Resulta inseparable de una palabra: honestidad. Es Vicente Jiménez, un hombre de 63 años que en los últimos seis ha sido director de AS. Antes lo fue de la SER y también fue director adjunto de El País, donde trabajó 25 años. Dice que ha tenido fortuna en su carrera: «La suerte pasó a mi lado y pude aprovecharla».
Hoy gobierna su propio tiempo, se levanta sin despertador y, cuando se cansa de leer, se va a hacer marcha nórdica con sus bastones a El Retiro. O a practicar tenis de mesa. Ya no anhela volver a un despacho ni cumplir un horario. «Había muchos momentos en los que aspiraba a la paz».
Tal vez por eso emplea munición gruesa para hablar de su trabajo, que ha ejercido durante más de 40 años. «El periodismo español está lleno de canallas, de corruptos».
Salud.
Lo más importante en esta vida. Sin salud todo se vuelve oscuro.
¿Y cómo estás?
Estupendamente, con unos cuántos años encima pero llevándolo muy bien.
63 años.
Camino de 64, en agosto.
¿Y todo hecho?
Todo no, pero estoy satisfecho. Si hubiese sido militar sentiría el placer del deber cumplido. No puedo tener queja de lo que me ha pasado profesionalmente.
¿No volverás entonces?
Digamos que he tenido que dar un paso al lado. Había muchos momentos en que aspiraba a encontrar paz, apartarme de la primera línea.
¿Cómo director del AS no tenías paz?
Como director no es paz lo que encuentras, encuentras satisfacción profesional, momentos maravillosos, grandes retos… Pero todo eso no es paz, es exigencia, son horas y horas de trabajo, es convertir en oportunidades las crisis que afrontas, que son muchas. Pero es que este trabajo es una vocación y yo le he dado mucho. Ahora sigo teniendo mucho que dar, pero a mí y a mi familia.
¿Qué le tienes que dar a tu familia?
En primer lugar, mi presencia. Exagerando un poco, he conocido a mis hijos de niños en posición horizontal. Siempre que llegaba a casa por la noche estaban dormidos. Ahora voy a estar más tiempo con ellos, aunque tienen su propia vida.
¿Y a los veintitantos años que tienen tus hijos, no es tarde?
Claro que es tarde. Es una de las frustraciones que uno arrastra en un trabajo como el mío. Pero así es la vida. Hay que verlo con estoicismo. Yo no he podido tener una presencia normal en mi casa, pero he vivido cosas que me han formado como ciudadano y que me han permitido vivir momentos de mucho valor. He dedicado mucho al periodismo, pero lo he disfrutado. Todas mis expectativas estaban por debajo de lo que he vivido. La suerte ha pasado a mi lado y pude aprovecharla, porque yo creo en la suerte.
¿Por qué has tenido suerte?
Igual la suerte ha pensado que lo merecía.
¿Y lo has merecido?
Al final, debes admitir que no vas a ser el delantero centro que soñaste cuando eras niño, ni uno de los periodistas de ‘Todos los hombres del presidente’. Pero yo he trabajado mucho. Cada día me preguntaba «¿seré capaz hoy de hacer lo que tengo que hacer?», y cuando el destino ha venido a buscarme he sabido elegir el camino.
¿Eso fue lo más difícil?
Vengo de una familia humilde. Mi padre era un obrero. Se empeñó en que estudiase y se lo agradeceré siempre. Pero lo que ocurrió luego fue impensable. ¿Cómo iba yo a imaginar que sería director del AS, de la Cadena SER, director adjunto de El País o coordinador de los contenidos de las emisoras de PRISA Radio en América? Te diría que he tenido algo del síndrome del impostor: qué hago yo aquí, si hay gente mucho mejor que yo. A veces, somos muy críticos con nosotros mismos.
¿Te has ido por voluntad propia?
No todo se hace por voluntad propia.
¿Seguirías entonces en el AS?
Si mi empresa no hubiese decidido, legítimamente, mi relevo, yo habría seguido. Pero hay que entender ese relevo como algo natural: yo mismo he ocupado puestos que antes estaban ocupados por otras personas. Pero es cierto que una salida no es una fiesta. Todo lo que soy se lo debo al Grupo PRISA. Han sido 35 años en los que aspiré a la excelencia. Así que cuando se planteó mi relevo no he tenido ningún problema en dar un paso al lado.
