
Fernando Alonso ha recordado en una entrevista uno de los momentos más amargos de su carrera: la última carrera del Mundial de Fórmula 1 en 2010. El asturiano ha confesado que aquella derrota en Abu Dabi sigue siendo una de las grandes decepciones de su trayectoria: «Hay una línea muy estrecha entre la grandeza y las grandes decepciones, y fue el caso en 2010. Estuvimos muy cerca de ganar el campeonato en Abu Dabi y no lo conseguimos. Fue un bajón enorme, uno de esos momentos en los que te gustaría volver 24 horas atrás y hacer las cosas de otra manera».
Aún así, el bicampeón ha relatado cómo, pese al golpe, logró recomponerse en poco tiempo: «Tienes que salir de ese momento oscuro. Puede durar una semana, dos horas o tres días. En mi caso fueron 16 horas. El lunes por la mañana me desperté y el martes teníamos un test con Pirelli. Tomé ese test como un punto de reinicio».
Además, Alonso ha subrayado que, aunque perder un título en apenas 57 vueltas supuso una de sus peores experiencias, también aprendió la importancia de relativizar los muchos golpes que da el deporte: «En ese momento parece el fin del mundo, pero enseguida llega un nuevo día y nuevas oportunidades».

Por otro lado, Alonso ha relatado cómo, en la Fórmula 1, los juegos psicológicos han formado parte de la competición tanto como la velocidad recordando anécdotas en las que pequeños gestos han servido para intentar desestabilizar a los rivales. En concreto, ha mencionado lo ocurrido en el Gran Premio de Corea 2010 con Mark Webber. En la parrilla de salida, el australiano retrasó adrede algunos movimientos previos a la vuelta de formación y mantuvocuando el contacto visual más de lo habitual, con la clara intención de incomodar. «Un simple gesto, como mirar fijamente o romper la rutina del otro piloto, ya ha sido suficiente para generar dudas. Son movimientos sutiles que te hacen pensar y que pueden cambiar tu manera de afrontar la carrera».
Saber disfrutar
El piloto también ha insistido en que ha aprendido a disfrutar más los momentos de éxito, consciente de que no duran para siempre: «Cuando ganaba pensaba que aquello iba a ser lo normal, que a partir de entonces siempre estaría en lo más alto. Y no era así. El éxito se esfuma rápido y por eso ahora valoro más cada instante».
El bicampeón también ha puesto en valor los errores cometidos y la importancia de aceptar el destino como parte del camino. «Si cambias una decisión del pasado, ya no eres la misma persona ni estás en el mismo lugar. Todo lo que me ha pasado, lo bueno y lo malo, tenía que ocurrir para que yo sea quien soy hoy», ha reflexionado.
Sobre sus aventuras lejos de la Fórmula 1, un terreno en el que se ha atrevido a salir de su zona de confort. Ha enumerado las pruebas que le han marcado: las 24 Horas de Le Mans, la Indy500, el Dakar o las 24 Horas de Daytona: «Después de la Fórmula 1 siempre había pensado que los prototipos de Le Mans eran espectaculares. Desde muy joven los miraba con admiración, y cuando tuve la oportunidad no lo dudé. También fui a Indianápolis, probé el Dakar y Daytona… cada uno de esos desafíos me hizo crecer como piloto y como persona».
El bicampeón ha explicado que estos retos le obligaron a aprender desde cero y a escuchar a los mejores especialistas en cada disciplina: «Tuve que salir de mi zona de confort y aprender de los que dominaban esos coches. Eran muy distintos a un Fórmula 1 y al principio resultaba todo un reto. Pero cada experiencia me dio nuevas herramientas para ser más completo».

