Historia del boxeo

Mike Tyson: los 28 combates que lo llevaron al título, uno a uno (y II)

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Foto: Lwp Kommunikáció (CC)

(Viene de la primera parte)

Enero de 1986. Durante sus primeros nueve meses como profesional Mike Tyson ha subido al cuadrilátero quince veces y todas las ha ganado por KO. Es un comienzo meteórico e intenso, porque quince combates profesionales en menos de un año son muchos combates. Ningún campeón mundial de los pesados ha peleado tanto durante su temporada de debut. Pero Tyson está obteniendo victorias tan veloces (once de sus KO han llegado en el primer asalto y ninguno después del cuarto) que se puede permitir el lujo de descansar poco entre velada y velada, acumulando currículum a velocidad de vértigo. Aún no es una celebridad mundial, ni mucho menos, aunque la prensa deportiva internacional ya empieza a mencionar su nombre. También acaba de aparecer en la portada de la revista Sports Illustrated con el titular «Kid Dynamite: es el próximo gran peso pesado y tiene solo diecinueve años». El excitado sentimiento de anticipación que su aparición está provocando es algo que muy pocos deportistas jóvenes han conseguido crear a lo largo de la historia. En ese artículo de Sports Illustrated, por ejemplo, se dicen muchas cosas de Mike Tyson, pero es especialmente interesante la descripción que de él hace el comisionado de boxeo del estado de Nueva York y excampeón mundial de los semipesados, José Torres:

Mike Tyson es tan rápido y tan potente que resulta casi imposible resistir la fuerza de sus golpes. Allá donde te golpee vas a sentirlo. Me recuerda quizá a George Foreman, pero Tyson es mucho más rápido que Foreman. Me recuerda también al estilo de Rocky Marciano, pero Tyson es mucho más rápido. También es más rápido y más potente que Joe Frazier, y además tiene un mejor gancho. Realmente no se me ocurre nadie con quien compararlo en términos de potencia de pegada.

Tras esos primeros quince combates la mayoría de los entendidos consideran al jovencísimo púgil un campeón mundial en ciernes. Lo tiene todo: combatividad, potencia, condición física, rapidez y golpes como ese gancho de izquierda que parece destinado a hacer historia. El fenómeno sigue creciendo. Muchos se preguntan ya por qué no intenta pelear por el campeonato del mundo, pero Tyson no cesa de repetir lo que le inculcan en su entorno: aún tiene cosas que aprender antes de intentar el asalto a la corona. Tendrá que seguir mejorando en nuevos combates que lo pondrán en situaciones de lo más diverso, situaciones cada vez más difíciles de resolver y frente a oponentes cada vez más cualificados. Efectivamente, en estos próximos combates veremos cómo Mike Tyson va solucionando problemas nuevos y poniendo en práctica nuevas estrategias.

Por cierto, su fama de pegador terrible le precede de tal manera que lo tiene difícil incluso para encontrar sparrings. En una ocasión, uno de sus entrenadores mostró la agenda de teléfonos donde anotaba posibles candidatos a sparring a los que querían contratar. Junto al número de uno de ellos había anotado la respuesta del candidato: «No quiere saber nada de Mike Tyson».

11 de enero de 1986. Rival: David Jaco

¿Cuántas veces hemos visto esto? ¿Cuántas veces lo habré dicho ya? Tyson: gancho de izquierda. El rival cae.

Para seguir ganando experiencia y engordando su currículum, el joven Mike se enfrenta al que posiblemente es su rival más respetable hasta la fecha: David Jaco, que en sus veinticuatro combates anteriores ha conseguido quince victorias por KO. Jaco, además, ya sabe lo que es plantarse frente a púgiles de entidad: por ejemplo se ha enfrentado al entonces invicto Tony «T.N.T.» Tucker, futuro campeón mundial de la división.

Apenas comenzado el combate y con una guardia visiblemente ineficiente ante la rapidez de manos de Tyson, David Jaco no tarda en comprobar que todo lo que se dice sobre la tremenda pegada de su rival no son habladurías (0:27). Intenta mantenerlo a raya con su jab (golpes rápidos y directos para guardar la distancia) pero cada vez que le alcanza un martillazo de Tyson queda seriamente resentido (0:51). Muy poco después cae por primera vez por obra y gracia de ese gancho de izquierda del que tanto hemos hablado y hablaremos (1:04). Consigue levantarse, pero para entonces ya es tarde: como ha venido siendo habitual en combates anteriores, en cuanto Tyson percibe signos de debilidad en el rival abandona las precauciones y se lanza a un ataque abierto en busca del KO. Esta vez lanza una feroz combinación que culmina con un gancho de izquierda que de nuevo derriba a su rival (1:17). Por segunda vez, David Jaco se levanta y Tyson se mete en el interior para cazar al oponente con varios uppercuts que hacen que su rival parezca completamente indefenso (1:40). Incluso el locutor que narra el combate para la TV reclama que el árbitro detenga el combate ahí mismo: no tendrá que esperar demasiado para ver satisfecho su reclamo, porque David Jaco cae a la lona por tercera vez en dos minutos de pelea y el árbitro, por fin, decide detener el combate (2:20). Mike Tyson ha ganado por KO en el primer asalto por decimosegunda vez en apenas un año. Otra victoria fácil.

24 de enero de 1986. Rival: Mike Jameson

Mike Jameson podrá contar a sus nietos que sobrevivió todo un asalto a Mike Tyson.

Apenas dos semanas después del combate contra David Jaco, otro púgil experimentado se pone delante del nuevo fenómeno. Se trata de Mike Jameson, un púgil de California: alto, corpulento y con pegada pero también capaz de moverse eficazmente por el ring.

Al arrancar el combate Tyson ve relativamente frustrados sus intentos de pelear desde el interior, una táctica que viene empleando contra rivales de mayor envergadura y que irá perfeccionando durante estos meses, pero que esta noche no parece funcionarle del todo. Tampoco se ve capaz de definir peleando a distancia dada la movilidad de su contrincante. Pese a todo, el joven Mike no se deja llevar por las prisas y con paciencia busca huecos en la guardia rival por donde lanzar diversos ataques. Tyson no consigue hacerse con el control y el segundo asalto comienza con un vuelco en la situación: Jameson demuestra que tampoco él es manco a la hora de soltar golpes tremebundos (7:49). Tyson contesta con una agresiva combinación, pero Jameson no se arredra y una vez más devuelve varios golpes en rápida sucesión (7:59). Finalmente hay un rival que está haciendo comprender a Tyson que no todos sus contrincantes van a comportarse como títeres inertes. Esto tiene pinta de convertirse en el combate más disputado de los que ha protagonizado hasta ahora en sus once meses de trayectoria profesional.

Las manos de Jameson siguen encontrando a Tyson (8:07, 8:54). Termina el segundo asalto y los locutores se preguntan qué sucedería si Jameson consigue mantenerse en pie y castigar al joven Mike durante varias rondas. Sin embargo, con el inicio del tercer asalto finaliza el espejismo: los ataques de Jameson no han tenido un gran efecto y, en cambio, su ceja izquierda ya está sangrando. Tyson obviamente lo ve y se dedica a castigar el punto débil del contrincante, atacando la ceja herida con un potente gancho de derecha (11:13). Ahora las tornas han cambiado y a Jameson le toca sufrir: aunque hace frente como puede a la presión no consigue evitar que diversos golpes aislados vayan empeorando su herida y minando su resistencia. Termina el tercer asalto y la pelea ya parece definitivamente escorada en su contra. Se lo ve visiblemente tocado. En el cuarto episodio cae a la lona (13:53). Tyson ni siquiera está empezando a sudar, pero viendo a Jameson se diría que estamos en un sexto o séptimo asalto, tal ha sido el castigo que ha recibido con una cantidad relativamente escasa de golpes. Aunque su entereza le permite encajar una terrorífica derecha sin dar signos de tambalearse (14:44) y sobrevivir hasta el final de ese cuarto asalto —es el primer rival de Tyson que conseguirá llegar al quinto— la suerte está echada: tras la reanudación, Tyson vuelve a tumbarlo con una de sus combinaciones relámpago (16:24). Aunque Jameson se levanta enseguida y da la impresión de estar en condiciones de continuar, el árbitro detiene el combate, probablemente por el estado de la herida en la ceja y quizá algún que otro signo de aturdimiento. Jameson está visiblemente enfadado ante la decisión: él quería seguir peleando. Tampoco el público parece conforme, quería ver más combate y protesta por lo que les parece una decisión precipitada. Pero en honor al colegiado hay que decir que a estas alturas de pelea existían nulas perspectivas de victoria para el californiano. En todo caso, la velada nos ha demostrado una cosa: los golpes de Tyson constituyen demasiado castigo y pelearle de igual a igual dejando aperturas en la guardia que le permitan colocar golpes limpios es sencillamente una mala idea.

16 de febrero de 1986. Rival: Jesse Ferguson

La palabra «explosivo» no es suficiente para describir los golpes de Mike Tyson.

