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Los «secretos» del Bayern de Lewandowski

¿Se imaginan que la empresa española deportiva más conocida en el extranjero estuviera presidida por un industrial cárnico que, para más inri, hubiera cumplido una pena de prisión por evasión de impuestos? No es difícil imaginar que ese industrial y su empresa serían conocidos como «el chorizo» o «la choricería» y que nos provocaría esa vergüenza ajena que nos hace pensar eso de «esto solo pasa en España». Pues bien, esa empresa, en Alemania, es el Bayern de Múnich, su expresidente, Uli Honeß, un exconvicto por evasión fiscal y la lectura del libro Bayern Insider (Riva, 2020) provoca, por su tono y sus ansias de grandeza periodística, esa vergüenza ajena. Lean y disfruten:

Mientras mandaba parar un taxi, marqué el número del asistente personal de Oliver Kahn, responsable de gestionar la agenda de «El Titán». En momentos así es una ventaja sin parangón ser conocidos desde hace tantos años. No solo conocido de Oliver, sino también de su asistente que sin dilaciones tenía ya al aparato. (…) Es típico de Oliver Kahn haberse mudado a [este barrio] con su start-up. (…) Se trata de la zona más hip para una oficina. (…) La puerta, sin embargo, es tan modesta que pasa fácilmente desapercibida. Lo único que pone es «Titaneon AG» – El nuevo titán S.A. (…) Detrás de la máquina de café se puede leer en un letrero con luces de neón «Oliver Kahn Titán». Delante, una bandeja con fruta: plátanos. A Kahn, de hecho, le gusta esa fruta gualda y tropical que los aficionados rivales, en su época de jugador, le arrojaban al área mientras imitaban guturales sonidos de primates. Kahn cuenta con el suficiente sentido del humor como para disfrutar con esta imagen.

Este es el tono de Bayern Insider, libro homónimo del podcast del periodista Christian Falk, alias Falkao, responsable de la información relativa al Bayern y a la selección alemana en Bild y Bild Sport. Alemania carece de diarios deportivos. Es una diferencia importante con Francia, Italia, Portugal y España. Sin embargo, y al igual que el Reino Unido, cuenta con una importante prensa amarilla que ejerce de prensa deportiva diaria. Es algo que, en cierto modo, también empieza a ser común en España, donde en una visita a los portales de los diarios deportivos más importantes podemos observar un número cada vez mayor de noticias que nada tienen que ver con el deporte fútbol con un enfoque claramente sensacionalista.

Es en ese ambiente, de información deportiva y amarillismo descarado del que no rehúye, en el que Falk se mueve y se presenta como la persona con los mejores insiders en el club que le dan, según él, acceso a lo que ocurre entre bastidores antes que a nadie. Sin embargo, la lectura del libro con un mínimo de atención deja claro que Falk no hace periodismo de investigación –como el título y la introducción del libro podría sugerir– sino que es la persona a la que el club le filtra la información de una manera más o menos interesada o, como se ve en el ejemplo anterior, echa mando de agenda. Es esa agenda, o, mejor dicho, el caso que le hacen los que están en su agenda, el termómetro que marca las filias y las fobias de Falk. Y siempre, el caso que le hacen depende del interés de jugadores y directivos, como veremos a continuación.

Con esta introducción no está mal repasar (con la ventaja que nos da saber qué pasará) las menciones que hace de la otrora máxima estrella del Bayern y ahora máximo goleador del F.C. Barcelona, Robert Lewandowski. El libro (con el inquietante y transparente subtítulo de «Entrenadores, trofeo, intrigas») es una sucesión cronológica (con prolepsis que, curiosamente, siempre dan la razón a las conjeturas de autor) desde el final de la era Guardiola, la temporada 2015-2016, a la temporada 2019-2020 con el actual seleccionador alemán Hansi Flick en el banquillo del club, repasando entre medias la trayectoria de Ancelotti, Heynckes y el croata Niko Kovač; todo esto aderezado con unas dosis de prodigiosa subjetividad, arribismo cortesano y la mejor y más fina xenofobia de baja intensidad tan característica de la prensa amarilla alemana.