¿Cuántos años te quedan para jubilarte?
Los periodistas, por el tipo de trabajo, no tenemos que jubilarnos a una determinada edad.
¿Y cómo estás ahora?
En el paro. Sigo dando conferencias, participo en mesas redondas, doy mi opinión cuando me lo piden… pero no cobro por esas actividades. Ahora me atiendo a mí mismo. No soy de dar entrevistas. Yo solía hacerlas, pero he pensado que alguna de mis reflexiones podría ser útil para jóvenes periodistas en un oficio que no se enseña, se aprende.
¿Y cómo se aprende?
Con humildad, honestidad y sentido común. No concibo un buen periodista que no sea humilde. Será soberbio, pero entonces será mal periodista. Y la realidad es que el periodismo español está lleno de canallas, de corruptos. En las redacciones en las que he estado hemos cometido errores, pero jamás fabricamos bulos porque, como director, siempre traté de dejar una cosa clara: aquí la honestidad no se negocia.
¿Y te hicieron caso?
Siempre hay algún impresentable. Pero creo que sí. Mira, la redacción tiene que poner a prueba todos los días a su director. Si no te trae temas buenos y de peso que te creen dolores de cabeza, es que esa redacción no funciona. Y no ha sido mi caso. He trabajado con gente estupenda.
¿Trabaja mucho el director?
Claro. Uno es director 24 horas al día. Te levantas y te acuestas con esa responsabilidad. Todo lo que le sucede al periódico te sucede a ti, estés aquí o estés en China. Cuando alguien extraño a la redacción te pregunta quién ha hecho esto, el director debe responder: «yo, he sido yo». ¿Por qué? Porque eres el director y eres el responsable. Eso no se negocia. Por eso es un cargo tan exigente y estresante.
Fuiste corresponsal de El País en Nueva York.
Sí, un breve tiempo. Me llamaron luego para dirigir la SER y las emisoras musicales de PRISA, y esa es una oferta irrechazable. Así que estuve un año en Nueva York. Tenía necesidad de sentirme reportero tras tantos años en la redacción.
Vivías en Brooklyn.
En Park Slope, un barrio muy interesante donde vivía Paul Auster. A veces, coincidíamos en la cola de una pizzería. Él iba a comprar porciones de pizza y se le veía a menudo en la cola. Era un señor un poco antipático. Pero da igual. No vino al mundo a hacernos reír, sino a escribir buenos libros.
¿En qué se parece Madrid a Nueva York?
Nueva York es una trituradora. Tiene un rugido permanente, a todas horas. Es una máquina que se come a la gente. El tiempo que estuve comprobé lo difícil que es instalarse allí con una familia. Nueva York es para ir cuando tienes mucho dinero o cuando eres muy joven, duermes en cualquier sitio y no te importa nada. Hasta las enormes ratas del Metro te hacen gracia. Todo eso forma parte de su liturgia, todo muy salvaje… Pero cuando buscas un buen colegio público para los niños, un seguro médico decente… la ciudad se pone muy pesada. No se parece en nada a esa ciudad a la que vas una semana de vacaciones.
No es el sitio Nueva York, entonces.
No, no, yo no estoy diciendo eso. Es una ciudad aspiracional. Claro que lo es. Pero la vida allí es dura. Las personas trabajan como animales para mejorar su vida. Y, aunque te rodeen millones de personas, te sientes desvalido. Yo estuve un año yendo a un restaurante enfrente de nuestra oficina y el camarero que me atendía jamás cruzó una palabra conmigo. Por eso digo que aquello es una máquina de hacer dinero y de comerse a la gente.
Madrid.
Vine en el año 90 desde Barcelona, y encontré lo que es ahora: una ciudad abierta que lo soporta todo…
Viniste a trabajar a la sección de deportes de El País.
Sí, estaba en El Periódico de Catalunya en Barcelona y me fichó El País que, para mí, era la Meca.
¿Y cómo fue?
Un poco accidentado. La oferta me llegó en la misma mañana en que me rompí una pierna. Estaba jugando a fútbol sala en el Palau Blaugrana y me rompí el peroné. Volví a casa, sonó el teléfono y era Alex Martínez Roig, que era el redactor jefe de El País. Pensé que quería interesarse por mi lesión. Pero no. Me dijo que me llamaba para llevarme a El País.