La popularidad de Tyson aumenta. Sus combates empiezan a celebrarse en recintos cada vez mayores y ahora son muchos más los comentaristas que sin tapujos hablan de un Mike Tyson campeón del mundo en un futuro no muy lejano. No solo la prensa deportiva sino incluso la prensa generalista está hablando de él con asombro: acaba de aparecer en la revista People cuando ni siquiera lleva un año como profesional.

Su nuevo rival, Jesse Ferguson, es poseedor de un currículum bastante respetable que incluye una victoria sobre James «Buster» Douglas (irónicamente, el hombre que algunos años después infligiría la primera derrota profesional a un Tyson en precoz decadencia). Ferguson es un buen pegador, pero en esta ocasión salta al ring demasiado consciente de la potencia de su joven rival y parece pensar más en protegerse de los golpes que en disputar la victoria. Cuando Mike se lanza agresivamente a pelear en el interior, Ferguson se muestra poco combativo y adopta la táctica de la tortuga: esto es, esconder la cabeza todo lo que puede. Cuando Tyson se da cuenta de que Ferguson no quiere una pelea abierta, decide bajar un pistón y tomárselo con calma: no tendría sentido desgastarse lanzando ataque tras ataque a un rival que se esconde tan eficazmente. El segundo y tercer asaltos transcurren de la misma manera. El cuarto asalto es incluso peor, porque Ferguson trata de convertir la pelea en un farragoso páramo, abusando del clinch (abrazo) para impedir que Tyson pueda golpearle. Ferguson está rehuyendo la pelea y la cosa no puede continuar así sin que lo terminen sancionando por falta de combatividad. Es el primer púgil que logra terminar el quinto asalto frente a la apisonadora de Brooklyn, aunque lo ha conseguido arruinando el espectáculo con una flagrante falta de combatividad.

El sexto asalto es una comedia: Ferguson, herido, se abraza a Tyson en cuanto tiene ocasión, renunciando abiertamente a pelear y provocando los comprensibles abucheos del público. Tal es la situación, que antes de que termine la sexta ronda el árbitro decide descalificar a Ferguson por su nula competividad. Mike Tyson gana así su decimoctava pelea y el público se muestra eufórico por la decisión. Aunque, cosas del marketing, los jueces registrarán el resultado como KO técnico y no como descalificación, probablemente para no romper la impecable tarjeta que Tyson mostraba hasta el momento. Una decisión discutible pero que a su manera encierra algo de justicia: es evidente Ferguson no ha salido a pelear y solamente su actitud de evitar la pelea ha evitado un KO más temprano. Irónicamente, el rival que más asaltos le ha sobrevivido a Mike Tyson hasta el momento ha sido también uno de los peores.

10 de marzo de 1986. Rival: Steve Zouski

El siguiente contrincante ese otro curtido journeyman, en una pelea más destinada a seguir engordando currículum. Tyson continúa pisando escenarios cada vez más importantes: el Nassau Colisseum de Uniondale quizá no suene a muchos por el nombre, pero allí, años antes, se habían enfrentado nombres tan legendarios como Joe Frazier y George Foreman.

Steve Zouski tiene una difícil papeleta: plantar cara al fenómeno de diecinueve años sin hacer el ridículo como Jesse Ferguson. Zousi dice a la prensa que no tiene miedo a su joven rival y que va a pisar el ring dispuesto a ofrecer pelea. Pese a su buena voluntad, apenas suena la campana trastabilla a causa de un potente golpe de Tyson (5:08), aunque después hace lo posible por mantenerse en su sitio. Primero trata de guardar la distancia con su jab a sabiendas de que con cualquier acercamiento de Tyson puede terminar recibiendo un golpe de esos que hacen lanzar exclamaciones al público (6:28). Cuando ve que lo de la distancia no le funciona, Zouski decide pelear desde dentro: parece muy preocupado en proteger su rostro de los upperccuts de Tyson, así que descuida la defensa del cuerpo. Mike Tyson aguarda pacientemente el momento de soltar sus latigazos, sin descubrirse demasiado para que su rival no lo sorprenda falto de equilibrio. Al principio del segundo asalto, Tyson vuelve a dejar su rúbrica con un gancho de izquierda (9:46), luego con un uppercut y un gancho de derecha (10:07). Pese a la buena disposición de Zouski, el KO en su contra parece inminente y ya muestra el rostro muy tocado. Tyson continúa buscando agujeros en la guardia rival y castiga severamente al rival cuando los encuentra (15:02). Los uppercut de Tyson van demoliendo a su oponente, quien no llegará de pie al final del tercer asalto: el ya famoso gancho de izquierda del Niño Dinamita sentencia definitivamente la pelea (15:35).

9 de mayo de 1986. Rival: James Tillis

Tyson ha de enfrentarse a un púgil que si bien anda en horas bajas tiene más renombre que los anteriores. Y es que James Tillis fue también una brillante promesa en su día, además de un personaje que durante su vida ha protagonizado muchos momentos dignos de una película (es más: apareció en El color púrpura de Steven Spielberg). A finales de los setenta emergió como uno de los más prometedores pesos pesados jóvenes de la escena, ganando con autoridad sus primeros veinte combates, con dieciséis KO. Tenía pegada, aunque su principal característica era la velocidad, que le valió no solamente su apodo (Quick) sino también los elogios del mismísimo Muhammad Ali, cuyo estilo de «volar como una mariposa, picar como una avispa» Tillis imitaba en parte. Así pues, ese espectacular arranque como profesional le llevó a disputar el título mundial en su combate número veintiuno, para intentar arrebatarle el cinturón de campeón al experimentado Mike Weaver. Pero no le fue bien: tras una salida en tromba en los primeros asaltos el joven Tillis se agotó rápidamente y pronto quedó visiblemente mermado de energías (los telespectadores pudieron escuchar claramente cómo su entrenador le decía «¡Haz algo! ¿Es que quieres convertirte en un perdedor para el resto de tu vida?»). Tillis desconocía que tenía alergia a ciertos alimentos como el gluten, y que esto mermaba considerablemente su capacidad de aguantar un desgaste físico sostenido. Solo consiguió llegar al final de los diez asaltos dejándose la piel en el ring y tras un combate dramáticamente igualado, los jueces declararon ganador al campeón. Aquel primer asalto frustrado a la corona mundial detuvo la progresión de James Tillis y desde entonces nunca había vuelto a ser el mismo. Es cierto que protagonizó buenas rachas hasta los años 1983/84, pero en 1986 —cuando se tenía que enfrentar a Tyson— había cosechado derrotas en cuatro de sus último cinco combates (si bien siempre a los puntos) y era visto como la mera sombra de una antigua promesa que nunca llegó a cumplir las expectativas que un lejano día hubo sobre él. Con todo, Tillis nunca perdió su espíritu luchador y de hecho siguió subiendo al ring nada menos que ¡hasta el año 2001!

Un púgil como Tillis, caracterizado por el pundonor y la capacidad de resistencia, era una verdadera prueba de fuego para el joven Mike Tyson. Como decíamos, muchos ponían en duda su capacidad para sobrevivir combates largos frente a púgiles de gran movilidad. Y aunque el veterano James era por entonces casi un nombre olvidado entre los espectadores casuales del boxeo y los más expertos lo consideraban simplemente una vieja gloria en declive, había descubierto sus alergias alimenticias, había cambiado de dieta y por tanto había recuperado parte de la rapidez de desplazamiento de sus inicios, con un añadido de resistencia al esfuerzo. En otras palabras: estaba dispuesto a plantarle cara a Mike Tyson.

Dicho y hecho: al inicio de la pelea, el constante movimiento de Tillis le permite ponerse fuera del alcance de los golpes de Tyson, quien lo persigue por todo el ring esperando ocasiones de atacar que raramente llegan. Los dos primeros asaltos transcurren en esa tónica y pocas cosas cambian en el tercero. El joven Tyson parece indeciso sobre la táctica a utilizar frente a un púgil que se muestra más ágil, más esquivo y más astuto que ninguno de sus contendientes anteriores. Tyson también parece más precavido de lo normal, sin duda teniendo en cuenta la amplia experiencia y el brillante pasado de su rival, que nunca fue campeón mundial pero tuvo hechuras de poder llegar a serlo. Mike no está cómodo, incluso desaprovecha alguna ocasión como cuando desconcierta a Tillis con un derechazo (13:50) y lo acorrala con un ataque que por momentos parece definitivo pero al que Tillis resiste (13:55). Finaliza el tercer asalto y aunque el público está excitado por el arranque de efervescencia de Tyson, él empieza a entender que se encuentra ante un boxeador que no se parece a ninguno de sus diecinueve contrincantes anteriores. En esta situación, su juventud y las prisas por ganar podrían llegar a traicionarle.

