
Se discute diariamente si el tenis volverá a ser el mismo cuando se retire Novak Djokovic y los tres grandes del siglo ya solo estén en los recuerdos de los aficionados. Es algo que también se preguntan esos mismos protagonistas, que, en realidad, como ha revelado Roger Federer en el programa de Andy Roddick, también están deseando volver de la manera que sea.
El suizo lo ha dejado claro. Volver a jugar con Rafa Nadal es algo en lo que piensa constantemente: «He estado hablando con Rafa desde hace un tiempo, quizá para jugar una exhibición juntos. Lo vi en verano y le pregunté: ‘¿Cuándo fue la última vez que jugaste al tenis?’. Me dijo: ‘En noviembre’. Así que todavía no está listo. Yo tampoco lo estoy, al menos a cierto nivel. Pero sería bonito volver a estar en la pista con él. Me encanta la idea de inspirar a la nueva generación y estar cerca de la gente. Quizá pronto haya que arrancar la tirita, no lo sé, pero me encantaría».
Hay que recordar que se sintió tan unido a su enemigo íntimo que requirió su presencia el día que se retiró. No entendía su carrera sin él al lado, o enfrente: «No quería estar solo en la pista cuando me retirara. En el fondo siempre he sido un jugador de equipo y hacerlo en Londres, donde tuve algunos de mis mayores éxitos, me pareció una buena señal. Y compartirlo con Rafa, con Novak allí también… fue perfecto. No quería que fuese todo tristeza, esperaba que fuese algo feliz, y lo fue, mucho mejor de lo que imaginaba».
La vida del Roger Federer jubileta
Más allá de lo deportivo, Federer ha hablado también de su vida actual, y lo ha hecho de una manera no exenta de humor. Ya no se levanta tarde como cuando competía, dice; ahora son sus hijos quienes marcan el ritmo de sus mañanas. «Antes dormía más porque tenía la excusa de que entrenaba. Ahora me despierto temprano, ellos me sacan de la cama», ha contado entre risas.

Aun así, exnúmero uno no ha abandonado el cuidado físico. Acude al gimnasio, hace sesiones de fitness y se mantiene en forma, aunque sin la presión de la élite. «Siempre intento moverme, ir al gym o hacer algo. Ya no hay torneos a la vista, pero quiero seguir activo».
De todos modos, su agenda suena muy poco a jubilación. Entre llamadas, reuniones y proyectos, Federer sigue implicado en negocios y en iniciativas vinculadas al deporte y la sociedad. «Al final del día me encuentro ocupado de otra manera. No son entrenamientos, son conferencias telefónicas, charlas… pero me gusta seguir en marcha».
Crucificado por las lesiones
Las lesiones fueron las que acabaron dictando el final de su carrera. Sobre este aspecto, Federer ha recordado que durante casi toda su trayectoria había sido famoso por su fiabilidad física. «Nunca me retiré en mitad de un partido. Eso era algo que me enorgullecía mucho, la gente sabía que siempre iba a estar ahí».
Todo cambió cuando la rodilla empezó a fallar. El suizo ha reconocido que ya no podía moverse como antes, ni frenar de golpe ni girar con naturalidad. «Llegó un momento en el que tenía que pensar demasiado cada movimiento. Y si piensas en cómo te vas a mover, ya no eres libre en la pista», ´ha confesado con sinceridad.
Federer también ha hablado de cómo gestionó la comunicación sobre su estado físico, tendió a ocultarlo. Prefirió no entrar en demasiados detalles con la prensa, a diferencia de Nadal, mucho más transparente en ese terreno. «No me gustaba dar información cada semana sobre cómo estaba. Pensaba que era mejor no alimentar demasiado el tema».
Al final, aceptó la dureza del proceso, pero eligió quedarse con lo positivo. «Fue duro, claro, pero me siento muy afortunado. Pude jugar muchísimo más de lo que habría imaginado al principio, tuve una carrera larga y exitosa. No cambiaría nada».
Odio eterno al tenis moderno
Federer también ha reflexionado sobre cómo ha cambiado el juego en estos últimos años. Ha explicado que hoy en día el tenis es un auténtico slugfest desde el fondo, con golpes cada vez más pesados y veloces. «Ahora todo son forehands y backhands a gran velocidad. Es otro deporte si lo comparas con cuando empecé», ha señalado.