Yo le contesté que no podía en ese momento, que tenía meses de recuperación. Y Álex me dice: «Si tú vienes, yo te espero». Y yo le digo: «Si tú me esperas, yo voy». No pregunté ni qué iba a hacer, ni cuanto iba a cobrar. Cuando me recuperé aterricé en Madrid. Fue un 3 de marzo de 1990. Aparecí por Miguel Yuste cojeando, con una bolsa con mi ropa y una reserva de hotel que me pagó el periódico, el NH Príncipe de Vergara.
En un hotel.
Sí. Es raro vivir en un hotel. Encima cogí una gripe y las señoras de la limpieza de habitaciones me traían zumo de naranja para que me recuperase. En resumen, fue un aterrizaje algo accidentado. Pero cuando las cosas arrancan regular luego solo pueden mejorar.
¿Y luego dónde encontraste piso?
Gracias a un amigo, Alex Grijelmo, gran periodista y mejor persona. Al rato de ser presentados me dice que en su edificio en la calle Doctor Fleming, al lado del Bernabéu, hay un apartamento que ha quedado libre. Fui, lo vi y lo alquilé. La zona del Bernabéu era perfecta para un recién llegado. Algunos amigos catalanes se instalaron en las afueras, pero yo no vine a Madrid en busca de tranquilidad. Yo quería vivir la ciudad como era. Siempre he vivido en zonas céntricas como Chueca, Atocha…
Trabajaste en Deportes.
Así es. Cubrí fútbol, tenis, los dos primeros Tour de Francia de Indurain, los Juegos de Barcelona… Aprendí mucho en deportes. Por eso a la gente joven que llega al oficio con la idea de ser corresponsal en Moscú o entrevistar a premios Nobel, el primer día siempre les digo: «Si podéis, empezad por deportes o por la información local. Son las dos secciones donde antes y mejor vais a aprender las herramientas de este oficio».
Si metes la pata en local, a la mañana siguiente tienes a todos los vecinos en la puerta del periódico. Deportes requiere una agilidad y versatilidad de formatos y géneros que no tienen otras secciones. Quizá sea por los horarios de la competición, pero el caso es que el día a día te obliga a ser rápido y espabilado. Se nota cuando un periodista ha trabajado en deportes.
¿Ese periodismo existe?
Está en peligro. El modelo de negocio y el mercado publicitario nos han llevado a la necesidad de tener una cifra de páginas vistas que permita su monetización. Por eso casi todos los redactores se están dedicando a fabricar información en la redacción. Hay muchos profesionales que trabajan sentados en una mesa. Un diario como AS puede fabricar entre 300 y 400 url al día. Ese periodismo es pura carpintería. Pero es el destino que espera a la gente joven. Cada vez hay menos reporteros que salgan a la calle a buscar historias. Ahí hay una oportunidad.
¿En una época como ésta te hubiese fichado El País?
No lo sé, pero posiblemente no. Y menos con aquellas condiciones. Mi sueldo me permitía vivir en Madrid en un buen piso, al que dedicaba el 30% de mi salario. Ahora hay sueldos en la prensa deportiva que no permiten abordar el coste de una vivienda.
¿No pudiste remediar de alguna manera esa situación en tu etapa como director?
Hicimos lo que pudimos. Regularizamos la situación de decenas de colaboradores. Pero es muy difícil. Vivimos en una época de congelación de salarios, planes de ahorro y cuentas de resultados muy tensionadas. Los medios están en el mercado financiero y cotizan en Bolsa. Recuerdo cuando salió PRISA a Bolsa para tener músculo financiero y crecer. Eso cambió la manera de funcionar y gestionar el grupo. A veces, las exigencias periodísticas entran en contradicción con las medidas para elevar el valor de la acción. Te piden que ahorres, que prescindas de gente…
En El País hubo hasta un ERE.
Nos dolió mucho. En ese tiempo yo era director adjunto con Javier Moreno. Me sentía entre la empresa y la redacción como entre la espada y la pared. Fue duro ver salir a tantos amigos y amigas, unas 130 personas, casi un tercio de la redacción. A mí no me correspondió tomar la decisión, pero sí gestionarla en el ámbito de mis responsabilidades. Un ERE es un trauma del que no sale nadie bien. Supone un antes y un después.