Pero Mike Tyson está bien entrenado y mejor aconsejado. No es un púgil estúpido por más que mucha gente tenga la idea equivocada de que es como un toro que siempre embiste a ciegas. Incluso visiblemente confuso en cuanto a la estrategia que debería adoptar ante el huidizo Tillis, decide no correr riesgos innecesarios y no atacar ciegamente. Continuará prestándose al juego del gato y el ratón que su rival ha planteado. El cuarto asalto finaliza sin mucha más historia. James Tillis, gracias a su movilidad, está escapando del castigo. Solamente hay un momento en que cae a la lona y el público aúlla de entusiasmo: Tillis ha lanzado un golpe al aire y al quedar innecesariamente descubierto, Tyson lo pilla desprevenido (18:18). Pero es un lance fortuito y podríamos considerarlo casi un tropezón sin verdadera incidencia en la marcha de la pelea. James Tillis está saliendo relativamente indemne.

Pero hay algo que Tillis, el antiguo aspirante a campeón, tiene en contra: la puntuación de los jueces. Está perdiendo los asaltos, ya que la mayor agresividad de Tyson le ha permitido llevarse las cuatro primeras rondas al bolsillo. Si James Tillis quiere tener alguna oportunidad de conseguir la victoria ha de empezar a esquivar menos y atacar más, para puntuar en los asaltos siguientes. Quizá por esto la quinta ronda comienza con un intercambio agresivo en el que ambos púgiles se llevan su parte (19:38). Tillis, efectivamente, se arriesga más para atacar a Tyson. Ambos púgiles tan pronto aciertan como se lanzan golpes al aire (20:00) pero pese a los esfuerzos del veterano James, la todavía superior agresividad de Tyson lo sigue manteniendo por delante en el marcador. En el sexto asalto, Tyson intuye que —por primera vez en su año y pico de carrera profesional— la pelea podría llegar al final de los diez asaltos pactados, así que decide olvidarse de buscar un KO y se dedica a seguir llevando la iniciativa pensando más en la puntuación final de los jueces.

Así termina el sexto asalto. James Tillis se convierte en el primer contrincante de Tyson que sobrevive hasta el séptimo, pero se está forjando lentamente su derrota a los puntos. Tyson sabe que los jueces le darán como ganador por lo menos en cinco asaltos de los seis ya disputados (hay dudas respecto al quinto) y que Tillis necesita imperiosamente puntuar en la séptima ronda. Así que ahora es Tyson quien se queda esperando a que sea su rival quien ataque. En contra de lo habitual en él, el toro se transforma en una cobra agazapada que aguarda la ocasión de contraatacar. Y la cobra saca provecho: lanza un ataque que finalmente provoca heridas en el rostro de Tillis (28:55). En esta nueva tónica —Tillis con la iniciativa y Tyson al contragolpe— transcurrirán los asaltos séptimo y octavo, pero sin que dé la impresión de que Tillis los tiene ganados. Tillis decide que no le compensa exponerse a los contragolpes. Puede deducir que Tyson le gana por un 7-1. Sin opciones pues de vencer a los puntos, lo mejor será intentar convertirse en el primer púgil que aguante todo un combate a Mike Tyson y en las últimas dos rondas retorna a su táctica del principio: revolotear constantemente para evitar ser golpeado. Por su parte, Tyson también sabe que tiene la pelea ganada y tampoco se arriesga a atacar abiertamente. Así se llega al final. Aunque parte del público estuviese decepcionado por la ausencia de un KO, Mike Tyson hizo exactamente lo que tenía que hacer: ganar el combate sin jugársela innecesariamente. Teniendo el marcador a favor, ¿por qué arriesgarse a buscar el KO y recibir un contraataque?

Suena la última campana y los jueces anuncian lo que ya estaba claro: Mike Tyson gana a los puntos. James Tillis ha perdido, pero al menos puede presumir de ser el primer púgil que sobrevive los asaltos pactados a Mike Tyson. Hoy en día un observador despistado podría interpretar este resultado como un pequeño frenazo de Tyson en su ascenso, pero nada más lejos de la realidad: Tyson necesitaba este tipo de pelea para enfrentarse a situaciones nuevas. Necesitaba saber desenvolverse y buscar la puntuación más que el KO en el caso de que una pelea se alargase. Fue un momento importante de su aprendizaje, en el que demostró además que podía manejar las estrategias de un combate largo y dosificar sus fuerzas sin agotarse antes del final. Debía aprender que no todos los rivales se iban a dejar noquear fácilmente y no cometió el error de dejarse llevar por la impaciencia. También había demostrado que su condición física era por entonces excepcional. Ya nadie dudaba de que podía aguantar muchos asaltos y continuar fresco incluso bien entrada la pelea. Así que a veces una victoria a los puntos puede ser más significativa e importante que un rápido KO. Como dijo el propio Tyson tiempo después: «No quiero infravalorar lo que Tillis ha hecho, pero si volviese a pelear contra él, lo tumbaría en el primer asalto». Y así es: el Tyson que emergía de una pelea como esta era mejor, más completo y más sabio que antes de comenzarla.

20 de mayo de 1986. Rival: Mitch Green

El 2 de mayo de 1986 es una fecha simbólica: Mike Tyson debuta en el Madison Square Garden de su ciudad, Nueva York, considerado la catedral histórica del mundo del boxeo (por más que Las Vegas se hubiese convertido en la meca pugilística mucho tiempo atrás).

Allí iban a enfrentarse dos paisanos con bastantes cosas en común. Porque Mitch Green se había criado en las calles del barrio neoyorquino de Queens y —al igual que Mike Tyson— había tenido una adolescencia temprana marcada por la delincuencia. Green había sido un elemento de cuidado: líder de un extenso gang juvenil con decenas de miembros bajo sus órdenes y con un respetable historial policial. El boxeo, sin embargo, lo alejó de las calles. Durante la segunda mitad de los setenta abandonó la delincuencia y protagonizó una brillantísima carrera amateur en la que amasó sesenta y cuatro victorias frente a siete derrotas, con cincuenta y un KO en su haber. (Estas tremendas cifras de su trayectoria como aficionado no son definitivas y se cree que llegó a pelear en muchos, muchos otros combates amateur no registrados oficialmente: en total, pudo sumar más del doble de peleas de lo que refleja su currículum oficial). En todo caso, en los setenta ganó cuatro veces el Premio Guantes de Oro con el que la prensa neoyorquina señalaba al mejor púgil aficionado de la temporada. Al igual que Tyson cuatro años más tarde, Green también fue considerado la gran esperanza estadounidense de cara a los Juegos Olímpicos. Pero también como Tyson, Mitch Green perdió en las eliminatorias previas y no pudo acudir (aunque al final los atletas estadounidenses boicotearon el evento por orden de su Gobierno). Cuando se enfrentó a Tyson, la carrera profesional de Green llevaba muy buena marcha: dieciséis victorias frente a una única pero muy digna derrota a los puntos frente a todo un Trevor Berbick, el canadiense que en marzo de este mismo 1986 se había alzado con el cinturón de campeón mundial de la WBC. Así pues, Green amenazaba también con transformarse en una muy seria competencia para el joven Tyson.

La ocasión era especial. Mike Tyson pisaba por primera vez el escenario central del Madison Square Garden con una inefable mueca de nerviosismo en su rostro. Pese a su habitual inexpresividad, resultaba evidente que antes de saltar al ring estaba sufriendo un calvario (vean el momento en el minuto 17:58 del vídeo enlazado). Recordemos que tenía solamente diecinueve años y que todo el mundo le preguntaba cuándo iba a pelear por un cinturón de campeón mundial, así que resulta difícil imaginar la presión competitiva a la que estaba sometido. Pensemos por ejemplo en cuando Rafael Nadal tenía diecinueve años: si perdía en un torneo, siempre podía intentar resarcirse en el siguiente. Pero para un boxeador adolescente e invicto como Tyson cada pelea significaba jugarse el todo por el todo. De hecho, Mike Tyson reconoció por entonces que siempre sentía miedo antes de los combates, pronunciando la ahora célebre sentencia «Cualquier boxeador que diga que no tiene miedo antes de salir al ring, o es un mentiroso, o está loco».

