Análisis táctico

¿Se ha quedado LaLiga atrás tácticamente con respecto al fútbol europeo?

Escribía Julio Cortázar que «nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo».  Este artículo no pretende ser una proclama catastrofista, pese a que el actual contexto de LaLiga, con una competición empobrecida en lo económico, expoliada en lo deportivo, caótica en lo institucional y cada vez más alejada de la afición en lo sentimental, no invite precisamente al optimismo.

Se trata, más bien, de articular una reflexión sobre la vigencia del modelo, y la necesidad de, tomando prestadas las palabras de Cortázar, empezar de nuevo, como en las últimas décadas han tenido que hacer, reinventándose, cada cual a su manera, la Bundesliga, la Premier League o la Serie A.

Para centrar la cuestión, conviene comenzar por una obviedad no tan evidente en estos tiempos en que los debates futbolísticos se sustancian sobre dos premisas: ni existe debate como tal, más allá del ruido y la polémica estéril, ni versan sobre el juego. En cualquier caso, la lógica más elemental invita a pensar que allí donde convivan los mejores jugadores, entrenadores, y por ende, los mejores equipos, encontraremos la competición más fuerte.

Ese lugar privilegiado no le corresponde a LaLiga desde hace más de un lustro, pese a que exista una corriente reaccionaria y negacionista que esgrime las últimas Champions League cosechadas por el Real Madrid como argumento de autoridad para defender lo contrario, obviando que sin esas victorias las últimas cinco finales de la máxima competición europea, excepto la pandémica de 2020, hubieran estado copadas por clubes ingleses (2018, Real Madrid – Liverpool, 2019, Liverpool – Tottenham; 2021, Manchester CityChelsea; 2022, Real Madrid – Liverpool).

Ya en 2019, El País publicaba un artículo con el esclarecedor título de La premier marca el paso a Laliga, en el que, entre otras cosas, alertaba de que «Inglaterra, con su poderío económico y un ritmo de fútbol vertiginoso, iguala a España en el liderato en la clasificación de clubes de la UEFA por primera vez desde el curso 2012-13». Desde entonces, esa tendencia se ha consolidado, estabilizándose la Premier League en el primer lugar.

En ese mismo artículo, además, se da cuenta de una estadística que otorga a LaLiga el dudoso título de ser el campeonato de las cinco grandes con menos tiempo real y más interrupciones en el juego: el promedio porcentaje de tiempo efectivo durante la temporada 2021-2022 fue del 58,5% en la Ligue 1, del 57,5% en la Serie A; 56,9% en Bundesliga;  56% en la todopoderosa Premier League y, en último lugar, se encuentra LaLiga, con apenas un 54,4% de tiempo real. Hay entrenadores que han dado la voz de alarma, pero en lugar de debatir sobre las causas, todo se ha reducido a matar, en este caso mofarse, del mensajero.

El tiempo efectivo no llega apenas a la duración de un capítulo de una serie de televisión al uso, y lo que sucede durante cada capítulo nos remite a  una temporada irregular, con una trama poco sólida y sujeta con alfileres, actores principales lejos de su mejor momento y secundarios sobresalientes ávidos de mayor protagonismo.

Esta liga es heredera del esplendor del Barcelona de Guardiola y de la revolución que trajo consigo, y lo es tanto en la propuesta como en la respuesta: Ante un modelo de juego que necesita fluidez, rapidez, dinamismo y precisión en la circulación para ser determinante, y siendo la pelota quien ordena y da sentido al juego, se le opone rigor táctico, talento defensivo (existe, y no conviene olvidarlo), y transiciones vertiginosas, todo ello aderezado con constantes interrupciones, dando como resultado que quien propone se retrae y quien opone se fortalece,  la posesión deja de ser un instrumento con el que someter al rival, para acabar siendo un fin en sí mismo, perdiendo así todo su potencial y convirtiéndose en un espectáculo anodino y estomagante.

De los ciento veintisiete primeros partidos de la liga, los equipos con más posesión han conseguido cuarenta y ocho victorias, treinta empates y cuarenta y nueve derrotas (Pedro Martín). Como a cualquier estadística, y más en fútbol, conviene darle un valor relativo, pero nos ofrece una pista sobre la dificultad para convertir el volumen de posesión en ocasiones y victorias. Frente a estos números, se demuestra que la pelota como materia prima para construir un equipo es un lujo solo al alcance de la aristocracia liguera, Real Madrid, FC Barcelona y Atlético de Madrid, los clubes que a estas alturas lideran la estadística de pases completados (datos de fbref.es).