El suizo ha recordado que antes cada jugador tenía un punto débil, un «agujero» en el que se le podía atacar. Eso, según él, ha desaparecido. «Hace veinte años encontrabas siempre algo que explotar en el rival. Ahora todos son completísimos: restan, sacan, se mueven y tienen fuerza. No hay fisuras».
La evolución ha sido especialmente clara en la devolución. Federer ha destacado que antes era mucho más difícil restar con eficacia. «Hoy los jugadores devuelven saques que antes eran prácticamente intocables. La mejora en ese golpe es brutal».
También ha querido poner en valor a quienes marcaron tendencia en la forma de entrenar. Ha mencionado a Nadal y a Andre Agassi como pioneros en llevar cada práctica al límite. «Con Rafa o con Andre no había bola fácil. No bajaban la intensidad nunca. Yo, sinceramente, odiaba entrenar con ellos porque no te regalaban ni un golpe», ha confesado entre risas.
La polémica de las superficies
Federer no ha ocultado su preocupación por la evolución de las superficies en el circuito. Ha criticado que en los últimos años se han vuelto demasiado homogéneas, con predominio de la lentitud. «Hoy casi todas las pistas son lentas. Se ha perdido mucha de la variedad que hacía el tenis más interesante».
Para el suizo, la solución pasa por recuperar contrastes claros entre torneos muy rápidos y otros mucho más pesados: «El tenis necesita diversidad. Unas semanas en las que todo vaya rapidísimo y otras en las que tengas que pelear cada punto. Eso antes existía y ahora casi ha desaparecido».
Además, ha recordado que, en el pasado, los jueces técnicos se preocupaban por medir si una pista era demasiado rápida, pero no sucedía lo mismo con las superficies lentas: «Siempre se hablaba de cuándo una pista era demasiado rápida, pero nunca se ponía límite a lo lenta que podía llegar a ser. Eso empobreció mucho el juego».
En cualquier caso, Federer ha remarcado que las estrellas actuales sabrían adaptarse sin problemas a escenarios distintos: «Jugadores como Alcaraz o Sinner podrían brillar en cualquier superficie. Sería divertido verlos en contextos más variados».
Laver Cup
Por último, Federer ha dedicado buena parte de la conversación a explicar cómo nació y hacia dónde quiere llevar la Laver Cup, el torneo de exhibición por equipos que ideó para homenajear a las leyendas del tenis. Ha reconocido que la idea surgió de una inquietud personal: «En tenis, cuando te retiras, tienes pocas opciones: comentarista, entrenador, director de torneo. Sentía que nos olvidábamos demasiado pronto de los grandes nombres. Yo quería crear un evento que los devolviera al escenario y los conectara con las nuevas generaciones».

El homenaje a Rod Laver, al que considera uno de los referentes más importantes de este deporte, fue el pilar desde el principio. «El nombre no podía ser otro. Rod era el ejemplo perfecto: grande en la pista, humilde fuera de ella. Con la Laver Cup quise darles un lugar a los que hicieron historia y, al mismo tiempo, mezclar generaciones».
El suizo ha defendido también el formato por equipos como un atractivo añadido en un circuito tan individualista. «Para mí era esencial crear un sentimiento de comunidad. Ver a jugadores que normalmente son rivales, animarse unos a otros desde el banquillo, cambia la energía. Eso es lo que buscaba».
Sobre el futuro, Federer ha admitido que sería más fácil instalar la Laver Cup de forma permanente en una sola ciudad, pero ha insistido en que la rotación es lo que da sentido al proyecto. «Podríamos hacerla cada año en San Francisco y funcionaría. Pero quiero que viaje, que vaya a ciudades que normalmente no ven tenis de este nivel», ha dicho. Ha confirmado que la próxima edición será en Londres, en el O2 Arena, y ha abierto la puerta a que algún día se dispute en Asia o en Sudamérica.
En cuanto al riesgo de que el torneo perdiera fuerza tras su retirada, ha reconocido que era un temor legítimo, pero se ha mostrado satisfecho con la evolución. «Siempre estuvo la duda: ¿y si la Laver Cup solo funciona mientras yo esté en la pista? Pero este año hemos visto a Alcaraz, a los jóvenes, a los mejores implicarse de verdad. Eso demuestra que el torneo tiene vida propia», ha concluido.


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