Con nervios o sin ellos, había que hacer frente a la situación y Tyson inició el combate con más agresividad que frente a Tillis. Sus primeros golpes fueron bien encajados por el rival (25:25) y pronto la pelea sigue parecidos patrones a los del combate anterior: Tyson activo y dominante, atacando y llevando la iniciativa —aunque no sin lucir sus recursos defensivos (26:28)— mientras que Green está más a la espera, confiando en el contragolpe. El primer asalto resulta ser muy disputado. En el segundo asalto Green parece decidido a contener a Tyson con el clinch (28:50). Pero en vez de frustrarse, Tyson decide aprovechar esta circunstancia para recurrir a una de sus especialidades: los golpes interiores, ya sean ganchos a los costados o uppercuts dirigidos al rostro. En la pelea cerrada cuerpo a cuerpo, estos golpes le permiten compensar la desventaja que supone su inferior estatura (29:20, 29:55, 30:20, 30:48). Aunque también Green consigue anotar golpes limpios, no parece intimidar a un Tyson que continúa atacando de manera dosificada pero constante. Una vez más, para sorpresa de muchos, Tyson parece más interesado en desgastar al oponente y en ganar asaltos a los puntos que en buscar un KO. Esto bien podría ser el resultado de los consejos de sus entrenadores: consideraban importante que el joven Mike experimentase otro combate largo y volviese a ganar una victoria por decisión de los jueces. Dado que Tyson parecía encaminado a disputar el título mundial, había que prever que la lucha por la corona podría seguir los derroteros de un combate cerrado y farragoso. Parece evidente que no hace nada por buscar el KO, ni siquiera cuando parece haber ocasiones de intentarlo. Quiere puntuar. Hacia el final del segundo asalto lanza un ataque más abierto pero también con la aparente intención de impresionar positivamente a los jueces y no la de noquear (31:05). Cuando termina la segunda ronda, la boca de Green ya está sangrando. Durante el descanso Tyson parece completamente relajado: los nervios han desaparecido y se siente en completo control de la pelea (32:15). Está preparado para afrontar un combate largo, como sin duda alguna le han pedido sus entrenadores que haga.

El tercer asalto sigue en la misma tónica: Green no consigue emplear su envergadura para mantener a distancia a Tyson y cuando pelean en corto tampoco consigue «atarle» como le reclaman constantemente desde su esquina. Eso sí, demuestra ser buen encajador porque soporta algún peligrosísimo golpe que lo sorprende a contrapié (33:31). Incluso cuando no golpea, las aproximaciones ofensivas de Tyson están siendo espectaculares por su movilidad y su capacidad de sorpresa táctica (33:58). Aunque hay golpes de esos que hacen que la protección bucal del oponente salga volando —junto con una prótesis consistente en un par de dientes artificiales que también acaban sobre la lona, obsérvese la repetición a cámara lenta del minuto 35:54— Tyson se está conteniendo, ateniéndose religiosamente al plan trazado de antemano. Pero esto no da lugar a un combate aburrido. Al contrario: está siendo su pelea más brillante desde el punto de vista táctico, por más que muchos espectadores hubiesen preferido ver uno de sus KO. Cuando finaliza el tercer asalto nos damos cuenta de que resulta muy, muy interesante ver a Tyson en este registro estratégico. Con los tres primeros asaltos ya cómodamente metidos en el bolsillo, Tyson ve pocos motivos para variar su plan. Green, al igual que Tillis antes que él, parece conformarse con intentar llegar hasta el final del combate aunque sepa que muy probablemente va a perder a los puntos. Se vuelve menos combativo. El árbitro llega a llamarle la atención por abusar del clinch (37:06). Pero es que Green no tiene mucha alternativa: de atacar más, continuaría sufriendo un tremendo castigo al quedar más vulnerable a los golpes abiertos de Tyson (37:29).

Intuyendo que tiene ya pocas opciones de ganar el combate, Mitch Green empieza a recurrir a juegos psicológicos: al final del cuarto asalto ambos púgiles están a punto de enzarzarse habiendo sonado ya la campana que anuncia el descanso. Vemos a Tyson visiblemente molesto con alguna actitud de su oponente, dejando entrever por primera vez en su carrera una actitud más callejera sobre el ring (39:28). En realidad este es un detalle sin importancia: el árbitro separa a ambos púgiles sin mayores problemas (peores cosas se ven en un campo de fútbol e incluso sobre una cancha de baloncesto), pero sí resulta curioso pensar que un par de años más tarde ambos púgiles protagonizarían una famosa pelea callejera, después de que Green fuese a una tienda de ropa para provocar abiertamente a Tyson y ganarse publicidad a su costa, probablemente buscando obtener una lucrativa revancha sobre el ring. Green saldría de aquella tienda con la cara hecha un cuadro… y Tyson con una mano rota, que le obligaría a posponer su combate contra Frank Bruno.

Pero volviendo a 1986 y al combate que nos ocupa: el quinto asalto nos trae más de lo mismo. Tyson atacando sin prisa pero sin pausa y Green intentando neutralizarlo sin mucho éxito. La tensión entre ambos es ya muy patente: Tyson —cosa inédita en él— se dirige desafiante a Green e incluso le chulea abiertamente con una exhibición de habilidad defensiva, momento verdaderamente digno de ver (42:05). Pero si la intención de Green era conseguir que un Tyson llevado por la fogosidad juvenil olvidase su estrategia, lo cierto es que no lo consigue: Mike no cae en la trampa y continúa aferrado a su táctica, que a estas alturas ya le ha garantizado puntuar en cinco asaltos, exactamente la mitad de los asaltos programados. Se sabe muy superior. Tras la sexta ronda el marcador ya está completamente decidido a su favor: 6-0. Quien aún albergase dudas sobre la capacidad de Mike Tyson para gestionar combates largos, la verdad es que tenía que quedar definitivamente convencido (por desgracia, en años posteriores no siempre se pudo decir lo mismo).

Mitch Green ha sobrevivido ya seis asaltos pero la pelea es mucho más desigual que la anterior contra James Tillis. Esta noche la superioridad de Tyson está siendo apabullante: su condición física es notoriamente mejor que la de su rival (de hecho, es impresionante). Es más rápido, más fuerte, mejor atacante, mejor defensor que Green. Tácticamente lo tiene absolutamente todo bajo control. Mitch no es rival para un púgil más joven pero que está ya en otra liga. Cada vez resulta más evidente, incluso para el público, que Tyson no lo noquea porque no quiere. Green sigue pensando que su única posibilidad es ya la de intentar sacar de quicio a su joven contrincante (43:27), pero el juego psicológico seguirá sin funcionarle. Este inexperto Tyson está mucho más centrado que el de años posteriores, en aquella infame ocasión en que la astucia de la provocación sí le funcionó —y de qué manera— a Evander Holyfield. A costa, todo sea dicho, de terminar perdiendo media oreja.

Pero volvamos a 1986: con un 6-0 en el marcador y la pelea ganada salvo improbable KO a cargo de Green, Tyson se siente tan superior que lejos de amarrar el resultado como frente a James Tillis, sigue presionando según el plan previsto.

En el octavo asalto, por primera vez y quizá como respuesta a los abucheos que censuran su actitud acomodaticia, Mitch Green se arriesga y se lanza unos intercambios en corto (53:26). El constante desgaste físico de Tyson ha afectado a su velocidad y es el primer momento de toda la noche en el que lo vemos pasar por algún problema. Nada sorprendente: en cualquier otra pelea esto sería lo normal, porque el púgil que va perdiendo a los puntos necesita empezar a ser más agresivo para intentar conseguir el KO. Pero lo realmente importante para Tyson es que su mal momento pasa de largo rápidamente, porque pronto recupera la iniciativa y le recuerda a Green quién manda mediante un tremendo derechazo dirigido a la cara (54:14), uno no menos tremendo al costado (54:40) y una izquierda aterradora (54:58). Resumiendo: la vistosa pero fugaz e ineficaz reacción de Mitch Green ha durado solamente medio asalto y tan pronto como Tyson se ha recuperado de la sorpresa ha vuelto a tomar las riendas con pasmosa autoridad. En el descanso, sentado en su esquina, Tyson incluso sonríe. Sabe que está haciendo una grandísima pelea.

En el noveno y décimo asaltos hay algún golpe aislado por parte de ambos, pero poca cosa: la historia ya ha sido contada. Mike Tyson vence por decisión unánime de los jueces, con nueve de las diez rondas adjudicadas en su favor. Al igual que contra Tillis, también este combate ha sido un importante escalón en su aprendizaje. Ya ha disputado dos peleas completas a diez asaltos y está más preparado para una batalla por el campeonato. Detrás de todo esto está la inteligentísima planificación de su entrenador Kevin Rooney y de su manager Bill Cayton. El propio Tyson lo diría pocas semanas más tarde: «Antes de estos combates nunca había llegado a los diez asaltos, pero después del último asalto contra Green me di cuenta de que no tenía ningún problema [de resistencia]».

El combate propiamente dicho empieza en el minuto 24:27 del vídeo, aunque la previa es interesante para quien entienda inglés.

13 de junio de 1986. Rival: Reggie Gross

Pese a la insistencia de la prensa, en el entourage de Tyson no tienen ninguna prisa por hacerle disputar el título (una pena que no gozase de este equipo durante toda su carrera, porque otro gallo hubiese cantado). Mike vuelve al Madison Square Garden para seguir haciendo currículum y aprendiendo. Su nuevo rival es un correoso y combativo journeyman especializado en dar la sorpresa ante jóvenes promesas en pleno ascenso, como el hasta entonces imbatido Jimmy Clark. Dado que Tyson venía de dos combates consecutivos que habían llegado al final, estaba la duda sobre el tipo de pelea que veríamos esta noche. ¿Se trataría de otro combate largo y estratégico? ¿Habían encontrado los rivales una manera de sobrevivirle asalto tras asalto?