¿Perdiste amistades?
En todo este tiempo sólo ha habido una persona que se ha cambiado de acera cuando me ha visto.
¿Quién?
Una persona. Una sólo. Creo que el balance es bueno.
¿A cuántos años de trabajo equivalió su indemnización en el As?
A lo que dice la ley. No voy a hablar de ello. Llevaba en PRISA 35 años.
Toda una vida.
Por eso pienso en PRISA y me vienen a la cabeza los momentos fantásticos que he tenido. He trabajado con equipos directivos muy diversos. Fui director de una revista como ‘El País de las tentaciones’, que funcionó muy bien. Hice información local, sociedad, cuadernillos regionales, he tenido varios directores, como Joaquín Estefanía, Jesús Ceberio, Javier Moreno, Antonio Caño… He trabajado con profesionales de altísimo nivel, como Iñaki Gabilondo, José Manuel Romero, Àngels Barceló, Santi Segurola, Alex M. Roig, Ernesto Ekáizer, José Ramón de la Morena, Pepa Bueno, Carles Francino… Estaría días dando nombres, muchos de ellos desconocidos para el gran público. No me puedo quejar de nada.
¿Diste alguna puñalada para llegar tan lejos?
Jamás. Te vuelvo a repetir que este oficio requiere humildad, honestidad, criterio y algunas habilidades particulares, pero no puñaladas. Jamás, voluntariamente, perjudiqué a nadie para beneficiarme yo. Otra cosa es que me haya equivocado y haya sido injusto con alguien. Además, en El País, para llegar a un puesto directivo, debes pasar por las votaciones de la redacción.
¿Y a ti te votaron?
Tres veces. La decisión de nombrar a alguien es del director, pero la redacción tiene el derecho a dar su opinión. Es una votación no vinculante. A mí me votaron tres veces para ser redactor jefe, subdirector y director adjunto, respectivamente. Y son tus compañeros los que te votan. En la primera votación tuve ocho votos negativos. Me sorprendió porque no sabía qué podía haber hecho para tener ocho personas en mi contra. En la segunda votación fueron veinte o treinta noes. Y en la última fueron sesenta sobre un censo de periodistas de entre 300 y 400. Obviamente, los cargos de responsabilidad desgastan.
Fue un buen promedio.
Yo también lo creo. Sobre todo porque la gente en esas votaciones mete muchas cosas: si uno está enfadado porque no le han promocionado o dado la corresponsalía que quería… Cosas así. Hay que manejar esas votaciones con tranquilidad. También te digo que no conozco ningún sitio donde nombrar a un directivo requiera de tres o cuatro votaciones.
Sólo te faltó ser director de El País.
Así es. De haber sucedido me hubiese vuelto a preguntar: ¿serás capaz? Lo he hecho siempre que las responsabilidades aumentan. Pero mi suerte es que tengo una vida muy satisfactoria fuera del trabajo. No me corroe la ambición.
¿Cómo es esa vida?
Muy sencilla. La familia, los amigos, los libros, el cine y el deporte. No tengo aficiones caras. Me gusta la vida tranquila y en familia. Ahora practico tenis de mesa y marcha nórdica. He jugado mucho al fútbol, lo añoro, pero no tengo edad. Solo ha habido un deporte que me ha derrotado: el surf. No he conseguido jamás dominarlo. También soy un lector compulsivo. Tengo miles de libros. Y si no leo más es porque los ojos se cansan y la presbicia ataca. En ese momento puedo irme a caminar por Madrid. Creo que siempre he sabido mantener una franja entre el trabajo y la vida personal de manera que lo uno no aplastase a lo otro. Y tengo la suerte de tener una mujer que ha entendido mi trabajo.
¿A qué se dedica ella?
Mi mujer es artista, hace que el mundo sea más bonito. Practica muchas disciplinas: pinta paredes, pinta cuadros, restaura muebles, hace fotografías, diseña interiores…
¿Cómo se llama?
Alicia Estefanía. Puedes ver su trabajo en Instagram, es una mujer muy creativa.
¿Ganan dinero los artistas?
Pues depende. Ella dejó un puesto ejecutivo en una compañía importante para dedicarse a aprender a pintar paredes. Tiene un grupo de amigas artistas como ella que manejan un espacio creativo en el barrio de Prosperidad.
