Cuando era aún una niña, recuerdo que mis amigas amaban a Penélope Glamour. Yo, sin embargo, era Team Risitas. Había algo en ese perro —Patán para los créditos, Muttley para los puristas— que me enganchaba más que los coches, los pilotos y las trampas: esa risita cómplice y malévola, un […]