Pero no. Reggie Gross —al contrario que sus dos anteriores rivales— salió dispuesto a pelear de tú a tú, tratando de marcar a Tyson con su jab para mantenerlo a distancia pero sin renunciar a la lucha. Y Tyson se presta al juego: se mantiene lejos, pero ve huecos y suelta el brazo con un gancho de izquierda (2:33). También explota la pelea interior (2:42), aunque exponiéndose a posibles contragolpes (3:02) e intentando, no siempre con éxito, que su temible uppercut aterrizase en el contrincante (3:26). Esta noche no va a seguir la misma táctica que contra Mitch Green: se acabó buscar los puntos. Vuelve el viejo sistema —temporalmente aparcado— de salir lo más agresivamente posible desde el mismo inicio. Ante el vendaval, Reggie Gross juega durante un rato a fingir que no sabe qué hacer para después soltar por sorpresa un tremebundo contragolpe, una muy inteligente jugada que efectivamente coge a Tyson completamente desprevenido (3:34). Aunque Mike pronto se sacude ese contragolpe gracias a su habilísima defensa, la jugada de Gross parece ser una de las pocas maneras en que un púgil podría tener alguna posibilidad de aturdir al fenómeno de Brooklyn.

Sin embargo, toda moneda tiene dos caras: el contraataque de Gross es espectacular pero le hace descubrirse y perder el balance en el apoyo, así que cuando un gancho de izquierda de Tyson lo alcanza, recibe todo el golpe sin apenas resistencia y cae a la lona (3:55). Gross ha pagado por su audacia. Se pone en pie; tiene más que visibles problemas para digerir el golpe, pero el árbitro le permite continuar. Es inútil: Tyson, como de costumbre, es como un tiburón que no tiene piedad en cuanto percibe signos de debilidad en el oponente y otro gancho de izquierda derriba a Gross por segunda vez consecutiva (4:09). Este se vuelve a levantar con mucho esfuerzo, pero el árbitro —con buen criterio— detiene la pelea. El Madison Square Garden brama de euforia. Ni siquiera importa que un mes antes, frente a Mitch Green y en este mismo escenario, Mike Tyson hubiese hecho una fantástica demostración táctica de diez asaltos. Es el único púgil por el que la gente quiere pagar para ver un combate lo más fugaz posible. Y esta noche han tenido lo que querían: un KO en el primer asalto.

28 de junio de 1986. Rival: William Hosea

Justo antes de cumplir los veinte años Tyson se mide a un rival con bastante menos bagaje y cartel que los inmediatamente anteriores. Es la típica pelea para buscar otro KO y acumular números ahora que una posible disputa del título parece cada vez más cercana. Al contrario que a principios de año, cuando no quería ni mencionar la posibilidad de un combate por el cinturón de campeón, es ahora el propio Tyson quien admite que su asalto al título podría producirse «en unos pocos meses». Parece estar mentalmente preparado. La prensa recuerda una cita del fallecido Cus D’Amato: «Mike se convertirá en el campeón de los pesos pesados más joven de toda la historia». Tyson —a quien la muerte de Cus ha afectado profundamente, como todo el mundo sabe ya a esas alturas— parece finalmente decidido a cumplir de manera póstuma el sueño de la única figura paterna que ha existido en su vida.

La pelea comienza de manera interesante, con un Hosea valiente que —como Gross antes que él— juega a intentar mantener la distancia pero sin por ello renunciar a la lucha. Pero Tyson es demasiado rápido para él. Una combinación izquierda-derecha-uppercut hace temblar a Oshea (3:12). Inmediatamente después, una serie de uppercuts y ganchos lo envían a la lona (3:24). No se levanta lo suficientemente rápido durante la cuenta de diez —se queda agachado a propósito para recuperarse pero pierde demasiado tiempo— así que, pese a los abucheos del público y pese a las protestas de su esquina, el árbitro declara un justo KO en su contra. Una vez más, a Tyson le ha bastado menos de un asalto para mostrar su total superioridad.

11 de julio de 1986. Rival: Lorenzo Boyd

Todo el mundo en América está intimidado por Mike Tyson, pero quiero mostrarles a todos que este tipo es vulnerable. Comete un montón de errores.

Esta es la primera pelea de Tyson una vez ha terminado oficialmente su adolescencia, ya que acaba de cumplir veinte años. Se enfrenta a Lorenzo Boyd, un expolicía de Oklahoma que había aprendido a boxear en el servicio militar y que se había dedicado al pugilismo por la insistencia de sus compañeros de comisaría, quienes veían en él hechuras de profesional y pensaban que podría ganar mucho más dinero que como agente de la ley. Boyd no tenía demasiado cartel, pero era inteligente y perfectamente conocedor de la importancia de la preparación previa, del método y del estudio del contrincante antes de una pelea. Unos meses antes había ayudado a James Tillis a preparar su enfrentamiento con Tyson. Ahora era él mismo quien subía al ring contra Tyson (con Tillis devolviéndole el favor, por cierto), así que era el oponente que mejor había estudiado el estilo de Mike. Ciertamente, como afirmaba Boyd en las entrevistas previas, Tyson era joven y cometía errores. Pero eso no significaba que la preparación pudiese poner a un púgil inferior en condiciones de ganar. Las armas de Tyson eran demasiado poderosas, su estado físico demasiado bueno, su concentración y determinación demasiado altas.

Porque también Tyson ha estudiado la estrategia a seguir. Comienza el combate con una actitud inusual en él: está bailando en torno a Boyd, probablemente para anular ya de primeras la posible ventaja que el rival quisiera obtener de su propia movilidad. Esto es algo que sin duda Boyd no se esperaba. Nadie se lo esperaba. En el cambio táctico de Tyson se vuelve a intuir la intervención mágica de su entrenador Kevin Rooney.

Tyson rubrica la sorpresa soltando alguna derecha que empiece a dejar las cosas claras sobre quién tiene las de ganar (1:58). Encuentra huecos en la guardia rival y crea sensación de peligro inminente (2:38). Boyd es valiente, pero la diferencia de potencia y rapidez entre ambos púgiles resulta aparentemente infranqueable. Aunque hay pocos golpes claros y sí mucho juego de movimientos, eso no impide que Boyd termine el primer asalto con una herida abierta en la nariz, lo cual le augura poco futuro. Este Mike Tyson parece mucho más preciso y eficaz tácticamente que el de tres o cuatro combates antes.

Al comenzar la segunda ronda Tyson sigue bailando pero esta vez, todavía más sorprendentemente y salvando las distancias en estilo, lo hace a la manera defensiva de un Muhammad Ali (5:15). Ver a Tyson boxeando defensivamente es algo completamente imprevisto: a Boyd no le está gustando nada tanta movilidad del rival. Se mete en el interior para detener tanto bailecito, pero ahí comprueba lo ineficaces que resultan sus uppercuts en comparación con los nunca suficientemente elogiados uppercuts de Mike Tyson (5:40). Las dotes defensivas de Tyson neutralizan cualquier ataque del rival (5:58). Finalmente, un golpe al cuerpo hace que Boyd se tambalee (6:32) y una velocísima sucesión de dos golpes —uno al cuerpo y otro a la cara— lo tumba definitivamente. KO en el segundo asalto. Si Mike Tyson comete errores, y seguro que los comete, no ha sido Lorenzo Boyd el hombre en sacar provecho de ellos.

26 de julio de 1986. Rival: Marvis Frazier

Debe de haber, como mucho, solo unas cincuenta personas en el planeta que puedan sobrevivir a estos golpes.

El siguiente combate tiene un morbo especial, aunque solo sea por el apellido del contrincante. Pues Marvis Frazier es el hijo del antiguo campeón mundial Joe Frazier, el hombre que noqueó a Muhammad Ali y una de las mayores leyendas de la historia del boxeo. Es más: a Tyson se lo compara continuamente con Joe Frazier, uno de los púgiles a cuyo estilo puede parecerse más. Así que va a resultar muy extraño verlo competir contra el hijo de este.

Marvis Frazier, sin llegar ni de lejos a la categoría de Joe, era un buen púgil que había resultado muy prometedor como amateur y cuya carrera profesional estaba siendo bastante respetable, aunque no había explotado como se preveía en un principio. Tiempo atrás, en su única derrota, había sido noqueado en el primer asalto por el vendaval Larry Holmes. Muchos consideraron que había sido un intento prematuro al título frente a un rival tan duro como Holmes. También se acusó a su padre, Joe Frazier, de obcecarse en intentar inculcar su propio estilo agresivo a Marvis, quien en verdad tenía más condiciones para pelear de otra manera. Si bien aquella derrota perjudicó la carrera de Marvis, ahora venía de cosechar seis victorias consecutivas. Cuando se olvidó de intentar pelear como su padre (cosa que Tyson hacía mejor) se hizo especialista en alargar los combates para llevarse los puntos al bolsillo y había vuelto a sumar victorias. Así que en principio, y más allá del morbo del apellido, parecía muy interesante ver cómo podía desempeñarse Marvis Frazier —un muy buen boxeador— frente a Mike Tyson. Sobre el papel, podía ser su oponente más complicado. Frazier se desempeñaba bien contra rivales que buscasen una pegada fuerte.

