Entrevistas

Patxi Salinas: «Clemente nos hacía entrenar diez contra diez y tocarla solo con la cabeza, nos dábamos unos cabezazos…»

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10Pachi©Miguel Nunez

Su apellido está escrito en la historia del fútbol español con tinta doble. Junto a su hermano Julio, Patxi Salinas (Bilbao, 1963), debutó en el Athletic que meses después surcaba la ría del Nervión sobre una gabarra convertida en leyenda. Javier Clemente fue su padre deportivo y Txetxu Rojo su salvavidas. En Vigo, ciudad de la que está enamorado, escribió la segunda parte de su historia como férreo defensa, de los de antes, de los que como él mismo admite hacía entradas de cárcel. Tras colgar las botas en el Celta se entregó a dos pasiones: entrenar y sumar todo tipo de aventuras televisivas, que le llevaron de platós a peligrosas selvas. Entre un reto y otro, forjó una amistad con Maradona, uno de los grandes iconos de su casi milenaria colección de camisetas que aspira a convertir en museo.

¿Cómo fue tu infancia en Bilbao?

Siendo un niño de barrio. Nuestras porterías eran las persianas de los supermercados y las tiendas. Era lo habitual. Cuando oías el sonido de la persiana era gol. Como era un barrio a las afueras de Bilbao en el que había muy pocos coches, te permitían jugar el partido continuamente porque venía un coche cada media hora. Era un barrio humilde.

Recuerdo mi infancia llena de campas, había un montón. Ahora paso por allí y no hay más que construcciones por todos sitios, no hay una gota verde. Nosotros donde vivíamos era un bloque de casas y lo demás campas, y campas, y campas. Nos poníamos a jugar en la calle y éramos diferentes porque estábamos acostumbrados a eso.

De pequeño faltabas a clase para descargar camiones y ganarte un dinero….

Falté a clase mucho, la verdad que bufff, falté muchísimo. Venían unos camiones de lámpara de Silvania que venían a descargar al barrio y, claro, mis padres trabajaban los dos y se iban muy pronto de casa, a las seis o seis y algo de la mañana. Entonces claro, era ir al colegio o ir a descargar camiones. De aquellas los bolsillos estaban vacíos. Yo decía, bueno, no pasa nada, hago una pira (faltar a clase) y ya recuperaré. Bajaba y descargaba el camión durante dos o tres horas. No sé si eran mil pesetas, seis euros. Pero a mí de aquella me parecía una auténtica barbaridad.

Descargábamos los camiones, llevábamos la carne, la fruta…  Te decían: «llévale a Tere, a Carmen, a Isabel…». No te pagaban nada, solo la propina, pero la verdad que la gente de aquellas generaciones era muy generosa, cien pesetas caían casi siempre con cada pedido. Cincuenta, cien pesetas… Es que era una auténtica barbaridad para nosotros, y entonces bueno, hice muchas piras, sí, lo reconozco (ríe).

Toda tu vida está muy ligada a tu hermano Julio (un año más mayor), pero imagino que ya desde pequeñitos jugabais juntos. ¿En el barrio destacabais mucho?

Sí, la verdad que sí. Teníamos un cuerpo grande para nuestra edad. Yo siempre jugué con un año más de mi edad en todos los equipos que he estado y por eso siempre jugué con mi hermano. Cuando él tenía doce, yo tenía once, pero ya jugaba con los de doce porque era grande y fuerte.

Yo, además, fui campeón de cross de Vizcaya en el año 75, con doce años. Corría con gente que luego fueron campeones de España. Estaba en el Athletic y me dijeron: el cross o el fútbol. No era compatible. Entonces dejé el cross, pero a mí me servía porque físicamente era muy fuerte y eso para el fútbol me vino increíble.

Con diez u once años ya nos fichó el Athletic.

¿Los dos a la vez?

Sí, llegamos a la vez. Llegó una carta a casa y ponía que el Athletic nos quería hacer una prueba. Fuimos a hacerla y nos quedamos los dos.

¿Tu hermano también competía en cross?

Sí, también competía. Estaba en una categoría por encima mía, porque era un año mayor que yo. Y creo que él quedó tercero de Euskadi. Éramos buenos atletas.

En el Athletic debutáis prácticamente a la vez, Julio en octubre y tú en noviembre de 1982.

Él inicia antes que yo con el primer equipo porque apuestan por él y ya le llevan a entrenar por las mañanas, a hacer tecnificación digamos. Había un campo muy pequeño de futbito cubierto y a mi hermano le hacían mucho salir contra la pared, pegando el balón. Apostaban por él y luego ya le cogí yo enseguida y debutamos seguidos.

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¿Y cómo se recibe en una familia humilde de Bilbao de repente tener dos chavales en el Athletic a la vez?

Pues nosotros somos de un barrio que se llama San Adrián y de aquella solamente era gente de Bilbao, éramos todos del barrio y nos conocíamos todos. Vivíamos en un quinto piso, no había ascensor, imagínate… La comunidad, cuanto te tocaba ser el presidente, bajabas piso a piso a que te diesen el dinero en mano en alguna caja de esas de puros de Farias.

Bajabas al supermercado y pedías pan, te abrían el pan y te metían doscientos gramos de mortadela o de chorizo de Pamplona, que se comía mucho de aquella. Le decías: «ya te lo pagará mi madre». En un trozo de cartón ponía «Maite» y apuntaba el precio del bocadillo que nos habíamos llevado mi hermano y yo. O me llevaba una Pantera Rosa, que se llevaban mucho.

Hoy en día, esa alimentación está prohibida para un deportista, pero era lo que había. Tu imagínate en un barrio que pagas a fin de mes lo que tú recoges y que dos jugadores, dos hermanos, desde los diez años están en Lezama y luego ocho después los ven debutar a los dos en el primer equipo. Luego encima fuimos internacionales en España los dos, ganamos las dos Ligas juntos, tú imagínate lo que es eso para un barrio…

(Nuestro fotógrafo, Miguel Núñez, interviene: ¿Y no tienes una calle en el barrio?

Deberíamos tener, deberíamos de tener… (risas)

Se ha marchado mucha gente ya del barrio, de aquellas generaciones, pero nosotros, claro, la visibilidad que le dimos al barrio… Hemos hecho miles de reportajes allí. Las entradas que nos daban a nosotros todos los domingos iban para cuatro del barrio: les dábamos a los amigos, a los padres… Era un barrio muy humilde, tampoco había una economía como para poder comprar muchas entradas.

Con la perspectiva que da la edad… ¿A nivel mental mantener la humildad era fácil?

Yo desde que he nacido he visto a mi madre trabajar en la limpieza. Levantarse a las cinco de la mañana, prepararnos un zumo de naranja, llevárnoslo a la cama e irse a limpiar. Polideportivos, casas… Yo es que he vivido eso desde que soy un niño. En verano nos llevaba de la mano a mi hermano y a mí, con doce o trece años, a los polideportivos que ella limpiaba y nos tenía sentados a las seis de la mañana allí jugando con un balón o pintando un papel. Y ella con las compañeras limpiando. Entonces, he vivido de tan cerca lo que es una familia humilde, sin ningún tipo de recurso para sacar una familia adelante, que cuando llega el primer equipo lo primero que pensamos mi hermano y yo es: ¿qué hacemos para que nuestros padres dejen de trabajar? ¿o les compramos un piso para que puedan tener uno mejor?

