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Kasun: «Lo único que no podemos comprar en este mundo es tiempo»

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El imponente aspecto físico que presentaba Mario Kasun en su etapa como jugador profesional (2,16 metros de altura, con un peso en torno a los 120 kilos) sigue estando ahí. Superados los 45 años, ha encontrado felicidad y tranquilidad fuera del baloncesto. Nacido el 5 de abril de 1980 en la localidad croata de Vinkovci, Mario decidió tras su retirada que no utilizaría el pasado para construir su futuro. Un pasado que le llevó a la NBA, al FC Barcelona o a la selección de su país.

Presume de buena salud («mi colesterol nunca ha estado mejor que ahora», asegura) y le gustaría no volver a visitar a un médico en unos cuantos años. Un repaso a su biografía ayuda a entender por qué considera cubierto el cupo de clínicas y hospitales.

Instalado en la provincia de Barcelona, Mario nos recibe en el restaurante Kairos (Sant Andreu de Llavaneres), el establecimiento del que fue propietario hasta el pasado verano. Risueño y bromista, el manido «no tiene pelos en la lengua» en pocos casos encaja tan bien como en el suyo. Lo comprobamos.

Empezaste a jugar al baloncesto durante la adolescencia. ¿Por qué tan tarde?

Fui una de tantas personas que vivió la guerra en primera línea. Me preocupaba más sobrevivir en el día a día que practicar deportes. De niño me encantaba jugar, pero tuvimos que irnos a vivir a otro pueblo. En Varaždin teníamos una cancha de baloncesto al lado. Empiezas a mirar todo el día a la gente que se pone a jugar y al final acabas entrando. Más tarde mi hermana me animó a apuntarme a un club de Vinkovci, el sitio en el que nací. Y así empezó mi carrera.

¿Ya eras alto en aquellos años?

Sí, siempre fui más alto que la media de la gente de mi edad. Mi padre también era alto. Medía 1,95 metros. Mi madre estaba en 1,60.

Tu primer gran ídolo fue Dražen Petrović.

Durante la guerra, en 1992, fueron los Juegos Olímpicos de Barcelona. Muchos nos enganchamos viendo a aquella selección croata. Yo tenía 12 años y veía a Dražen como un ídolo para todo el país. Era una especie de embajador en tiempos de guerra, igual que Toni Kukoč o Dino Rađa.

El baloncesto te conquistó en esos Juegos.

Me acuerdo bien de ese verano. Esperábamos con muchas ganas cada partido de Croacia, y también de Estados Unidos. Después, si no teníamos cerca una cancha, nos poníamos directamente a jugar con un balón sobre el césped. Así fueron mis primeros pasos como aficionado.

¿Practicaste otros deportes además del baloncesto?

Sí, hice fútbol y atletismo. Mi madre fue atleta. Llegué a estar entre los mejores de Croacia de mi edad en 200 y 400 metros. También nadaba mucho, pero es un deporte aburrido.

A mí me encantaba, por ejemplo, recorrer distancias cortas. Mi problema era cuando te mandaban correr cinco kilómetros para calentar. ¿En serio me estás mandando eso? En general, nunca me gustó calentar, tampoco antes de un partido. Era mi manera de vivir el deporte. ¿Tú ves a un león haciendo preparativos antes de iniciar la caza de su presa? Simplemente, va directo a por ella y ya está.

Se activa en un momento y luego vuelve a la calma.

Claro, y yo funciono así también. Tampoco caliento ahora, cuando juego algún partido con los veteranos. Voy directamente a jugar y ya está. Yo entro en calor directamente en el partido, ¿sabes? Si me pongo a calentar un rato antes de que empiece el partido, para cuando me siento en el banquillo ya estoy quemado.

En aquellos primeros años 90, ¿eras realmente consciente de todo lo que estaba pasando a tu alrededor? Uno puede evadirse de la realidad de manera casi inconsciente, como un mecanismo de defensa.

¿Te refieres a la guerra? Yo era todavía un niño e intentaba tomarme las cosas como un juego, ¿sabes? Pero claro, la gente se estaba muriendo. Recuerdo cuando fuimos a Borovo Selo, donde habían matado más de diez policías. Ahí te da un poco de respeto, porque parecía como una película de terror; pero en general mi perspectiva ante lo que estaba pasando era la de un niño que solo pensaba en jugar, porque era lo que le gustaba.

Me acuerdo del primer día de guerra. Una tía que tenía en Serbia llamó a mi madre para advertirla de que se estaban acercando militares con tanques. «Coge a tu niño y vete a donde sea», fue lo que dijo. Vinkovci está al lado de Vukovar, muy cerca de la frontera con Serbia.

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Vukovar sufrió un asedio en 1991.

Y mi padre estaba allí; y nuestra casa, a unos pocos kilómetros. No había distancia prácticamente. Empezaron con las bombas, y, mientras tanto, yo estaba pescando. Mi madre me estuvo buscando por todos los lados, y al encontrarme me pegó un tortazo que me dejó la oreja dolorida durante cuatro días.

