
Este miércoles, un orgulloso Mbappé saldrá al Bernabéu con ánimos de revancha, ya que cayó con su PSG en la última eliminatoria que se enfrentó al City. Sin embargo, esta ocasión es en realidad un desempate.
Un Monaco destinado al olvido
Ya hubo un equipo de Mbappé que eliminó al City de Guardiola. Fue un equipazo, aquel Monaco, destinado al olvido por su brevedad. Los poderosos lo despiezaron a las primeras de cambio, tras conseguir la Ligue 1 y alcanzar semis de Champions.
Precisamente Guardiola se aprovechó de ello a través del City Group, en el mercado de verano, arrebatando al conjunto galo las dos bandas que habían hecho trizas su método meses atrás, en los octavos de 2017.
Un Monaco a cuyo recuerdo tampoco favorece que su entrenador, Jardim, propusiera un tipo de fútbol que no atendía la corriente marcada por el propio Guardiola, quien hasta esa misma temporada no había pasado una en blanco y generó millones de adeptos.
De atrás hacia delante, un equipo a la clásica
En tiempos donde hasta al utillero se le exige buen pie, de sistemas posicionales y con tres delanteros como si todo el fútbol proviniera del Ajax de Van Gaal, de modelos combinativos independientes a si es Xavi o por contra es un Paulinho el centrocampista que juega, el transigente Jardim confeccionó un equipo a lo clásico.

En las escuelas de entrenadores, desde el siglo pasado se enseña el siguiente concepto: conviene iniciar el juego por zonas laterales. Ello responde a que, atrás, una pérdida central tiene valor gol. Y este otro: los desenlaces desde las bandas tienen mayor probabilidad de gol. Es debido a que, en ataque, la densidad defensiva está en el centro, toda vez que penetrar por los costados obliga al defensor a girarse y descuidar su espalda en el área.
Los centrales del Monaco carecían de destreza con balón y sus bandas eran tan buenas como complementarias. Mientras Jardim estaba en lo cierto cuando dijo que no era inferior a ninguno otro técnico, por ese valor su equipo jugó como sus futbolistas requerían: respondiendo a la concepción de inmutables, no al dictado de la moda.
Mendy, un lateral de 60 millones
En el centro de zaga Glik era indiscutible, mientras Raggi y Jemerson aspiraban al otro puesto de una línea de cuatro. Sobre todo los primeros, son centrales a la vieja usanza: cuerpistas expeditivos por alto y por bajo.
Sobre el nivel y los ofrecimientos en el campo del polaco, jerarca de 1.90, sirva decir que en su juventud fue captado por el filial del Madrid y luego explotó como futbolista en el Calcio a las órdenes de Ventura. Siete goles hizo Glik aquel curso, gracias a su poderío aéreo.
Como laterales, en Mendy y Sidibé el Monaco tenía dos efectivos de potencia y pulmón para llegar. Mendy fue uno de los jugadores que castigó al City en aquella eliminatoria, de ahí que Guardiola lo firmara poco después. Pagaron por él más que por Danilo y Walker, esa misma temporada.
Sin centrales de toque, los inicios iban rápido hacia un costado, cuando el rival no presionaba lo suficiente. Y de ahí hacia delante, donde se situaban Lemar y Bernardo Silva, futbolistas de corte técnico e impulso interior.

Cada vez que los centrocampistas de banda recibían, los laterales repetían esfuerzos ofensivos para arrastrarles la marca u ofrecerles alternativas de pase. En estas ocasiones se daban sintonías de aclarado y vértigo, en lugar de una interacción cercana que esos mediocampistas demostraron no necesitar.
En caso de que el oponente ejecutara una buena presión a la salida, Subasic o algún central lanzaba hacia el cuerpo de Falcao, la punta referencial. A sus 30 años, Falcao ejerció de líder sin descuidar su misión futbolística, siendo un punto de apoyo frontal para el juego y el máximo goleador del equipo.
Las prolongaciones del colombiano, un tremendo ganador de aéreos, eran aprovechadas por el explosivo Mbappé. Mientras que, si Falcao la ganaba de cara, aparecían cercanos Bernardo y Lemar para activar inmediatamente, a través de su genio, algunas de las rupturas que se le ofrecían, con el propio Mbappé como prioridad.
De tal modo, los miembros de la retaguardia tenían las cosas claras y nunca se complicaban. Quizá recordasen que, hasta los años sesenta, si zagueros de sus características cruzaban la divisoria para jugar el balón eran multados por el club, a instancia del entrenador. «Recibe la pelota y dásela al lateral o al que sabe», sería la consigna.