Hasta que se marchó mi hermano al Atlético de Madrid hemos vivido en el barrio. Yo debuté con dieciocho y seguí viviendo en un quinto piso sin ascensor, con un baño para cuatro. No me fui del barrio hasta los veinticinco años y porque me eché novia, si no tampoco me hubiera ido. Yo creo que en esta vida hay que tener los pies en el suelo y pensar que has tenido la suerte de hacer un deporte en el que te han pagado un poco más que a otra gente en aquella época y que te ha permitido poder vivir mejor. Es que yo veía a mi padre que trabajaba en un hotel, en recepción, que ha trabajado domingos, fines de semana, festivos, navidades, vacaciones… ¿Qué vas a presumir tú cuando has visto a tus padres trabajar toda tu vida para levantar una familia con sueldos muy, muy pequeñitos? Pies en el suelo, evidentemente, e intentar ayudar a todo el mundo.

¿Cuál es ese regalo que finalmente hicisteis a vuestros padres?

Con la primera prima que juntamos mi hermano y yo del Athletic compramos un abrigo de piel a mi madre. En los ochenta hacía un frío que pelaba. Mi madre cuando lo vio… «¿Pero cómo me vais a regalar a mi un abrigo de piel si yo esto no me lo puedo poner porque voy a trabajar?» Le dijimos que no queríamos que pasase frío. Luego se pudo jubilar un poco antes.

Cuando tu hermano salió del club, tú renovaste y exigiste que le dieran la insignia que no lo habían dado. ¿Qué es lo que pasó entre Julio y el club?

Mi hermano cuando se marchó del Athletic la gente no lo entendió. Cuarenta años después siguen sin entenderlo. Lo hemos explicado millones de veces: mi hermano se quiso quedar en el Athletic, hizo todo lo posible por quedarse, pero el club no respondió en ese momento a lo que exigía un jugador que iba al Mundial de 1986 a México. De aquella los clubes, por lo menos el nuestro, pagaba por edad y no pagaba por rendimiento. Es decir, un jugador de treinta años podía ganar mucho más que tú con veinte, aunque él no jugase tanto porque tenía treinta años. Eso era una auténtica barbaridad.

Hoy en día pagas por rendimiento, como tiene que ser en cualquier empresa. En el fútbol igual. La ficha que le ofrecían, igual que la mía, era muy, muy, muy pequeña.  De hecho, éramos los jugadores que menos ganábamos en el Athletic siendo titulares, habiendo ganado dos ligas, una copa… Y mi hermano iba al Mundial. Dijo: «Yo hasta aquí he llegado, no puedo tener veinticuatro años y aceptar esta oferta porque es inaceptable». Decidió marcharse, pero eso en Bilbao, evidentemente, no se entiende, es difícil que a veces se entienda. Y claro, si hubieran sido listos, le hubieran servido un contrato un poco mejor, que eran cantidades muy pequeñas comparadas con las de hoy en día. Y no quisieron. Entonces decidió irse al Atlético de Madrid y a mí me dejó un poco solo.

Cuando juegas cien partidos, el Athletic te da una insignia de oro y brillantes y un cuadro. Mi hermano se había marchado y no se lo habían dado. Entonces cuando fui a renovar lo primero que dije antes de firmar mi contrato fue que exigía que a mi hermano le correspondía esa insignia y ese cuadro, y que, evidentemente, para firmar yo tenían que dárselo. Y así fue. Me lo dieron y yo firmé ya seis años en el club.

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Tu hermano luego hizo carrera fuera. Cuando os enfrentabais, ¿saltaban chispas? ¿Cómo eran esos partidos?

Fue difícil, porque jugar contra tu hermano cuando es mi mejor amigo… Es que he vivido una vida siempre unida a él. El hecho de que con veinticuatro años se vaya te deja como cojo.

Para mí es uno de los mejores delanteros que ha dado el fútbol español. Hay mucha gente que puede dudarlo, pero ahí están los números. Marcarlo era tremendamente complicado, tenía un juego de espaldas brutal, cuando arrancaba era un jugador muy, muy, muy potente, con mucha facilidad para hacer gol… La gente dice que fallaba lo fácil. Fallaba, como falla todo el mundo. Nada más tienes que ver que ha jugado tres Mundiales, dos Eurocopas, que ha metido 152 goles en Primera División, que ha metido 22 goles con España. ¡De aquellas, eh! Para jugar un partido con España había que jugarlo, eh. No es como ahora que se juegan muchos partidos.

¡Hemos tenido muchas trifulcas, eh! Me acuerdo una vez que le anularon un gol, joder… Todavía hay días que me da la chapa con ese gol.

Me acuerdo también de un Celta-Dépor que ganamos 1-2 y nos habíamos apostado la cena del viaje de vuelta porque nos íbamos de vacaciones en navidades. Fue bonito, cené marisquito gratis, eso mola. Jugar con mi hermano era una gozada, pero a la vez una cosa muy rara.

Me alegré mucho porque tuvo la gran suerte de hacer una carrera extraordinaria, pero marcarle era jodido. Yo prefería marcar otro tipo de futbolista, a mi ese tipo de jugador me incomodaba mucho. No me gustaba. Prefería uno tipo Butragueño, jugadores jodidos dentro del área, pero más fáciles de marcar fuera. Con la cantidad de faltas que hacíamos que en aquella no se pitaban, hoy en día se hubieran hinchado a pitarnos faltas, penaltis…

Antes se permitía mucho más…

¡Sí! El fútbol anterior era muy permisivo. Las entradas que se hacían hace años hoy serían de cárcel. Ha habido entradas que tú hoy las ves y dices… cómo es posible que se pudiera permitir este tipo de entradas en el fútbol profesional. Eran una barbaridad. Cuando veo lo poco que se pudo cuidar a jugadores como Maradona… ¡Y me incluyo dentro de ese grupo, eh! Yo veo lo que hay y al final te tienes que adaptar. Hoy en día buscan centrales con salida de balón, de aquella buscaban centrales duros, poderosos, agresivos… no buscaban centrales con salida de balón. Si eras de ese tipo no jugabas. O me adapto a lo que hay o no juego. Entonces eras un jugador tremendamente agresivo, tremendamente duro… De aquella había un fútbol, para mí, demasiado violento, un fútbol muy, muy agresivo. Jugadores como Messi en nuestra generación lo hubieran pasado mal.

Decías antes de que ganaste la Liga y la Copa con el Athletic, pero también fuiste también testigo de la primera vez que salió la gabarra.

Yo tuve mucha suerte porque cuando debuto, gano la Liga y el segundo año gano Liga y Copa. Cuando ganamos la primera Liga fue muy complicado porque jugábamos en Las Palmas y ellos se jugaban el descenso. Se disputaba también el Valencia – Real Madrid. El Valencia se jugaba el descenso y Madrid la Liga con nosotros. Las Palmas nos tenía que ganar y que el Madrid ganase al Valencia. Y el Valencia tenía que ganar al Madrid pero que nosotros ganásemos a Las Palmas, si no bajaban. Se dio la casualidad de que pasó eso. Entonces, el Valencia se libró, Las Palmas descendió y nosotros ganamos la Liga.

Cuando volvíamos de allí nadie podía imaginar lo que era la gabarra, ni los que la habían montado. Decían que se le ocurrió la idea a un directivo. Era una cosa que nunca se había hecho, no estaba prevista.

En la última gabarra (2024) fui en un barco paralelo al del Athletic. Me preguntaba el que lo llevaba: «Vosotros en 1983, ¿cómo hicisteis?». Allí no se hizo nada. Salió a la ría el que le dio la gana. Ahora no dejan llevar barcos con tanta gente… ¡De aquella salió todo el mundo! Calculaban un millón de personas. Todo lleno de gente a ambos lados de la ría, creo que eran doce kilómetros. Pensamos que un puente se caía. La gente subida a las grúas de la ría, por los tejados, en canoas, en bici… Tú dices qué locura ha sido esta, pero fue todo como… Venga, lo hacemos y palante. Fue algo espectacular. Yo creo que no vamos a vivir una experiencia de esas, aunque la última gabarra fue espectacular también, pero la primera siempre queda marcaba. Nosotros hicimos dos y la primera es la que se queda.