Eras ajeno al peligro.

Bueno, pero me pasaron un par de cosas fuertes en aquella época. Por el sonido de una bomba, perdí un 80 % de audición en mi oreja izquierda. Además, me encontré dos veces junto a una mina antipersona. La primera vez me salvó mi padre, que era militar, y en la segunda fue un compañero suyo el que me ayudó a salir de ahí sin daños.

Lo cuentas tranquilamente, como una anécdota más.

Es que era un niño muy nervioso, no sé si me explico. Yo no puedo entender a mi hija cuando quiere estar todo el día en su habitación. Yo siempre quería que me dejasen salir de casa, para ir a cualquier lado. Recuerdo cómo eran mis veranos. Vivía en Vinkovci, un pueblo de unos 30 000 habitantes. Allí todos nos conocíamos. Cuando acababa el colegio, ni me molestaba en ponerme bambas o chanclas. Me pasaba descalzo tres meses. En las semanas sin clase me iba con los amigos a andar en bicicleta, cogíamos una pelota para jugar, íbamos a los lagos de los alrededores… Nos gustaba mucho bañarnos, aunque a veces podía resultar peligroso.

En un día normal de verano, acababa de desayunar con mis padres y no volvía a casa hasta la noche. Ya está. Algunas veces nos llevábamos la fruta de los vecinos, bebíamos directamente de los chorros de agua… Tuve una infancia totalmente diferente a lo que es habitual hoy en día.

Recuerdas con cariño esas experiencias.

Tío, yo no me cambiaría por nadie. Durante la guerra, algunos amigos sufrieron amputaciones por bombas, pero no cambiaría nada de lo que he vivido en el pasado. Todo eso forma parte de mí, y por eso soy como soy. Hay una vida por delante y tampoco merece la pena quedarse en el pasado, o machacarse por alguna decisión concreta. Por ejemplo, mucha gente se pregunta por lo que habría sido de mi carrera si en lugar de ir a Barcelona me hubiese quedado en la NBA. ¿Para qué lamentarse viviendo en el pasado? La vida sigue, y a veces no valoramos lo que es importante de verdad.

Esto lo he aprendido con el tiempo. Cuando tuve la intervención de corazón en 2008, estuve en parada cardiaca durante un minuto y medio. Eso nunca lo dicen. Además, hace unos años, en la época de la pandemia, sufrí un accidente con la moto. Estuve clínicamente muerto dos minutos y medio y casi pierdo un brazo. Entonces me operó el doctor Mir, un especialista. Menos mal. Desde aquí hasta aquí [señala su antebrazo, desde el codo hacia abajo], 48 roturas. Me operaron nueve veces y estuve tres meses de reposo.

Ahora por dentro estoy lleno de hierros. Me cortaron como una cebolla. Claro, cuando vives este tipo de situaciones, empiezas a hacerte la pregunta: «¿Por qué estoy aquí?». Dios casi me lleva dos veces, pero sigo estando aquí. Supongo que si sigo vivo es por algo, ¿no? Vas viendo este tipo de cosas.

Te tomas la vida con otra filosofía.

Claro. Ahora, cuando cojo la moto, todo el mundo dice que estoy loco. No, a ver. Dios tiene el calendario de cada uno con una x puesta en un día concreto. Cuando llegue ese día para mí, esto se acabará. Mientras tanto, no voy a tener miedo; ni voy a esconderme en una habitación.

Luego hablaremos de tu problema cardiaco, cuando repasemos tu paso por el FC Barcelona. ¿Qué pasó en ese accidente de moto al que te acabas de referir?

Ocurrió por Sabadell. La historia completa fue tan rara que se me pone la piel de gallina solo de pensar en ella. Yo siempre he sido una persona que soñaba con frecuencia, pero desde la muerte de mi padre, dos años antes, había dejado de soñar. Entonces empezó la pandemia. Yo tenía la posibilidad de desplazarme porque trabajaba en el sector inmobiliario y había que supervisar las obras en algunas casas. En aquella época, teníamos un edificio en obras en Matadepera.

La noche antes me peleé con mi ex. Fue una discusión muy fuerte, por algo relacionado con nuestra hija. Me puse malo por los nervios. A veces me pasa cuando alguna situación me altera mucho: me empieza a doler la cabeza y el estómago, vomito… Todo a lo bestia. Si ese día me muero, doy las gracias a Dios por llevarme con él. No es coña. Estoy todo el día fatal. En esa ocasión, tras la discusión, me pasé todo el día vomitando y al final me quedé dormido. Y empecé a soñar. Era la primera vez que soñaba en dos años. En el sueño, estaba tumbado sobre el césped, bajo el sol, y se escuchaba el canto de los pájaros. Oí unas pisadas y una voz que me llamaba: «Hijo». Era la voz de mi padre. Quería levantarme, pero no podía, y tampoco podía abrir los ojos. Cuando al fin conseguí abrirlos, mi padre me dijo: «Aún no ha llegado tu hora». Me dio un beso y así acabó el sueño. Me desperté y me levanté con una sensación muy extraña.

