
Más de tres millones de personas escaparon de la RDA desde su fundación hasta la caída del muro, que se colocó precisamente porque el éxodo era masivo. Los deportistas, uno de los mayores activos del régimen, en los que ponían tantas expectativas y tanta inversión en sustancias dopantes, no fueron una excepción y sus casos se resolvieron a menudo de forma muy desagradable, con amenazas a familiares y chantajes variados.
Un trabajo del Centro de Historia del Deporte Alemán combinado con un análisis de los archivos de la Stasi realizado por Jutta Braun y René Wiese documentó todas estas experiencias extradeportivas sobre las que cayó un manto de silencio por el bien de sus protagonistas.
En 1950, no solo eran deportistas los que se marchaban, sino equipos enteros. En mayo, casi todos los jugadores del antiguo Dresdner SC cruzaron a Berlín Occidental y ficharon por el Hertha BSC. Entre ellos se encontraba Helmut Schön, futuro seleccionador nacional de la RFA campeón en la Eurocopa de 1972 y el Mundial de 1974, hito que solo alcanzó después Vicente del Bosque con las victorias en el Mundial de 2010 y la Eurocopa de 2012.
El Dresdner SC había ganado la liga alemana en 1943 y 1944. Durante esos años, la plantilla tenía bajas continuas porque muchos jugadores tuvieron que ir a la guerra. Schön estuvo entre ellos, pero solo lo hizo durante unas semanas. Un detalle así no se le pasó por alto a los aficionados, que durante la final de copa de 1944 contra una selección realizada entre soldados de Hamburgo, cada vez que tocaba el balón, setenta mil personas que había en la grada, en su mayoría soldados, le gritaban «Helmut Schön kv» (apto para el servicio). Un teniente general de la Wehrmacht, Karl Mehnert, le había protegido, como a muchos otros jugadores valiosos, e impidió que fuera al frente, aunque en eso coincidía con los nazis del partido, que querían a los futbolistas sobre el césped y no en las trincheras para que la sociedad percibiera algo de normalidad en el día a día.
Schön se negó a unirse al NSDAP, pero siempre dijo que, a pesar de la guerra, los años cuarenta fueron «una época futbolística maravillosa». Nada que ver con lo que vino después en una Dresde arrasada por las bombas, en las que se tuvo que dedicar al trueque para poder mantener a su familia. Los comunistas prohibieron su equipo, el Dresdner, por «club burgués y símbolo de camarillas feudales». Fichó por el St Pauli y en los viajes de ida y vuelta llevaba a Dresde lo que podía adquirir en Hamburgo. A finales de la década, Schön era entrenador jugador del SG Friedrichstadt, donde jugaban sus viejos compañeros del Dresdner.

El 16 de abril, en la final del campeonato de la RDA, se enfrentaron al ZSG Horch Zwickau, que era el antiguo Planitzer SC pero reconvertido en club de una fábrica, la BSG Motor. En las gradas, había sesenta mil espectadores, la mayoría de Dresde, pero unos 4.000 habían llegado desde Zwickau. Fuera del estadio Heinz-Steyer se habían quedado sin entrar 40.000. Algunos habían pasado la noche durmiendo al raso para conseguir una entrada, otros se habían colado la noche anterior. Llegó a haber entradas falsas que se habían impreso en la fábrica de Zwickau. La policía confiscó 92 de ellas y se quedó alucinada al ver que se vendían por 20 marcos de la RDA, un importe desorbitado teniendo en cuenta que oficialmente una entrada costaba 80 peniques, aunque la reventa llegó a alcanzar precios de 100 marcos.
El partido fue un escándalo. Hay versiones que dicen que el árbitro Willi Schmidt fue presionado para que ganaran los visitantes debido a su carácter más proletario. Lo cierto es que el partido acabó 1-5 y en las gradas se montó un escándalo sublime. Hasta el punto de que las medallas de subcampeones ni siquiera se les entregaron a los jugadores «burgueses».
Así lo recordó uno de los jugadores, Hans Kreische:
«Incluso antes del partido decisivo en el Ostragehege, ya teníamos la sensación de que muchas cosas estaban en nuestra contra. Se nos consideraba los sucesores del famoso equipo DSC, un equipo burgués. Claro, teníamos conexiones con Occidente, algo que molestaba a algunos directivos. Además, llevábamos pantalones negros, camisas blancas y lucíamos la bandera del DSC en nuestro escudo. Algunos llegaron a pensar que éramos nazis, pero eso no era cierto.
Los aficionados saltaron al terreno de juego y los jugadores tuvieron que esconderse en los vestuarios. Cuando llegó la policía, les atacaron con piedras. Todo ello en presencia de Walter Ulbricht, que juró «extirpar de raíz el viejo espíritu del Dresdner. A Schön le cayó una buena bronca de las autoridades, le responsabilizaron por los disturbios, el estadio se clausuró durante seis meses y el equipo fue desmantelado.