La segunda fue tras la final de Copa del Rey, la famosa de la batalla campal con Maradona. ¿Qué es lo que pasó?

Nosotros ganamos la Liga contra la Real Sociedad en el último partido de Liga en casa. Y luego se jugó el sábado la Copa. Creo que estuvimos domingo, lunes, martes y miércoles… El miércoles al llegar al vestuario Javi Clemente nos dijo: «Oye, ¿la preparamos o la tiramos?». Imagínate, habíamos ganado la Liga y eran todo celebraciones: mañana ayuntamiento, pasado no sé qué, fuimos con un camión descapotable a todos los pueblos de Vizcaya… Nos esperaban gente en la calle sentados en las sillas, gente mayor con sus banderitas, bajábamos del camión, tomábamos un vino con ellos… ¡Así tres días!

Le dijimos a Clemente que había que prepararla. Entrenamos jueves y viernes y nos fuimos a Madrid a jugar el sábado contra un Barça con Maradona, Schuster, Alexanco, Migueli, Urruti, Periko Alonso… Tenían nueve internacionales con España.

Hicimos un gol y defendimos muy bien, muy fuerte. Ganamos y al final del partido, Maradona tenía muchos piques con nosotros. Hicimos muchas entradas, muchas faltas, eso es cierto. Cuando pitó el árbitro, le dio un cabezazo a Txato Núñez y le abrió el pómulo; y a Miguel Sola le rompió toda la boca. Ahí se desató la locura, pero ya sabes, muchas veces cuando tú ves la bronca, vas sin saber lo que ha pasado.

Al cabo de los años tuve la suerte de que fui a Argentina, estuve en el cumpleaños de Maradona y pude hablar con él sobre eso. Él me reconoció su error y me decía que amaba a los vascos, a nuestra afición y al campo del Athletic. Le decía a todo el mundo: «¡Esta gente en Bilbao como aprieta! ¡Cómo quieren a su club! ¡Esta gente es maravillosa! ¡Qué amor tienen por sus colores!».

Me dio mucha pena que no hubiésemos arreglado con él antes de morirse. Yo creo que se podía haber hecho un partido en San Mamés a lo mejor. Quedó para todo el mundo la famosa bronca, están las imágenes ahí y fue lamentable. La suerte es que la Copa nos la llevamos para casa y lo celebramos.

Tú eras fan de Maradona…

Para mí había sido el futbolista más grande de todos los tiempos, sin ninguna duda. Hoy en día con los talentos que hay y el VAR, sería imparable. Imposible. Nosotros lo parábamos porque le entraban cinco jugadores seguidos a la altura de la rodilla. Era una auténtica barbaridad. Hoy en día sería mejor que veinticinco juntos, sin ningún tipo de duda.

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¿Mejor incluso que Messi?

Messi está a otro nivel de los jugadores, pero, para mí, Maradona es mejor que Messi. Maradona no estaba protegido. De hecho, acabó con las rodillas destrozadas, los tobillos destrozados… Las entradas eran terroríficas. Tú si estás protegido puedes coger el balón de espaldas, nadie te puede entrar. A Maradona si lo veías de espaldas, sin poder ver, le habías dado una hostia a la altura de poplíteo o del gemelo que lo habías reventado. No solo a Maradona, a los grandes jugadores. Las entradas eran una auténtica locura y muchas no era ni falta.

Decías antes que estuviste en una fiesta de cumpleaños de Maradona en Argentina.

Surgió de un amigo de Vigo que me dijo: «Patxi, tengo un amigo de máximo confianza que nos promete que, si vamos a Argentina, nos invita al cumpleaños». Yo pregunté cuándo era el cumpleaños. Era la semana siguiente. Nos pusimos a mirar vuelos y nos fuimos, no lo pensé ni un segundo. Me parecía que era la oportunidad de mi vida, como si a alguien le gusta Mike Jagger y le dicen que le invita a un palco y luego va al camerino a estar con él. Tenía la oportunidad de conocer a Maradona. No la podía dejar pasar porque sabía que no iba a volver.

Estuve casi un mes en Argentina. Me regaló una camiseta de su homenaje, la tengo en mi casa colgada como si fuera un tesoro. Tengo los zapatos de Maradona firmados por él. Me regaló a mi uno y al colega de Vigo el otro. Mi amigo dijo: «Qué mierda… ¿Y ahora qué hago yo con esto?» Y yo le dije «Eso es verdad, ¡trae aquí!» y me lo quedé yo (risas). Empezó a regalar la corbata, la chaqueta, el reloj, los pendientes… Regalaba todo.

Era una persona tremendamente generosa, cercana, tremendamente humilde, no sabéis la humildad con la que trataba a la gente por la calle… He ido con muchos jugadores muy famosos por la calle y nunca vi algo parecido como con Maradona. Ni con Roberto Carlos, ni con Ronaldo, ni con Beckham… Ir con Maradona era estar a otro nivel. Jamás una mala cara con la gente que le venía. A nadie.

Pude cenar en su casa quince noches. Nos cogió mucho cariño. Me hice fotos con él, con la réplica de la copa del mundo, con la de la UEFA, ligas… Fue una experiencia única y maravillosa. No tengo tantos ídolos, este era uno de ellos. Me llevó a Boca, a ver el campo, estuvimos en su palco, me regaló la camiseta de Boca Juniors con la firma de los jugadores y la de él también… Fue una experiencia muy, muy bonita. Y me dio una impresión de alguien que yo no conocía. A veces juzgamos a la gente sin conocer. A él se le juzgó mucho por el tema de las drogas y todas esas cosas, pero cuando le conocí fue algo maravilloso.

¿Fue el típico cumpleaños en el que invitaba a muchos jugadores?

¡Bufff! Increíble. Estaba Almeida, Turu Flores, Gamboa, Martín Palermo… Había mogollón de jugadores. También había actores, todo lo más importante de Argentina estaba allí. Y luego dos mil amigos.

Había un personaje que era la hostia. Lo conoció en Nápoles y todo lo que hacía Diego lo hacía él: tenía los mismos tatuajes que Diego; si Diego engordaba cincuenta kilos, él engordaba cincuenta kilos; cuando Diego hacía liposucciones, él también se las hacía… Todo igual. Iba con él a todas partes. Era muy amigo de él y le seguía a todas las partes del mundo.

Volviendo al Athletic, pasaste de esa etapa histórica a la crisis del 86. ¿Qué pasó entre Clemente y Manu Sarabia?

No sé si fue algo de egos. Me acuerdo de que entre Javi Clemente y Manolo había una relación muy tensa. Dividía incluso a la afición porque Javi pensaba que Manolo daba mejores resultados jugando muchas veces desde el banquillo y Manolo quería jugar siempre de titular. Entonces, cada vez que salía a calentar se generaba una polémica en la grada. La gente gritaba a favor de Javi y otra gente a favor de Manolo. Uno creía que el mejor tenía que jugar y Javi entendía que había otros jugadores que estaban por encima de él y que daba mejor rendimiento saliendo desde el banquillo. Se creó un problema y hubo varias discusiones fuertes.