Salí de casa y fui hacia el coche. Me senté, pero no conseguí arrancarlo. Entonces decidí coger la moto, pero con mucho cuidado, y me dirigí hacia las obras. Iba con look veraniego y estaba muy contento. A la vuelta, cuando iba hacia casa, por Sabadell, me encontré con el frenazo inesperado de un conductor que iba en dirección contraria. En esos instantes tuve la sensación de que el tiempo se paraba, como si todo fuese en slow motion. Pensé en las opciones que tenía: ir hacia la derecha, girar a la izquierda donde había unos contenedores… Cuando finalmente me caí, el chico arrancó y se marchó de allí.

Un hombre de origen magrebí que estaba por ahí se acercó para intentar ayudarme. No sentía nada y podía ver algunos de mis huesos. Creo que perdí más de un litro de sangre. Me retorcía de dolor y me estaba empezando a marear. La primera ambulancia tardó 45 minutos en llegar. Vino una segunda 30 minutos más tarde. Estuve ahí más de una hora. Al principio no podían moverme. Pesaba como 140 kilos, y necesitaron ayuda. Hacía mucho sol, así que imagina el calor tremendo que tenía ahí tumbado en el asfalto. Mientras tanto, sangraba y sangraba…

Al hombre que vino a ayudarme en un primer momento le había pedido que por favor me quitase el casco. Respondió que no era lo normal en estos casos, pero a mí me daba igual. Aunque me muriese, tenía que quitarme el puto casco. Me estaba dando un calor… Cuando llegó la primera ambulancia insistí en que no me moviesen hasta que no me diesen algo para calmar un poco el dolor.

La policía llegó cuando me estaban metiendo en la ambulancia. Mira, llevaba este mismo bolso que ves ahora, y además tenía un monedero grande, como el que llevan los camareros. En el monedero estaba el dinero para pagar a los trabajadores. Al empezar a atenderme me quitaron parte de la ropa, así que se me veían los tatuajes. Entre eso y la moto custom que llevaba, la policía debió sospechar. Lo primero que dije es que dentro del monedero había 9500 euros en metálico. Quería decirlo de primeras para que no pudiesen pensar que los había robado. Entonces uno de los policías fue y me pidió la documentación. A continuación me dijo: «¿Quién eres tú? ¿Qué eres, un puto mafioso? ¿Vendes farlopa?».

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¿Cuál fue tu reacción?

Yo ahí perdí los papeles. «Búscame en el puto Internet», respondí, y le insulté, pero bien fuerte. Después, lo recuerdo como si fuese ayer, vino un sanitario y me dijo: «Ahora túmbate, que vamos a llevarte al Hospital de Sabadell». Yo me negué, porque estaba pagando un seguro privado y quería ir al Dexeus, no al otro hospital. Él hablaba de que era por los protocolos derivados del covid. Yo insistí en ir al Dexeus [da un golpe en la mesa]. Al final, su respuesta fue que no podíamos ir al centro que yo quería, pero existía la opción de ir a un hospital que hay en San Cugat, que pertenece al mismo grupo de salud. «Perfecto, pero a mí a Sabadell no me llevas, ¿vale?», contesté.

De camino a ese hospital hay muchas rotondas, y el conductor de la ambulancia iba rapidísimo. Parecía que se me iba a salir algún hueso. Entonces di un golpe con mi pierna: «Oye, frena, que no me voy a morir, pero no quiero llegar con cinco huesos más rotos». A partir de ahí, comenzó la locura de estar varias semanas en el hospital.

¿Pudiste recuperarte al 100 % o te han quedado secuelas de ese accidente?

Pues mira, me costó un año entero recuperar la movilidad y volver a la normalidad, pero fíjate, ahora levanto más peso que nunca en el gimnasio. Al principio me costaban mucho algunos movimientos, como los giros. Ahí tuve que sacar la cabezonería del deportista, ¿sabes? Hacía ejercicios con un vaso, girando de lado a lado. Hacía ejercicios y recibía masajes cada día. Los primeros seis o siete meses sufrí mucho dolor.

Tengo que preguntarte si sigues jugando al baloncesto.

Mira, se me cortó un poco el rollo, porque un amigo íntimo, diez años más joven que yo, se rompió el tendón de Aquiles mientras jugaba. Yo estaba con él en ese momento, y fue una sensación rara, con un sonido muy extraño. Llegué a la conclusión de que igual, tras tantas operaciones, yo no necesitaba ninguna más. Por eso frené, aunque estuve jugando algunos torneos hace un par de años.

