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Árbitro maoísta, defensa franquista y delantero socialista; cuando en el fútbol sí se opinaba de política

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Revista Don Balón, 1977

El último Mundial de Fútbol puso de manifiesto un fenómeno conocido. Entre los futbolistas, la norma más que la excepción, es ponerse de perfil cuando una opinión política o relacionada con la política puede comprometerles. Las precauciones están basadas en la experiencia. Basta citar dos ejemplos antagónicos como Oleguer Presas y Salva Ballesta, que son más recordados por sus afinidades políticas que por su juego. Las palabras marcan a fuego. En un contexto, además, en el que el deportista ante la opinión pública deja de ser persona para convertirse en un personaje que se explota comercialmente, cualquier postura que pueda reducir los beneficios no es recomendable para el negocio.

Hace décadas, la realidad era bien diferente. Los futbolistas no opinaban nada extraordinario, tenían los puntos de vista que podía tener cualquier otro ciudadano. En enero de 1977, meses antes de que se celebrasen las primeras elecciones generales democráticas después de la muerte de Franco, la revista Don Balón dedicó un número a las inquietudes políticas de los futbolistas. En portada, la mítica imagen de Iríbar sosteniendo la ikurriña.

En Jot Down conseguimos hablar con el portero hace unos años y reveló que la bandera la había confeccionado la hermana de Uranga, jugador de la Real. Ambos equipos aparecieron con ella en un partido para reivindicar su legalización. Ese gesto en aquel momento no solo les podía costar problemas legales, también podía haber hecho peligrar su integridad física. En 1976, los Guerrilleros de Cristo Rey asesinaron a dos personas, María Norma en Santurce y Carlos González en Madrid, y prácticamente al mismo tiempo que la publicación de esta portada, el 23 de enero, asesinaron al estudiante andaluz Arturo García en Madrid y, al día siguiente, se cometía la Matanza de Atocha.

Iríbar nos dijo: «Nos lo ofrecieron [sacar la bandera] una hora y media antes del partido. Lo consultamos, a ver si era el momento bueno, y sí que había cierta sensibilidad en ese sentido. Si hubiera habido alguien que no estuviera de acuerdo, no lo habríamos hecho, pero decidimos todos que sí (…) Durante el partido estuve al partido. Pero tenía que hacer un esfuerzo para concentrarme porque, a veces, a mí, que estaba de portero, se me iba la mente a pensar que nos podía pasar algo. Sin embargo, poco tiempo después se legalizó la ikurriña. Nuestro gesto fue un paso para que se abriera un poco la ventana. Al día siguiente, en el aeropuerto, había unos tíos encorbatados que nos miraban fijamente, con unos gestos… no sé lo que eran, pero, fíjate, nos protegió de ellos un gris, que se puso en medio sin moverse para asegurarse de que no pasaba nada». A la pregunta de si recibió amenazas, contestó: «Bueno, quién no. Lo mejor es no hacer ni caso. Seguí haciendo mi vida con toda naturalidad».

En el reportaje sobre qué pensaban los futbolistas, se explicaba cómo había sido la situación durante la dictadura con unas palabras contundentes: «A nivel de base, pues la cosa no fue igual. La idea que se cultivó era más o menos que el futbolista era así como subnormal en cuestiones sociopolíticas y había mamado demasiado mitomanía y demasiado ‘tú eres un dios de la sociedad, no te enrolles en problemas’. Cuando empezaron a aparecer las primeras declaraciones políticas de los futbolistas españoles, un periódico no dudó en titular: ‘EL FUTBOLISTA TAMBIÉN PIENSA’»

Como ejemplo de la anomalía, citaba la situación de Alemania, donde Beckenbauer y Torpedo Muller tenían columnas en la prensa diaria «donde apoyaban la Democracia Cristiana de Strauss». Beckenbauer llegó a escribir que el Premio Nobel de la Paz Willy Brandt era «una catástrofe nacional». Sin embargo, en 1977, el redactor se mostraba asombrado por la madurez intelectual y política de los futbolistas españoles del momento. Decía, «son ciudadanos de pleno derecho, conscientes de sus responsabilidades cívicas en esta democracia que empieza a andar y hasta nos parecen mucho más sinceros y coherentes que los lebreles de la polotrona».

Las primeras declaraciones, de Miguel Ángel, el portero titular de la selección española y del Real Madrid: «en España todavía no hay democracia porque para que la haya el pueblo tiene que poseer todas y cada una de las libertades, algo elemental para empezar a poner en marcha lo que en otros países lleva decenios funcionando. Y esto ahora no se está haciendo». Unas palabras cuyo valor se encuentra en que se pronunciaban cuando aún no había libertades y un regreso a lo más crudo de la dictadura era perfectamente posible, como había ocurrido en Chile y Argentina. De hecho, hubo intentos.

