Ciclismo

Paz negociada en San Juan

Peio Ruiz Cabestany encabeza la escapada durante la polémica prueba de San Juan de 1973

Al bajarme de la bici después de cruzar la línea de meta en segunda posición, el periodista deportivo Tito Irazusta, que había seguido toda la carrera en moto y había visto y oído todo, me colocó la alcachofa frente a la cara y me preguntó que qué había pasado. Entre resoplidos y con la respiración entrecortada, le largué todo con absoluta naturalidad. Le conté a Tito y a todos los oyentes que seguían la carrera en directo por Radio Popular, cómo negocié con los otros cuatro de la escapada, del tercer puesto que me ofrecían al segundo que finalmente obtuve en la carrera. No entendí su cara de estupor ni las palabras que dijo luego rebozadas de indignación. Tampoco me pareció bien el artículo que escribió al día siguiente, aunque ya empezaba a entender algo.

Tito Irazusta había empezado en el mundo del periodismo a los diecisiete años siendo jefe de prensa del mundial de ciclismo disputado en San Sebastián en 1973. Cuando se disputó la carrera en cuestión, la trigésima sexta edición del Gran Premio San Juan, sólo tenía veintiseis años, pero ya sabía de que iba la cosa. Llevaba años retransmitiendo carreras de profesionales, aficionados y hasta de juveniles, además de los partidos de la Real Sociedad. Ahora es el típico jubilado que dedica a sus nietos el tiempo que no tuvo para sus hijos. Ha seguido veinticuatro Vueltas, dieciséis Tours, cuatro Giros y fue jefe de ciclismo de la Cadena SER hasta que José Ramón de la Morena soltó a sus jefes de PRISA la lapidaria frase de «o Tito o yo». Un «nosequé» con Javier Clemente de por medio, una exclusión del equipo de la SER en el Tour y a otra cosa mariposa. El grupo Vocento no le dejó muchos días en el paro. Ejerciendo su profesión de periodista, vivió de cerca el mundo del ciclismo y fue testigo de muchas situaciones tanto deportivas como extradeportivas. Un mundo de anécdotas y vivencias que no era consciente que viviría cuando se enfadó tanto en esa carrera de aficionados por un «quítame un tercer puestito de aquí, pa’ ponerme un segundo» de nada.

«Hubo pacto en la carrera de Hernani». Ese fue el titular que encabezaba el extenso artículo de Tito en el diario Egin, donde escribía de ciclismo. Lo que venía tras el encabezamiento no tenía desperdicio: «Alejandro Ibañez de Gauna, del equipo Baqué-Zeus, resultó ganador el domingo de la XXXVI Prueba San Juan – X Trofeo Irazusta, corrida en Hernani y a la que sobró la mitad del recorrido. Sí, porque desde el paso por Meagas, consolidada la escapada de cinco corredores, los kilómetros hasta meta, que eran todavía bastantes, se dedicaron más a ponerse de acuerdo en el primer grupo que a pedalear con fuerza, que debía ser el objetivo».  Así, pim, pam, pum, pam, hasta el final. Daba igual lo que yo le hubiera contado en directo al finalizar la prueba, lo había visto y oído todo. Cuando vio los aspavientos que hacíamos los de la escapada, le dijo a Rafa Olarra, otro mítico periodista deportivo que manejaba ese día la moto, que se pusiera a la altura de los ciclistas. Y ahí estaba con sus cascos en las orejas y su micrófono de Herri Irratia en la mano, como si fuera uno más de la escapada y nosotros ni pisparnos. Además, el Trofeo Irazusta que acompañaba al nombre del gran premio, hacía honor a Leandro Irazusta, presidente de la federación de ciclismo durante muchos años y padre de Tito. Eso diferenciaba, imagino, esta carrera de las muchas otras que retransmitía en directo a lo largo de la temporada.

Los cuatro corredores que me acompañaban en la escapada eran del mismo equipo, el potente Baqué-Zeus que había fichado a los mejores aficionados para dominar las carreras. El que «manejaba el cotarro», según decía Tito, era Mikel Ugartemendía que llegó al profesionalismo y que ahora es un reconocido artista-artesano de la madera. Ha llegado a crear una bici toda de madera. Excepto el ganador de ese día, los otros dos también llegaron a ser profesionales, Urien y Mayora. Los cuatro tenían los huevos pelados de andar en bicicleta. Yo tenía diecinueve años y era mi segundo año corriendo en bici y mi primera temporada con los aficionados. Los corredores de mi equipo, el más que modesto Vestisport-Comet, éramos los mismos que el año anterior corríamos en juveniles en el equipo Sugus. Si, en el maillot llevábamos el nombre de esos caramelos que se te pegaban al paladar. Los dos jóvenes y entusiastas directores del Club Ciclista Donostiarra que tenían que conseguir dinero para la gasolina de los desplazamientos y los maillots de equipo eran Iñaki Munarriz y Ángel Torres. Este último al que llamábamos «Cabello de Ángel» por su delgadez, altura, blancura y su largo cabello plateado, se dedicaba al teatro y su pasión era el ciclismo. Murió practicando esa pasión, atropellado por una persona que conducía un coche.