En el caso de blaugranas y merengues, también comandan la estadística de goles esperados, esa suerte de alquimia según la que se establece una probabilidad de que una ocasión sea gol en función de las características de la jugada: FC Barcelona (con 8010 pases completados de  9191 intentados y una estadística de goles esperados de 32,6), Real Madrid (7806 pases completados de 8822 intentados y una estadística de goles esperados del 30,6), y en tercer lugar el Atlético de Madrid (5837 pases completados de 7187 intentados, aunque con una estadística de goles esperados más pobre, de un 18,2).

El CA Osasuna está siendo una de las sensaciones de la temporada

Coincide que, junto al Sevilla, estos clubes han sido quienes han ocupado con mayor asiduidad las cuatro primeras plazas de la competición domestica desde hace algunas temporadas, y no es casualidad, por tanto, que el descalabro en esta edición de la Champions League haya venido de la mano de tres de ellos, incapaces sevillistas, blaugranas y colchoneros de superar la fase de grupos. Establecer un diagnóstico común de lo sucedido no parece tarea sencilla, teniendo en cuenta el punto de partido tan diverso de unos y otros.

El Barcelona de Xavi Hernández había generado expectativas muy altas, más acordes quizá al esfuerzo financiero que a su regularidad en el juego. El técnico de Terrassa ha mostrado desde el inicio de temporada la voluntad de articular un 1-4-3-3 asimétrico en sus reinicios (roles distintos y complementarios para los laterales), una propuesta más vertical que paciente, con los extremos acaparando un protagonismo reservado en el pasado a los «bajitos», y la vocación de transitar a la menor ocasión. Se asomaban los blaugranas a la Champions League en busca de homologación europea en cuanto a capacidad para generar vértigo y ritmos altos, y se han encontrado con la dolorosa y paradójica realidad de que en los días grandes les ha faltado madurez para dominar los partidos desde la pausa y la circulación, además de una mayor variabilidad a la hora de presionar con eficacia. Unidos ambos factores  a la falta de sus mejores especialistas en el apartado defensivo, el resultado ha sido demoledor: los rivales les han descosido a transiciones, provocando un evidente parón en el proceso de reconstrucción, lo que puede no ser necesariamente negativo si Xavi Hernández es capaz de fusionar su yo jugador con su yo entrenador.

El conjunto catalán afrontaba la máxima competición europea en fase de crecimiento, mientras Sevilla y Atlético lo hacían desgastados por inercias no tan recientes. En el caso de los hispalenses, desmantelada su columna vertebral KoundéDiego Carlos, y con la relación entrenador-dirigentes viciada por el paso del tiempo y las fricciones, sorprende aún más su capítulo de incorporaciones, priorizando jugadores de calidad y buen pie, pero con muy poca movilidad y amenaza al espacio. Ver a este Sevilla crepuscular es observar todos los síntomas de decadencia achacables a la Laliga, con un fútbol estático y apático, donde el balón no es la promesa de nada, sino una excusa para que el tiempo pase con la menor cantidad de sobresaltos posibles.

Lo del Atlético de Madrid es distinto, y difícilmente comprensible. Tras casi una década de éxitos prolongados de la mano de Cholo Simeone, es como si se hubiera aburrido de sí mismo, iniciando una evolución cuyo resultado último es un imparable descenso a los infiernos. De ser el máximo exponente y  paradigma del 1-4-4-2 granítico y espartano, capaz de sujetarse en las Termópilas ante cualquier gigante europeo y salir victorioso, ha derivado en una suerte de cuerpo extraño en el que nadie se siente cómodo, y como en el chiste del rolex y las setas, no se sabe si, parafraseando al propio Simeone, aspira a ser feliz comiendo pizza toda su vida, o tiene paladar para la alta cocina.

¿Y el Real Madrid, único superviviente del descalabro? El club de La Castellana es, aunque pueda resultar sorprendente la afirmación, uno de los conjuntos más contraculturales del panorama actual. En un contexto en que el rol del entrenador omnipotente está alcanzado cotas inimaginables, sustentado en la tecnología, el big data, análisis minuciosos de los rivales y un registro de variantes tácticas adaptables a casi cualquier escenario, la propuesta del Real Madrid es tan orgánica  como arriesgada, un fútbol basado en el talento de los jugadores y en su capacidad para reconocerse, relacionarse y alimentarse dentro del campo.