Manel Bosch y Quique Andreu me decían muchas veces que me pusiese en forma, que ellos me encontraban un equipo en ACB. Pero, ¿sabes qué pasa? Lo único que no podemos comprar en este mundo es tiempo.

Y ese tiempo ya pasó.

A mí me encanta jugar, pero entrenar no tanto, y luego tienes el riesgo de lesionarte. Todo esto, ¿para qué? Tampoco el dinero es una motivación. En un momento dado pensé en volver, para que mi hija tuviese la oportunidad de verme jugar, pero mi hija puede ver partidos míos por Internet, o algún día que juegue con el equipo de veteranos del Barcelona. Nada me ha empujado lo suficiente estos años para plantearme en serio un regreso. ¿Qué te pagarían? ¿5000 euros al mes? Perfecto, pero sería gastar uno o dos años de un tiempo que ya no volverá.

Con el tiempo se volvieron más comunes perfiles físicos como el tuyo. Pero en aquella época, un jugador con tu altura y peso, y que se moviera por la pista con agilidad, era un caso realmente extraño.

Sí, no era habitual que los jugadores interiores tuvieran esa capacidad. Los casos más destacados a nivel FIBA eran Gasol y Scola. A mí me encantaba jugar contra gente más pesada, porque mi pensamiento en esas circunstancias era claro: correr como un loco de lado a lado. Así podía sacar mucha ventaja.

Creo que esto fue en parte gracias a mi madre. De pequeño practiqué atletismo, además de otros deportes. Hacía mucho ejercicio. La base que adquieres de niño es muy importante para tu crecimiento y desarrollo en el futuro. Si me preguntas, yo empujaría a los chavales para que hiciesen pesas con 13 o 14 años. Es mentira eso que dicen de que las pesas frenan el crecimiento. Todo eso es mentira. También se tienen que involucrar mucho más con la gimnasia.

Además de correr, me gustaba el contacto con los pívots rivales. En ese sentido, me agobié mucho cuando estuve en el Barcelona. Puede que esto que digo siente mal, pero me da igual. Los jugadores españoles tienen, o tenían, una protección dentro de la ACB que era para flipar. Recuerdo un partido contra el Girona [2007] en el que me pitaron cinco faltas en tres minutos.

Una de las eliminaciones más rápidas en la historia de la ACB.

Claro, pero me enfadé mucho, porque no estamos entre niños. Lo siento. Gasol no puede ser un tío que esté quejándose todo el día. Marc es un bicho, como yo, así que nos tienen que dejar jugar bien. Y si me pitas falta a mí, tendrás que pitar lo mismo en el otro lado, ¿no?

De esa época, quitando los que fueron a la NBA, sácame dos jugadores españoles que rindiesen a gran nivel en ligas extranjeras. Ahora solo se me ocurre Garbajosa [Benetton de Treviso]. En la ACB, a los españoles no podías ni mirarlos. Recuerdo que a veces me pitaban faltas en las que yo ni siquiera estaba junto al jugador rival. Ojalá hubiesen existido las revisiones en esos años. Así fue conmigo todo el tiempo. Me veían fuerte y grande, y pensaban que era indestructible, que a mí no me dolían los golpes. A ver, soy fuerte y no me voy a caer al suelo si me tocan, como hacen ellos, pero joder, pita alguna de las faltas que me están haciendo.

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Además, a Barcelona llegaste desde la NBA. Por lo que estás diciendo, imagino que en cuestión de nivel de contacto permitido notarías mucha diferencia.

Eso es. Piensa que en la NBA tenía que competir con jugadores como Ben Wallace, por ejemplo. El contacto físico estaba muy presente.

También te tocó defender a Shaquille O’Neal.

Bueno, a O’Neal en partido, pero a Howard cada vez que teníamos entrenamiento. ¿Sabes a lo que me refiero? Claro que había que utilizar el contacto físico, y continuamente. Para mí está bien ser actor de vez en cuando, pero estamos llegando a unos límites que nos estamos pareciendo al fútbol. A mí me gusta la batalla, no sé si me explico, pero que haya igualdad en el trato hacia los equipos. No puedes pitar todo en un lado y no pitar nada en el otro.

Tiene que haber una cierta coherencia.

A ver, que Marc Gasol era un jugador tremendo ese año, y es alguien al que aprecio y respeto. Tenía un nivel de MVP, vale, perfecto, pero ¿esto qué significa? ¿Que no puedo ni mirarlo o me van a pitar falta? Pero bueno, es la vida y es pasado. Ya está.

¿En qué momento te diste cuenta de que podrías ganarte la vida con el baloncesto?

Nunca estuve pendiente de eso, tío. Nunca. No me fijaba en el dinero que ganaba; mi preocupación era ganar e intentar ser mejor cada día. Está claro que poder ayudar a tu familia significa mucho, porque vengo de una familia muy humilde, que perdió todo durante la guerra. Mientras tengas una cama para dormir y la comida suficiente, yo siempre he pensado que el dinero es para compartir y para intentar ayudar a la gente que quieres.

