
Normalmente, en esta revista se martillea con el tema del dopaje. Quizá se hablaría menos del tema si los grandes medios fuesen más tendentes a denunciar que a encubrir, pero eso no significa una criminalización de los deportistas. Si nos ponemos rigurosos, es exactamente al revés. El deporte es un factor que elimina el crimen de las calles.
No es una boutade. Es un estudio que realizó Stephen Brosnan, publicado en Sport in Society, se recogió información de 232 municipios entre 2012 y 2015 para trabajar la hipótesis de si las tasas de participación deportiva estaban relacionadas con las de criminalidad y la respuesta fue que sí. Por cada 10% que aumentase la participación deportiva, la tasa de crímenes violentos se reducía entre un 0,97% y un 1,56%, y los delitos contra la propiedad un 0,65%.
Según los autores, la práctica deportiva tiene un fuerte impacto en la prevención de la violencia. De esta manera, el deporte no solo sería una forma de ocio que es buena para la salud, sino que también fomenta valores positivos como la disciplina, el respeto y la integración social.
Para llegar a estas conclusiones en The impact of sports participation on crime in England between 2012 and 2015, la investigación utilizó datos del Active People Survey, una encuesta anual sobre la práctica deportiva en el Reino Unido.
El estudio categorizó los delitos en dos grandes grupos: crímenes violentos (homicidios, agresiones y delitos sexuales) y delitos contra la propiedad (robos, hurtos y vandalismo). Además, se analizaron variables socioeconómicas muy importantes en este campo, como los niveles de ingresos y la tasa de desempleo.
Estos hallazgos contrastan con los que ha exhibido la literatura científica sobre los aficionados al deporte profesional. En este caso, ocurre exactamente lo contrario. Cuando se juntan multitudes para ver un partido, aumenta el consumo de alcohol, como un en un ritual, y con él múltiples desgracias e incidentes. Por otro lado, los estadios han sido durante años refugios para que las minorías racistas puedan hacerse oír con sus cánticos vejatorios. Incluso han sido lugares donde el acoso a las mujeres ha estado normalizado durante décadas.
Más complejo es el uso del deporte como elemento redentor que consigue transformar a las personas que han cometido delitos. Las últimas investigaciones se quejan de que muchos estudios se fijan en casos de éxito aislados y no le prestan atención a los casos de fracaso también «aislados». Califica esta forma de investigar como «optimismo agresivo».
Una práctica muy estudiada por los académicos es la estrategia estadounidense de Midnigh Basketball. El programa se puso en marcha en los años 80 en Maryland, capital Baltimore. Consistían en espacios seguros para jugar al baloncesto entre las 22:00 y las 2:00am acompañados de talleres donde se daba orientación laboral. Su éxito fue fácilmente comprobable y muchas ciudades lo fueron implementando en los años de George Bush y Bill Clinton, sin embargo, los republicanos criticaban que era un gasto inútil y, sobre todo, racista, porque fundamentalmente sus usuarios eran afroamericanos.

No obstante, en Glenarden, donde comenzó la idea, la criminalidad se redujo en un 30%. Y en Los Angeles, se reportó una disminución de un 60% en los delitos relacionados con drogas. En Forth Worth, Texas, durante las horas a las que se jugaba, la delincuencia se reducía un 89% durante esas noches. El problema fue que el programa fue torpedeado por los republicanos en 1994, que consideraban que era un desperdicio de unos fondos que había que invertir en más policía. Tras unas enmiendas, el programa continuó, pero con muchos menos fondos.
En Reino Unido, se aplicaron programas semejantes, como Kickz, para jugar al fútbol, del que se recogió que acababa con un 66% de la criminalidad juvenil en un radio de más de un kilómetro y medio. Decían los promotores del proyecto que cada libra invertida en él, estaba ahorrando 7,35 en presupuestos de seguridad y otro tipo de medidas e instituciones relacionadas con la delincuencia.
Los británicos apostaron a tope por esta idea. También pusieron en marcha The Boxing Accademy, para jóvenes excluidos del sistema educativo, y 2nd Chance, para los que estaban en la cárcel. El cálculo que daban era que si se evitaba que 5 jóvenes reincidieran, se ahorraban 4,7 libras por cada libra invertida.
Pese a todo, también en Inglaterra se han criticado las conclusiones de este tipo de iniciativas, porque se considera que su efectividad no es una verdad probada. Hay que tener en cuenta, primero, las variables socioeconómicas, y después el tipo de deporte y los programas de prevención del delito que los acompañen. En la parte positiva, se admitía en esta investigación que el deporte fomenta la autodisciplina, el trabajo en equipo y el desarrollo de habilidades sociales. Por esa vía, se pueden conseguir becas deportivas y empleos en el sector. Y también y muy especialmente, que canaliza la agresividad.
En cambio, los académicos consideraban que si los jóvenes que participaban en programas deportivos seguían siempre bajo el umbral de la pobreza, la exclusión social y el desempleo, el deporte difícilmente los alejaría del crimen. Por otro lado, hay deportes como el fútbol americano y la lucha libre que fomentan la agresividad. Según las investigaciones, los que se dedican a estas disciplinas tienen más probabilidades de meterse en peleas violentas en comparación con los de otras.
Ocurre lo mismo con las artes marciales. Cuando lo que era popular era el Tae Kwon Do tradicional, cargado de significado filosófico, se reducía la agresividad de jóvenes delincuentes, pero conforme fue desplazado por otras formas de lucha más agresivas el efecto fue diferente.
Como conclusión, podríamos guiarnos por uno de los últimos estudios realizados con un meta-análisis de toda la literatura científica publicada. El informe, realizado por psiquiatras alemanes, concluye que los programas deportivos sí que han mostrado un efecto «moderado» en la reducción de conductas agresivas y delictivas. Por eso, la participación deportiva, si está bien estructurada, puede servir como rebajar las tasas de criminalidad. Incluso, si estos programas se llevan a poblaciones de riesgo, estaba demostrado que servían para favorecer una mejor regulación emocional, control de ira y rechazo a las agresiones.

Tras el análisis de cientos de estudios, también se puede concluir que el deporte aumenta el bienestar psicológico de los que lo practican. Sube la autoestima y mejora la salud mental, lo que se traduce en experimentar menores niveles de estrés y síntomas depresivos. Es más, se ha apreciado que los deportistas sienten «mayor satisfacción por la vida».
Sobre la contextualización de cada disciplina deportiva, el estudio no encontró diferencias significativas entre los distintos tipos de programas, deportes o poblaciones. En términos generales, dicen, la eficacia del deporte para prevenir delitos se mantiene estable.
Pero el hallazgo más relevante era que los programas deportivos tenían mayor impacto en las personas mayores que en los adolescentes. La hipótesis de estos científicos alemanes es que los adultos tienen mayor potencial para aprovechar las oportunidades de cambio. Eso sí, a la hora de señalar una disciplina adecuada para practicar, no se decantaban por ninguna en particular, pero sí que se inclinaban por cualquier deporte de equipo.