No sé si Javi hizo alguna declaración o algo y el club decidió prescindir de nuestro entrenador. Nuestro entrenador era nuestro guía, nuestro amigo, nuestro padre. O sea, yo nunca he visto un equipo tan volcado con un entrenador como con Javi y he tenido muchos entrenadores. Javi estaba muy por encima. Si nos mandaba tirarnos por aquí, que había agua, nos tirábamos, aunque hubiera piedra.

Conseguimos los mejores éxitos con él, nos hizo a todos mejores jugadores, entonces que Javi se marchase fue terrible. Yo pienso que es el mejor entrenador que ha pasado en la historia del Athletic, pero con mucha diferencia. Lo que Javi consiguió como entrenador no lo consiguió nadie. Y en aquellas condiciones.

Para mucha gente Clemente tiene ese papel de persona muy arisca y polémica…

Qué va. Javi es muy amigo de sus amigos. Si es verdad que cuando te genera una polémica con alguien es jodido. Es un tío que no tiene freno. Ya lo viste, el periodista en Gijón, Manolo Lama… Dices, me cago en diez, pero cuando tú a Javi lo conoces, Javi te da la mano si la necesitas. Va contigo al fin del mundo, le puedes llamar para cualquier cosa que tú necesites que Javi está ahí.

Es verdad que con la gente que ha polemizado, como Manolo Sarabia, Manolo Lama, aquel periodista de Gijón… O con la prensa. Con la prensa es incómodo, es un poco tipo Luis Enrique. Son caracteres. La gente que está con Luis Enrique te habla maravillas, pero, seguramente, para mucha prensa no será así. Con Javi es igual. Al jugador le defendía tan, tan, tan a muerte, que incluso a veces intentaba que toda la prensa hablase sobre él para desviar la atención sobre el equipo. Me acuerdo de que íbamos a jugar a Barcelona y empezaba: «Argote es mucho mejor que Marcos y Carrasco juntos». Y ya estaba el cristo montado. Entonces ibas a Barcelona y todo el día la prensa te hablaba de eso. En aquella época era un aventajado: joven, muy agresivo, tremendamente ambicioso. Luego hizo una carrera muy buena, pero de aquella época era de los mejores que había en España con mucha diferencia.

Fue una pena porque fue como marcharse nuestro patrón y nos dejó un tiempo ahí… De hecho, pasamos un par de años jodidos, ¿eh?. Hubo un año que jugamos para descender, no para ganar la Liga. Y con Javi, ganamos dos Ligas, la Copa, pero es que el siguiente año jugamos final de Copa contra el Atlético y la perdimos. Estábamos siempre ahí, en Europa. Entonces se marchó Javi y fue como quedarnos cojos. Fue una transición dura.

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Cuando hacía mal tiempo, entrenabais en un campo sintético y solo os dejaba jugar con la cabeza.

Teníamos un campo en Lezama de hierba sintética de unos cuarenta metros de ancho por veinte de ancho. De aquella, a veces estaba nevando y entrenábamos dentro. A Javi se le ocurría la idea de jugar diez contra diez y solo con la cabeza. No podías coger el balón más que por debajo de la rodilla. Si el balón botaba y estaba a la altura de la cintura tú tenías que darle con la cabeza. Tu imagínate… Nos dábamos unos cabezazos de puta madre (ríe). Ahora saltan limpio, de aquella saltábamos todos con los codos, tanto en partidos como en entrenamientos. Era lo que se llevaba, no había falta ni nada. Así luego éramos un equipo que metíamos la hostia de goles en córners y faltas, dominábamos el juego aéreo a la perfección, el juego directo lo defendíamos de maravilla…

Otro entrenador importante para ti: Txetxu Rojo.

Sí, primero Javi y luego Txetxu. Él me trae al Celta en mi peor momento deportivo. Me refiero a nivel cabeza. El Athletic me da la baja con veintiocho años, siendo capitán del equipo y siendo elegido mejor jugador ese año por la prensa. No es que me den la baja porque no juego, todo lo contrario. Jugué prácticamente todo el año de titular.

Tuve la gran suerte de que Txetu Rojo estaba en el Celta, apostó por mí, me hizo una oferta y al estar él ni me lo pensé.

Viviste todos los 80 en Euskadi, tu infancia… A nivel social y político era un momento muy complicado. ¿Se hablaba del problema del terrorismo en el vestuario?

Los años 80 en Euskadi han sido jodidos. Ahora miras atrás y piensas en todo lo que hemos vivido y… hostia, cuidado, eh. Nosotros, siendo chavales, cogíamos los trenes saliendo de Lezama y llegábamos al Arenal, en el Casco Viejo, y había todos los días manifestaciones. Muchas veces no podíamos subir a casa a las once de la noche, siendo críos de catorce o quince años, teníamos que dar la vuelta, volver al tren hacia atrás y volver andando a casa hora y media. ¡Andando, eh! Eso hoy en día es impensable.

Cada uno tenía una idea política pero no era un tema que tocásemos mucho. Generaba polémica y cada uno teníamos una idea política diferente. Había gente de un lado y gente de otro. Tocar eso era muy, muy complicado. Seguramente cada uno tenía afinidad con los que sabíamos que pensaban de una manera y era de los que más te rodeabas. Pero a nivel grupo no lo hablábamos.

Nos han llamado «etarras» o «hijos de puta» en prácticamente todos los campos de España. Era complicado ir a jugar a cualquier campo por ahí y que todos se metieran en tema político. La política nosotros la sufrimos con la agresividad de la gente hacia nosotros. Era lo que estábamos acostumbrados en Euskadi, era lo que había y sabíamos que cada vez que salíamos fuera, nos íbamos a encontrar con eso. Javi Clemente nos mandaba un mensaje siempre: «No podemos hacer nada, con lo cual no perdamos el tiempo». Nos dedicábamos a jugar y punto. Fueron años duros.

En esa época hubo también casos de extorsiones a futbolistas. ¿Eso se comentaba entre vosotros?

Yo, en el Athletic, no sé de nadie que le haya pasado. Lo que se comentó mucho fue lo de Lizarazu cuando vino al Athletic. ¿Hasta qué punto pudo ser verdad o mentira? No lo sé, decían que iba con escolta. Creo que le amenazaban por jugar con la selección francesa y entonces tenía que pagar dinero en Euskadi por jugar con Francia.

Te vas a Vigo en 1992. ¿Cómo era el día a día en el Celta?

No tenía nada que ver con el Athletic. Me voy de un club, de aquella supergrande, y llego a un club recién ascendido. Con unos medios para entrenar muy, muy justos. Había un montón de partidos por el norte y a todos se iba en autobús. No estaba la Autovía nueva y solamente llegar a Ourense eran dos horas en autobús. Íbamos a jugar a Burgos, Bilbao, Donostia, Zaragoza, Santander… Todos en autobús. Yo estaba acostumbrado a ir en chárter con el Athletic, hacer noche siempre. Si jugábamos en Sevilla a lo mejor hacíamos noche en Madrid… Era un cambio tan brutal en comparación con lo que había vivido: campos de entrenamiento, vestuarios… Todo. Pero yo venía de una familia muy humilde y no me costó adoptarme a esto. Recuerdo que Vicente, que era el capitán, lo primero que me dijo fue: «Compañero, es lo que hay. No hay más. O sea que adaptación, rápidamente». Y me adapté echando hostias.