Irte a Gonzaga, en el año 2000, te costó una dura sanción de la Federación de Croacia.

Había firmado un contrato de seis años con mi club en Croacia [KK Zrinjevac]. Durante mi primera temporada cobraba el equivalente a 1200 euros. En ese contrato tenía una cláusula que me permitía ir al baloncesto universitario. En ese caso, mi contrato se congelaba, y lo tendría que finalizar a la vuelta de Estados Unidos.

Había un entrenador que confiaba mucho en mí, y me dio minutos en una eliminatoria de cuartos contra el KK Split [playoffs de la liga de Croacia 1998/99]. Para un chaval de 18 años era muy bueno y positivo sumar puntos y rebotes contra los pívots que tenía Split en ese momento: Nikola Vujčić, Henjak, Andrija Žižić… El entrenador veía que tenía mucho potencial. Al año siguiente iba todo muy bien y llegué a estar segundo en puntos por partido en toda la liga. Sin embargo, el club no tuvo paciencia y hubo un cambio de técnico. El nuevo entrenador me dijo que era demasiado joven, y que tenía que dar más minutos a los jugadores que el club quería poner en el mercado. Necesitaban vender jugadores, así que a mí me dejó en el banquillo.

Al acabar esa temporada, mi pensamiento fue: «Mira, si tengo una lesión o me pasa algo aquí, no tengo estudios, así que voy a intentar ir a una universidad. Así por lo menos tendré la posibilidad de sacarme un título, porque aquí no me respetan». Cuando hice este planteamiento al club, ellos me dijeron: «Vale, puedes irte si pagas medio millón». Vamos a ver, ¿cómo iba a pagar medio millón si en mi casa apenas había dinero para comer? El caso es que me fui, así que recibí una suspensión federativa por cuatro años.

A Gonzaga fui por Tommy Lloyd, que es ahora el técnico de Arizona. Él es otra persona que es como parte de mi familia, ¿sabes? Le agradezco muchísimo todo lo que hizo por mí en mis años de jugador. Es verdad que podría haber tenido una carrera mejor, pero también tuve malas experiencias con los representantes.

En la Universidad de Gonzaga no podía jugar, pero tampoco podía trabajar con mis compañeros. Iba a entrenar de cinco a siete de la mañana. Lo hacía a puerta cerrada, porque no te podían ver entrenando.

No podías hacer ninguna actividad relacionada con el baloncesto.

Eso es. Acabé en juicio con la NCAA, porque ellos me echaban en cara que tenía en Croacia un contrato de medio millón de dólares. «A ver, si tuviese medio millón de dólares no estaría ahora mismo en la universidad, ¿sabes?», les dije. Es como tener un contrato de cinco millones en la actualidad. Algo así.

En Gonzaga me ofrecieron la posibilidad de quedarme un año más, como redshirt [condición mediante la cual un jugador de la NCAA podía estar un año sin competir oficialmente mientras permanecía en su universidad; NdR], esperando a que llegase la autorización para que pudiese jugar. Era una opción, pero la situación de mis padres en Croacia era complicada. Mis padres perdieron la casa donde vivían y tuvieron que marcharse a unos 40 kilómetros de Zagreb. Mi madre tenía que coger el autobús cada día a las cuatro de la mañana para empezar a trabajar a las ocho. Me sentía un poco culpable, así que decidí que debía intentar volver al baloncesto profesional.

En Estados Unidos habían visto que tenía talento. Tenía buena fama, pero claro, no podía enseñar mis habilidades en entrenamientos con otros jugadores. Venían muchos scouts, pero solo podía realizar trabajo individual en gimnasio. Aun así, sin jugar, fui seleccionado en el draft. En esas circunstancias, llegó el interés de Pešić. Algo que me sorprendió mucho en ese momento.

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Estaba en Colonia, justo antes de irse a entrenar al Barcelona.

Así es. Y firmé con Köln gracias a él. Pešić es uno de los pocos entrenadores a los que respeto de verdad.

Es un técnico del que un jugador joven puede aprender mucho.

Sí, y además es el único entrenador que conozco que, cuando las cosas en su equipo van mal, da la cara por los jugadores. Lo que suelen hacer los entrenadores tras una derrota es lo contrario: echar la culpa a los jugadores. Por otro lado, me encantaba su forma de dirigir. Entrenábamos como unos locos.

Con él estuviste poco tiempo.

