Deporte rural vasco

El deporte rural vasco en la encrucijada

«El crossfit se basa en movimientos funcionales para el día a día, y el origen del deporte rural es ese mismo. La idea que ha tenido Crossfit ya la tuvieron hace mucho tiempo los vascos». Son palabras de Lucia Orbe (Bilbao 1989), protagonista del video El CrossFit, más cerca de lo que parece del deporte rural vasco junto a Karmele Gisasola (Mallabia 1994), más conocida como Zelai III. En el deporte rural, y en los deportes vascos en general, era habitual, y lo sigue siendo, aunque en menor medida, que los y las deportistas compitan bien con su apellido o bien con el nombre del baserri (caserío en euskera) del que proceden, estableciéndose así dinastías que permiten recorrer árboles genealógicos cuyo origen se remonta a más de un siglo de antigüedad. Quien más quien menos es hijo, hija, sobrina, nieto o bisnieta de, y si no, es probable que lo sea en un futuro, tal es el poder de atracción de este deporte para quien lo vive desde las entrañas del tronco o la piedra.

Es el caso de Karmele Gisasola, hija de José Antonio Guisasola, Zelai I, harrijasotzaile (levantador de piedras) vizcaíno y diez veces campeón de Bizkaia y de Euskadi. La propia Karmele explicaba en una entrevista en el diario Deia el carácter hereditario del deporte rural, aunque estableciendo un matiz relevante en cuanto al género: «Vengo de una familia de Herri Kirolak (deporte rural vasco), mi aita fue levantador, mi tío fue aizkolari (cortador de troncos) aficionado… Querían que de pequeña levantara piedra, pero yo entonces no veía a mujeres en la plaza. Mi hermano y mis primos sí que empezaron porque, claro, ellos sí veían a otros hombres, referentes e ídolos. Es decir, sé que siempre ha habido mujeres levantadoras muy buenas, pero no han tenido su sitio en la sociedad. Mi aita estuvo 20 años y nunca compartió una plaza con una mujer. Da qué pensar».

En la actualidad hay mujeres en las plazas, y la propia Zelai III, junto a su compañera en el video, Lucia Orbe, y la bilbaína Garazi Arruti (1985), fueron protagonistas de un hito reciente en el deporte rural vasco: el pasado 24 de septiembre de 2021 se celebró, por primera vez, la final femenina del pentatlón individual. Pese a que el origen de esta exigente prueba se remonta a la década de los 80, en 2018 se recuperó en la modalidad masculina individual y por parejas, y tres años después Zelai III se impuso en la plaza de toros de Azpeitia (Gipuzkoa) a sus dos compañeras, tras levantar quince veces la piedra de 63 kilos; hacer 28 metros arrastrando la piedra de 250 kilos; cortar dos troncos de 36 onzas; hacer 112 metros con las txingas de 25 kilos; y dar quince vueltas a la plaza corriendo (1,5 kilómetros). Casi nada.

Fuente: Gipuzkoako Artxibo Orokorra (GFA) Indalecio Ojanguren, 25 de julio de 1949

El deporte rural vasco o Herri Kirolak busca desde hace décadas su lugar en una sociedad cada vez más alejada del mundo agrario, y sobrevive anclado en una encrucijada de difícil resolución, a medio camino entre el deporte, el folklore y la tradición, caricaturizado demasiadas veces en el tópico del forzudo levantador de piedras, ignorado respecto a los deportes vascos mayoritarios, -la pelota o el remo-, y perseguido por una leyenda negra relacionada con las apuestas.

En el reportaje mencionado al inicio del artículo, Lucia Orbe establecía una comparación interesante entre el crossfit y el deporte rural: “El deporte rural siempre ha dejado el marketing a un lado y se ha centrado en el deporte, no tanto en la publicidad”. ¿Hasta qué punto es desconocido el deporte rural vasco? ¿De dónde proviene y qué puede ofrecer en la era de los eSports?

Guía para la enseñanza de Herri-kirolak es un exhaustivo trabajo publicado en 2009 por Iñaki Mendizabal Elordi, Kepa Lizarraga Sainz y José Manuel Fuentes Mateos, y un documento indispensable para conocer y comprender los deportes rurales vascos y la particular cosmovisión que los retroalimenta. Las primeras referencias escritas se encuentran en el siglo XV, en el libro V del Fuero Navarro, y en su versión más contemporánea nacieron como una réplica lúdica y bastante exacta del modo de vida y el trabajo diario de la gente del agro vasco, “un día a día de extremada dureza que exige al individuo una dedicación continua y tenaz, particularidades que encuentran su reflejo en los deportes que practica”. Pese a que la mayoría de las disciplinas tienen su fundamento en las actividades rurales, existe una excepción en los barrenadores o harri-zulatzaileak, cuyo origen se encuentra en el trabajo de la mina.