Venir al Celta fue la mejor decisión que he tomado en mi vida, sin ningún tipo de duda. He sido el tío más feliz del mundo en esta ciudad, lo sigo siendo. Siempre digo que soy de Bilbao y amo a mi tierra y a mi club. Pero para mí Vigo es la mejor ciudad del mundo para vivir. Mucha gente en Bilbao me dice: «Patxi, ¿pero qué tiene Vigo que no tenga Bilbao?» Pues no lo sé: es la cultura, la gente, la gastronomía, la climatología… Es que es todo, joder. Soy el mejor embajador de Vigo para el mundo porque lo siento. Vine a esta ciudad y recuerdo que me hospedé en el Hotel Cuellar, llamé a mi mujer y le dije: «Vente cuanto antes a buscar piso porque he encontrado nuestro nido de felicidad». Algo intuía que esta era mi ciudad. De hecho, he estado aquí viviendo la hostia de años. Vengo y me siento feliz, puedo caminar por la calle tranquilo, es una ciudad segura y maravillosa. Es lo que yo busco.

Vine aquí, firmé un año y estuve seis en el club. Después trabajé dos de técnico y luego estuve en Galicia en muchos sitios: Bouzas, Porriño, Ourense… Estaba muy a gusto. Por eso a Txetxu le debo la vida. Primero porque apostó por mí, me dijo: «Ven, Patxi, tenemos un equipazo». Y claro, me hablaba de jugadores que no había oído en mi vida (ríe). Cuando llegué, Cañizares fichaba, pero claro, Cañizares venía del Mérida, no lo conocía nadie. Vicente Engonga, el difunto Tito Vilanova, Salvita que venía del Zaragoza… Yo era el más conocido con mucha diferencia. De aquella parecía que venía rebotado, pero llegaba con trescientos partidos en Primera.

Había muy buen equipo. Los croatas y los serbios, tanto Juric, Gudelj, Ratkovic… aportaron mucho al club; Jorge Otero, Vicente… Había un bloque muy bueno y con los años se fue haciendo un gran Celta.

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Mostovoi contó que no había ni agua caliente.

¡Es cierto! Había en A Madroa dos vestuarios. Entonces nos cambiábamos once en un vestuario y once en otro. Había un campo y cuando llovía, que en aquella época era bastante más que ahora, era difícil entrenar porque el balón no corría, se quedaba muy parado. Luego, al final del entrenamiento, teníamos que hacer algo: los delanteros a rematar, los defensas a sacar balones fuera… Y claro, los ocho últimos que se quedaban, como ya se habían duchado los trece primeros, ya habían acabado el agua. Puro invierno, llegabas al vestuario, empezaba a salir el agua… «¡Me cago en la hostia!» (risas). Aquí, a diez grados, imagínate, un frío de cojones en A Madroa con niebla… Había dos calentadores y no llegaban.

Yo con el ruso (Mostovoi) lloraba. Llegaba y empezaban a hablar en su idioma, a despotricar. Y encima todos embarrados. Solamente ver al ruso cómo se mosqueaba, para mí ya era felicidad (ríe). Le decía: «Ruso, ¡pero me cago en diez! ¡Si estás acostumbrado a treinta bajo cero! ¡Si esto para ti tiene que ser Marbella, la hostia!». Además, los rusos se quejaban por todo, pero ahí tenía razón.

¿Erais de esos jugadores de los noventa que os ibais a tomar cervezas después del entrenamiento?

Nosotros acabábamos de entrenar y teníamos un bar al lado que se llamaba O Casqueiro. Llegábamos allí y decíamos: «A ver, María, ponnos ahí unas tapitas de pulpo, unos calamares, unas tortillas y cinco cervecitas». Y nos jugábamos a los chinos a ver quién pagaba. Eso era el día a día. Estabas después de entrenar tomando unos callos, lo que tuviese en ese momento la señora de O Casqueiro.

Tú ahora acabas de entrenar y tienes que tomar la proteína, la suplementación, no sé qué, tienes que desayunar … Nosotros desayunábamos lo que nos daba la gana. No había información. El único tío que iba por encima de todo era el padre de Llorente, el del Atlético de Madrid, Paco Llorente. He coincidido con él en los años ochenta en la Selección y ya viajaba con la avena. Era un adelantado a sus tiempos.

El hijo también tiene fama ahora de cuidarse mucho y probar métodos no tan habituales…

Pues el padre era igual, pero en el año 80. Nosotros nos reíamos, de hecho, le llamaban Lechuga. Se levantaba por la mañana para meterse en agua fría en la piscina de su casa… Debería tener una bola prediciendo el futuro, lo que iba a pasar. Porque era impensable que en los 80 viajara con su desayuno y sus cosas. Viajábamos con la Selección sub-21 a Islandia, a Mónaco… a todas partes. Y él iba con su propia comida, no comía lo del hotel. Alguna vez coincidí con él y le decía: «Paco, tío, tú eres un adelantado». Cuando los demás éramos unos cenutrios que abríamos el croissant y metíamos Nutella, mantequilla, mermelada… No era lo correcto para un deportista, pero estábamos acostumbrados a eso.

Ayer me decía un amigo mío: «Yo he comido churrasco y garbanzos antes de un partido». Hoy en día le metes eso a un futbolista y te digo que no arranca. Y tú arrancabas que parecíamos búfalos. Yo creo que si en aquella época le metíamos proteína, nuestro cuerpo nos lo rechazaba (risas). No estábamos acostumbrados a eso. Hoy en día le metes a un chaval un bocadillo de chorizo de Pamplona y dice que le repite una semana. Yo me comí dos mil millones de bocadillos de chorizo de Pamplona y no me repitió nunca (ríe).

Como me decías antes, te encuentras un Celta muy balcánico. Justo coincide con la guerra de Yugoslavia…

Para nosotros se asemejaba un poco a esas connotaciones entre tu propio país. Me llamaba la atención que teníamos un montón de ellos: Gudelj, Juric, Ratkovic, luego llegó Bajcetic y Bursac… Estaban casados croatas con serbios o bosnios. ¡Y se estaban matando entre ellos! Es algo que me llamó mucho la atención. Es como si mañana hay aquí una guerra civil y nos matamos entre nosotros.

Yugoslavia era un país que fue buenísimo en baloncesto, en fútbol, han competido mucho. Ellos tenían un rollo buenísimo. Juric y Gudelj eran íntimos amigos. Luego, con Ratkovic igual. Los hermanos Djorovic más adelante, también. Yo los veía siempre juntos. Nunca los vi enfrentados ni hablar de política.

Volviendo al campo. Siempre estuviste bien resguardado: Zubizarreta, Cedrún, Cañizares, Prats…

Con Dutruel también. Tuve la suerte de jugar con, yo creo, los mejores porteros de España. Cañizares era mi compañero de habitación. Fui también compañero de Zubizarreta, hasta que se fue al Barça.

Cañizares para mí es como un hermano, le tengo un cariño superespecial. Ha sido de mis mejores amigos en el fútbol, junto con De la Fuente, el seleccionador. Han sido muy especiales para mí. Cuando se fue, fue como mi hermano, me dejó cojo el cabrón. Teníamos una relación superestrecha, muy, muy buena. Lo que le he visto hacer a él no se lo he visto hacer a otro portero. Jugaba con una sobrada… Era un tío que iba a muerte, negociaciones de primas… Era muy valiente y ambicioso. Quería lograr objetivos de todo tipo, tenía las cosas muy claras y no se echaba para atrás.

Yo había encontrado mi zapatito a medida, con diez años menos que yo, pero con la misma seguridad y lealtad. Era mi complemento perfecto. Encima valiente, con un respaldo fuerte a nivel social porque aquí en Vigo era el número uno.

15Pachi © Miguel Nunez

¿A los centrales os daba caña también?

