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Caso Michel Hessmann: La sempiterna necesidad del ciclismo

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 Michel Hessmann
Michel Hessmann (Foto: Cordon Press)

El ciclismo es un deporte, en apariencia, siempre, básico, sencillo. Una persona, una bicicleta, una ruta … y a pedalear. Evidentemente, hay muchos aspectos a tener en cuenta para hablar de un deporte que, en su faceta competitiva y de alto rendimiento, es tremendamente duro y exigente.

Del mismo modo, el ciclismo es un deporte que en las últimas décadas ha ido aumentando los niveles de mala prensa en torno a sí. Y bien merecida, oiga. Pero no porque el ciclismo sea malo propiamente dicho, sino porque algunos se empeñan en que su credibilidad esté en permanente entredicho.

Está claro que el ser humano es pícaro por naturaleza e incluso en el mundo del deporte existen seres que acuden a la picardía y la trampa para sacar ventaja, rédito. En definitiva, para salir vencedores ante los rivales. No menos claro está, a la vista de la experiencia y los diferentes casos que se han vivido en los últimos lustros, que muchos son capaces de llevar la picaresca un poco más allá y son capaces de cualquier cosa para alzar los brazos. Y al decir cualquier cosa nos podemos referir a poner en peligro su salud, su vida, mentir a la familia, etc. Podríamos enumerar decenas de casos aclaratorios, pero no queremos desviarnos de nuestro punto de mira.

Hace unos días se anunció el fichaje del ciclista alemán Michel Hessmann por Movistar. Algo normal, tratándose del inicio de temporada y teniendo en cuenta que el equipo de Unzúe no tenía la plantilla de 2025 cerrada.

Lo fuera de normal, o no tanto (luego me explicaré) es que el ex-ciclista de Visma Lease a Bike está en cumplimiento de una sanción por la ingesta de clortalidona, que es un diurético sulfamídico, que favorece la eliminación de sodio, cloruro y agua. Además, también se suele usar en el tratamiento de la hipertensión arterial.

Soy consciente de que Hessmann será libre para competir una vez cumplido enteramente la sanción impuesta. Entiendo que todas las personas tienen derecho a competir tras el cumplimiento de la sanción, pero me cuesta asimilar que un equipo ciclista contrate a un deportista que ha dado positivo, sobre todo hace tan poco tiempo.

Los diuréticos, al parecer, son muy habituales en el mundo del ciclismo. ¿Se acuerdan del Tour de Francia de 1988 y el probenecid? Difícil de olvidar. Recuerden, además, a qué equipo pertenecía Pedro Delgado en 1988. Cada usuario tendrá sus motivos para utilizar estos medicamentos en el deporte de alto rendimiento, pero pocos pueden dudar que un uso muy atractivo es el de eliminar a través de la orina otros medicamentos o productos que serían contraproducentes encontrar en un hipotético control antidopaje.

En todo lo relacionado con el caso Hessmann, se llegó a concluir que era plausible el hallazgo de clortalidona se debiera a que el medicamento estuviera contaminado. Plausible, sí, pero ¿demostrado?

Ante ese tipo de duda, ¿por qué un equipo ciclista se «atreve» a contratar a un ciclista con mácula? Si quieren que creamos que el ciclismo actual es más limpio que el de los 90 o el de los primeros años de 2000, ¿por qué no dejan de lado a ciclistas como nuestro protagonista y se centran en otros que no tienen un historial manchado?

Y todo ello no es nada nuevo. Siempre hemos visto que hay equipos que se tiran a la piscina y han fichado a ciclistas que han dado positivo en varias ocasiones una vez concluida su sanción sin poder competir. Nunca lo he entendido, ni siquiera intentando asimilar aquello de «dar una segunda oportunidad».

Pasa lo mismo con los directores deportivos. ¿Por qué un equipo ciclista ficha a un director deportivo que ya dio positivo como ciclista o cuyos ciclistas de equipos anteriores han sido cazados con resultados adversos en controles antidopaje? Se me vienen a la cabeza gente como Bjarne Riis, Johan Bruyneel, Stefano Zanini, Leonardo Piepoli … o el propio Alejandro Valverde, a quien nombran, nada más y nada menos, seleccionador nacional de ciclismo para los próximos cuatro años. Parece coña, pero no, no lo es. ¿Creéis que directores así tienen credibilidad para pedir a sus ciclistas que no recurran al dopaje? A mí me cuesta creerlo.

Por todo ello, considero que el ciclismo sigue necesitando cambiar, pero sin querer hacerlo. Soy muy optimista y me parece extremadamente complicado que algún día se pongan todos de acuerdo y se decida girar el timón hacia un horizonte despejado y limpio de nubes y tormentas. Pero lo necesita, lo necesitamos.

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