
En lo estilístico, la final Champions entre PSG e Inter tiene vibras de 2010. El Bayern de Van Gaal: «Junto con el Barça, somos el equipo que más posesión del balón tiene. Este estilo es muy difícil. Es el más difícil que hay. ¡Es difícil!». El Inter de Mourinho: «No necesitábamos tener el balón para controlar el partido. Tener el control significa que el rival no sabe cómo hacerte daño, aunque tenga la posesión».
De estilos contrapuestos y nivel parejo, fue una de las finales más tácticas que se haya jugado. Durante los noventa minutos se vio un fútbol estático, tan previsible como se pueda imaginar. Aburrido pero muy competido. Eso se debió al plan del Inter, que interpretó mejor las debilidades del rival y por eso ganó.
Un Bayern de ataque exterior al que le falta Ribery
La propuesta del Bayern era de posesión y ataque por las bandas. «Mi sistema favorito es el 4-3-3, pero en esto momento no tengo los jugadores para ello. Por eso paro a mis hombres en 4-4-2. También en este sistema hay distintas triangulaciones, combinación de pases, lo importante», expuso el técnico en la web del club.
Aunque Van Gaal insistía en defender los triángulos de relación que le llevasen a la fama en los noventa, en realidad, aquel Bayern carecía de futbolistas con virtud para llevar a cabo una circulación rápida, ni tenía salida combinativa para situaciones exigentes. Por dentro, Van Bommel y Schwensteiger eran buenos pasadores pero precisaban tiempo y espacio, toda vez que Muller miraba hacia portería más que a las interacciones pausadas. De tal modo, en ese dibujo todo estaba dispuesto para que sus extremos recibieran desde los volantes y desbordasen hacia dentro.
En tal coyuntura, la ausencia de Ribery, sancionado previamente con tres partidos, mermó la izquierda. Ingresó en su lugar Altintop, un jugador potente pero sin regate en corto, ineficaz ante bloques bajos. «Es cierto que en partidos contra un equipo de este estilo hacen falta hombres creativos, y Ribery es creativo», reconoció el técnico. Entonces la mayoría de ataques se desenlazaron desde jugadas individuales de Robben por el otro costado.
Como los dos extremos ejercían a pie cambiado y con vocación de chut, el delantero centro fue Olic, peor jugador pero más móvil que Klose y Gómez, rematadores natos. La idea con Olic era arrastras centrales y abrir agujeros. Los internacionales por Alemania esperaron en el banquillo y al final hubieron de ingresar porque el Inter había anulado las sintonías de los titulares.
Mourinho indica cómo jugar al Bayern
Conocedor de las virtudes del Bayern, Mourinho actuó en consecuencia. Esa temporada había firmado a Lucio para poder defender con la línea más adelantada, según contó, pero ante un rival tan identificable era el momento de explotar el juego directo que tanto beneficiaba a sus futbolistas. «El equipo se construyó sobre un bloque bajo extremadamente organizado que absorbía presión durante largos períodos, para desgastar mental y estratégicamente a los oponentes», expuso el portugués, sobre su Inter, en The Coaches´ Voice.
Tomó a Robben por Messi e hizo un planteamiento similar al de las semifinales contra el Barça. Estableció un 4-2-3-1 de repliegue intensivo pensado para decidir las vías de ataque rival y mantener a raya al crack de Países Bajos. «La clave era controlar los espacios, no el balón. Nuestro plan era que ellos lo tuvieran donde no hacían daño», dijo. Las zonas menos dañinas son las alejadas del área.
Para proteger la entrelíneas sensible, Cambiasso y Zanetti fueron los volantes, en ausencia del sancionado Motta y con Stankovic en el banquillo. «Jugamos con dos líneas muy compactas y el Bayern nunca encontró profundidad», declaró Mourinho. No encimaban a la pareja rival, sino que replegaban en beneficio de la idea común. Con ello evitaron la transición ofensiva de ambos centrocampistas, los citados Van Bommel y Schwensteiger, potentes en esa faceta. También estuvieron dispuestos para bloquearles los potentes chuts lejanos. Pero ante todo provocaron que su inevitable pase corto a los extremos estuviese controlado.
Para conseguir ese control se implicaba toda la banda. Pandev y Eto´o actuaron abiertos porque son delanteros con físico y compromiso en defensa. Desde el centro del campo, perseguían a los laterales del Bayern y así permitían el dos contra uno de sus compañeros de retaguardia sobre los extremos. En el sector izquierdo, cuando Robben encaraba, Chivu esperaba la salida en profundidad y Cambiasso se mantenía cerrado dentro para saltarle al regate. Todos estuvieron impecables, pero solo de defender no se gana una final.
