Copa del Mundo Futbol

Croacia se cuelga el bronce en una final de consolación soporífera

Croacia finaliza como tercera en la Copa del Mundo gracias a los goles de Gvardiol y Orsic. El partido de consolación por el bronce estuvo marcado por la falta de tensión que acusaron ambos equipos. A pesar de jugarse un puesto en el podium del Mundial, daba la sensación de que muchos jugadores no estaban dispuestos a meter el pie tanto como en las semifinales. Hasta cierto punto, se entiendo. No porque sea decepcionante finalizar como tercera en toda una Copa del Mundo, sino por la derrota que precede el encuentro; no llegar a la final. La actitud de ambos equipos distó mucho de sus respectivas semifinales. Este Croacia–Marruecos tenía muchos atractivos, sobre todo, el último baile de Modric –que lo intentó–, pero había poco apetito por salirse del pellejo.

Este partido sí que era un regalo para ambas selecciones, pero ambos equipos llegaron al estadio Khalifa sin presión. Se notó en la baja intensidad de los veintidós jugadores, que se fueron a vestuarios con dos goles croatas y un marroquí porque faltaba mucho punch sobre el tapete. En el minuto seis, Gvardiol hace el primero de la tarde con un cabeceo en plancha, de los que levantan a uno del asiento, de pizarra: Modric amaga con sacar una falta en tres cuartos de cancha, la rifa finalmente Majer para Perisic, que se coloca en un aclarado para colocar el esférico en un hueco que la defensa marroquí había dejado dentro del área –imperdonable– y que acaba en las mallas con un remate en plancha del defensa central del RB Leipzig. Poco puede hacer Bono, totalmente vendido. Una estrategia muy apreciable de Dalic, pero que, de seguro, habría sido bien defendida en las dos semifinales anteriores.

Achraf Dari igualó el partido en el minuto ocho

Apenas tres jugadas después, en el ocho, llegaría la réplica de Dari. No porque sirviera para empatar, que también, sino porque los croatas devolvieron a Marruecos el favor que habían hecho sus defensas con una actuación tan blanda en el primer gol. El central aprovechó la falta de tensión de los europeos para rematar también de cabeza. 1-1, goles muy parecidos. En este caso, el principal fallo está en la dichosa cobertura en zona que muchos entrenadores ordenan a sus jugadores.

Los minutos pasaban y los aficionados no encontrábamos muchos motivos para creer que estuviéramos disfrutando un gran partido de fútbol. Teniendo en cuenta que se disputaba el bronce mundial, cabría esperarlo. Un remate doble de Croacia que, finalmente, repele el cuerpo de Kramaric, que pasaba por allí.

De inicio, los onces salientes combinaban titulares habituales con suplentes. Algunos de los jugadores que mejores condiciones han demostrado en el campeonato se quedaron en el banquillo. Sobre todo, Marruecos echó de menos la creatividad de Ounahi. De hecho, cuando el mediocampista del Angers entró pasados diez minutos de la segunda mitad, uno de los comentaristas de la televisión verbalizó nuestros pensamientos: «¡Te hemos echado de menos, Ounahi!» Amrabat volvió a jugar al nivel que venía mostrado, mejorando la actuación que hizo contra Francia. Pero remitía lo que veníamos acusando: tensión, la dichosa tensión.

Algunos, como En-Nesyri, un anacoreta del área, cambió de rol para bajar a recibir e intentar crear jugadas de ataque de la nada. Todo en balde. Había chispazos buenísimos, por supuesto. El talento siempre emerge, a pesar de la falta de ganas. Minutos antes del primer tercio del partido, una gran jugada asociativa de Ziyech, Hakimi y el propio Youssef casi acaba en el segundo tanto de Marruecos, pero el delantero del Sevilla no calculó bien la altura a la que venía el centro de Achraf.

A medida que ninguno percibía grandes peligros, los equipos se fueron acomodando. Sobre todo Croacia, más cómoda en jugadas defensivas. Durante el primer ecuador, el plan de la selección ajedrezada fue abrir el campo e intentar crear peligro desde la frontal del área para sortear la muralla marroquí, completamente plantada en la frontera del área.

Mislav Orsic dio la victoria a su país con un golazo imparable para Bono

Orsic puso el gol más bello del choque

Croacia mintió a Marruecos antes de acabar los primeros cuarenta y cinco minutos. Los europeos aprovecharon el ritmo anestesiado del juego para dar un último tirón y poner la ventaja en el cuarenta y dos. Un golazo de Orsic, con una comba espectacular para colar el esférico por encima de Bono, más mérito técnico del interior que demérito del guardameta. 2-1.

La segunda parte dejó dudas al espectador si la ausencia de tensión en el partido obedecía a falta de ganas o de fuerzas. Kramaric, Dari y El Yamiq pidieron el cambio completamente fundido. El delantero croata, además, salió del Khalifa Stadium entre lágrimas, desconsolado.

La ventaja croata permitió a los europeos bajar aún más sus propias exigencias. Sobre todo, en vista de que la fuga de combustible en los rivales. Ounahi aportó algo de frescura a los suyos, pero pronto se contagió de sus compañeros. El fallo se convirtió en costumbre.

El encuentro comenzó a recobrar emoción entre los minutos setenta y tres y setenta y cuatro. Dos posibles penaltis, uno para cada equipo, y dos ocasiones claras de gol para Marruecos. El de Amrabat sobre Gvardiol es especialmente claro en opinión de este cronista. De las ocasiones, En-Nesyri disfrutó de la oportunidad más clara del partido. A partir de este momento, Marruecos se decidió a intentar empatar el juego adelantando las líneas defensivas y cambiando a un 4-4-2 con el delantero sevillista y Zarouri formando la pareja de peligro. No se les puede negar que, en los últimos compases del partido de consolación, hubo voluntad de igualar el marcador.

Demasiado tarde para Marruecos

A cuatro de la finalización, Kovacic tuvo en sus botas la sentencia. Pero abusó de golpeo interior y el disparo se fue desviado por el lateral de un Bono ya vencido. Los chicos de Regragui intentaron reponerse del susto con las últimas ofensivas, pero la defensa croata ya estaba bien plantada y se limitó a despejar peligros. Un puñado de disparos lejanos que no evitaron la última victoria mundialista de Luka Modric. Solo a diez segundos del final, En-Nesyri tuvo el 2-2 en su cabeza con un remate que se fue arriba. Muy tarde para intentarlo.

Croacia se proclamó tercera después de protagonizar un gran campeonato. Por tamaño demográfico, debería ser una sorpresa. En Rusia, la selección europea se llevó la plata. Ahora el bronce. Hasta este encuentro, el fútbol croata ha enamorado durante todo el campeonato. Un equipo ordenado, con talentos individuales capaces de desatascar situaciones difíciles de partido, como el gol de Orsic cuando Marruecos se acercaba más a su portería. Que Modric acabe su carrera con una plata y un bronce mundial es más que justo para el fútbol.

Marruecos, por su parte, se lleva más de lo que, de seguro, esperaba llevar de vuelta. La selección de Regragui acabará siendo una de las favoritas para aquellos aficionados que admiran el trabajo defensivo, el esfuerzo por construir desde el medio del campo y el juego raso. Y a Sophian Amrabat y Ounahi, que es casi obligatorio después del campeonato que han hecho.

Del partido se esperaba mucho más. Fue malo.

Croacia

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