Pero Mike Tyson saldría al ring dispuesto a que la pelea no se alargase demasiado. Una vez más, sorpresa táctica: renunciaba a la estrategia de movilidad que había empleado frente a Boyd y salía a pelear en plan slugger. Esto es: avanzando siempre hacia el rival, como un rinoceronte, tratando de lanzar golpes lo más potentes posible para buscar un KO. Dicho de otro modo: Tyson estaba peleando ¡al estilo de Joe Frazier! Para Marvis era como pelear con una versión moderna de su propio padre. Irónicamente, en esta pelea es Tyson quien recuerda mucho a Joe Frazier, incluso en la actitud corporal. Era casi como ver al mítico Joe de nuevo en acción.

El pobre Marvis conocería su segunda derrota al ser noqueado a los treinta segundos de combate cuando un terrorífico uppercut de Tyson lo dejase en las nubes. Antes de caer a la lona, mientras recibía nuevos golpes, ya estaba prácticamente inconsciente (3:03). Ni siquiera hubo ocasión de comprobar cómo se ajustaban los respectivos estilos de ambos púgiles. KO en medio minuto. Tyson, que se da cuenta de que Marvis no reacciona, se acerca muy preocupado hacia la esquina en donde su rival continúa sentado sin consciencia, aunque no tardan en tranquilizarlo cuando ven que Marvis va a recuperarse sin problemas. Tyson abraza y da un beso a Marvis (5:28), respetándolo no solo como rival sino también sin duda como el hijo de uno de sus grandes referentes.

Tyson está eufórico y rebosante de adrenalina, y en la entrevista posterior a la pelea lo deja claro: «Creo que puedo vencer a cualquier púgil del mundo». Incluso parece haberle dado utilidad a sus típicos nervios precombate: «Uso el miedo para volcarlo sobre mi oponente. El miedo es mi amigo: si no tuviese miedo, no podría pelear».

17 de agosto de 1986. Rival: José Ribalta

Si Tyson termina la pelea en el segundo asalto, la gente dice «ha noqueado a otro perdedor, ¿cuándo va a enfrentarse a algún boxeador bueno de verdad?». Si la pelea se alarga, entonces todo el mundo dice que quizá Tyson no sea tan bueno. Pero aquí está frente a un profesional y está dominando la pelea.

De origen cubano y crecido en Florida, José Ribalta se presentaba con un currículum aceptable en el que, sin embargo, destacaban dos derrotas a los puntos que habían llegado en momentos claves de su carrera: una muy dolorosa frente a James «Bonecrusher» Smith, en la que peleó valientemente durante diez asaltos tras ser tumbado en el primero. Y otra también en diez asaltos frente a Marvis Frazier. Ribalta no tenía un cartel espectacular pero sí una gran reputación de combatividad y pundonor. Para cualquiera que mirase más allá de las estadísticas, Ribalta —pese a su poca fama— amenazaba con no ser un rival fácil. La única sombra era haber perdido contra Frazier, a quien Tyson había noqueado en treinta segundos.

Antes de empezar el combate (justo al principio del vídeo) se produce un curioso intercambio de miradas: una mirada amenazante y sobreactuada, casi cómica de Ribalta (quien por lo demás. hay que decir. era un tipo apacible en las entrevistas). Por el otro lado está la mirada de Mike Tyson: seria, austera y amenazante sin necesidad de sobreactuar.

Tyson empieza el combate muy agresivo, en busca del KO como frente a Marvis Frazier. Sin embargo, Ribalta absorbe bien algunos golpes, maneja bien la distancia y anula el impulso inicial del neoyorquino. Está utilizando la estrategia que algunos analistas habían recomendado previamente para anular a Tyson: moverse defensivamente, tratar de esquivar haciendo que Tyson lanzase golpes al aire, provocando su cansancio y frustración. Aunque Tyson le crea algunos problemas en el interior (3:00), Ribalta sobrevive un primer asalto complicado y a partir de ahí usa con éxito su envergadura y su jab para mantener lejos a Tyson. Para colmo, no rehúye el combate ni renuncia a sus posibilidades de contragolpe. Tampoco abusa del clinch.

Con todo, Tyson llega a tumbarlo con un inesperado uppercut en el segundo asalto (6:18) pero Ribalta consigue frustrar su intento de terminar el trabajo (6:37). Esto hace que Tyson entienda que ha de tomarse las cosas con calma y que conseguir el KO no va a ser tan sencillo como parecía. El tercer, cuarto y quinto asaltos empiezan a parecerse a la pelea contra Mitch Green: Tyson ataca, pero ahora pensando en los puntos y en desgastar al rival con golpes al cuerpo, no tanto en noquearlo con golpes a la cara. Ribalta va trabando progresivamente la pelea y conformándose con intentar sobrevivir hasta el final aun a costa de ir perdiendo los asaltos.

El cubano reacciona en la sexta ronda y trata de ser algo más activo como al inicio de la velada. Aunque el más mínimo descuido puede hacer que quede expuesto a golpes limpios que asimila bien pero que sin duda hacen daño (26:49, 29:04), incluyendo alguno que hace saltar su protección bucal (29:28). El trabajo incesante e incansable de Tyson, pues, comienza a dar frutos. José Ribalta empieza a dar muestras de estar muy cansado y con la guardia baja, lo cual lo convierte en víctima propiciatoria para los primeros ataques exitosos desde el segundo asalto, que realmente lo ponen al borde de desplomarse sobre la lona (29:57, 30:17, 30:25). Los contragolpes del cubano, cuando los hay, son ahora débiles, lentos, imprecisos y a la desesperada. Mike Tyson, pese al tremendo desgaste al que se ha sometido, sigue teniendo reservas de energía y explosividad. Esto es una mala noticia no solo para el cubano, sino también para cualquiera de sus futuros rivales. Hacia el final de la octava ronda, un gancho de izquierda sienta a Ribalta sobre las cuerdas (30:50). Un knock down que no anuncia nada bueno para el caribeño. Al principio del noveno asalto, a punto está de caer otra vez por efecto de un gancho (33:09). Tyson no se deja llevar y continúa esperando sus oportunidades sin prisa, pero sin pausa. Y de todos modos, si se llega a la decisión de los jueces, tiene la pelea completamente ganada.

Empieza el último y décimo asalto. Ribalta está tocado y agotado. Tyson, increíblemente, ni siquiera jadea. El cubano se muestra valiente y no renuncia a intentar que un golpe sorprenda a Tyson y produzca el improbable milagro (36:46). Pero ya no hay nada que hacer: Tyson no ha sufrido apenas castigo y viéndolo moverse sin aparente esfuerzo uno pensaría que estamos todavía en los cinco primeros asaltos. Ribalta, con pundonor, pelea como puede esta última ronda pero el resultado es que un gancho de izquierda lo derriba (37:40). Aunque se levanta, está ya prácticamente inerte: justo a continuación Tyson le ataca con una combinación de la que el cubano no se defiende, así que el árbitro detiene el combate. KO en el décimo asalto.

Mike Tyson ha tenido que trabajar como nunca antes para vencer a un rival. Ni siquiera con los asaltos a su favor se ha permitido un momento de respiro. Siempre se ha atenido a su característico plan de atacar y atacar, y la recompensa ha llegado antes de la campana final. Esta pelea nos ha demostrado dos cosas: una, que José Ribalta no era exactamente un cualquiera y que su táctica, si no triunfante, pudo haber sido la más inteligente. Dos, que Mike Tyson está preparado para hacer frente a toda clase de circunstancias y que sus oponentes van a necesitar estrategias nuevas para poder ganarle un combate. A ojos de muchos, Tyson está empezando a parecer invencible: desarrolla una aureola mágica que conservará mientras no descuide su entrenamiento y mientras el desorden no entre de lleno en su vida unos años más adelante. Pero en 1986, este joven púgil de veinte años amenaza con convertirse en un problema de muy difícil solución para sus rivales.

En su entorno, además, ya están completamente convencidos: es momento para que Mike Tyson piense en asaltar el título. Empiezan a mover resortes para hacer que sea posible. Se negocia, por fin, una pelea clasificatoria.

6 de septiembre de 1986. Rival: Alfonso Ratcliff

¡Mírame a mí, maldita sea! Te estoy hablando.

La tensión sobre el ring resulta patente. El público vibra. El árbitro, mientras da las indicaciones a los púgiles, exige a Tyson que se concentre en él y en sus palabras. La pelea está a punto de empezar pero Mike tiene la mirada centrada en su oponente. La mirada de Ratcliff es casi tan intimidante como la del propio Tyson. Quien gane esta noche, podrá enfrentarse al campeón mundial. La hora de la verdad está llegando.

