
Un imberbe adolescente se sitúa ahora mismo como una de las opciones más sólidas del deporte español para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Y no es una mera cuestión de ilusión, de esperanzas fundadas, de castillos en el aire en torno a alguien que haya brillado en las categorías inferiores. Es una realidad llamada Egoitz Bijueska, que en noviembre cumplirá los 16 años con dos oros mundiales absolutos en su deporte, la modalidad de parque del skateboard. El bilbaíno es tan joven que cuando Iniesta marcó el gol de Sudáfrica aún se formaba en el útero de Ane, la madre que le acompaña a todas las competiciones.
Si la excepcionalidad de lograr dos títulos mundiales en un mismo año, el que logró el 8 de marzo en São Paulo y el que revalidó el 11 de octubre en Asunción, se debe a que el campeonato disputado en Brasil pertenece en realidad a septiembre de 2025, cuando World Skate, la federación internacional, tuvo que quitarle la organización a Washington por falta de preparación, el nivel con el que lo consiguió se debe únicamente al talento de un elegido. «Lo tiene todo. El talento, la profesionalidad, el trabajo, la técnica. Maneja los tiempos, la competición y la estrategia, y dispone de un saco de trucos espectacular, del más alto nivel, con tres o cuatro hammers, lo llamamos así, martillazos, que son los que marcan la absoluta diferencia», explica el asturiano Kini González, speaker oficial del Comité Nacional de Skateboarding que ha seguido la explosiva irrupción de Bijueska en su deporte.
Una sequía a mediados de los años 70 obligó a vaciar las piscinas de California, y allí los chavales descubrieron las posibilidades de usar ese espacio para disfrutar con el monopatín y de trasladar los giros y cambios de dirección que ejecutaban sobre las tablas de surf. Las piscinas dieron lugar a un hueco lleno de rampas, curvas y desniveles de diferentes alturas que acabaron por convertirse en la modalidad de parque frente al de calle que sitúa elementos del mobiliario urbano como escenario para los trucos. Las dos entraron en el programa olímpico en Tokio 2021, la consagración definitiva como deporte de aquella actividad juvenil.
Los competidores tienen 45 segundos en cada una de las tres rondas para ejecutar sus trucos. Cinco jueces puntúan cada actuación sobre un máximo de 100 puntos, aunque la cuenta se saca descartando las dos notas más extremas, y se tiene en cuenta solo la mejor actuación de las tres para superar las rondas hasta la final. Se tiene en cuenta la dificultad, la ejecución, la variedad de trucos, la fluidez para enlazarlos y la creatividad a la hora de plasmarlos. Lo habitual era que los skaters a veces encontraran un respiro en la ronda. Salir de un truco, subir la rampa siguiente sin ejecutar ninguna maniobra y coger velocidad para preparar la siguiente. Ahí Bijueska ha cambiado el juego. Ocurrió cuando el chaval aún tenía 14, en la Copa del Mundo de Roma, en Ostia, en junio del año pasado. «Llegó y fue metiendo trucazos, martillazos por cada transición que pasó. Si les daba tiempo a meter 12 trucos en 45 segundos, él llega y mete 14. Eso ha hecho que todos se hayan tenido que poner las pilas, que haya subido el nivel y ya no haya momentos de respiro, que sea trucazo tras trucazo», cuenta González.
Aquel día, Egoitz Bijueska se dio a conocer al mundo con 95,83 puntos, marca que igualaba la puntuación del australiano Keegan Palmer cuando ganó el primero de sus dos oros olímpicos en Tokio 2021. En São Paulo, directamente lo superó con 96,86, estableciendo lo que podríamos llamar el récord mundial oficioso de su deporte. El vasco no necesitó superar aquella marca para ganar hace unos días el título de Asunción dentro de los World Skate Games 2026. Pero sus 94,50 puntos habrían sido suficientes para haber ganado el oro olímpico en París. Y además Bijueska se permitió cerrar su ejercicio con un truco que hizo gritar de éxtasis al comentarista del streaming oficial, un switch McTwist que consiste en invertir la postura en un movimiento aéreo con una rotación de 540 grados, un truco tan difícil que no ejecuta ningún otro hombre y solo una mujer, la australiana Arisa Trew, que nació seis meses antes que Egoitz y conquistó la gloria olímpica en París con 14 años.
El skate se ha presentado al mundo como un deporte de jóvenes prodigios que rivaliza con la clásica gimnasia rítmica en campeones precoces en el programa olímpico. Trew ganó una final con una media de edad de las ocho finalistas de 16,5 años, uno menos que hace tres años en Tokio, cuando la japonesa Kokona Hiraki mereció la plata con 12 años y la británica Sky Brown completó el podio con 13. Es cierto que en los hombres el desembarco de niños ha sido más moderado. Palmer ganó su primer oro en Tokio con 18 años en una final con 21,2 años de media. En París subió a 22,5. Bijueska está bajando la media. Era el más joven en las dos finales mundiales que ha ganado. En Asunción, los ocho estaban ya por debajo de los 20 años.
«Los skaters nuevos vienen apretando muchísimo. Tienen muchos más conocimientos. Cuando nosotros patinábamos no había nada. Una revista y poco más. Ahora tienen entrenadores, videojuegos, mejores instalaciones, escuelas, campamentos, ya hay entrenamientos del más alto nivel», cuenta Kini González, que destaca la humildad y la cabeza amueblada de Egoitz Bijueska para afrontar un éxito tan precoz.
El bilbaíno se subió por primera vez al patín con siete años y pronto progresó bastante más rápido que sus amigos. Se obsesionó con el skate, al que le empezó a dedicar hasta cinco horas diarias. Cuentan que en el verano de 2021, el de los Juegos de Tokio, no paraba de probar trucos. Y su progresión lo ha llevado a la meca de California, donde su madre, Ana, le obliga a estudiar a distancia mientras se prepara con los mejores de su generación por su cuenta y en contacto directo con el seleccionador nacional, Alain Goikoetxea. Ni en España hay skateparks de ese nivel, más allá de Villaverde (Madrid) y La Nucía (Alicante), ni sobre todo el entorno de alto nivel, aunque España pueda presumir de patinadores de nivel como Naia Laso, diploma olímpico en París, que se prepara en Bermeo, o el veterano Danny Leon, dos veces olímpico, que tiene su residencia en Móstoles.
Egoitz Bijueska dice que no se siente un competidor nato. Disfruta más entrenando que con los nervios de la gran cita, pero desde luego sus resultados desmienten sus sensaciones. En la modalidad de parque no se ha bajado del podio en las dos últimas temporadas. Y en todas las rondas de las dos finales mundiales que ha ganado ha superado los 90 puntos, un síntoma de solidez en una disciplina en la que se suele salir conservador en la primera ronda para asegurar una buena puntuación y arriesgar en la última… o en la que cualquier caída te obliga a ir sin red en las siguientes. Bijueska no falla, firme hacia los Juegos de Los Ángeles 2028 en la meca de su deporte. Tendrá todavía 17 años.