Carlo Ancelotti, su magnífico e infravalorado entrenador, es un excelente facilitador y multiplicador de ese talento, como lo demuestran la explosión de Vinicius, Rodrigo o más recientemente Valverde. Está dotado, además, de una gran capacidad para adaptar la estructura a las necesidades de esos jugadores. Aun así, y pese a su reciente doblete, no conviene olvidar cómo se produce su victoria continental, siendo sometido y dominado durante gran parte de las eliminatorias ante Chelsea, PSG y Manchester City, lo que invita a pensar que su propuesta es una rara avis en un deporte que camina en otra dirección.

En ese sentido, mientras Europa bulle a nivel táctico y creativo, con propuestas sorprendentes y arriesgadas  u obras de orfebrería con sello de autor (Scmicht, De Zerbi, Gasperini, Potter, Tedesco o Albert Capellas son algunos nombres más allá de los “clásicos” Guardiola, Kloop, etc), LaLiga parece ser depositaria de un legado de juego asociativo y atractivo que no ha sabido actualizar, como cuando las instituciones encuentran un yacimiento arqueológico donde iban a construir el enésimo parking o centro comercial.

Frente a esta aparente mediocridad, hay clubes empeñados en desmentir tal afirmación, como pueden ser Athletic Club, Girona, Real Sociedad, Betis, Rayo Vallecano, Osasuna o Valencia en este inicio de temporada. Cada cual con sus matices, pero comparten ciertas similitudes que los hacen reconocibles: en su momento sin balón, defienden en bloques altos o medios-altos, buscando recuperar la pelota lo más rápido posible. No en vano, los leones eran, a 31 de octubre, el equipo de Europa que más recuperaciones presentaba en el último tercio de campo, 89, por delante de las 83 del Manchester City o las 81 del Bayern. Jon Uriarte, actual presidente el Athletic Club, prometió siendo candidato que, de ganar las elecciones,  habría Rock & Roll en el verde, y no se puede decir que este faltando a su promesa.

El Athletic es ritmo, vértigo, descaro y circulaciones rápidas,  y ataca como defiende: sin mirar atrás. Osasuna y Rayo representan la versión punk de la misma fórmula, más directos y salvajes, de lanzarse al público con cada vis, y los tres clubes cuentan con el plus de tener excelentes entrenadores; Ernesto Valverde, Andoni Iraola y Jagoba Arrasate, tres de esos profesionales que si estuvieran trabajando en la Bundesliga se hablaría de ellos en términos similares a los que se utilizan para referirse a la escuela alemana o el sello Red Bull.

Betis y Atlético están llamados a ocupar los puestos más altos de la clasificación final

Girona y Valencia, por su lado, han supuesto un  soplo de aire fresco para la competición; Míchel ha exportado su 1-3-4-3 de la segunda a la primera división, contraviniendo esa máxima de que lo que vale en la división de plata no es válido en la élite. El Girona tiene profundidad en el discurso y también en el campo, e intentará mantenerse en primera división dando protagonismo a la pelota.

Valencia, en cambio, sigue fiel a su personalidad volcánica, y han pasado de Bórdalas a Gattuso sin solución de continuidad. El italiano comanda junto a Cavani una guardería donde se conjugan a partes iguales diversión y temeridad, y es difícil determinar cuál es su techo, pero sabemos que el camino será divertido.

Para finalizar el repaso de estos clubes «rebeldes»,  obviando la incógnita que supone Quique Setién en este Villareal y las certezas que ofrecen técnicos como Quique Sánchez Flores, Javier Aguirre o Sergio González, caben destacar dos clubes con propuestas tan atractivas como consistentes, pero más serenas y posadas que las anteriores: Real Sociedad y Betis.

Imanol ha construido, sustentándose en un  1-4-4-2 en rombo que nos retrotrae a lo mejor de los 90, uno de los equipos más ricos tácticamente, en cuanto a versatilidad y matices, y todo ello mientras perdía por lesión a algunas de sus piezas más importantes.

Por su parte, los verdiblancos apostaron hace un par de temporadas  todo a la pericia, sensatez e ingenio de Pellegrini, y  a día de hoy el Betis es campeón de Copa, aspira a entrar en Champions, su público disfruta, y ha revalorizado a prácticamente la totalidad de la plantilla. Pocas inversiones más rentables que un buen ingeniero para trazar un camino de presente y futuro.

Para acabar, volvamos al inicio, a la cita de Cortázar, que no deja de ser la definición de un gol encajado: «nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo».  Cabe preguntarse si LaLiga pierde de un solo gol, o por el contrario está cayendo goleada y ni se ha enterado.

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