Estamos en el Hotel Hilton, escenario de muchas grandes peleas en Nevada. Tyson, finalmente, pisa Las Vegas, la meca del espectáculo pugilístico. Acumula veintiséis victorias, veintitrés de ellas por KO. Se acabó el engordar currículum. Este combate no será un combate más: si Tyson vence quedará cualificado para disputarle el título mundial de la WBC a Trevor Berbick, que luce el cinturón desde marzo y que todavía no lo ha puesto en juego.

Su nuevo rival, Alfonso (o Alfonzo) Ratcliff es un púgil con un cartel muy brillante: ha ganado veintiún combates, ha obtenido el título mundial de los pesos crucero y las únicas tres derrotas de su carrera se han producido frente a tres hombres que en un momento u otro también han lucido el cinturón de campeón mundial. Ahora, en los pesos pesados, es el contrincante de mejor cartel que Tyson ha tenido en su año y medio de meteórico ascenso, el único que ha logrado un título mundial. Es alto, es rápido, sabe moverse, y no carece de pegada. Al contrario que todos los demás rivales anteriores de Iron Mike, Ratcliff también se juega mucho en esta pelea y no puede conformarse con intentar sobrevivir aunque pierda a los puntos: tiene que encontrar una manera de ganar para poder enfrentarse él mismo al campeón Berbick. El público está excitado ante la idea, porque esto le forzará a arriesgar más ante Tyson de lo que ningún otro púgil haya hecho antes.

Suena la campana y Ratcliff, ágil como un bailarín, revolotea en torno a Tyson. Parece que su intención es la de guardar la distancia con el jab, evitar que Tyson tenga un blanco fácil en el que acertar y mientras tanto estudiar su guardia para tratar de encontrar un agujero por donde atacarle, o algún patrón de movimientos que haga a Tyson vulnerable a los ataques. Mike se une al juego y emplea la misma táctica, avanzando, sí, pero sin lanzarse como un toro hacia el interior. Sabe que Ratcliff es peligroso y esto es clara señal de que le tiene respeto. Con todo, los primeros instantes de pelea muestran que es Tyson quien encuentra con mayor facilidad los huecos (2:15). Un tremendo derechazo envía un aviso a Ratcliff: mejor le sería encontrar una forma de evitar esos golpes limpios o la cosa podría torcerse pronto (2:40). Los rivales que han sobrevivido varios asaltos a Tyson lo han hecho rebajando la intensidad de la pelea, pero este es un lujo que, por desgracia para él, Ratcliff no puede permitirse si quiere tener opción a disputar el título de los pesados. Ratcliff no es Tillis, no es Green, no es Ribalta. Una derrota por puntos le vale lo mismo que una derrota por KO. Esto es: nada.

Pero quedar abierto mientras busca sus propias opciones de atacar tampoco le va a funcionar: pronto le caza el famoso gancho de izquierda y, al sorprenderlo sin equilibrio, termina con una rodilla en la lona (2:55). El árbitro no lo considera un knock down, sino un resbalón, lo cual no impide que la cosa empiece a pintar mal para Alfonso. Mike Tyson se ha dado cuenta de que la guardia de Ratcliff es permeable y no ceja en la búsqueda de otro agujero en su defensa, lo cual da pie a interesantísimos momentos en los que no se intercambia ningún golpe pero donde la actitud acechadora de ambos es digna de rebobinar la cinta una y otra vez (3:10). Porque el buen boxeo no siempre consiste en golpes: es también movimiento. El mutuo baile es de una gran belleza y puede resultar igualmente tenso que un intercambio furibundo de golpes (3:30). El primer asalto transcurre con pocas incidencias pero parece ir de lleno al bolsillo de Tyson, quien además de haber protagonizado el mejor ataque está frustrando los pocos ataques Ratcliff sacando a relucir una vez más sus habilidades defensivas (4:11). Ratcliff, por su parte, no puede tomarse ni un respiro, porque Mike no deja de estar al acecho ni un solo instante.

De seguir todo así, Tyson no solamente seguirá sumando puntos sino que Ratcliff se llevará más castigo y además se cansará antes. En justicia, cabe recordar una vez más que el pobre Alfonso no tiene muchas opciones viables. Si se la juega en pelea abierta tiene las de perder porque Tyson es más fuerte, es más rápido, tiene más reflejos y se defiende mejor. Si se la juega en pelea interior, estará a merced del golpe favorito de Tyson: el uppercut, que ya ha puesto a prueba muchas veces frente a rivales más altos. Si trata de neutralizar a Tyson en el interior mediante el clinch, perderá puntos ante los jueces por ser menos agresivo que el contrincante. Si trata de escapar de Tyson en el exterior, también perderá puntos ante los jueces. Todo esto es lo que pasaba en 1986 cuando un púgil se veía en la obligación de encontrar la forma de derrotar a Tyson. Si desarrolló semejante aureola de invencibilidad no se debía únicamente a sus tremendos golpes, sino a las dificultades estratégicas que planteaba. Por eso fue una pena que en años posteriores descuidara su preparación, porque en sus mejores momentos no parecía haber táctica buena frente a él.

La segunda ronda empieza igual que terminaba la primera: un tenso baile y algunos intercambios donde la defensa de Tyson es manifiestamente más hábil (5:52). Ratcliff busca alguna manera de castigar el cuerpo del rival para, conforme avance la pelea, hacerle perder fuelle y velocidad (6:00). Pero como decíamos no hay táctica buena: mientras Ratcliff prepara un golpe —y está unas décimas de segundo al descubierto— Tyson lo sorprende con otro gancho de izquierda que de nuevo lo envía a la lona (6:25). Es el último aviso. Aunque Ratcliff se levanta, Tyson sabe que lo ha debilitado mucho y ataca, esta vez sin precaución ni piedad, con una furiosa combinación (6:46). El rival no cae pero termina de perder la entereza que le quedaba. El siguiente gancho, esta vez de derecha, parece definitivo y como bien dice el locutor, el árbitro debería parar el combate en ese mismo instante (7:00). Pero el colegiado no para la pelea: muy discutible e incluso diría que penosa decisión que quizá responda a los deseos del entorno de Tyson (o de algún otro entorno) de que se vea un KO filmado en toda regla en este combate previo al asalto a la corona. Con un Ratcliff visiblemente grogui, completamente indefenso, Tyson termina un trabajo que en realidad ya estaba terminado. Gana por KO.

Finalmente, las cartas están sobre la mesa: Mike Tyson es oficialmente el aspirante al campeonato mundial de los pesos pesados.

22 de noviembre de 1986. Rival: Trevor Berbick. Pelea por el campeonato mundial de los pesos pesados, versión WBC

Mike Tyson es el aspirante, lo crean o no, aunque esta noche parece el campeón… y podría no tardar mucho en lucir ese cinturón.

Mike Tyson sale del vestuario con su típica expresión de agobio. Solamente tiene veinte años. Va a intentar conseguir el cinturón de campeón de los pesos pesados, que jamás nadie había obtenido a tan temprana edad. Floyd Patterson lo obtuvo a los veintiuno. Muhammad Ali, entonces aún llamado Cassius Clay, lo obtuvo a los veintidós. George Foreman y Joe Louis a los veintitrés. Estos son los nombres a los que Tyson va a intentar arrebatar el récord esta noche.

El canadiense Trevor Berbick, campeón mundial por la WBC, será su rival. Todavía no ha defendido el cinturón desde que lo obtuviese en marzo. Un cinturón que ha conseguido tardíamente a los treinta y dos años, tras una larga carrera y mucho esfuerzo, aunque sin la aureola de la que han gozado otros campeones. Pero su tarjeta es obviamente muy buena: treinta y seis combates, con treinta y una victorias, cuatro derrotas y un combate nulo. Ha peleado contra Muhammad Ali, al que venció en 1981 cuando Ali estaba en plena decadencia (ya afectado por el mal de Parkinson), prácticamente forzándolo a retirarse. Fue noqueado por Bernardo Mercado en su intento de asaltar el campeonato panamericano, pero obtuvo el título de campeón de Canadá noqueando a su vez (y en el primer asalto) a su rival. Venció al joven y aún invicto Greg Page, el mismo que a los dieciséis años había impresionado a su paisano de Louisville, Muhammad Ali: casi todo el mundo consideraba favorito a Page, más talentoso que Berbick, pero este se las arregló para obtener la victoria. En su primer y fallido asalto al título mundial, Berbick aguantó quince asaltos frente a su Némesis, el entonces invicto Larry Holmes, aunque terminó perdiendo a los puntos. Por cierto, diez años más tarde terminaría protagonizando una espectacular pelea callejera con Holmes con la presencia de las cámaras y los agentes de la policía, quienes literalmente se jugaban el pellejo intentando separar a dos campeones mundiales de los pesos pesados que no llevaban los guantes puestos y que tenían muchos problemas personales entre ellos.