Alonso ha admitido que esa etapa le permitió ampliar su visión del automovilismo y relativizar el peso de la Fórmula 1: «La F1 es mi vida y es el escaparate más grande, pero dentro del automovilismo es solo una parte. Fuera he descubierto que hay un mundo enorme y que un piloto puede convertirse en alguien mucho más completo si se atreve a mirar más allá», ha asegurado.
Grandes carreras
Preguntado por sus momentos top, ha reconocido que elegir una sola carrera como la mejor de su trayectoria es casi imposible. Ha señalado el Gran Premio de Europa en Valencia 2012 como una de las más recordadas por la afición, pero ha destacado que no siempre lo más mediático coincide con lo más exigente para un piloto: «Valencia fue muy especial, quizá la más conocida, pero ha habido otras menos visibles en las que he tenido que dar todavía más».
Entre esas pruebas menos conocidas ha mencionado el Gran Premio de Malasia en Sepang 2011, una carrera que considera ejemplar por la dificultad técnica. Ha relatado cómo un problema en la caja de cambios le obligó a improvisar una solución sobre la marcha: «A mitad de carrera el coche dejó de bajar marchas. En la primera curva pasé de séptima a quinta en lugar de segunda, y ahí me di cuenta de que iba a tener que inventar algo si quería terminar. Probé a dar un pequeño toque de gas al mismo tiempo que accionaba la leva, y funcionó. Así logré reducir».
Durante más de treinta vueltas repitió ese procedimiento en cada frenada, sincronizando acelerador y freno al milímetro para no romper el coche: «Fue desesperante, porque sabía que en cualquier momento podía quedarme tirado. Pero odiaba la idea de abandonar. Prefería intentarlo todo antes que aceptar un abandono».

Terminó la carrera en posiciones discretas, pero para él la satisfacción fue enorme. «Nadie lo recuerda porque acabé quinto o sexto, pero para mí fue una de las mejores. La concentración y la energía que tuve que poner en cada curva fueron únicas. Encontrar una solución instantánea a un problema nunca visto… eso me hizo sentirme orgulloso», ha confesado.
Los objetivos de Fernando Alonso
Pero el pasado, pasado está. Alonso tiene muy claro cuál es su objetivo en la Fórmula 1 actual: volver a ganar con Aston Martin. El asturiano reconoce que ese reto personal lo mantiene plenamente motivado en la parrilla. «Quiero volver a saborear una victoria con este equipo».
Se muestra especialmente orgulloso de formar parte de la organización y no elude la carga que implica. «Es una responsabilidad enorme, porque representamos a mucha gente y todos esperan resultados. Pero me gusta sentir esa presión, es parte de lo que me hace seguir empujando cada día».
Alonso también ha subrayado la importancia del esfuerzo colectivo en una escudería como Aston Martin, donde cerca de un millar de personas han trabajado con un mismo objetivo: «Somos entre 900 y 1000 personas empujando en la misma dirección. Cada detalle ha contado y cada aporte ha sumado»
El bicampeón ha destacado que el liderazgo en un entorno así no se ha basado en discursos grandilocuentes, sino en la actitud diaria: «El respeto, el ejemplo personal y la constancia han sido las claves. Si quieres que los demás den lo mejor de sí mismos, tienes que ser el primero en hacerlo».
En Aston Martin
Por lo demás, Alonso ha insistido en que, pese a las dificultades de competir en un campeonato tan exigente, hoy mantiene la ilusión intacta gracias al proyecto de Aston Martin. Ha explicado que la clave ha sido confiar en la gente que le rodea y en la ambición de la estructura. «Cuando la situación no es buena, lo importante es ver cambios. Si no los hay, pierdes la confianza. En Aston lo que he encontrado es un equipo y un liderazgo que nunca se conforman hasta ganar».

El asturiano ha destacado que la incorporación de nuevos talentos en la fábrica ha supuesto un soplo de aire fresco: «Cada llegada ha traído motivación y nuevas expectativas. Eso nos ha dado un reset mental para creer en que es posible».
Y uno de los fichajes que más ilusión le han provocado ha sido el del ingeniero Adrian Newey, considerado el mejor diseñador en la historia de la Fórmula 1: «Nunca había tenido la oportunidad de trabajar con él, y para mí es un orgullo. Es, sin duda, el mejor de todos los tiempos. Nadie igualará sus números ni su manera de entender el coche como un conjunto».
Alonso ha descrito a Newey como un auténtico artista. «Lo vi en Mónaco, en el garaje, apenas hablaba con nadie, pero observaba cada detalle, tocaba la suspensión, el alerón… transmite seguridad. No se preocupa de lo que hagan los demás porque está convencido de que lo suyo será lo mejor. Eso a un piloto le da muchísima confianza».
El bicampeón ha reconocido que ambos comparten un rasgo fundamental: la obsesión. «Cuando estamos motivados, nos volvemos obsesivos. Esa es la única forma de marcar la diferencia en un deporte tan competitivo», ha dejado claro al final.


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