La riqueza ofensiva da ventaja al Inter
En fase ofensiva, mientras la propuesta del Bayern era concreta, la interista tenía dos vertientes. Los alemanes presionaban la salida desde su intensa doble punta para forzar el lanzamiento de los centrales o del portero. La idea era ganar el aéreo con Demichelis y Van Buyten, sus torres, y volver a atacar mediante posesión. El partido acabó con un 70 % para ellos.
Una vez recuperada la pelota, el equipo teutón adelantaba la zaga para asentarse en la mitad rival y posibilitar la recuperación tras pérdida. Sin embargo, sus centrales no estaban preparados para defender delanteros rápidos o abarcar terreno a sus espaldas, por lo que cada pase adelantado del Inter supuso un problema. Explicó Van Gaal en El País que «debimos atacar en espacios muy reducidos. Normalmente, los equipos que enfrentamos se cierran. La diferencia ha sido que el Inter tiene mejores defensas que las que hemos enfrentado en Alemania, y arriba tiene gente que marca la diferencia y es muy peligrosa cuando ataca los espacios grandes». Aun conociendo los riesgos, Van Gaal no matizó su enfoque y el inclemente fútbol se lo hizo pagar.
El Inter tenía una apariencia más rácana, pero en realidad su propuesta era más rica. Jugaba sobre Milito por vía aérea las posesiones y contragolpeaba raso a través de Sneijder. De ambos modos castigó al Bayern. «Nuestra transición era letal. El primer gol fue exactamente lo que habíamos preparado: balón largo de Julio César, control de Milito, descarga y ruptura», explicó Mourinho en Sky Sport.

Milito era un delantero mucho más rápido y hábil que los centrales del Bayern. También era mejor que ellos. En ese primer gol, su uso del cuerpo fue diferencial. Milito bloqueó el salto a Demichelis y así puedo tocar de cara para Sneijder, el único liberado de estrecheces tácticas, un asistente de excepción. La llegada del neerlandés esa temporada dio el salto técnico definitivo en un rol de enganche que, desde sus cualidades, posibilitaba el funcionamiento grupal. Como dijo Mourinho, el único insustituible era Sneijder.
El tanto que cerró el marcador, ya en la segunda parte, fue un contraataque que recibió Milito escorado. «Su inteligencia para arrastrar centrales y generar espacios fue táctica pura», explicó Mourinho. Con el Bayern adelantado, Milito caía para sacar al central de zona, a menudo su izquierda, donde estaban el peor central y también el lateral más ofensivo. Lo hizo una vez y asistió a Pandev, que falló. Pero en la segunda jugada recibió el balón de Eto´o y encaró a Van Buyten, quebrándolo con facilidad ya dentro del área porque el belga no tenía cintura. Entonces volvió a definir como lo que era, un delantero de treinta goles por curso.
Van Gaal rectifica pero la no es suficiente
En ese segundo tiempo, Van Gaal varió el plan. Retiró a Altintop, el atacante de menor nivel y sin embargo el único que había llevado peligro desde su imprevisibilidad. Comoquiera que carecía de desborde, el turco se alejaba de la cal para influir y Maicon dudaba cómo actuar dentro del rígido plan de partido. Aun con el 1-0, el Bayern encontró un pase vertical a la caída de Olic, quien tocó de tacón para Altintop, ubicado en el apoyo. Lucio había salido erróneamente a encimar al croata, dejando un hueco en la zaga que atacó Müller desde su posición de mediapunta. «Ellos crearon tres ocasiones y marcaron dos veces. Nosotros generamos más oportunidades pero no convertimos. Si Müller hubiera marcado en la segunda parte, la final habría sido completamente distinta», se lamentaría Van Gaal.
Por Altintop ingresó Klose y a continuación, en lugar de Olic, lo hizo Gómez. Quedaba una triple punta rematadora. Desde el ingreso del primero, el Bayern empezó a forzar centros desde la izquierda, con la subida de Badstuber. No era un plan ganador porque los centrales del Inter dominaban ese aspecto, pero se trataba de agitar los esquemas. Uno de los centros fue despejado hacia atrás por Samuel y le cayó a Robben. Desatendido por el devenir de la jugada, pudo sacar un chut a la escuadra y Julio César evitó el que hubiera sido el empate. Corría el minuto 62, cinco antes de que Milito aumentase la ventaja y el Inter no sufriera más contratiempos hasta levantar la Orejona
«Mourinho me ha felicitado. Quizás él tiene razón al trabajar como trabaja, pero mi sensación es diferente. Ganar como ha ganado el Inter es lo más fácil. Muchos equipos ganan como el Inter. Son los entrenadores los que deben decidir qué estilo quieren para sus equipos. Yo elegí este estilo porque quiero que los aficionados siempre recuerden mis equipos», dijo Van Gaal.
Hoy día, no hay un solo aficionado que no recuerde el Inter de Mourinho. Probablemente quede alguno que recuerde que Van Gaal pasó por el Bayern. Así las cosas, la historia dice que al PSG del siempre argumental Luis Enrique también le conviene ganarla.