Robert Lewandowski, como tal, pasa de ser el buque insignia del Bayern (aunque a los ojos de Falk sin la categoría de su «amigo» y «bávaro auténtico» Thomas Müller) a un jugador importante, sin más. Este cambio se produce en el año 2018, cuando el polaco cambia de agente y deja entonces de estar entre los números frecuentes de la chorboagenda de Falk. Hasta esa fecha Lewandowski es una víctima del malévolo J. Guardiola (aun estando acostumbrado a que el catalán sea objeto de críticas duras en cierta prensa deportiva, los palos que le da Falk al entrenador son de un nivel superior por su talante y aleatoriedad) que osa relegarlo al banquillo en un partido de vuelta de cuartos de final de la Liga de Campeones, provocando el enfado de un jugador «ambicioso» que «aspira a ser el mejor del mundo» y «ganar títulos con el Bayern» (in that order, que diría Bale). Es este periodo de buen rollo y empatía con las cuitas del polaco al que le debemos agradecer un párrafo tan maravilloso como este:

Diciembre de 2016, restaurante del hotel «Vier Jahreszeiten»: Hoy no me reúno con un jugador sino con la esposa de un jugador. Estoy con Anna Lewandowska (en polaco cambia la terminación del apellido según el género) en la Maximiliamstraße. Fue en este hotel en el que Lewandowski se alojó justo antes de firmar su contrato con el F.C. Bayern. Fue Anna la que lo propuso, ya que los Lewandowski son habituales del «Schwarzreiter Tagesbar». Es algo extraordinario que me reúna con la esposa de un jugador, pero es que Anna es extraordinaria. La excampeona del mundo de kárate estudió Ciencias de la Nutrición y es el secreto detrás de la excepcional forma física de Lewandowski.

Lo interesante de esta introducción es la discusión de alto nivel sobre la alimentación de Lewandowski que sigue y que probablemente nos sirva en la actualidad para saber que con certeza no comparte mesa en Barcelona con Bellerín. Gracias a la asombrosa perspicacia de Falk, que se siente abrumado ante el posible juicio de valores que la nutricionista pueda emitir según lo que él escoja en la carta del restaurante, sabemos que los días de partido, por la mañana, Anna le pica un filete de carne de buey. De Lewandowski sabemos (o, al menos, deberíamos, según el autor) que a la hora de comer empieza por el postre (lo que no sé si después del postre siguen los entrantes o el segundo plato) y que su mujer, obviamente, lo asesora y se encarga personalmente de hacerle la comida por adelantado si por negocios –ella– se va a ausentar durante unos días del hogar.

Y hasta ahí, porque lo que podría haber sido una parte interesantísima sobre la nutrición de un deportista de élite desde el punto de vista de otra deportista de élite a la par que nutricionista, y la importancia que esto tiene para prolongar su carrera -tal como Anna Lewandowska indica-, se pasa por alto porque parece ser que es más importante para el autor mostrar la «exclusiva» que no pudo, supo o quiso dar:

Antes de dejar a la pareja, les pedí un favor. Sé que los Lewandowski tienen un gimnasio particular en su vivienda en el barrio de Bogenhausen. La redacción desearía publicar una foto en la que Robert y Anna mostrasen sus abdominales. «Busco una», dijo Anna. «Nos gustaría una actual», digo yo. «Ya veremos si podemos», tercia Robert, dedicándole una sonrisa llena de amor a Anna, que está radiante.

La celebración de Lewandowski con un chupete tras marcarle un gol al Atlético de Madrid días después (6/12/2016) pone fin a este enigma.

A lo largo del libro, Falk muestra la relación ambivalente que tiene con las redes sociales. Por una parte, hace referencias constantes a su cuenta de Twitter (y el libro incluye sus tweets más importantes). Valora profundamente el número de seguidores que tiene, las menciones que consigue y de manera harto repetitiva habla de las fotografías y vídeos que sube con distintos protagonistas (aunque la descripción que hace de las imágenes suele ser más benevolente con el humor y ganas del fotografiado que lo que las instantáneas en sí muestran). De hecho, ya en la introducción al libro cita de pasada a la importancia que los jugadores le dan a las redes sociales y la relevancia que esto tiene en el trabajo periodístico. Pero se queda en eso, en citarlo de pasada, ya que no entra en detalles, mostrando por el contrario una actitud muy maniquea al respecto: las primicias que él da y la relevancia que tiene muestra la importancia de la inmediatez en la información actual; que Müller, Boateng y Hummels usasen las redes sociales para mostrar su disgusto con el exseleccionador Löw al informarles de que no cuenta con ellos en lugar de desahogarse con la prensa le parece casi inaceptable.

