Opinión

Tras al juicio de Jenni y Rubiales: No me gusta que me guste el fútbol, pero qué le voy a hacer

Es noticia
Jennifer Hermoso llega al juzgado para el juicio a Rubiales (Foto: Cordon Press)
Jennifer Hermoso llega al juzgado (Foto: Cordon Press)

«El beso que le dio fue un beso no consentido». De esta manera, con esta declaración comenzó la fiscal sus conclusiones finales en el caso Rubiales. Y no parece que haya que decir mucho más ante un hecho que se vio en las televisiones de todo el mundo, que corroboraron tanto víctima como testigos e incluso el propio actor del mismo. Sin embargo, más de dos horas de alegato final hicieron falta para poner voz, hacer justicia (o no) y dar explicaciones a aquellos que todavía siguen sin entender.

A lo largo de estas líneas, se sucederán un sinfín de preguntas, algunas con respuestas obvias, otras sin respuesta y algunas otras a las que mejor no contestar. Aquí la primera: ¿por qué solo se hace referencia a las conclusiones de la fiscal y no al resto? Porque contesta, incluso antes, a algunas de las barbaridades que se dijeron por parte de la acusación. Quien quiera que lo busque pero aquí velamos por la verdad. Y en los últimos párrafos se entenderá mejor.

Preámbulo

Dicha fiscal, Marta Durántez, advirtió a Jenni antes de iniciar el proceso judicial de lo que aquello iba a suponer. Esto no iba de denunciar y ya, esto iba a ser un camino largo, parecía haberle dicho. Ocurrió el 20 de agosto de 2023 y ya es febrero de 2025, dato de relevancia para -por ejemplo- el abogado defensor de Rubén Rivera, que decía que este caso se había «apurado en el tiempo» dándole prioridad ante otros.

«¿Usted es consciente de que va a ponerse en tela de juicio su declaración? ¿De que la van a llamar mentirosa, que va a sufrir todo tipo de insultos, que va a tener que declarar una y otra vez y contar lo mismo, que va a tener que justificarse: por qué bebe champán, por qué celebra? A pesar de ello, estaba decidida a hacerlo», acabó Durántez cuando relataba el encuentro con la jugadora.

Y así Jenni Hermoso denunció varias -muchas- veces, repitió varias -muchas- veces, revivió varias -muchas- veces y fue revictimizada y repreguntada varias -muchas- veces por lo ocurrido. Y, por supuesto, una vez más se volvió a dudar de su versión. No era la víctima perfecta porque celebró el mayor éxito deportivo que puede alcanzar un futbolista.

No obstante, tal y como declaró la fiscal «dudar, podemos dudar de todo pero una duda que nos lleve a desvirtuar la poderosa prueba de cargo que se ha presentado tiene que ser una duda razonable. Una duda que contradiga la declaración de la víctima y otros testigos. ¿Qué pruebas se han practicado en el juicio para llegar a la conclusión sin ningún género de dudas de que el beso no fue consentido? La primera prueba fundamental fue la declaración de la víctima. La víctima era la que estaba en frente del señor Rubiales y la primera persona que vive la situación, que sabe lo que se dijo y lo que no se dijo y lo que se produjo. Es la prueba directa.

Eso sí, para que esta prueba, incluso por sí sola tenga valor probativo, es necesario que se cumplan una serie de requisitos: una persona adulta, en pleno uso de sus facultades, sin ningún tipo de animadversión con el denunciado, verosimilitud en el testimonio -la declaración de la víctima debe ser lógica en sí misma- y coherencia total entre los hechos narrados y su comportamiento inmediato y posterior. Además, es necesario que esté rodeada por unas corroboraciones periféricas de carácter objetivo. Esas son, por un lado, su propia declaración y la declaración de los testigos. Y en este caso, las declaraciones no incurren en contradicción ninguna. Se mantienen en el tiempo, de manera firme y rotunda. Y por otro: las coacciones que ocurren posteriormente. Y así, como si todo fuese cayendo por su propio peso, el hecho cobraba vida dentro de esa sala y empezaba a ser tomado como algo realmente punible y delictivo.