Trevor Berbick no despertaba grandes exclamaciones entre los expertos, pero se había hecho un nombre protagonizando muchos momentos intensos y consiguiendo finalmente el título ante un Pinktlon Thomas que estaba metido en asuntos turbios. Infravalorado para algunos y sobreestimado para otros, Berbick era fuerte y resistente pero no destacaba particularmente en ningún aspecto, al menos en comparación con otros campeones mundiales. Muchos consideraban su estilo como feo de contemplar. A mediados de los ochenta, recordemos, la división de los pesados estaba pasando por un mal momento y podría decirse que en otros tiempos Berbick hubiese tenido muchas menos opciones de haber lucido un cinturón de campeón. Con todo, era un boxeador mucho más que serio y aunque visto desde hoy parezca mentira, no todo el mundo le daba por perdido ante un Tyson mucho más inexperto que, creían algunos, podría pagar por su juventud bajo la tremenda presión de la Gran Noche.

Suena la campana y pronto quedan claras dos cosas. Una, que Tyson va a ser agresivo desde el principio, como hizo contra Ratcliff, y que no piensa ser más conservador por el hecho de tener enfrente al campeón. Y dos, que Barbick adopta la táctica (encomiable, pero a mi juicio errónea) de devolver esa agresividad e intentar pelear golpe por golpe (8:18). Una decisión valiente para enfrentarse al que ya es considerado uno de los grandes pegadores en toda la historia de la división de los pesados. El campeón no tarda en notar que, efectivamente, la potencia del aspirante es tremenda (8:28) pero eso no le arredra. El intercambio de golpes amenaza con terminar siendo brutal (8:46). El público, los comentaristas, todo el mundo está excitado ante la contemplación de una lucha sin cuartel. La táctica de Barbick puede parecer kamikaze cuando es analizada hoy, pero quizá era la única táctica que ofrecía una mínima posibilidad: la de que —con suerte— un golpe aislado pillase desprevenido a Tyson y lo enviase a la lona.

Pero Mike sabe que puede hacer frente a esta situación y lejos de descomponerse tiene preparada su contestación: una impecable combinación «uno, dos» —tras un jab que prepara la combinación vienen un gancho de derecha y luego un gancho de izquierda— que pone las cosas en su sitio: si Berbick quiere intercambio de golpes, los de Tyson van a ser los más temibles (9:09). El campeón ha captado el mensaje y se toma unos momentos de descanso recurriendo al abrazo. Pero el aspirante no conoce el significado de la palabra «descanso» y menos cuando ha percibido que el rival le está mostrando puntos débiles: Tyson jamás baja la mirada, jamás se distrae de su objetivo y solamente así consigue colocar golpes tan limpios y tan aterradores como un alucinante gancho de derecha de los que sirven para la videoteca y las clases de boxeo (9:30). Lo dicho: intercambiar golpes con Mike Tyson quizá era la más valiente de las estrategias, pero también la más peligrosa y suicida. Un Berbick tocado no ofrece obstáculos a un Tyson con sus cinco sentidos puestos en la pelea: Tyson vuelve a repetir la combinación anterior: jab de preparación seguido de un «uno, dos» con ganchos que proceden de ambos lados (9:36). Aunque el campeón ha intentado intimidar al aspirante, estamos viendo a un Mike Tyson más eléctrico, agresivo y focalizado que nunca. Pelear por el título parece haberle hecho subir un escalón en su determinación. Cuando Berbick ya está probablemente pensando que su planteamiento inicial no era tan buena idea, Tyson está vulnerando su guardia constantemente: primero un gancho de izquierda (9:58), luego otro «uno, dos» (10:04). El campeón, tocado, empieza a buscar más y más refugio en el clinch, aunque en su honor hay que decir que lo hace sin renunciar a la pelea y lanzando como buenamente puede golpes interiores. Cuando el árbitro los separa, el campeón intenta sin éxito hacer valer su superior envergadura pegando desde lejos, pero Tyson tiene demasiados reflejos y evita el golpe (10:47). Y su venganza es terrible: otro par de ganchos lanzan a Berbick varios pasos hacia atrás y a punto están de enviarlo al suelo (10:52). El público ruge. La superioridad del aspirante parece total y absoluta. Berbick permanece en pie milagrosamente pese a las nuevas combinaciones de Iron Mike (11:00) y, en una demostración de corazón, asimila golpes tremebundos que en esas mismas circunstancias hubiesen tumbado a casi cualquier otro púgil del planeta (11:05). Termina el asalto y pese a la actitud desafiante de Berbick, él mismo es perfectamente consciente de que ha sido salvado por la campana. El jovencísimo aspirante no ha dado una sola muestra de debilidad, ni de indecisión, ni de que la ocasión le haya pesado más de la cuenta. Sus veintisiete combates anteriores, acumulados en el increíblemente breve periodo de veinte meses, le han servido para aprender muchas cosas que está poniendo en práctica esta noche, la más importante de su vida. Está pasando como un vendaval sobre el poseedor del cinturón.

Aunque la metáfora del vendaval se queda corta cuando suena el inicio del segundo asalto y Tyson empieza a lanzar ganchos de izquierda y de derecha. No se detiene hasta que el campeón mundial cae al suelo. Aunque Trevor Berbick, en otra muestra de pundonor y espíritu de lucha, se pone en pie rápidamente, todo el mundo está asombrado por el ferocísimo arranque de Tyson. El árbitro, con oportuna piedad, le concede una cuenta larga a Berbick pese a que este ya está en pie y gesticulando para expresar sus deseos de volver a pelear. El campeón, piensa el colegiado como todos los que están viendo este combate, va a necesitar estos segundos extra de respiro.

Tyson no tiene la misma consideración que el árbitro y en cuanto el campeón retorna a la competición, vuelve a soltar ganchos que Berbick detiene a duras penas gracias al clinch (12:30). Tyson sigue atacando —acierta unos golpes, falla otros— pero el campeón está siendo sobrepasado por todos los flancos y ya solo defiende (12:39). Tyson por momentos parece un huracán fuera de control, pero en otros demuestra no precipitarse. Porque la palabra que lo define es precisamente esa: control. Cuando ve que Berbick ha sobrevivido a la sucesión de ataques, decide seguir presionando pero sin precipitarse, a la espera de una nueva oportunidad. Pese a que generalmente parece una locomotora en marcha, si uno lo mira bien nunca ha ido ciegamente a soltar golpes sin tener garantías de resultados y esta noche no va a ser la excepción. Si ha de esperar algo más, esperará.

Pero no tendrá que esperar mucho. No ha terminado el segundo asalto cuando descubre que el flanco izquierdo del campeón está descubierto, hecho que castiga primero con un gancho al cuerpo que desestabiliza a Berbick y después con varios ganchos al rostro que no tumban al campeón de milagro (13:35). Ningún púgil había aguantado tantos golpes potentes de Tyson, al menos tan seguidos. Berbick vuelve a refugiarse en el clinch, pero también desde el interior le llegan golpes: un uppercut primero, dos ganchos después (14:00). El aspirante acierta otro gancho a los riñones, y aunque su subsiguiente uppercut —que parecía definitivo— termina en el aire y no impacta en el campeón, sí lo hace un gancho de breve trayectoria que termina con Berbick en la lona (14:20). Trevor Berbick intenta levantarse, pero pierde el equilibrio y cae sobre los fotógrafos. Con todo, su corazón es enorme y por segunda vez trata sin éxito de ponerse en pie, cayendo de nuevo. Lo intenta una tercera vez y lo consigue; pero el árbitro lo abraza. Lógicamente, la pelea ha terminado. De hecho, a punto está el campeón de volver a caer y si no lo hace es porque el árbitro lo tiene sujeto. Ha sido un KO en el segundo asalto. Mike Tyson es el nuevo campeón mundial de los pesos pesados. Es el campeón más joven de todos los tiempos. Lo ha hecho en menos de dos años como profesional.

A Tyson le levantan los brazos, pero él está más preocupado en abrazar a Trevor Berbick, sabe que le ha dado una paliza tremenda, porque en esos dos asaltos la intensidad ha sido equivalente a la de otros combates de diez asaltos. Sabe que nunca le había dado tantos golpes demoledores a nadie en tan poco tiempo; incluso a él mismo debe de haberle parecido cruel. Berbick no está para abrazar a nadie, porque apenas se tiene en pie. Sentado en su esquina, todos en su entorno tratan de consolarlo. Pero tenía que suceder: nada ni nadie podía detener a Mike Tyson en su ascenso.

El locutor lo resume así: «Aquí está el jovencísimo Mike Tyson, que podría reinar por mucho, mucho tiempo». Por desgracia, sabemos que no ocurrió de esa manera. El reinado de Tyson fue inesperadamente breve y accidentado. Pero esa es ya otra historia. En algún otro momento quizá repasemos los combates su etapa posterior, en la que siguió el que perdió el control de su vida personal, de sí mismo y donde abandonó sus pautas de entrenamiento. Eso sí, siempre nos quedará su meteórico ascenso y la brillante época que marcó un fenómeno casi único en la historia del pugilismo.

 

Un comentario

  1. Francisco Jesús

    A sido increíble la narración parecía que estaba en cada cuadrilátero te felicito. Muy profesional. Un saludo y gracias

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