Sí, ¿sabes por qué? Porque él era muy ambicioso. Él no quería que el Celta fuese su sitio para estar aquí doce años. Sabía que era un trampolín. Él tenía que volar mucho más alto, no se podía quedar aquí. Entonces, la única manera de que él supiera que va a volar alto es dando caña, no admitía un gol por culpa nuestra o una falta de concentración. A mí me encantaba, yo era igual. Fuimos Zamora con él y se marchó para el Madrid.

Cómo no vas a querer a un tío detrás de ti que con veinte años tiene una mentalidad y una ambición desmesurada por todos lados. Con una capacidad en todos los sentidos que flipas. Siendo un crío era un hombre. Tú hablabas con él y siendo el más joven tenía las ideas muy claras. Quería llegar arriba, si podía ser en dos meses, no en dos años. Y lo logró.

Dos fechas claves. La final de Copa contra el Zaragoza en 1994. Eras el siguiente en la lista de lanzadores de penalti. Si Alejo hubiese marcado te tocaba…

El Zaragoza era un equipo de la hostia, pero nosotros confiábamos mucho en el bloque. Yo creo que nos desbordó esa final, la respuesta de la afición fue maravillosa, nos llevó en volandas. Yo recuerdo que hubo un momento clave y fue cuando expulsaron a Santi Aragón. Creo que teníamos nosotros la Copa del Rey. Quedaban luego treinta minutos de prórroga. Creo que confiamos tanto en que en la tanda de penaltis con Cañizares íbamos a ganar… Era como… no pasa nada, vamos a proteger nuestra portería que en los penaltis ganamos seguro. Fue llegar y hacer un esfuerzo sobrehumano para nosotros. No éramos un equipo preparado para jugar Liga, Copa, Liga, Copa tanto tiempo, sobre todo a nivel de cambios. Teníamos grandísimos lanzadores y Cañizares de cinco no paró ninguno. Y luego se falla el quinto.

Cuando Txetxu Rojo preguntó quién va a tirar, me acuerdo que había cuatro. Faltaba el quinto y Alejo dijo: «Lo tiro yo». Me preguntó el míster y le dije: «Yo no tengo problema en tirarlo, pero si Alejo se ve con confianza…». Esto es cuestión de confianza, un tío que tiene confianza tiene que tirarlo antes que cualquiera, y dije que iba después de Alejo. Fue la derrota de mi carrera deportiva, con mucha diferencia, más dolorosa. Había perdido una final con el Atlético de Madrid, pero había ganado otra. Esta fue la más dolorosa a años luz. Solo pensar lo que hubiera supuesto para el Celta y para la ciudad… Hay días que pienso cómo la pudimos perder… Algo que dices, joder, hubiera sido el primer título para el club y se nos fue por un puñetero penalti.

Dimos lo que teníamos dentro y más. Si ese año peleamos por no descender… Había que jugar los cuartos, los semis, la final… Me acuerdo que nos vino el Barça después y perdimos 0-4. Estábamos muertos. Luego pudimos salvar la temporada.

Cuando estás en un equipo como este vas a tener tres o cuatro partidos clave en tu vida deportiva para poder hacer algo grande. En el Barça o en el Madrid vas a tener dos años, en el Celta tienes pinceladas. En los últimos quince años tendrás tres pinceladas. El que tiene suerte de tenerlas, las podrá vivir. Hay jugadores que pasaron por el Celta diez o doce años y no han jugado ni una semifinal de Copa. Y han estado toda su vida deportiva aquí. Tienes que aprovechar esa pincelada, ese momento. Pero no la pudimos lograr. Fue una putada, muy doloroso. El recibimiento a la vuelta fue maravilloso, pero te queda ahí como que no la has ganado. De los segundos no se acuerda nadie. Tú preguntas: ¿Cuántos Tours ha ganado Induráin? Dices cinco, pero, ¿quién quedó segundo en esos cinco? No lo sabe nadie. Y oye ha quedado segundo. ¿Y?

Segunda fecha clave. Agosto de 1995, la famosa crisis de los avales que le pudo costar el descenso a Segunda B a Celta y Sevilla. Tú acabaste bañándote en Plaza América…

Partían no sé cuántos autobuses a Madrid. Nos comunican que han ido a protestar junto con la gente del Sevilla y nosotros vamos a Balaídos, parte de la plantilla. Entendía que había que hacer un reconocimiento para cuando la gente volviese de Madrid. No podían ir cuatro mil hinchas nuestros a manifestarse y cuando llegasen aquí dar las gracias. No, no, habrá que esperarles. Llegaron a la una o dos de la mañana. Hubo que abrir Balaidos para que esa gente entrase y nos contase qué había pasado. Hubo insultos a la directiva, había gente muy mosqueada. Pero como se logró frenar ese descenso había que celebrarlo. Y había que hacerlo como si se ganase la Copa del Rey. Nos fuimos a bañar a Plaza América a las cuatro de la mañana.

Con la ropa que teníamos y en calzoncillos. Imagínate que hubiera trozos de cristal debajo… Daba igual. Ni miramos, nos metimos allí a saltar hasta, no sé, las cinco de la mañana. Nos fuimos todos los que estábamos allí con los hinchas. Toda la Plaza América llena de gente. Merecía la ocasión, es que nos íbamos a Segunda. Seguramente, si no hubiera el clamor popular que hubo en dos ciudades, si no hace esa piña Sevilla y Celta, nos hubiéramos ido.

No puedes descender a dos clubes por un papeleo, una sanción administrativa sí, pero ¿descenderles? Económicamente puedes hundir a un club que no está preparado para eso. La gente, una vez más, respondió increíblemente. Hay que coger un autobús, irte a Madrid, manifestarte y volver en un día, eh. El mérito de no descender no fue nuestro, fue de nuestra afición.

Seguisteis en Primera y un año después llegó Mostovoi. Al final de la 96-97 tienes una bronca con él en El Molinón. Se quería ir del campo…

Hasta que ha llegado ahora Iago Aspas, para mí es el mejor jugador de la historia del Celta. Pero de largo. Han pasado jugadores que puedes tenerles más cariño, menos cariño, por la implicación en el club… Pero a nivel de fútbol era el mejor. Es el mejor futbolista con el que he jugado.

De aquellas era… ¿Qué es esto? ¿Este tío cómo ha acabado en el Celta? Se ha retirado del fútbol sin haber ganado nada. Podía haberse retirado con tres Champions y cinco Ligas, tranquilamente. Si en vez de caer en un equipo normal, cae en uno bueno, se lleva cinco Champions. Era para estar en el Madrid o en el Barça, sin ninguna duda.

El partido en Gijón era jodido, comprometido, nos jugábamos mucho. El Sporting se pone 2-1 pero quedaba partido (minuto 78). El ruso dijo que para él había acabado el partido. Tenía molestias, pero los cambios estaban hechos. Cuando uno se juega el descenso de tu club, las molestias no pueden sacarte del terreno de juego. Quedaban pocos partidos (cinco) y nos jugábamos el descenso. Once contra once estaba jodido, pero once contra diez mucho más. Entonces cuando decidió retirarse, evidentemente no lo permitimos.

Eso me unió más a él, me hizo ser muy amigo de él. De hecho, hace una semana estuve hablando con él por WhatsApp. Tengo una relación excepcional con el ruso ahora, nos unimos muchísimo. Sí es cierto que lo hubiera matado en aquel momento. Era un tema de recriminarle que lo que ha hecho no está bien y que no lo puede volver a hacer. No puedes dejar a tu equipo con diez y más si no tienes cambios. Una molestia, a lo mejor, no te permite esprintar, pero si te permite en una falta o en un córner estar presente. Cometió un error muy grave y perdimos el partido.

3 Pachi©Miguel Nunez

¿Qué se habló luego en el vestuario?