Jennifer Hermoso y Luis Rubiales en la final de la Copa del Mundo de Sidney (Foto: Cordon Press)
Jennifer Hermoso y Luis Rubiales en la final de la Copa del Mundo de Sidney (Foto: Cordon Press)

El hecho lo conocemos, los relatos de las compañeras, familiares y amigos también. Nada más bajar del pódium con una medalla de campeona del mundo, que se dice pronto, Jenni se acerca a ellos y les dice «pero ¿habéis visto lo que ha hecho?». Luego, efectivamente, siguió bebiendo, disfrutando, en fin, celebrando. Pero en ese momento, sintió la necesidad de transmitir lo que había ocurrido, necesitaba que alguien le escuchara, le creyera y le apoyara.

A nadie le dijo que lo había consentido. Y luego, sí, las declaraciones en COPE. Unas declaraciones sobre las que la jugadora dijo varias -muchas- veces que lo único que quería era quitar hierro al tema para quitarse el foco de encima y ponerlo en lo que habían conseguido: un campeonato del mundo. Entonces, no será tan grave. ¿Acaso en esas declaraciones dijo que lo consintió? ¿Por qué tardó en denunciar?

«¿Cuándo hay que denunciar para creer a la víctima? ¿Cuántos días son válidos para denunciar una agresión sexual? ¿Qué esperaban que en vez de levantar la copa, se fuera a la policía australiana a denunciar? ¿Que en lugar de celebrar el triunfo en Madrid, se fuera a denunciar?»

Estamos ante una simple jugadora enfrentada contra toda una federación de fútbol con un presidente que «no es que mandara mucho, es que mandaba todo». «¿Qué hubiera sido lo más fácil para ella? ¿Ceder? ¿Por qué no cedes? ¿Por qué no quieres hacer un vídeo juntos quitándole importancia? ¿Por qué no quieres hacer un comunicado? ¿Por qué no quieres salir públicamente y decirlo? ¿Por qué no si le iba a beneficiar o, al menos, se podía intuir que iba a ser más beneficioso para la jugadora?»

Si hubiera cedido, no existirían represalias, jugaría con un trato de favor en la federación, no habría tenido que dejar su domicilio en Madrid, no habría tenido que aguantar insultos en las redes sociales. No habría tenido que justificarse una y otra vez, revictimizarse una y otra vez. «No tendría por qué escuchar que uno de los testigos la llamase en el juicio manipuladora e influenciable».

¿Por qué se mantiene firme desde el primer momento en su idea? «Porque, por el contrario, hubiera traicionado a sus principios, que algunas personas sí tienen. Dignidad, valores, valentía y la defensa de la verdad».

Continúaba la fiscal: «Estamos en el año 2025, me produce cierto rechazo tener que seguir preguntando a las víctimas de una agresión sexual ¿por qué se reía?, ¿por qué lo celebró?, ¿por qué su comportamiento fue el que en los vídeos parece que no le daba importancia, de estar feliz, de estar contenta? Hoy en día aún tenemos que hacer estas preguntas. ¿Por qué? Ya se ha visto lo que ha ocurrido en el juicio, ya se ha visto a lo que nos tenemos que enfrentar,  a lo que ella se ha tenido que enfrentar como víctima.

Creo firmemente en aquello que estoy acusando y aún me veo obligada a revictimizar una y otra vez a la que ya ha sido víctima. Le he tenido que preguntar ¿por qué bebía champán? ¿Hasta cuándo vamos a estar exigiendo a la que ha sido víctima de una agresión sexual un comportamiento heroico? ¿Acaso ella no tenía derecho a celebrar un triunfo deportivo de tal entidad como parte de la selección femenina de fútbol de España?

¿Qué le podemos exigir que haga: que se vaya a un rincón a llorar, que monte un espectáculo? ¿Podemos exigirle eso? ¿Es menos víctima por eso? ¿Tiene que mostrar un comportamiento diferente? ¿Por qué no se hace en otros delitos? ¿Alguien a quién le roban y se va luego a comer con sus amigos es menos víctima? ¿Por qué lo seguimos haciendo en el tema de las agresiones sexuales?