Solo cuatro o cinco meses. Mi representante y el director deportivo del Köln no llegaron a un acuerdo para afrontar el dinero de la rescisión, que estaba en 200 000, así que volví a Estados Unidos y me preparé para el draft de la NBA. Comencé a hacer pruebas, pero me supo muy mal no estar más tiempo con Pešić. Él me quería porque me veía como un joven loco. En esa época era muy rápido, y en Gonzaga me incitaban para que acabase jugando en la posición de 3. Tenían en la cabeza algo parecido a lo que hacía Nowitzki. En esos años me atrevía con todo. Quería comerme el mundo. Si me hubieras puesto delante a Shaquille O’Neal, hubiera ido a por él. No tenía miedo de nada, y a Pešić esto le encantaba.

Una vez estaba disputando un partido de exhibición, con la intensidad habitual, y apareció otro entrenador yugoslavo. Se acercó a Pešić y le preguntó que de dónde había sacado a ese chalado. Pešić contestó con una broma: «De la cárcel». Piensa que con 20-21 años yo ya tenía muchos tatuajes. No era normal. Creo que Pešić es un entrenador supergracioso y superlisto; sabe cómo llevar a un equipo y cómo motivarlo. Me hubiera gustado jugar para él un tiempo.

Luego en el Frankfurt tuviste de técnico a Gordon Herbert, futuro campeón del mundo con Alemania.

Es otro entrenador que respeto mucho. Él y yo nos peleamos un montón la primera temporada. Recuerdo una vez que me echó de un entrenamiento a los diez minutos de empezar, y habían venido quince scouts de la NBA. En el segundo año fue una especie de padre conmigo. Es un tío de verdad.

En ese segundo año [2003/04] es cuando ganáis la Bundesliga, en una final a cinco partidos contra el Brose Baskets. Aquella temporada rindes muy bien.

Sí, sí. Es que Herbert era un buen psicólogo. Sabía cómo y cuándo apretar los botones. De hecho, ganamos ese campeonato con jugadores muy normales. Yo era todavía joven: tenía 24 años. En ese equipo estaban Tyrone Ellis, Pascal Roller… Algunos buenos jugadores, pero nada extraordinario. Ninguna figura que sobresaliese mucho.

Has destacado en alguna ocasión el buen ambiente que había en ese vestuario.

Creo que fue uno de los años en los que más disfruté jugando. Al acabar la temporada, me quedaba un año de contrato en Frankfurt, e íbamos a jugar la Euroliga. Yo quería seguir, pero el club me dijo que necesitaba venderme. Me sentó muy mal. Ahí me equivoqué, porque Pešić me quería traer a Barcelona.

Al equipo campeón de Europa un año antes.

Sí, él me quería ahí, pero entonces decidí que había llegado el momento de cumplir mi sueño de niño. Aposté por ir a la NBA. En 2002 había salido escogido en el número 41 del draft. Justo después de Juan Carlos Navarro, que fue el 40.

El número 41, el mismo que Nikola Jokić en 2014.

¿Ah, sí? [hace un gesto de sorpresa]. Pues mira.

Resulta curioso que te seleccionasen en el draft sin haber jugado ni un partido en la NCAA y sin haber destacado en el baloncesto europeo.

Y pude haber hecho una buena carrera en la NBA. Recuerdo que durante el Eurobasket de 2009, en Polonia, me crucé con Gortat. Había jugado contra él en Alemania [cuando Mario estaba en Frankfurt, Marcin fichó por el equipo de Colonia; NdR] y llevaba algunos años sin verle. Me dio un abrazo como si se sintiese mal por algo. Yo me preocupé: «Hermano, ¿qué te pasa?». Él respondió: «Todos sabemos que ese contrato que firmé con Orlando iba a ser tuyo». Es la vida, tío. Todo el mundo lo sabía, pero es lo que te digo. En la vida vas cogiendo caminos que no sabes hacia dónde te van a llevar.

Justo cuando se celebró el draft recuerdo que estaba en España. Íbamos a jugar un amistoso, precisamente contra la selección catalana. Croacia contra Cataluña. Por ahí estaban Gasol, Navarro, Ferran Martínez… En un entrenamiento previo un periodista me preguntó: «¿Cómo te sientes? Te han cogido Los Angeles Clippers en el número 41». No tenía ni idea [risas]. Claro, entonces no había el acceso a la información que tienes hoy con un móvil, y nadie se había puesto todavía en contacto conmigo. Fue supergracioso, porque días después me llamaron, cuando estaba en la habitación de un hotel: «¿Cómo te sientes ahora que tus derechos pertenecen a Orlando Magic?». Eso sonó mucho mejor [Mario formó parte de un intercambio entre ambas franquicias; NdR]. Antes del draft yo había hecho un par de entrenamientos con los Magic, mientras que con los Clippers no había hecho nada. Era muy raro que me eligiesen ellos, tío.

El primer partido en la NBA en el que Kasun dispuso de minutos fue ante un rival con pedigrí: Los Angeles Lakers. La victoria correspondió a Orlando, pese a los 41 puntos de Kobe Bryant. Grant Hill, Steve Francis, Pat Garrity e Hidayet Türkoğlu lideraron el ataque de los Magic.