Miguel Ángel se atrevía incluso a decir a qué partido votaría, que era uno que se legalizó un mes después de este reportaje: «me inclino por un partido socialista, entiendo bien eso de las autonomías, porque creo en las regiones y en la necesidad de un autogobierno para algunas de esas regiones, y si eso es el derecho a la autonomía, yo digo que sí». Sobre la amnistía total (que se aprobó en octubre de ese año que empezaba) y la legalización del PCE también habló claro: «añora esa amnistía total que aún no ha llegado porque no se puede tener encarcelado a personas que tienen unas determinadas ideas políticas, que todos esos pocos que quedan deben ir a la calle, porque no han cometido nada como para negárseles esa amnistía que el país tanto necesita y que no se puede discriminar a nadie, y el Partido Comunista ha de estar legalizado porque todo ser humano tiene el derecho de pensar y de tener unas ideas. Luego, las urnas ya dirán lo que quiere el pueblo».

La tertulia en el vestuario del Real Madrid tenía que ser interesante. El delantero Francisco Javier Aguilar García no estaba de acuerdo con que la amnistía fuese total (que se aplicase también a los terroristas). «Hay algunos que no merecen estar en la calle», decía. Su voto, además, iría para «el centro». Entre ellos se encontraba Pirri, que era líbero, pero solo sobre el césped, al menos así lo expresó públicamente tras la muerte del dictador: «Nunca he conocido a Franco personalmente, pero puedo decir que creo que se ha portado muy bien con todos nosotros, y que siempre ha estado pendiente de los españoles. Con él ha habido paz y tranquilidad. Eso ha sido muy importante para nosotros. Como final, diré que me hubiera gustado haberle conocido personalmente».

No obstante, la prensa alemana, el Bild Zeitung, publicó una exclusiva por esas fechas, recogida por Diario 16, en la que revelaba que los jugadores del Real Madrid habían colaborado con cien mil pesetas a la huelga de los empleados de la empresa metalúrgica Standard. Este era un problema que traía de cabeza a los directivos del club por aquel entonces. Su astro Paul Breitner, calificado por Don Balón como «un millonario maoísta» no solo estaba en un bajo estado de forma y encadenaba lesiones, sino que ponía en cuestión la política de imagen del club promoviendo estos gestos entre sus compañeros.

Así lo explicaba Diario 16: «su vida privada es lo que menos gusta en el club madridista. Aunque Breitner nunca ha llegado a ser advertido seriamente, sino que en alguna oportunidad le fue aconsejado que ‘procurase no armar escándalos’ y, por supuesto, cuidarse de no presentar una mala imagen ante la opinión pública. Breitner habla poco de política, le parece incorrecto ‘hacerlo en un país en el que soy extranjero’. En Alemania hay otras costumbres, los hinchas son iguales en todas partes. Dice Paul que Bertie Vogts, capitán del Borussia Monchengladbach e internacional, fue amenazado hace pocos meses por haber declarado que votaría a la democracia cristiana en las elecciones alemanas».

El problema en Concha Espina radicaba en el apoyo a huelguistas que daban los futbolistas. A los obreros de la Chrysler, les donó medio millón de pesetas de la época.

Maoísta no solo era Breitner, esa descripción alcanzaba también a algunos árbitros. Era el caso del colegiado José Donato Pes Pérez. En un ejemplar de Diario 16 de 1976 podemos leer que su designación para arbitrar un Rayo Vallecano-Real Madrid, el titular era «Un maoísta-stalinista para el Rayo-Madrid». En el cuerpo de la noticia, el primer párrafo explicaba que el trencilla de 34 años, técnico de la Compañía Auxiliar de Ferrocarriles, era militante de la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT). Todo ello antes de informar de que sus actuaciones esa temporada tenían una media de «notable».

En el Barça también había diversidad ideológica entre el olor a linimento. Johan Cruyff era descrito como «un demócrata conservador», que, sin embargo, estaba «aterrorizado» por las manifestaciones multitudinarias del año 76, las que echaron abajo el gobierno de Arias-Fraga y abrieron el camino a las elecciones generales democráticas. El holandés decía que democracia sí, «pero en orden, con orden».

Entretanto, el delantero Alfredo Amarillo, uruguayo, decía «entender a los Tupamaros», mientras Juan Carlos Heredia echaba de menos a Evita Perón. Juan Manuel Asensi consideraba que Adolfo Suárez «lo hace muy bien» y creía en «autonomías para Catalunya, el País Vasco y Galicia» aunque la amnistía total le parecía «un poco fuerte».

El defensa José Antonio Ramos Huete adelantaba que a un futbolista en un equipo de elite «no se le podía considerar un obrero» y lo explicaba con precisión: «sería vejatorio para el concepto de obrero en sí. Si yo fuera obrero, mis preocupaciones se hubieran dirigido hacia las organizaciones sindicales CC.OO., USO o CNT. Por ahora solo me intereso por líneas y programas, y lo único que puedo señalar es que nadie ha presentado un programa claro. Creo que nosotros vivimos con una holgura tal que sería un pitorreo que nos quisiéramos considerar obreros como esos que a veces lamentablemente no ganan ni la tranquilidad del mes. Aunque, claro, no todos somos un Cruyff o un Netzer a la hora de cobrar».