Mis compañeros de equipo hacían lo que buenamente podían en las carreras, pero les daba igual, se divertían mucho. Por lo general, se enteraban de lo que había pasado en la última parte de la carrera porque se lo contaba yo en el viaje de vuelta a casa. Apretujados en el cochambroso Seat 124 cargado de bicicletas, nos contábamos nuestras batallitas del día, en un ambiente de curvas, vaivenes, calor humano y aromas emanados por glándulas sudoríparas de varios tipos. (Léase esto de “tipos” con el significado que se quiera). Ese día, en el viaje de vuelta, no había barullo de voces montándose unas encima de otras, intentándose imponer sobre las otras para contar sus escapadas, pinchazos, subidas, bajadas y demás excitantes aventuras que habían vivido en la carrera. Ese día había pasado algo, había morbo por saber qué era ese lío que se había montado y del que todos cuchicheaban en la Plaza de los Tilos de Hernani, en donde estaba situada la llegada.

––¡Venga, tío, cuenta! ¿Qué follón has montado?

––¡Que nada, joder! Ha atacado Ugartemendía subiendo el Alto de Orio, he sufrido como un perro y le he aguantado. Y eso…

––Y eso, ¡qué! ¡Venga, cojones, suelta ya!

––Pues eso, que al llegar al alto también venían el del bigote ese de ciclo-cross y otros dos más del Baqué. Y los cuatro esos y yo nos hemos puesto a dar relevos y nos hemos pirado hasta meta.

––Ya, ¿y eso que hemos oído de tongo y no sé qué leches?

––Pues eso, ¡yo que sé! Cuando hemos llegado a Andoaín, al girar para pillar la N1 se me ha acercado Ugartemendía y me ha dicho: “Tú, tercero”

––¿Qué?

––Eso mismo le he dicho yo. Desde bastante antes ya les oía discutiendo entre ellos. Como muchas veces llegan solos, se repartirán los puestos, pero hoy estaba yo. Yo le he contestado que de tercero, nada, que iba a ganar.

––¡Buahh! ¡No jodas! ¿Y qué ha pasado?

––Pues han hecho lo mismo que estáis haciendo vosotros, ¡cabrones!, se han empezado a descojonar. Y luego me han empezado a dar de ostias uno detrás de otro.

Ese viaje de vuelta a casa se nos hizo muy corto. Les conté a mis compañeros de equipo que salí tras cada ataque de ellos sin soltarme un solo metro. No sé lo que hubiera pasado si sigo así hasta meta ya que no conseguían marcharse. Yo iba reventado y ellos también, pero en un momento de debilidad pensé que en el siguiente ataque alguno se marcharía y, posiblemente, luego otro y otro. Entonces me acerqué a Mikel, cogí mucho aire para que no notara que ya casi no podía respirar y le solté un escueto “¡segundo!”. Lo hablaron entre ellos y me dijeron que sí, que vale, pero que ni se me ocurriera joderlos, que aún quedaba mucha temporada para seguir viéndonos. Volvimos a la alegre armonía de los relevos y entramos en meta según lo dispuesto.

Cuando Tito llegó a su casa ese día, le contó a su aita, Leandro, que por la naturalidad con que le había contado todo en antena, le parecía que yo aún estaba virgen. ¡Cómo no iba a estarlo si sólo llevaba un año y medio compitiendo en bicicleta! Seguí muchos años más en el ciclismo, ya desvirgado, y viví situaciones mucho peores. Y mucho peores aún después del ciclismo, en mi vida laboral, teniendo que tratar con ciertos cargos públicos.

Ahora me acuerdo de ese lejano día de San Juan de 1981 cuando sigo las noticias de la terrible guerra de Ucrania. La primera guerra retransmitida en directo por redes sociales en la que te enteras de todo lo que pasa al momento, lo mismo que los oyentes de Herri Irratia se enteraron aquel día de nuestros tejemanejes. Una guerra en que los ataques no suponen un simple dolor de piernas por muy intenso que este sea, los ataques suponen la muerte de seres humanos. Una guerra que acabará como acabamos nosotros aquel Gran Premio San Juan-Trofeo Irazusta, repartiéndose la victoria, el segundo puesto, el tercero, el cuarto y el quinto.

4 Comentarios

  1. Estas anécdotas se tienen que saber grande Peiyo

  2. Estas historias forman parte del verdadero y profundo ciclismo que a todos nos gusta escuchar, recordar y que se compartan.
    Gracias!

  3. Tengo una foto tuya coronando escapado el Tourmalet.
    Ese día también te jodieron

  4. Siempre es un placer leer o escuchar a «Alitas» Cabestany.

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