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¿Ganaste mucho dinero en la NBA?

Nada, porque debía un millón de euros a Frankfurt por mi salida. De hecho, en mi primer año estuve viviendo con una amiga de la República Dominicana, con su familia, porque no tenía suficiente para pagar un alquiler. También había compañeros que conocían mi situación y me prestaban dinero de vez en cuando. Ganaba 1 000 dólares por semana o algo así.

Cuando salía con ellos, podían sacar 5000 entre todos para invitarme. En la NBA cuidan mucho estas cosas, pero de verdad que hasta los 26 años gané muy poco dinero.

¿Qué piensas cuando ves la cantidad de dinero que se mueve ahora en esa competición?

Esto es una locura, es una puta locura. No creo que algunos jugadores se merezcan tanto, lo siento. Aunque quizás sea demasiado, a mí me da mucha alegría, por ejemplo, que los jugadores universitarios estén ganando dinero. Antes los centros obtenían un montón de dinero por la venta de camisetas, con sus nombres y números, o de entradas, y los jugadores no se beneficiaban económicamente de ello. En el caso del fútbol americano, que es un deporte muy popular a nivel universitario, yo conocía a muchos jugadores que cuando se quitaban el casco pasaban desapercibidos. Era triste que un tío que estaba generando tanto dinero no se llevase nada, mientras su universidad ganaba millones y millones, ¿me entiendes?

Esto es una cosa, pero ahora nos hemos ido en muchos casos al otro extremo. El negocio crece cada año en la NBA. Ahora una estrella gana en un año lo que antes se ganaba en toda una carrera. Es triste en cierto sentido, pero es la vida.

Antes ha salido el nombre de Dwight Howard. Llegas a Orlando al mismo tiempo que él, que fue el número 1 del draft de 2004.

Eso es, porque yo fui seleccionado en el 2002, pero pasé dos años en Alemania antes de ir a Estados Unidos. Doc Rivers, el técnico de los Magic entonces, quería que me incorporase al equipo en ese mismo 2002. El problema es que mi salida creo que costaba dos millones. De esa cantidad, los Magic solo podían pagar 300 o 400 000. Yo no podía hacerme cargo del resto. No podía hacer nada, así que fui a jugar a Frankfurt un par de temporadas.

En 2004, cuando me incorporé finalmente, Dwight y yo nos hicimos amigos. Siempre hemos hablado muy bien el uno del otro.

Imagino que los entrenamientos con él serían intensos.

Sí, pero luego en los partidos era muy fácil jugar con él. Lanzabas el balón arriba y sabías que él lo cogería para finalizar. Ya está. Además, con él cerca sabías que tendrías más espacios en ataque. Atraía la atención de la defensa. Fue una experiencia muy interesante.

¿Es verdad que te llamaba Ivan Drago?

Él me llamaba así, sí, pero no fue el que se lo inventó. El primero que me llamó de esta manera fue Steve Francis.

Había unos buenos elementos en aquellos Magic.

Pero muchos necesitaban varias pelotas para ellos, ¿sabes? Francis, Hedo Türkoğlu, DeShawn Stevenson… No era fácil de controlar.

Hay que hablar también de Grant Hill, aunque en esos años ya estaba físicamente mermado.

¡Buah! Creo que es el mejor jugador que he visto en mi vida. Podía estar dos meses sin entrenar, venir al entreno y meter 30 puntos casi sin sudar. Flipas cuando ves algo así. Yo estoy un mes sin moverme y casi ni puedo correr. El problema era su tobillo, que estaba muy mal, pero poder entrenar con él, con Dwight Howard, con Bo Outlaw… Todo esto me encantaba.

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Antes has citado a Steve Francis. Llegó a los Magic junto a Cuttino Mobley [en la operación que acabó con Tracy McGrady en Houston].

Cuttino Mobley, sí. Me acuerdo también de Jameer Nelson, Pat Garrity, Tony Battie, Kelvin Cato… Teníamos muy buenos jugadores, de verdad.

Con Darko Miličić coincidiste unos meses en Orlando, desde febrero de 2006.

Un loco perdido.

Un buen personaje.

Qué cabeza, tío. Pero qué jugador y qué cualidades. Tenía la cabeza al nivel de Mario Hezonja en su época en el Barça.

En relación con este caso, en un episodio del pódcast X&O’s Chat, conducido por Edin Avdić [periodista y comentarista muy reconocido, que falleció el pasado mes de junio; NdR], se pedía a Miloš Teodosić que citase, más allá de los evidentes, a jugadores muy talentosos con los que hubiese coincidido. Él contestó con dos nombres: Nemanja Aleksandrov, al que frenaron las lesiones, y Darko Miličić. Me llamó la atención.

Es que era un jugador… Recuerdo un día que Dwight Howard llegó tarde. Llegó justo para el principio del partido, así que el entrenador no quiso incluirle en el quinteto inicial. Darko entró en su lugar. A los diez minutos llevaba como 15 puntos y 10 rebotes. Más tarde entró Howard, hizo sus números habituales y Darko volvió al banquillo.