“De este modo, a partir de la actividad de cortar troncos para aprovisionarse de leña surge el deporte de los aizkolaris o cortadores de troncos; a partir de la actividad de mover grandes rocas para la construcción surge el harri jasotzea, a partir de la actividad de hacer agujeros para meter los cartuchos de dinamita nace el deporte de los barrenadores o harri zulatzaileak, etc. Este mimetismo es asombroso y ha sido objeto de estudio en infinidad de ocasiones”.

Convertían el ocio en una réplica del trabajo diario, así socializaban, así competían, y así apostaban en los célebres desafíos. “La mayoría de las modalidades son fruto de desafíos y apuestas que siempre contaban con un objetivo claro: ganar. Y ganar o perder una prueba no era sólo cuestión de orgullo, pues mucha gente perdía ahorros, ganados y hasta haciendas. Así, la traviesa o la apuesta era el pan nuestro de cada día en el agro vasco, y el deporte no siempre era bien visto en las familias”.

La época de mayor esplendorse vivió a finales del siglo XIX y comienzos del XX, época dorada que finalizó con el alzamiento fascista y la posterior guerra civil. A partir de la década de los sesenta va disminuyendo el número de participantes, tendencia que se agudiza en las siguientes décadas, en parte debido a la volátil situación política y económica, y en parte por el progresivo abandono de los trabajos clásicos de los y las baserritarras en favor de las nuevas tecnologías.

En su plan estratégico de 2006-2010 para la promoción y el impulso de los deportes autóctonos, el Gobierno Vasco estableció 18 disciplinas distintas bajo el paraguas de Herri Kirolak. En la actualidad, algunas de ellas, principalmente las relacionadas con los animales, han desaparecido o van camino de hacerlo, pero la lista completa es la siguiente: Corte de troncos (aizkora proba), Levantamiento de piedra (harrijasotzea), Corte de troncos con sierra (trontza-zerra), Corte de hierba (sega jokoa), Alzamiento de yunque (Ingude altxatzea), Arrastre de piedras por bueyes (idi-proba), Arrastre de piedra por burros (asto-proba), Arrastre de piedra por caballos (zaldi-proba), Arrastre de piedra por hombres(gizon-proba), Barrenadores (harri zulatzaileak), Carreras con sacos (zaku lasterketa), Carreras con chingas(txinga eramatea), Carreras de marmitas (ontzi eramatea), Lanzamiento de fardo (lasto botatzea), Levantamiento de fardo (lasto altxatzea), Levantamiento de carro (orga joko), Recogida de mazorcas (lokotx biltzea), Tirar de la cuerda (soka tira).

El del Gobierno Vasco no es el único plan de promoción existente en la actualidad, las Diputaciones Forales y algunos ayuntamientos cuentan con programas similares, en el caso de la Diputación Foral de Bizkaia, concretamente, desarrollan el proyecto Herri Kirolak Bultzatuz con alumnado de educación primaria o secundaria. El objetivo no es tanto dar continuidad a la lista de nombres míticos como José Aramburu Aramendi “Keixeta”, Tomas Astigarraga “Kataolaza”, Mikel Mindegia, Miguel Irazusta “Polipaso”, Joxe Mari Olasagasti, Teodoro Irazusta “Usategieta” o Iñaki Perurena, sino proyectar los deportes rurales como una alternativa atractiva de presente y futuro, huyendo de atavismos y folklorismos que lo fosilizan y condenan al ostracismo.

De cara a futuro, existe un reto pendiente desde hace décadas, un reto que no se ha sabido, querido o podido resolver: la profesionalización de los y las deportistas. La generación actual, heredera de los conocidos durante generaciones con el sobrenombre de gentiles, jentilak en euskera, en alusión a un personaje de la mitología vasca dotado de fuerza sobrehumana, que lanzaba grandes peñascos hasta lugares lejanos y constructor de los crómlech y dólmenes, reclaman menos leyendas y más derechos.

Iker Vicente, Aitzol Atutxa, Leire Aztiran, Inaxio Perurena o Nerea Sorondo, por citar tan solo algunos ejemplos, se reivindican como deportistas de élite en su modo de vida, preparación y talento a la hora de desarrollar su actividad, pero no encuentran un entramado organizativo e institucional a su altura, lo que ha llevado a algunos deportistas, como los aizkolaris, a organizar sus propias competiciones al margen de la Federación.

Polémicas al margen, el desafío al que se enfrentan los y las gentiles del presente es mayúsculo, pero si hay un deporte preparado para luchar por su supervivencia es aquel que nació como imitación de la propia vida, con todas sus grandezas y sus miserias.

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