En el Español, Pedro de Felipe desconfiaba «de tanta democracia» porque «todos hablan de ella a su manera, y yo tengo hecha una imagen personal que es la de vivir, ya te digo, tranquilo y feliz. Entonces, en la actual situación, yo solo pido que se nos informe muy bien para que podamos ser libres a la hora de escoger, a la hora de votar a este o aquél (…) lo único que quiero es que reine el bienestar y exista la igualdad de oportunidades para todas las clases, tanto para el hijo del pobre como para el hijo del rico».

En el Valencia, Ángel Castellanos rechazaba la situación institucional, que pese a que estuviera muerto Franco, en enero del 77 seguía siendo una dictadura: «Aquí todavía no se ha conseguido la democracia, aunque no descarto la posibilidad de que un día se consiga. Y cuando vengan las elecciones, pues yo creo que voy a votar por el PSOE, porque es el que más me convence después de ver la evolución de Reforma Democrática y la Alizanza Popular». Mientras que su compañero Claramunt opinaba: «Quiero que vengan las autonomías y espero que se le conceda al País Valenciano» y simpatizaba con «el Partido Socialista Popular Valenciano y, después, el PSOE».

Joaquín Sierra Vallejo, ‘Quino’, que militó en Betis, Valencia y Cádiz, tenía una elaborada ideología de izquierdas: «No sé todavía por quién votaré en las elecciones, pero, por su definición, creo en el socialismo, ya que partiendo de la base de que todo movimiento político necesita un sistema determinado, actualmente el socialismo creo que lo tiene ¡Y cómo no voy a apoyar la amnistía total! No, no se debe privar a nadie de su libertad por causas ideológicas. Hay que aceptar todas las opiniones y cuando ello llegue, entonces podremos decir que en España hay democracia».

Más optimista era García Castany, del Zaragoza, «monárquico liberal», contrario a la amnistía «a los que cometieron delitos de sangre». Su compañero Manuel González pensaba al revés: «amnistía, pues sí, porque perdonar es maravilloso». En el Racing, Aitor Aguirre: «Yo soy socialdemócrata convencido, pero también gozan de mis preferencias el socialismo puro y el comunismo (…) en España todavía hay fascistas que no quieren la evolución».

Juanito, entonces en el Burgos, pero ya fichado por el Madrid: «vamos camino de conseguir la democracia, aunque todo esto debía haberse hecho mucho antes», sin embargo, era contrario a la descentralización: «la autonomía para las regiones sería perjudicial, porque la patria es de todos y no hay que quitarle su unidad». Todo lo contrario que se podía escuchar en la Real Sociedad, pues decía Kortabarría: «La autonomía regional puede ser un paso más a la independencia total del País Vasco, pero aún no lo veo muy claro ¿La amnistía? Mira, se está hablando mucho de libertad, pero esta no puede existir mientras en las cárceles siga habiendo presos políticos». Igual que Gorriti: «Aquí no hay democracia, porque para que la haya han de soltar a todos los presos políticos. Y yo no voy a votar nada hasta que no se aclare la situación de Euskadi, porque aquí, en el País Vasco, todavía no nos dejan expresar debidamente como en el resto de España».

Este compromiso con la opinión pública siguió en los primeros años 80. Recientemente, Calderé recordaba en Jot Down Sport que llegó a pedir el voto para Convergencia i Unió, mientras que su compañero Julio Alberto lo hacía para Alianza Popular. En la sección 100 Preguntas/100 Confesiones, de la revista Don Balón de principios de los 80 –compartidas por el periodista Aitor Lagunas– se puede leer a Javier Clemente afirmar sin rodeos «soy del Partido Nacionalista Vasco» y «La raza vasca no es superior, sino distinta». Poli Rincón, por su parte, declaraba «hay que suprimirlos como sea [a los terroristas]. Si es preciso que implanten la pena de muerte». El citado Julio Alberto: «Mi político preferido es Fraga».

El paso del tiempo fue convirtiendo este tipo de declaraciones en anecdóticas, a veces rarezas, a veces algo, tener opinión política, por lo que había que justificarse. Al final, se podría decir que casi un estigma. Darle una razón a sectores de aficionados para que se echasen en contra. Mientas, en el lado político, los candidatos también se han cuidado muy mucho de escoger sus apoyos. No vale cualquier futbolista para la causa. Cabe citar que si Beckembauer y Muller dejaron de escribir sus columnas políticas fue porque los políticos a los que apoyaban llegaron a la conclusión de que perdían más votantes de los que ganaban.

4 Comentarios

  1. Interesante reportaje… Hoy con las redes sociales esto de opinar de política se ha convertido en una trinchera, así que entiendo que muchos personajes famosos no se mojen.

  2. Que maravilla de reportaje: los futbolistas opinando de política y políticos . Ahora no opinan ni siquiera si les parece bien o mal ir a jugar a Qatar, o, una huelga general….

  3. Oleguer y Ballesta eran lo mismo. Nacionalistas xenófobos excluyentes.

  4. Alvaro: Oleguer en su vida ha sido un nacionalista xenófobo excluyente. Tópico basado en la repetición mil veces de una mentira. Sólo has de leer una entrevista al jugador para saberlo.

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