Por eso te ha salido un hijo arquitecto.
Tal vez. Yo le insistí mucho porque Lucas tiene una capacidad extraordinaria para las cuestiones técnicas (matemáticas, dibujo técnico….), algo que yo no he tenido nunca. Y al mismo tiempo, tiene una curiosidad muy humanista: hace libros de poemas en inglés con su amigo Ernesto, escucha jazz desde que era un chaval y ahora forma parte el colectivo Cuatro Ojos, con el que crean instalaciones y cosas así… Así que de todas las carreras pensé que Arquitectura era la mejor para él. La arquitectura requiere conocimientos técnicos pero al mismo tiempo no puedes ser arquitecto sin una sensibilidad para mirar el mundo en el que vives. Debes tener una idea del arte, curiosidad, sensibilidad… Lucas se tomó un año sabático antes de la Universidad. Como tantos chavales, no sabía qué estudiar. Estuvo en Hong Kong trabajando de modelo. Se fue a trabajar allí en plena pandemia porque le llegó un contrato de una agencia. Luego se fue a Atenas. Y a Londres. Volvió mejor, más maduro.
¿Y el pequeño?
Pau esta en Berlín, por dos años, estudiando un máster de Relaciones Internacionales. Está enfocado en temas de seguridad. Y también en la música techno, cuya capital es Berlín. Pincha en clubs cuando puede. Antes de Berlín, vivió un año en Seúl y medio año en Buenos Aires. No sé si va a volver a España. Tiene un espíritu expansivo, viajero, curioso. Mis dos hijos están contentos con la vida que llevan, pero les esperan muchas dificultades.
Se le iluminan los ojos a uno al hablar de los hijos…
¿Cómo no se te van a iluminar, si son tus hijos? Todo lo que les sucede lo vives con igual o mayor intensidad. Nada de ellos te es ajeno. Aspiro a que sean buena gente.
Insistes.
Insisto mucho en lo de ser buena persona, pero es que ahí se concentra casi todo lo que pienso. No se puede ser mala persona y periodista, y esto ya lo dijo Ryszard Kapuscinski. Si eres mala persona entonces no eres periodista, eres un intruso que utiliza este trabajo para hacer otras cosas. Yo soy muy crítico con la profesión. Creo que ha tenido que venir esta revolución digital para que nos viésemos frente al espejo y nos diésemos cuenta de lo soberbios y egoístas que somos los periodistas. Así nos ha ido. En todos estos años de disrupción digital y cambio de civilización no hemos hecho nada transformador. Nos hemos limitado a adaptarnos como hemos podido. Nos creíamos muy abiertos en las redacciones y éramos muy cerrados. Nos creíamos generosos y en realidad éramos muy egoístas. Nos molesta que venga Ibai Llanos y tenga audiencia.
Que yo sepa no.
¿No te parece raro?
Sí.
O sea, hay corruptos en todos lados menos en el periodismo…. Eso no cuela. Mira, hay un libro mítico, maravilloso, de principios del siglo XX, titulado Los últimos días de la humanidad de Karl Kraus, un tipo brillantísimo.
En ese libro, Kraus aborda, a través de escenas de la sociedad vienesa, el horror de la Primera Gran Guerra y la semilla del nazismo. Kraus afirma que la degradación del lenguaje es la degradación de la sociedad, la cultura, la democracia. Pues bien, las circunstancias que describe Kraus son clavadas a las de ahora. Hemos degradado el lenguaje en la vida pública. Y somos lo que pensamos y cómo hablamos. Es horroroso ver cómo lo que Kraus denunciaba está tan presente hoy día. La diferencia es que han pasado cien años. Los periodistas tenemos un papel, pero hacemos lo que quieren los poderes fácticos. No hacemos autocrítica. El periodismo, aquí y en el resto del mundo, se ha prostituido. Miremos EE UU y Trump. ¿Dónde está la gran prensa anglosajona?
Como director de AS ¿se podía cambiar el mundo?
No, no se podía. Tampoco aspiraba a tanto.
¿Te quedaba pequeño ese puesto?
No, hombre no. En ese sentido, AS es muy importante, es un diario global, líder, es un gran artefacto informativo. Desde ahí, procuramos hacer un periodismo decente. Además, el día que pienses que tú eres más que lo que haces, estás acabado. Tiene que ser al contrario. Debes pensar que tienes que esforzarte para hacer las cosas mejor.