A este respecto, Lewandowski se muestra -según Falk- como una persona cautelosa ante los medios a diferencia del supuesto uso que hace redes sociales. Una constante en el libro es resaltar lo importante que para el delantero polaco son los galardones individuales. Tanto es así que, cuando Lewandowski queda decimosexto en la votación del Balón de Oro en 2017, reacciona airadamente contra la FIFA en Twitter con un «Kabarett!» (que libremente traduciría como «¡Menudo putiferio!») deciden entrevistarlo para profundizar más en el tema. A este respecto se expresa en los siguientes términos en la primavera de ese año:

Soy ante todo un deportista de equipo y lucho por obtener títulos para el Bayern de Múnich. Sin embargo, por supuesto que me fijo en los rankings individuales. Si me preguntáis, ¿te gustaría ser galardonado como mejor futbolista del mundo? Pues claro. La condición fundamental para que eso ocurra es que consigamos títulos. Si ganásemos la Champions, mis opciones aumentarían. Pero aún falta mucho camino por recorrer. En algún momento me gustaría conseguirlo.

Lewandowski, en el periodo que narra el libro, conseguiría ganar una Champions con el Bayern y con casi absoluta probabilidad se le iba a conceder el Balón de Oro 2020 que no se otorgó por la pandemia. Además, la cuenta goleadora del delantero en esos años es tan espectacular que parece de otros tiempos y lo ponen a la altura de los grandes nombres de la historia, marcando récords que tardarán en ser superados. Y sinceramente me gustaría saber la opinión del polaco… pero no será en esta obra y es debido al desmesurado ego del autor que por momentos parece confundir su persona con el club sobre el que informa. Es una pena, porque el libro comienza relatando el papel que el legendario Gerd «Torpedo» Müller tuvo en el desarrollo de otro Müller, Thomas. Despacha, desgraciadamente, en apenas unas líneas la ayuda que el club le prestó para luchar contra su alcoholismo primero y como lo protegió después ante la prensa cuando padecía demencia. Dos situaciones que muestran no solo el nivel humano del club y de sus figuras más destacadas en el organigrama –Beckenbauer, Hoeneß y Rummenigge– sino que sería interesante saber cómo el club reacciona ante la enfermedad del mítico delantero, demencia senil, que el propio afectado desconoce. Que Lewandowski batiese su récord podría haber dado pie, si realmente tiene esas fuentes de información dentro del club, a explicar cómo se gestiona una situación así ante la prensa y los aficionados, sirviendo a la vez para comparar dos épocas y dos grandiosos delanteros tan diferentes dentro y fuera del campo. Por contra, lo que nos regala Falk son detalles de una relevancia fundamental, como que pudo haber jugado al tenis contra Gerd Müller, que tenía su teléfono y los caballos del coche de Rummenigge. Insiders, informantes y topos, para qué os quiero.

Gerd Muller con la Copa de Europa 1975-76

El problema de fondo para Falk es que en el verano de 2017 Lewandowski sopesó la posibilidad de abandonar Múnich y mudarse a Madrid. La manera en la que explica este posible cambio de aires es confusa y se debe, de nuevo y siempre según el autor y sus «fuentes», a la voluntad de su agente polaco C. Kucharski (Lewandowski tenía además un agente alemán, pero ese es de fiar) de mejorar su contrato con el club muniqués. A partir de ahí, Falk ignora a Lewandowski en la medida de lo posible, haciéndonos saber que su agente polaco acabará detenido en 2020 por supuestas coacciones y amenazas, pasando a ser el israelí Pini Zahavi (con el que la directiva del Bayern pierde los nervios, la compostura, las formas y probablemente varios millones) su nuevo mánager.