Hay una cosa que está clara y así lo manifestó Jenni. Estaba contrariada, quería pasar desapercibida, que todo lo que habían conseguido no se quedara en el «beso no consentido», sino en el triunfo de la selección y de ella como parte de esa selección. Pero sí, «ella va a quedar como la del beso, así de triste, no como una de las que ganó el mundial. ¿Por su culpa? No, por quien realizó esa acción».

En los vídeos del vestuario, hasta el psicólogo que estaba en ese momento y declaró como testigo, se hubiera dado cuenta en las imágenes de la cara que tenía la Jenni, cuando se empieza a bromear con el beso. Una cara en la que se esbozaba una sonrisa, en la que comía o en la que bebía, pero que teniendo en cuenta el carácter de la misma – que tal y como han manifestado tanto sus compañeras como Vilda y Rubiales-, no era ella, no era Jenni Hermoso, una persona alegre, expresiva. Tenía cara de circunstancia. De hecho, en ese vídeo se le escucha decir «pero no me gustó, pero ¿qué iba a hacer?, mírame a mí».

La importancia del principio de inmediación

Si no fuera por las arduas explicaciones de la señora Durántez, poco sabríamos de qué significa esto. Y es una de las pruebas más importantes del juicio. Sin lugar a dudas. El principio (regla o máxima) de inmediación procesal implica la comunicación personal del juez con las partes y el contacto directo de aquél con los actos de adquisición, fundamentalmente de las pruebas, como instrumento para llegar a una íntima compenetración de los intereses en juego a través del proceso. ¿Qué quiere decir esto? Que todo lo que ocurrió en ese juicio, ya fuese expresiones orales, comportamientos, movimientos o cualquier otro acto que hiciese la persona declarante, tenía valor para la sentencia.

La declaración de Jennifer Hermoso en el juicio a Rubiales (Foto: Cordon Press)
La declaración de Jennifer Hermoso en el juicio a Rubiales (Foto: Cordon Press)

«Su señoría (dirigiéndose al juez) ha tenido ocasión de ver cómo declaran unos testigos y otros y por eso la inmediación es tan importante. Hasta usted tuvo que llamar la atención al señor Cuervo diciéndole que qué chulería es esta. Fíjese señoría, si así se comportan ante un tribunal, ¿cómo no sería en el ámbito de la RFEF? ¿Cómo no iban a tener miedo las jugadora? Si han sido unos maleducados y unos chulos ante unos letrados».

El protocolo que nunca se leyó el Presidente (ni muchos otros) de la Federación

En sus declaraciones, Rubiales menciona el fallo del penalti como comentario previo al beso. De nuevo, una y otra vez, se revictimiza. Dice Durántez «el fallo del penalti se utiliza totalmente como un acto de reproche. Incluso va más allá, ha fallado un penalti, voy a consolarla, voy a agredirle sexualmente. ¿De qué estamos hablando?»

Jenni ha defendido varias -muchas- veces que nunca dijo nada porque no hubo pregunta. «Sin embargo, si te tienen agarrada la cabeza y en cuestión de segundos hipotéticamente te dicen ¿te puedo dar un besito?, ¿te da tiempo a reaccionar? Y además, claro, ella se fue con una sonrisa. Recordemos que acababa de ganar un mundial, qué menos ¿Se le debe exigir que no fuese así para hacer creíble su versión?

Hay que recordar una cosa básica, muy básica, el consentimiento siempre ha de ser bidireccional, no cabe, por ley, el error de la creencia o el pensamiento. Es decir, «creí que» o «pensé que» no es válido para actuar en consecuencias de ambos sujetos. El consentimiento no se puede presuponer. Debe ponerse de manifiesto, sin cabida alguna para la duda, que existe un consentimiento mutuo.

Ahora bien, retomando la sentencia de la fiscal «ante un protocolo antiacoso que dice que esas conductas están totalmente prohibidas, el presidente de la federación le da un beso a una jugadora. Un problema que debía conocer o que al menos debía haberse leído, siendo una persona que está por encima de todo». Y si el protocolo antiacoso era de la Federación, ¿dónde están? «En la Federación nadie la apoyó, nadie se preocupó por ella. Al contrario, solo para coaccionarla, para no dejarla tranquila, para eso sí, pero para preguntarle ¿cómo estás? no fue nadie. ¿Les preocupaba esta señora? Les preocupaba el chiringuito».