¿Algún día te llamó Florentino Pérez para cambiar una portada?
Jamás. Nunca me pidió nada.
¿Hiciste amistad con él?
No. Fue una relación estrictamente profesional e institucional, respetuosa. Alguna vez fuimos a comer. Me pareció un hombre complejo, muy listo, acostumbrado al éxito, pero que tiene una relación atormentada con su club y con el fútbol. Debería ser un hombre feliz. Tiene el mejor club de la historia y lo vive como si el mundo conspirase contra él.
Quién sabe si es feliz.
Yo procuraría serlo siendo el presidente del Real Madrid. No entiendo que esté ahí para sufrir. Él podría ser feliz. La sala de trofeos es descomunal. Sin embargo, ahora está enfrentado a todo el mundo. A lo mejor no todo el mundo está contra ti.
¿El AS es un periódico madridista?
La gente sabe que el AS es el periódico que mejor informa sobre el Madrid. Sí, podría decirse que es madridista. Pero eso no quiere decir que sea Florentinista.
Pero tú eres del Barca.
Yo soy del Barça, sí. ¿Y? También tengo ideas políticas. Pero nada de eso ha influido en mi trabajo. Basta con saber a quién te diriges.
¿Ahora en qué bando estás?
En el mío, en el de Vicente Jiménez. Trabajo para mí y mi familia. Vivo para mí y para mi familia. No estoy en ningún bando. He tenido una relación correcta con todo el mundo. Mi oficio no es pelear. No tengo esa necesidad de decir a nadie «ahora te vas a enterar», un vicio muy extendido entre los periodistas. Tu estás para hacer un producto decente y honesto, y para eso no hace falta amenazar a nadie. Insisto en que mi argumento principal es la honestidad. Y si hay que rectificar, se rectifica, sin necesidad de hacer juegos malabares para escapar de tu responsabilidad. Pero en este país no rectifica nadie.
Siempre vuelves a la honestidad.
No concibo el ejercicio del periodismo ni de la vida de otra manera. Si no, eres un farsante, una mala persona. Los periodistas tenemos la obligación de hacer las cosas bien porque somos arrendatarios de un derecho fundamental: la libertad de expresión, la libertad de prensa… La sociedad te concede esa responsabilidad y tú tienes que hacerlo bien. Si no, no lo hagas. Dedícate a otra cosa, pero no al periodismo.
Nos gusta el periodismo, pese a todo.
Según qué periodismo. Hay publicaciones que pretenden dar lecciones a los demás y llevan años publicando bulos. Yo, por suerte, no he vivido esa situación. Hemos cometido errores, pero eran eso, errores. Jamás he tenido problemas de conciencia. Siempre he dormido seguro de saber quién y qué soy. Aunque tengas acceso a gente importante estás ahí porque eres un periodista. El día que dejas de ser periodista dejas de tener ese acceso. Eres lo que eres por el medio en que trabajas.
¿Estás recuperando el tiempo perdido?
Más bien diría el tiempo que no llegué a disfrutar. Ahora, como hace un joven amigo japonés de mi hijo, intentaré trabajar en mis ratos libres.
Me pareció la definición perfecta de lo que hay que hacer. Es decir, dar prioridad a las cosas que te satisfacen. Que no sea el trabajo lo que te gobierna a ti, sino al revés. Ese chico hacia mapas desde España, desde Singapur, desde Marruecos…. Estaba dando la vuelta al mundo. Y cuando tenía un rato libre teletrabajaba para seguir sufragándose el viaje.
Un fenómeno.
Hay que intentar llevar una vida más sana y feliz. Es difícil por cómo esta el mundo. Cuesta mucho. No se trata de ser feliz a todas horas, sino de que el tiempo tenga calidad. Ahora doy alguna conferencias, charlas, participo en debates… No cobro por ello. Ya veremos en el futuro.
¿Vida resuelta?
Para nada. Jamás diré que mi vida está resuelta. Es verdad que no tengo que ponerme a trabajar mañana mismo, porque lo tengo todo pagado y eso es una gran tranquilidad. Mira, ese es otro peso que me quité de encima. Me acuerdo cuando me compré un piso en Madrid hace más de 20 años. Me acuerdo cuando firmé la hipoteca. Me parecía que nunca terminaría de pagarla y, sin embargo ya está pagada.