Ciertamente, el club sí que tenía vínculos burgueses, según Kreische:
«En nuestro club había empresarios que nos apoyaban y de quienes aprendimos mucho. Gracias a ellos, los jugadores recibíamos algunas ayudas. Por ejemplo, en Bramsch, donde yo trabajaba, una vez me dieron un poco de levadura. ¡Qué alegría nos dio! Con eso, en la panadería podíamos conseguir dos o tres panes».
Schön contó así su experiencia:
«Me presenté ante un tribunal. El comité deportivo me había citado por los incidentes escandalosos. ‘¡Tú provocaste los disturbios en Dresde! No necesitamos jugadores en nuestro deporte socialista que sigan aferrándose a las viejas tradiciones. Después de Pentecostés, ¡te juzgaremos, Schön!’»
Entretanto, las autoridades de la RDA festejaron el triunfo del equipo de una fábrica, club proletario. Manfred Ewald, director del Comité Alemán de Deportes, manifestó:
«…celebramos especialmente que los atletas del gran club deportivo de una empresa estatal hayan conseguido esta victoria. Al fin y al cabo, son ellos quienes, con su esfuerzo incansable, han contribuido y siguen contribuyendo a mejorar las condiciones de vida de todo nuestro pueblo. Su victoria en este campeonato demuestra que el Movimiento Deportivo Democrático está en el camino correcto al prestar especial atención y apoyo al deporte empresarial en las empresas estatales. Por eso, los disturbios provocadores tras el partido serán un motivo aún mayor para reforzar el trabajo en los clubes deportivos de empresa».
La prensa criticó que los aficionados que había en la grada eran todos aficionados del Dresdner, aunque admitió que el árbitro no estuvo muy fino, ya que el Friedrichstadt se había quedado con ocho jugadores sobre el campo, pero por las patadas recibidas. Hasta el periódico oficial del SED (el Partido Comunista) calificó la actuación del colegiado como «muy pobre».
Sin embargo, a los jugadores les vino bien. Para empezar, porque muchos de ellos se unieron a los aficionados.
Sigue Kreische recordando:
«Ulbricht ni siquiera felicitó a los jugadores de Dresde en aquella ocasión. En la celebración del campeonato en Loschwitz, solo habló con la afición del Zwickau, como si nosotros no existiéramos. Nos quedamos allí sentados como idiotas, completamente ignorados. Así que hablamos entre nosotros, nos levantamos y nos fuimos. ¿Qué se suponía que debíamos hacer allí? Nos fuimos al estadio como equipo y celebramos con nuestra afición en el Ostragehege. Bebimos cerveza hasta la madrugada. Fueron unas horas increíbles».
Increíbles de verdad, porque aprovechando la coyuntura se escaparon. Lo tenían pensado desde hacía semanas y el escándalo fortaleció su decisión. Una vez en Berlín Oeste, se integraron en el equipo local y, bajo el nombre Hertha BSC/DSC jugaron la 50/51 en la Vestragsliga Berlín, torneo adscrito a la RFA. En la huida del equipo participó un empresario judío, Ignatz Bubis. La prensa dio la noticia llena de rencor:
«Los jugadores del antiguo primer equipo de fútbol de la asociación deportiva Dresden-Friedrichstadt han abandonado el territorio de la República Democrática Alemana. Este acto de los jugadores es una continuación de su comportamiento antideportivo y antidemocrático en el estadio Heinz-Steyer durante el campeonato de fútbol de la RDA. Algunos de estos jugadores llevaban ya mucho tiempo perjudicando al Movimiento Deportivo Democrático. Por lo tanto, su marcha no supone ninguna pérdida para el Movimiento Deportivo Democrático, que está al servicio de la paz.
De este incidente extraemos la lección de que debemos aprender, trabajar y entrenar aún mejor y con más intensidad, además de educar a nuestros jóvenes deportistas en el amor por nuestra República Democrática Alemana y por su presidente, Wilhelm Pieck, preparándolos para el trabajo y para la defensa de la paz. Los deportistas de la gran Unión Soviética socialista y de las democracias populares son nuestro ejemplo a seguir.
El Frente Nacional de la Alemania Democrática es una fuerza que actúa en toda Alemania: convence y organiza, y mañana liberará a toda Alemania».

El primero en marcharse fue Schön, pidió vacaciones y desapareció con todos sus muebles, que se los llevó un transportista de confianza. El resto de jugadores se marchó en taxi. Sin embargo, la fusión con los jugadores del Oeste no fue bien, pronto surgieron malentendidos y envidias entre los dos grupos, ya entonces eran«demasiado diferentes en cuanto a carácter y mentalidad». Y aquello nunca llegó a funcionar.