Así se resume el modus operandi de lo que ha sido la Real Federación Española de Fútbol. Una situación de poder absoluto, donde él mismo ponía las palabras que había que decir en los comunicados, las acciones que había que hacer y las órdenes que llevar a cabo. Nadie contradecía al señor Rubiales. Se puede ver en la asamblea del ya famoso «no voy a dimitir», donde todos los acusados aparecen presentes y aplaudiendo. «A todos ellos no les echó la señora Hermoso, fueron ellos con sus hechos».

Hasta llegar a la primera convocatoria post mundial. La seleccionadora en un primer momento alega la no convocatoria de Hermoso para protegerla. ¿De qué? Si según los testimonios de todos los acusados no estaban haciendo nada en contra de ella. Sin embargo, cuando la señora Tomé toma declaración, declara que no la convocó por motivos futbolísticos y de rendimiento. ¿Una de las mejores jugadores de la temporada, campeona de un mundial, no tiene el nivel para jugar? ¿La quieres proteger o castigar? Un castigo que ya no solo afecta a su estado emocional -que también, por descontado- sino que además, como bien argumentó Vilda en su declaración, es un castigo económico, monetario, pues él mismo confesó que las jugadoras reciben una prima por cada convocatoria con la selección nacional. Recordemos que hablamos de la selección femenina, de jugadoras de fútbol, no de los millones que ingresan los jugadores anualmente.

Acta final

Con transcribir las palabras de la fiscal tras la declaración de todos los imputados, testigos y víctima, este artículo sería válido, estaría completo, tendría un inicio, una justificación y un final. No como la vivencia de Jenni. La experiencia de ganar un mundial ha quedado relegada a las repreguntas de si aceptó el beso, si escuchó siquiera la pregunta o si la no convocatoria, después de haber sido de las mejores del campeonato, tuvo justificación meramente futbolística.

«Destrozó el mejor momento de mi carrera profesional» a lo que la defensa del ex presidente de la Real Federación Española de Fútbol resumió como un momento de alegría incontrolable. Algo que él mismo también describió como un momento de efusividad y celebración entre dos amigos.

A pesar de ser una de las sentencias más instagrameable, quizá haga falta volver a repetirla, a releerla, todas las veces que sea necesario, al igual que todas las veces que se culpó a Jenni de algo que no hizo y que mucho menos quiso hacer.

Este artículo va para todos aquellos que se siguen disfrazando, los que aún te sueltan en el grupo de amigos lo de «un piquito – o besito, quién sabe ya-» y se ríen, los que saben que está mal pero aún así buscan la picardía del hecho, porque siguen formando parte de esa amalgama de poderes que significa ser hombre, que aun sabiendo que no es lo correcto, lo hacen o lo justifican. Por circunstancias especiales, de euforia, de celebración, por no ser para tanto, por quitarle hierro al asunto.

En el libro Fortuna, de Hernán Díaz, se relata lo siguiente: «Toda vida se organiza en torno a un pequeño número de acontecimientos que nos impulsan o nos frenan en seco. Pasamos los años que median entre esos episodios beneficiándonos de sus consecuencias o padeciéndolas, hasta que llega el siguiente momento decisivo. El valor de una persona lo establece el número de esas circunstancias definitorias que es capaz de crear para sí».

Transcribir las palabras de la fiscal es transcribir la pena, la lástima, la rabia de un hecho que ya no es solo el beso, sino el ejemplo de que ya no todo vale, que con los hechos, los fundamentos de la ley y las aplicaciones en la jurisprudencia se trata de algo punible y delictivo. A Jenni se le nubló la celebración más importante de su carrera deportiva. Y aún sigue padeciendo las consecuencias. Aun así, darle las gracias a Jenni por denunciar sería injusto. Ella nunca quiso ser referente de esto. Solo quiso ser referente como futbolista.

Proyecto nuevo 88
Jennifer Hermoso (Foto: Cordon Press)

Este caso no solo ha servido para descubrir un entramado sin precedentes, que a día de hoy sigue sin esclarecer algunas de las partes más turbias del panorama federativo de este país, sino que ha dado a conocer, sorprendentemente, el abuso de poder y los derechos de las mujeres frente a él, parafraseando a la fiscal, «en 2025», un poco tarde quizá, pero ha llegado.