Para el que lee estas líneas es una pena que Falk adopte una actitud de indiferencia con Lewandowski cuando deja de contestarle llamadas en lugar de despacharse de manera indiscriminada con él como hace con otros protagonistas, especialmente con Guardiola y Niko Kovač. Lewandowski abandonó el Bayern cuando el libro ya estaba impreso. Podría haber sido épico.

Llegados a este punto, hay que hacer una puntualización a modo de advertencia. El que estas líneas escribe es ciudadano de ese país, por lo que no se me puede acusar de xenófobo por todo lo que sigue. Para Falk nadie sabe tanto de fútbol como los alemanes. Nadie. Absolutamente nadie. En especial si trabajaron en el Bayern de Múnich o puede que trabajen en el futuro para el Bayern y además están en su chorboagenda. Esta actitud no es (solamente) un cliché típico de la prensa amarilla alemana (léase Das Bild) sino que parece ser una firme creencia de Falk. En especial, porque cuando en alguna otra ocasión y en otras cuestiones mete la pata hasta el fondo, lo reconoce. Aunque sea tímidamente y con formas impersonales («como podía saberse…») tan típicas del alemán cuando no se quiere asumir responsabilidades. Por ejemplo, al preguntarle de buenas a primeras a James Rodríguez por la serie Narcos, sin conocerlo de nada y simplemente porque le frustraba la actitud del colombiano a no atender a la prensa en la zona mixta. La sapiencia de los técnicos alemanes, para Falk, es infalible al lado de charlatanes como estos europeos meridionales (tengan o no pasaporte alemán).

«Cuando Pep miente, halaga». El motivo de esta afirmación tan ponderada y reflexiva está en que Thomas Müller –quienes, para Falk, el sumun (se refiere a él como Ur-Bayern) de lo que es el Bayern– no era uno de sus jugadores predilectos. Thomas Müller también tendrá problemas con Niko Kovač… y con Joachim Löw, que decide dejar de contar con él en la selección. La diferencia está en que Löw, en el momento de escribir el libro, seguía siendo seleccionador alemán y sería una pieza de caza demasiado grande a la que dar palos. Con Guardiola y Kovač, barra libre, que uno mea colonia y el otro habla croata con su hermano.

Para contradecir y considerar que Guardiola está acabado como entrenador, Falk se saca de la chistera la opinión de… Felix Magath al respecto. Guardiola, además, aburría a los jugadores con sesiones de vídeo de dos horas… y no es capaz, dice, de encontrar ni un solo jugador que hable bien de él. Por cierto, a Ancelotti lo critica por justamente lo contrario, sesiones de vídeo muy breves y carecer de alternativas tácticas. Con el italiano, por cierto, dice conseguir ganarse su simpatía al comenzar una entrevista gracias a su agudeza intercultural ya que le habla de Terence Hill. Leyéndolo eché de menos a Bud Spencer impartiendo justicia en esa sala de prensa.

Hans Dieter y Niko Kovack, durante su etapa juntos en el Bayern

La condescendencia con la que trata a Niko Kovač es un ejemplo de libro de la xenofobia de baja intensidad constante en la prensa amarilla alemana. Kovač nació y se crio en Berlín, en el seno de una familia de emigrantes croatas procedentes de la actual Bosnia. Habla alemán akzentfrei, llegó a estar matriculado en la Universidad Libre de Berlín (detalle importante este, porque la educación universitaria sigue siendo estadísticamente un techo de cristal para los alemanes con Migrationshintegrund como el caso de Kovač) y desarrolló toda su carrera como futbolista en Alemania y Austria, donde reside en la actualidad. Kovač, además, posee la ciudadanía alemana y podría haber sido convocado para jugar con la selección de ese país pero se decantó (como muchísimos futbolistas profesionales nacidos en Alemania, sea por motivos sentimentales o deportivos) por la selección del país de sus progenitores, Croacia. Falk, para referirse a Kovač, insiste en este detalle. No habla del «entrenador», del «responsable»… sino de «el croata». En los demás casos (excepto en el de Lizarazu, del que indica que es un vasco orgulloso que no aún hablaba alemán para justificar que le soltase unas hostias -bien dadas en mi humilde parecer- a mi admirado Lothar Matthäus en un rondo… el resto de las veces es asépticamente francés), la nacionalidad del entrenador es un dato más: Ancelotti es italiano, Guardiola español… pero en el caso de Kovač es su nacionalidad futbolística la que lo define y para mal. No cita, en ningún momento, que como Heynckes o Flick, Kovač sea alemán. Es algo que, tal vez, ya se sepa. Obviamente, si las cosas le hubieran ido bien a Kovač, no lo despacharía así. El paternalismo perdonavidas que muestra llega a estos niveles:

Al equipo le molesta que Kovač hable croata con su staff. [Es decir con su hermano Robert. Hansi Flick también era parte de su staff y no habla croata.] Además, las estrellas, entrenadas con anterioridad por entrenadores de talla mundial como Pep Guardiola, Jupp Heyneckes y Carlo Ancelotti, echan de menos conocer [por escrito] las líneas maestras de la idea de juego de Kovač. Especialmente los jugadores ofensivos apenas cuentan con ideas nuevas (…) Además, como Kovač alecciona a sus jugadores constantemente para que no lean la prensa ni escuchen a sus agentes, pierde aún más el respeto ante sus jugadores, ya que lo han visto leer con avidez la prensa en su oficina, a pesar de que les haya prescrito seguir los medios.

Habrase visto. Es croata pero no debería hablar croata. Aconseja no leer la prensa, pero él la lee. Y las fuentes son, cómo no, la enésima frase impersonal con man seguido de verbo en tercera persona. Por cierto, y como uno de los escasísimos detalles interesantes del libro, una curiosa situación legal. A Niko Kovač y a su hermano Robert los acaban cesando y el club decide nombrar a su otro asistente, Hansi Flick, como entrenador interino hasta final de temporada. El cese es «amistoso» ya que el contrato era de 2+1 y simplemente deciden no prolongar ese año adicional. Flick se acaba ganando la confianza y firma como entrenador principal a partir de la temporada siguiente. Técnicamente sigue siendo interino y con contrato de entrenador asistente, pero con la continuidad asegurada. Sorprendentemente, en esa situación, consigue ganar la Bundesliga, la Copa alemana y la Liga de Campeones (metiéndole un 8-2 al Barça en cuartos). ¿Quién se lleva la prima (supuestamente de 2 millones de euros) por ganar la Champions? Niko Kovač… que sigue siendo a efectos legales el entrenador principal.

Esos son los detalles que realmente serían interesantes, especialmente sabiendo que el Bayern es un equipo muy especial al ser el más dominante (económica y deportivamente) en su competición doméstica de entre las grandes ligas europeas. Una de las únicas veces que se habla de fútbol de manera táctica es gracias a una aportación escrita por Toni Kroos para describir una eliminatoria contra el Madrid, demostrando que un futbolista puede escribir mejor que un profesional. Incluso cita de pasada los negocios en distintas start-ups de exjugadores, algo interesantísimo, pero sin entrar en detalles (porque o bien no los tiene o peor, no cree que sea relevante). Tal despropósito sería divertido si no llegase un momento en el que se siente cierta pena por el autor. Sacrifica sus vacaciones en aras de una relación profesional con un club y unos jugadores que lo utilizan descaradamente para sus propios intereses (no hay que ser muy sagaz para darse cuenta que las filtraciones vienen de uno de los bandos de esa bicefelia que son Hoeneß y Rummenigge, el yin y yan del club bávaro), siendo extremadamente pelota con aquellos jugadores que con certeza serán parte del organigrama del club (tales como Kahn o Müller) e ignorando (Lahm) a los que no volverán a pisar las oficinas del Rekordmeister alemán e incluso dejando en mal lugar a alguien del club, como en el caso de Salihamidžić, para quedar bien ante su adorado Oliver «El Titán» Kahn.

Sería injusto decir que Bayern Insider es un producto exclusivamente alemán. El periodista-forofo es un clásico, en especial si el club del que es hincha es uno de los grandes. La diferencia aquí es que se pretende presentar como una obra de investigación lo que en el fondo son una serie de entradas de blog a modo de cotilleo que no tendrían cabida en la prensa rosa. Porque la prensa rosa, al menos, es prensa y es rosa y no pretende ser otra cosa.

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