómo funciona son igual de elogiosas que las que suele dar el esloveno: «Tuve la suerte de estar en la academia, donde todo estaba cuidado, y el Real Madrid hace un gran trabajo, y sigue haciéndolo, con su academia, formando chicos, recogiendo talento de todo el mundo y llevándolos a la vida del baloncesto, haciéndolos aún mejores al encargarse de cosas que, de otro modo, te quitarían el foco del baloncesto».

Para él fue un cambio impresionante, por su edad y porque no conocía la lengua: «Creo que lo primero fue el idioma. Entré en todo aquello con los ojos cerrados, básicamente como quien intenta nadar sin saber nadar. No sabía nada de inglés ni nada de español. Solo hablaba ruso. Obviamente, fue muy estresante para mis padres, más que para mí. Mi madre me decía: ‘¿No estás nervioso? ¿Cómo vas a hablar con la gente?’. Y yo le respondía: ‘Bueno, ya lo resolveré’. Al final, el lenguaje del baloncesto es el mismo en todo el mundo. Mientras jugara, no me preocupaba demasiado por lo demás. Y estaba seguro de que acabaría resolviendo todo lo de fuera de la cancha».

El draft de Egor Demin

La noche del draft también fue un fuerte impacto para Demi, nunca será capaz de olvidarla. «Es una sensación muy especial. Cada vez que pienso en ello me entran mariposas, aunque ya haya pasado», explica. «De niño veía la NBA como algo que estaba allí, lejos, casi inalcanzable. Era un sueño, pero nunca lo veía como un objetivo real. Crecí en Rusia, luego fui a España, y de repente empezaba a ver que había atención de scouts, de medios… y me di cuenta de que ya no era un sueño: era una meta». Para él, alcanzar la NBA no era solo un paso más: «Si llegaba, sentía que mi vida estaría completa. Pero cuando lo conseguí, entendí que en realidad era solo otro paso y que ahora tenía que fijarme metas más grandes».

Egor Demin (Foto: Cordon Press)
Egor Demin (Foto: Cordon Press)

En ese recuerdo ocupa un lugar central su madre, que estuvo con él en el Barclays Center. «Tener a mi madre a mi lado fue enorme. Ojalá mi padre y mi hermano también hubieran estado, pero por documentos no pudieron viajar», cuenta. «Mi padre me dijo algo muy profundo: que cuando tenía mi edad soñaba con la NBA, con una noche de draft, pero que llegó un momento en el que tuvo que soltar ese sueño porque sabía que no iba a ocurrir. Tenía que ocuparse de su familia, de construir su vida. Y me dijo: ‘Ese sueño volvió, pero en otra forma: ahora quiero estar en el draft contigo, no por mí, sino por ti’. Eso me golpeó fuerte. Fue muy emotivo».

Demin también recuerda con la misma emoción el momento exacto en que escuchó su nombre. «Mucha gente sabe antes dónde va a salir elegido. No era mi caso. Yo no tenía ni idea. Hice 14 workouts y mi rango era muy incierto. Así que cuando escuché ‘Brooklyn Nets’, fue como… wow. Era justo donde quería estar, pero no me lo esperaba», relata.

Después, descubrió un detalle que le dio aún más sentido a todo aquello. «En uno de mis primeros workouts con los Nets, les dije algo como: ‘Voy a volver aquí, me encantaría estar aquí’. No se lo había dicho a nadie más. Luego lo olvidé. Pero después del draft, uno de los entrenadores me dijo: “Tú dijiste que ibas a volver”. Y fue como… vale, esto tenía que pasar».

También subraya la conexión que sintió con el equipo desde el principio. «No creo mucho en la palabra ‘manifestar’, pero sí en visualizar dónde quieres estar. Y Brooklyn era ese sitio para mí: un lugar donde podía ser útil, donde podía crecer y donde sentía que me necesitaban tanto como yo necesitaba estar allí». Por eso, cuando finalmente vistió la gorra de los Nets, fue como haber ganado una última batalla personal: «Fue más que felicidad. Fue una mezcla de alivio, de emoción y de saber que estaba exactamente donde tenía que estar».

Adaptación a Brooklyn

La magnitud de Nueva York le impresionó desde el primer día. «Brooklyn tiene una energía cultural única. Es un sitio donde sientes que pasan cosas todo el tiempo, que la ciudad nunca se detiene», explica. «Para mí es muy importante mantenerme con los pies en el suelo, y la mejor manera de hacerlo es salir, hablar con la gente, andar por las calles. Le digo a mi familia que, si alguna vez sienten que me estoy comportando como alguien que se cree más que los demás, me lo hagan saber. Es lo que más miedo me da».

Egor Demin (Foto: Cordon Press)
Egor Demin (Foto: Cordon Press)

También ha aprovechado para explorar la ciudad a su ritmo, descubriendo restaurantes, barrios y rincones que ya siente como propios. «He probado un montón de sitios: italianos, asiáticos, steakhouses… y sí, también pizza. Mi primera pizza en Brooklyn fue en Lucali, fuimos como equipo, y fue increíble», recuerda. Aunque la ciudad pueda resultar abrumadora para un recién llegado, él intenta vivirla con calma: «Nueva York nunca duerme, y eso a veces agota, pero también te llena de vida. Es diferente a todo lo que había experimentado antes».

Su adaptación, sin embargo, no ha sido solo gastronómica o social. También ha sido emocional y mental. «A veces todo es tan intenso que necesito música para encontrar calma. Últimamente escucho mucho country. Puede sonar raro, pero me ayuda a estar centrado», admite. «Hay días en los que lo único que necesito es respirar, escuchar una canción tranquila y volver a encontrarme. Incluso bailo a veces, solo, por la mañana, delante del espejo. Me río de mí mismo y empiezo el día mejor».

 

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