¿Celebrar o agradecer? Poco, como Jenni aquel día y los posteriores. En el año 2025 aún seguimos revictimizando a la víctima para dar por válida una verdad que vio el mundo entero, independientemente de la tipología de circunstancias en las que se dio.

En palabras del juez en la sentencia añade que, tal y como sostuvieron las acusaciones en sus informes, el beso se dio de forma “sorpresiva e inesperada” y así ha quedado constatado con la prueba practicada en el juicio, por lo que Luis R., aun siendo presidente de la RFEF, “no se prevaleció de su condición ni de una relación de superioridad con respecto a la víctima para su comisión”.

La mentira tiene las patas muy cortas. Y la verdad tiene una sombra larga. Tan larga como la distancia que hay entre España y Australia, como el número de personas que vieron el hecho. «Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio», concluyó la fiscal, referenciando a Serrat.

La sentencia está clara cuando quienes mandan siguen siendo casi los mismos. Pero, hoy es todo un poco menos oscuro. Nada bonito ni prometedor ha salido de aquí, pero sí tiene un poco más de luz, Jenni.

Un comentario

  1. Agustín Serrano

    Pongamos que un chico conoce a una chica. Sabe su nombre. Lo que estudia. O pongamos que van a la misma clase. Y que entablan primeros diálogos. De saludos ocasionales pasan a charlas esporádicas y de ahí a asiduas conversaciones. Y quedan. Ella no para de reír. Ambos están a gusto. Lo pasan bien. Juntos forman una atmósfera alegre. Y hablan de seguir viéndose. En la primera cita, él la acompaña a casa, lo que, en su entusiasmo, en la puerta del domicilio, ve como el momento cumbre. El Momento. Lo que sueña desde que se ha fijado en ella. Él no lo pide, pero le cursa el deseo con su mirada. Ella sonríe tímida. Él recuerda las lecciones paternas. Y los intensivos cursos de los colegas, las piezas de una inmemorial jerarquía, que en lejanos susurros mentales no paran de animar: «vamos, joder, si la tienes en el bote (apiolada), no la ves que lo está deseando, y como no se lo des se va a pensar que eres un cortao o un moñorro». Y es que… qué puede pasar? Un besito no es apresarla en el portal a punta de navaja. Él no es esa clase de tío. Además, la tarde ha sido maravillosa y la ocasión es propicia. Única. Nadie puede verlo mal. Lo han pasado increíble. Ha sido puro romance. Su primero. Y con suavidad, pero sin frenos, sin cogerle la cara, con algo de rubor debido a la incógnita, lanza el ósculo.

    Ella no ha recibido la misma instrucción. No conoce esas tácticas de seducción diseñadas para la invasión y la conquista, esas soflamas que no dan jamás una oportunidad a la duda: “cuando la mujer la mirada mece…”. El chico le cae muy bien. Está segura de que lo va a pasar genial con él a su lado, pero nadie le ha metido antes la mano en el bolso sin ella pedirlo. Nadie le ha abierto el cuaderno de apuntes. Nadie le ha cogido el coche. Nadie ha encendido su móvil. Nadie le ha apagado la lamparita de su mesita de noche. No vive en una pecera. Ni en una burbuja. Vive en su espacio, que no es ni más íntimo, ni más solitario, ni más tímido, ni más delicado que otros. Tan solo es el suyo. Y no le gusta ser la escondida X, la incierta apuesta de ese chico tan mono y agradable.

    A Rubiales habría que ponerle “Stockholm”, de Sorogoyen, aunque yo, en el caso de su acto, lo veo cercano al final de “Nymphomaniac”, de Trier, cuando Skarsgård se la saca y quiere hacérselo a Gainsbourg y cuando esta se niega, él le dice aquello de: “pero cómo que no, si lo has hecho con todos…”. Es la liturgia del macho sobre la hembra. Del “llevan toda la vida abriéndose de patas con quien les da la gana, cómo se van a ofender por un beso”. Y el aparentemente tímido se transforma en un seductor con capa sediento de tan necesario maná, ergo, en un tomador convertido en un acosador… Y de oca a oca.

    Por cierto, el artículo es excelente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*