
El Parma confirmó el 29 de septiembre el regreso de Alberto Gilardino, esta vez como entrenador del primer equipo, con un contrato hasta el final de la temporada 2026/27 y una opción del club para ampliarlo dos campañas más. Llega tras la salida de Carlos Cuesta, el técnico español formado como ayudante de Mikel Arteta en el Arsenal, y lo hace en una circunstancia poco habitual, puesto que el relevo se produjo apenas una semana después de la primera victoria liguera del curso. Los banquillos suelen cambiar de dueño al cabo de una derrota que colma la paciencia de la directiva, y rara vez cuando el equipo acaba de darse la única alegría de lo que lleva de campeonato, de modo que la decisión parece responder menos al último marcador que a la impresión general que había dejado el arranque.
Ese arranque se resume pronto. El Parma perdió 0-1 con el Cagliari en la primera jornada y 2-0 con la Juventus en la segunda, empató 1-1 con el Monza, cayó 2-1 ante el Como y solo el 20 de septiembre, con un 2-1 al Genoa, sumó los tres primeros puntos de la Serie A 2026/27. Cuatro puntos en cinco jornadas, con cuatro goles a favor y siete en contra, componen un balance en el que la mitad de los tantos llegó precisamente en el único partido ganado, lo que da una idea de lo mucho que le había costado al equipo acercarse a la portería contraria en las cuatro fechas anteriores. Son números que solo significan algo dentro del campeonato en el que se han producido, porque ninguna competición sirve de referencia automática para otra y, del mismo modo que la División Profesional 1xbet tiene su propio contexto, el Parma debe leerse a partir de la Serie A, donde cuatro puntos a estas alturas dibujan una temporada de permanencia. El cambio de entrenador no altera esa tabla, que seguirá contando al final del curso con el mismo peso que cualquier otro tramo, si bien modifica quién la interpreta desde ahora y con qué criterio se prepara lo que viene.
El vínculo de Gilardino con el club viene de lejos, de los 116 partidos y los 56 goles que sumó como delantero entre 2002 y 2005, a razón de casi un tanto cada dos apariciones. Fueron los años en que se convirtió en uno de los mejores rematadores de Italia a las órdenes de Cesare Prandelli, mientras la entidad se tambaleaba por el hundimiento de Parmalat, y los que le abrieron la puerta del Milan, con el que ganaría la Liga de Campeones, y de la selección que levantó el Mundial de 2006. La afición del Tardini recuerda de aquel delantero la celebración del violín y, sobre todo, los goles que sostuvieron al equipo en la categoría cuando el dinero había desaparecido, razón por la cual su vuelta tiene una dimensión histórica que pocos fichajes de banquillo alcanzan.
La memoria del goleador, con todo, pesa menos que la trayectoria del entrenador, que empezó lejos de los focos, en el Rezzato y la Pro Vercelli, antes de hacerse cargo del Genoa, al que devolvió a la Serie A, y del Pisa. Quien llega a Parma es por tanto un técnico acostumbrado a trabajar con plantillas modestas y con objetivos de permanencia, que hereda una temporada ya empezada, con cinco jornadas consumidas y una plantilla confeccionada para las ideas de otro, circunstancias que obligan a intervenir sobre la marcha y sin el margen que concede una pretemporada.
Los cinco partidos disputados pertenecen a la etapa de Cuesta y conviene leerlos como tales, también por parte de quienes siguen el campeonato desde las estadísticas o desde las apuestas deportivas, donde un cambio de técnico parte en dos cualquier serie de resultados y obliga a empezar la cuenta de nuevo. La victoria ante el Genoa describe lo ocurrido aquel día sin anticipar nada del partido siguiente, que se jugará con otro entrenador, probablemente con otra disposición sobre el campo y con unos futbolistas que saben que los méritos acumulados hasta septiembre han dejado de contar.
El calendario reservaba para el estreno al Inter, el 10 de octubre, en una sexta jornada que traza la frontera para cualquier análisis posterior, ya que cada resultado desde esa fecha añade información sobre el nuevo ciclo y permite compararlo con el anterior. El contrato cubre el resto de la campaña y la cláusula de las dos temporadas adicionales, que depende exclusivamente del club, abre la puerta a una continuidad más larga sin convertirla en un hecho, de manera que serán la clasificación de mayo y la solidez que el equipo vaya mostrando las que decidan si la apuesta se prolonga. Más de veinte años después de sus 56 goles con la camiseta del club, Gilardino vuelve con una tarea distinta y con cuatro puntos ya escritos en la tabla.