Imagínate… La vuelta fue dura de cojones. Además, luego paramos a cenar en Casa Consuelo (Asturias), un restaurante donde también paraban los hinchas de vuelta a Vigo. Hubo jaleo gordo. Gracias a Dios lo pudimos arreglar.

¿Le insultaron?

¡Hombre, claro! ¡Nos ha jodido! Bajó del autobús y era una locura. Normal. Allí paraban igual dos mil o tres mil hinchas nuestros…

Cuando estábamos a bien tomábamos café con ellos. Antiguamente era muy diferente a lo que es ahora. Terminabas de comer y tomabas café con ellos, hablabas del partido, una foto… ¡Es que era lo más normal del mundo! Hoy es prohibitivo, no te permiten nada. Salíamos del restaurante, tomabas café, dabas un paseo por los alrededores del autobús, venía gente…

Ese día había que tener más cuidado porque la gente estaba más alterada. Era normal también, había una cosa que nunca habíamos vivido y fue duro. Es tu mejor jugador. Es que es uno que no juega y lo puedes apartar… Pero ¿cómo vas a apartar a tu mejor jugador? Y aun así creo que estuvo apartado varios partidos (ocho días apartado del equipo y tuvo que pagar una multa de dos millones de pesetas). La vuelta fue dura y la semana también en los entrenamientos. La gente iba a Balaídos y estaba muy, muy caliente. Lo grande es que le pudimos dar la vuelta, se pudo quedar en el club, que era jodido, lo más normal hubiera sido venderlo. También tuvimos problemas a nivel interno entre los futbolistas porque había todo tipo de pensamientos. Había mucha gente que no veía bien que continuase en el club. Normal. Se pudo parar, se pudo enderezar y tuvo su castigo. Luego nos salvó en el último partido contra el Real Madrid, dio dos pases de gol y salvamos la categoría.

Él quería jugar en un equipo grande. Y nosotros le decíamos que para ir a un grande tenía que hacer las cosas bien en uno pequeño. Cañizares fue Zamora en el Celta con veintitrés años y se fue al Madrid. Juan Sánchez marcó un montón de goles y se fue al Valencia. Tienes que hacer las cosas bien para que te fiche otro equipo. Le decíamos: «Ruso, haz las cosas bien aquí y tendrás un gran contrato aquí, con un gran reconocimiento en un club que puede crecer mucho, o podrás ir traspasado». Y luego mira qué temporadas hizo. Eso era lo que le gustaba a él: Europa, la Champions. ¡Nos ha jodido! ¡A mí también me gusta, no te jode! Pero para conseguir la Champions o la UEFA hay que hacer un trabajo previo un año entero. Y que luego el club económicamente tenga capacidad de ingresos para poder fichar jugadores como tú.

Mi último año aquí, que entramos en Europa, ya había buen equipo: Mazinho, Karpin, Revivo… Quedamos quintos y ahí empezó a estar a gusto en la ciudad, en el equipo, vio que se podía ir a más, que estábamos en Europa… Luego al año siguiente en UEFA él dio un recital. Ibas a verle a Anfield y decías… «qué cabrón, este no es el que jugó un día en Vallecas o en Mérida». El escenario no era igual en Mérida con Pablo Alfaro de defensa central que ir a Anfield. Ahí él disfrutaba, lo veías y decías «qué cabrón».

Le pasaba lo mismo que a Djalminha en esa misma época.

¡Muy parecido! Tú ibas a jugar a Mérida, el campo seco, pequeño, duro, hierba alta, dos centrales que pegaban hostias como panes… Ahí no salen esos jugadores, salen los de la pelea, los de la guerra, los de la disputa, el uno contra uno, duelos… Ahí salimos nosotros. Pero claro, luego llegas a Anfield, situaciones comprometidas y pum al ruso. Te la coge él y a partir de ahí sale algo, como Djalminha. Cosa que con los guerreros de Vallecas no salen.

Luego fue un tío muy querido, me alegro mucho porque era muy buen chaval. Era un cachondo de la hostia, me he reído con él… Hace poco me mandó una foto, se ha dejado el pelo largo y le dije: «Qué bien te ha quedado el trasplante. ¿Qué fuiste a Turquía?» y me dice: (imita el acento ruso) «Hijo puta, hijo puta, pelo mío, esto es de champú».

En esa época eras de los que vivías con mucha intensidad los derbis contra el Dépor. ¿Cómo los recuerdas?

El mejor recuerdo que tengo es que en mi último año quedamos 1-1 y metí el gol yo en Riazor. Un centro de Mostovoi y le gané la espalda a Naybet. Me quedo con ese gol y con el día que les ganamos 1-2, que también fue maravilloso. Pero todos los partidos contra el Dépor han sido chulos.

A nivel derbis a mí me encantaba cuando llegábamos con el autobús a Coruña.

7Pachi©Miguel Nunez

Eran duros los recibimientos.

Joder… Alguna vez nos pegaban unas pedradas al autobús de la hostia. Hoy sería impensable, pero nos lo tomábamos como que era parte de ese derbi. Es verdad que eso se podía evitar. Llegar a Riazor, hospedarte en el Hotel María Pita, salías a pasear… Era normal que la gente te dijera cosas sin cortarse un pelo. Para mí entraba dentro de lo normal, era parte de nuestro derbi. Eran aquellos tiempos, es lo que vivíamos, no lo podíamos cambiar.

A mí me motivaba mucho, la gente me chillaba mucho. Había dos o tres que nos chillaban la hostia. Yo lo he entendido siempre como parte del fútbol, nada personal. ¿Al final quiénes éramos los que nos mojábamos? Mostovoi, Gudelj, Patxi Salinas, Michel Salgado… Éramos los que nos mojábamos en alguna declaración. Yo les decía a mis compañeros: «Es que a vosotros ni os conocen por eso no os chillan, no saben quiénes sois. ¿A quién van a chillar? A mí que me conocen» (ríe).

Los insultos para mí formaban parte del espectáculo. No me afectaba nada. Si no me conocen de nada… Sabía que me chillaban porque era capitán del Celta, igual que a Fran le chillaban en Vigo. Era normal.

El Dépor fichó a Mauro y Bebeto el mismo año que llegué yo al Celta. Era un equipazo y me gustaba mucho jugar en Riazor. Había muy buen ambiente y eran muy buenos partidos. Hubo una época que tenían jugadores como Txiki Beriguistain, Alfredo Santaelena, Paco Jémez, Voro, López Rekarte… Con toda esa gente me unía una grandísima amistad con ellos. Estuvo mi hermano, Elduayen, Liaño… Casi me gustaba más cuando no conocía a nadie porque el día del campo ya me daba igual.

Yo he dicho siempre que no soy anti-Depor. Me gustaba mucho jugar en Coruña y ganar, pero no soy anti-Depor. Yo estoy loco porque el Depor esté en Primera, ojalá esté cuanto antes. Es como la Real, no concibo una Liga sin un Athletic – Real. Y mira que me gusta ir allí a ganarles. Y soy un jugador que me han dicho de todo, eh (ríe).

¿Derbi vasco o derbi gallego?

El derbi vasco es un derbi sin polémica, sin violencia. Yo voy con mis hijos a Donostia y me meto en el Casco Viejo con la camiseta del Athletic. Habrá alguno que te diga… Pero ahí se vive Athletic y Real, y está todo Dios mezclado. En Bilbao igual, vas a Pozas y ves la hostia de la Real, incluso parejas de los dos equipos… No tiene nada que ver.