Y cerca de ellos, el único que sabía era Moutinho, quien había perdido peso en las alineaciones con la irrupción de los jóvenes, ingresando más como interior que en la base de la jugada. Porque, para evitar confusiones atrás, la pareja de volantes titular tampoco imprimía calidad al balón.
Fabinho-Bakayoko: muralla táctica al volante
Fabinho y Bakayoko también son especialistas defensivos, de corte físico. Si bien la carrera de este quedó en menos, el nivel de Fabinho ha sido superlativo.
Tras salir de La Fábrica siendo lateral, el brasileño surgió al fútbol como mediocentro de la mano de Jardim en 2015, pero esto apenas se escucha porque no lo descubrió Guardiola. Luego lo firmó el Liverpool y otro afamado, Klopp, disfrutó toda su madurez. En el Monaco, Fabinho hizo su mayor marca goleadora, debido al inteligente aprovechamiento de su zancada y potencia de llegada.
Ambos formaban una barrera ante las posibles pérdidas de los talentosos del siguiente escalón y cubrían lateralmente las subidas de sus carrileros. Este tipo de doble volante se estiló en los noventa y fue muy criticado por Valdano durante Inglaterra ´96, cuando escribió sus Cuadernos como analista tendencioso. Sin embargo, Alemania ganó aquella Eurocopa y Elits fue elegido en la alineación ideal.
En gran medida gracias al Fabinho-Bakayoko se sostenía el constante flujo de los laterales. Estaban ahí para defender bien y permitir con ello que el ataque fuera eficaz, como demuestra que el Monaco superase en veinticinco goles al PSG subcampeón y sólo recibiera cuatro más. Porque lo de verdad temible de aquel Monaco llegaba desde la fase defensiva.
El 4-4-2 para defender y atacar mejor
Una fase establecida sobre el 4-4-2, sistema que, explotado en los ochenta, para la época había sido desconsiderado al no tener varias alturas, formar los suficientes triángulos u otros argumentos de ese tipo.
Sin embargo, explica Floro, profesor de Táctica y ex entrenador del Real Madrid, que si sobreponemos los distintos mapas de calor de casi cualquier equipo, se verá que su sistema en realidad tiene dos líneas de cuatro, sea cual sea la distribución inicial. Esto se debe a que es la manera más racional de esperar en defensa.

Desde este prisma defensivo, aplicaba Jardim un dibujo para el pressing que Bernardo y Lemar completaban a la perfección. Eran jóvenes e iban mucho más allá de su perfil: siempre fueron centrocampistas comprometidos en los esfuerzos. No extraña que a uno se lo llevara Guardiola y al otro Simeone. Cuando el Monaco esperaba en bloque medio y robaba, la activación ofensiva a partir de ellos era veloz y letal.
Dos metrónomos para Mbappé
Porque para que un ataque rápido sea efectivo no es suficiente con velocistas, se necesitan jugadores que controlen tanto la aceleración como la pausa. Eso dijo, por ejemplo, el bicampeón de América Basile, refiriéndose a Caminero en su Atleti, hace más de tres décadas, ya que se habla de asuntos atemporales.
Al recuperar la posesión, Bernardo Silva y Lemar recibían de inmediato. Ambos son capaces para combinar, pero sobre todo en mantener el balón bajo acoso. Y son además expertos asistentes. Cuando uno de ellos recibía, el otro se cerraba, generando el efecto de atracción del lateral de su banda. Así vaciaba un espacio a asaltar bien por uno de los delanteros o bien por el lateral, en aprovechamiento de esos segundos de retención.
Por la sociedad entre alejados, el sector más potente era el izquierdo, donde Mendy incidía sobre los precisos pases a pierna cambiada de Bernardo desde la derecha. Para luego centrar con potencia hacia Falcao y Mbappé, rematadores de todo orden que finalizaban con éxito las jugadas.
En otras ocasiones, la lógica también disponía que Falcao cayera con su central, o lo bloqueara, Mbappé se le cruzase por la espalda -otro concepto general-, desmarque de ruptura que cualquiera de los asistentes estaba dispuesto a aprovechar.
Mbappé, crack a los 18 años
Desde la recuperación, las cualidades de los implicados abrían múltiples posibilidades. Todas igual de ganadoras debido a que arriba el Monaco contaba con un futbolista de otra dimensión para atacar los espacios.

Un Mbappé que apenas entraba en la mayoría de edad y de quien su técnico asegura que «ya era un jugador de primer nivel cuando dejó el Mónaco». A gol por titularidad, prácticamente, salió aquella temporada. También marcó uno en cada partido al City, para acabar eliminándolo.
Los cracks no entienden de respetar jerarquías. Este año Mbappé ya marcó en la victoria madridista en el Etihad, así que Guardiola sabe lo que probablemente le espere, de nuevo, a su City.