¿Cuánto te costó ese piso de Madrid?
Lo compramos con la famosa en aquel tiempo cuenta ahorro vivienda, que tenía unas condiciones fiscales muy favorables. Nos costó 20 millones de pesetas, unos 120.000 euros actuales. Vete a buscar algo por ese dinero ahora.
¿Qué será lo próximo entonces?
Estoy bien. No aspiro a tener la fuerza ni la velocidad que tenía con veinte años. Ahora soy de mi edad. Te da mucho placer practicar deporte sin un afán. En el tenis de mesa me gusta que me corrijan y que me enseñen a jugar. Hace un par de días estaba hablando con mi mujer de hacer el Camino de Santiago y, mira por dónde, éste puede ser el próximo objetivo. Como dice Del Bosque, «todo lo que sucede conviene». Así que vamos a hacer que sucedan cosas.











Uno lee el AS y se lo explica todo. Es directamente y salvo las honrosas excepciones de rigor una ciénaga. Como, por otra parte, el resto de prensa deportiva. Nivel basura.
Jamás veremos un madridista dirigiendo el Spork o Inmundo Deportivo. Pues a algún iluminado prisero se le ocurrió nombrar a este infecto culerdo como director del AS. Su trayectoria lo dice todo, hundió el periódico, los madridistas huimos de ese antro como de la peste y él ha acabado despedido, de lo cual me alegro mucho.
Pingback: Vicente Jiménez reflexiona sobre el periodismo, la ética profesional y una vida dedicada a los medios - Hemeroteca KillBait
Me llama muchísimo la atención que no le pregunten por el mayor escándalo de la historia del fútbol espanñol a una persona que sido director del segundo periódico deportivo nacional. Luego dice el entrevistado que Florentino se siente víctima…Hombre, como qie su mayor rival en España ha estado sobornando durante lustros a Negreira…
La mayor prueba de culpabilidad del caso Barça-Negreira es la omertá que existe en prensa, y la colocación de Albert Soler en el CSD para rebajar sanciones y de directores en As y Marca como este hombre y Gallardo para tapar el olor a fiemo que desprende el asunto.
Se han cargado el fútbol español y, de paso, el periodismo. Enhorabuena.
La verdad es que, en mi infinita ignorancia, no había oido hablar nunca de este señor. Después de esta entrevista me ha quedado claro lo que opina sobre sí mismo. ¡Muy ilustrativo!
El fútbol es un deporte de 11 contra 11 donde siempre roba el Real Madrid.
Pingback: Vicente Jiménez: «El periodismo español está lleno de canallas y de corruptos» – Asociación de Periodistas de Santa Cruz de Tenerife
Con el de hoy, Mbappe lleva chutados 22 penaltis en 89 partidos desde que llegó al Real Madrid.
Lewandowski lleva chutados 13 penaltis en 172 partidos desde que llegó al Barcelona.
Lleva 9 penaltis más en 83 partidos menos.
NEGREIRA, NEGREIRA,
Me parece gravísimo que se haya normalizado que Vinicius y Mbappé se tiren cuando les da la gana haciendo teatro varias veces en cada partido y los árbitros lo sepan, lo vean y no los amonesten por miedo a perder sus trabajos. Es imposible luchar contra algo corrupto. Cada título nacional que gane cualquier club español que no sea el Real Club-Estado vale por 10 que ganen otros de cualquier otra liga.
Si Batalla le llega a parar el penalti a Mbappé a esta hora todavía se seguiría jugando el Real Madrid – Rayo Vallecano. Y lo sabes!
Tambien a ti te robaron y hoy eres fan del Palancas.
Ofendidito Javier tiene el mismo discurso de Gargamel. El chiringuito y sus adeptos
*Penaltis a favor en las últimas 4 temporadas de La Liga*
Real Madrid: 42
Barcelona: 23
Algunos iluminados te siguen hablando de Negreira…
El periodismo español está lleno de canallas y corruptos.
Menos él, que es un alma angelical. Trabajando dónde ha trabajado toda su vida, en la secta socialista y ahora sanchista, no es de extrañar su sectarismo.