Aquí, en nuestra generación, no podíamos ir. Yo he ido a Coruña dos veces después de dejar el fútbol a partidos del Celta, como aficionado, y las dos salí escoltado por la Policía.

Otro día que fui estaba acreditado por Radio Voz. Iba a entrar por la tribuna y me dice el portero: «No puedes entrar». Empezó a llegar la gente al estadio y empezaba el tono a levantarse, la gente miraba, me llamaban ‘portugués’… Le dije: «Voy a entrar por las buenas o por las malas, tú veras. Tú decides cómo entro. Te voy a dar un minuto para que te quites del puto medio…» Y al final llegó el jefe de porteros, le dije que tenía la acreditación, que iba a trabajar y ya se apartó, pero de mala leche. Luego ya dejé de ir.

Fui a ver partidos europeos también porque tenía un amigo en Coruña que tenía un palco. Pero joder… (risas). Entendía que era parte del espectáculo, pero la diferencia entre un derbi y el otro, es que uno es fiesta y este es peligroso. Aquí en Vigo también iban escoltados desde la estación de tren a Balaidos, luego los contenedores con fuego de arriba abajo… A mí eso no me mola, en el campo el pique me encanta.

Tu último derbi fue en marzo de 1998 e hiciste un gesto a la afición del Dépor que se había desplazado en Balaídos.

Ese partido no fui titular, estaba en el banquillo e iba hacia vestuarios. Pasé por el córner donde estaban todos los hinchas del Dépor y me dijeron de todo. Entonces les hice así (levanta ocho dedos). A ocho puntos que estaban de diferencia (risas). Me acuerdo que se volvían locos. Había que estar allí, eh.

Recuerdo que fui a jugar a Coruña un Dépor – Celta de veteranos no hace mucho y ese fue el único día que cuando me retiré me aplaudieron. O yo entendí que era para mí (risas). Nos metieron una tunda de puta madre. Me tocó marcar a Pandiani, con cuarenta años, que estaba jugando en un equipo con su hijo. Y yo cincuenta y cinco, imagínate…

Además de tener multitud de recuerdos en tu cabeza, ¿eres de los que guarda físicamente en un baúl de los recuerdos? Tienes un blog con muchísimas fotos subidas.

Las redes sociales no me gustan, pero son necesarias. Me gusta mostrar las cosas que me apetecen. Igual me saqué una foto con Schumacher y me apetece mostrarla. Es mi vivencia, pero nada de ser presuntuoso, ni nada por el estilo, todo lo contrario. Con Maradona colgué muchas fotos y mostraba mi experiencia en Argentina. Me escribía mucha gente por privado.

Y luego tengo un hobby muy grande que es que colecciono camisetas de fútbol. No son compradas, son las que me regalan. Busco camisetas usadas, no me hace ilusión comprar una camiseta de Aspas. Prefiero regalarle a un amigo dos cajas de percebes y que me regale su camiseta, porque la ha usado él. Es mi hobby desde hace muchísimos años y me gusta mostrarlo en fotos.

Tengo una camiseta de algodón de Uwe Seeler, máximo goleador de la liga alemana en los sesenta, gracias a un contacto de cuando estuvo Guardiola en el Bayern. O de Torpedo Müller. Tengo la del seis de Redondo en el Madrid, de Ronaldo en el Barça, de Stoichkov, de Zidane, Johan Cruyff me firmó una suya días antes de morirse… Tengo una única en el mundo, la de la Selección del Mundial de 1994 firmada por todos los jugadores tras el partido contra Italia. También tiene la firma del Rey Felipe, que era Príncipe en ese momento, y Plácido Domingo. También tengo de la primera jugadora en hacer un gol con el Athletic en San Mamés, Nerea Mendía. Hay dos de ese partido, una la tiene el Athletic y la otra la tengo yo.

No conté nunca las que tengo, pero setecientas, ochocientas… Me ha llamado gente de Europa preguntándome por algunas, ofreciéndome dinero…Mi idea es hacer un día un museo y poder mostrarlas.

ENTREVISTA

Para cerrar, el Patxi Salinas del siglo XXI. Además de coleccionista, eres entrenador y participas en shows televisivos (Supervivientes, El Conquistador, Pasapalabra…)  ¿Con qué faceta te quedas?

Creo que me ha perjudicado el haber hecho temas televisivos para entrenar. Había gente en la tribuna que me decía muchas cosas.

Mi primera aventura fue Supervivientes y pensé que era una buena manera de volver a estar activo. Me gustaba la aventura, ir a Honduras, me sentía preparado, mentalmente fuerte, no tengo problema de convivencia… Fue la experiencia de mi vida. Estuve sesenta días en el programa. Volví y todos mis amigos querían saber. Hice algo que no me hubiera imaginado en mi vida. Volví feliz con la experiencia. El siguiente que hice fue Pasapalabra. Dije… si no acierto ni una. Me sentí a gusto, feliz, concursar incluso sin tener ni puta idea. Empecé a hacer ese tipo de programas y fue una cosa que me encantó. También me han propuesto cosas que no iban conmigo y rechacé.

Jamás pensé hacer Bake off que es como Masterchef pero en repostería. Estuve diez semanas y fue maravilloso. He hecho tres programas de supervivencia: República Dominicana, Amazonas y Honduras. A cual más dura. He pasado por un auténtico calvario. Son brutales, unos niveles de exigencia física y mentales de otra galaxia. Me gustan esos retos, ver mi cuerpo hasta dónde puede llegar. La tele me encanta, hay cosas que me gustan muchísimo.

Casi te gusta más que entrenar ya…

Te voy a ser sincero, creo que he hecho méritos más que suficientes para haber tenido la suerte de llegar más arriba de donde he llegado. Antes no había tanta gente, ahora hay gente de primer nivel, como Arteta, Unai Emery… muy preparada.

Yo me acuerdo de coger el Porriño y ascenderlo de categoría; coger el Rápido de Bouzas y por primera vez en su historia, en cien años, ascenderlo de categoría, con un presupuesto de barrio; llegar a Ourense y ascenderlo de categoría; en la Gramanet lo salvé cuando lo cogí último en la jornada veintinueve en Segunda B; fui al Sant Andreu y lo metimos en Copa del Rey para jugar contra el Atlético en octavos de final; me fui a Burgos y estuve diecisiete partidos seguidos sin encajar gol, batiendo récords de Primera, Segunda y Segunda B de Europa; en el Athletic estuve dos años en el Baskonia, el tercer equipo, y dos años de playoff de ascenso; el año siguiente cojo el Bilbao Athletic en la jornada dieciocho yendo último y lo salvo en Primera RFEF, que era una categoría muy jodida; estuve entrenando en Chipre con Michel Salgado en Primera; en Malta en Primera… Si con todo esto no me ha llegado para pasar de Primera RFEF… Con todo lo que hecho, lo que he viajado, lo que me lo he currado, con presupuestos bajísimos… No ha dado para más, ¿ahora con sesenta años que voy a meterme a entrenar a un Segunda RFEF? Para eso prefiero estar en una escuela de niños. Cuando no has tenido la suerte, por lo que sea, en momentos buenos de tu vida deportiva, y no has dado ese salto… ya no te da.

4 comentarios

  1. Patxi, tú si que eres un crack. Humilde, sencillo, divertido y sin pelos en la lengua. Por todo ello te haces querer. De un athleticzale

  2. Francisco visiedo

    Dos grandes Patxi y Julio historia del fútbol español 👌👌

  3. Dos mil millones de bocadillos de chorizo de Pamplona; SENSACIONAL!!!

  4. Pingback: Patxi Salinas repasa su carrera y vivencias con el Athletic, Clemente y Maradona - Hemeroteca KillBait

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