Para mí, no le daba demasiada importancia a si jugaba o no jugaba. Su prioridad era el dinero y no tenía sangre para competir. Darko tenía una gran facilidad para jugar al baloncesto, y unos movimientos que flipas. Tiraba bien, tenía condiciones físicas… Sin embargo, le costaba pasar y entrar a la pelea debajo de los aros. Además, parecía que iba siempre con el freno de mano. Yo no tenía su talento, pero era más agresivo. Es así. Iba a por todas e intentaba llegar a cada balón en disputa. En mi primer año en la NBA tuve un promedio de rebotes por minuto muy alto, pero, ¿qué haces si no te dan más tiempo de juego?

Miličić era un jugador que te cagas. Es triste que no tuviese más oportunidades. Nadie sabe por qué no triunfó. Creo que ni él mismo lo sabe.

¿Qué pasó con Kevin Garnett?

Kevin Garnett era mi ídolo, como Rasheed Wallace. Nowitzki también, claro, pero me fijaba más en ellos dos. De hecho, tenía unas zapatillas de Adidas del modelo de las que llevaba Garnett. Una idea similar a las Air Jordan, pero de Kevin Garnett. Unas bambas altas. Cuando salí a la pista para el calentamiento previo a un partido contra Minnesota, se acercó a mí alguien de los Wolves: «Me ha dicho Garnett que te las tienes que quitar». ¿En serio, tío? A mí me encantaría ver a alguien que lleva mis zapatillas, ¿no? Ok, me las quité.

Después, durante el partido, Garnett es un tío que habla y habla. Todo el tiempo. Te dan ganas de coger una botella y darle en la cabeza a ver si se calla de una vez. Me quedo con el mate que hice con él delante. Al acabar intenté, a través del personal de los Wolves, que me firmase las zapatillas. No quiso. Para mí, eso fue un gesto de racismo. Yo lo veo así.

En tu primera temporada viviste una experiencia curiosa, como comentaste en una entrevista en la web de Frankfurt Skyliners: pasar los días navideños en pantalones cortos.

Fue muy extraño. Todo el mundo que me llamaba de Croacia me decía que ahí estaban con nieve, y mientras tanto yo en Florida, en pantalones cortos, con las piernas a remojo en la piscina. Creo que llegué a bañarme.

Al margen del baloncesto, en enero de 2005 se habló mucho de una supuesta relación tuya con Mary Carey, una actriz de cine para adultos.

La conocí en una fiesta. Al acabar un amigo me pidió que la llevase al hotel, y luego nos liamos. Al día siguiente ella empezó a decir que íbamos a casarnos y cosas así. Luego apareció en un partido de los Magic y llevaba puesta mi camiseta. ¿Qué puedo decir yo? Cuando nos liamos, ella me dijo que era actriz porno, pero no le di ninguna importancia. Pensaba que era el típico comentario que hace un americano cuando quiere impresionarte. Pasé del tema, pero de repente, un día, me llamó un amigo para avisarme de que ella estaba saliendo en el programa de radio de Howard Stern. Decía que tenía una relación conmigo. Todo esto tuvo mucha repercusión en Croacia también.

En torno a esas fechas fueron las elecciones presidenciales en tu país.

Claro, imagínate. El presidente en la primera página y luego yo en una doble: «Mario en relación con una estrella del porno». Recuerdo que mi madre me escribió en aquellos días: «Me gusta verte enamorado, pero ¿de una actriz porno?». Ella era una persona muy católica y estaba preocupada con lo que se decía de mí.

Esto fue lo que pasó en realidad. Encima, el hermano de una amiga se enamoró de esta mujer y estuvieron unos años saliendo juntos. Su madre se enfadó conmigo y dejó de hablarme, porque me culpaba a mí de la relación que tenía su hijo. Una cosa más rara…

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Antes de tu segunda temporada en la NBA, juegas con Croacia el Eurobasket de Belgrado, y te lesionas en el partido de cuartos contra España. ¿Cómo condicionó ese hecho tu carrera en Estados Unidos?

Me jodió bastante esta lesión de 2005 en Serbia, porque me afectó a un hueso que está junto al tendón de Aquiles. No podía apoyar la pierna. Estaba acojonado, porque solo tenía contrato con Orlando para la siguiente temporada y ya está. Si me operaba, iba a estar nueve meses fuera del equipo.

La otra opción, que fue con la que me quedé al final, consistía en recibir inyecciones de corticoides. Así podría seguir el ritmo del equipo en los entrenamientos, aunque tuviese dolor. Además, fuera de la pista estuve todo el año llevando una bota de protección, de plástico. Parecía una zapatilla de Anthony Davis [sonríe].

En ese segundo año, tras el Eurobasket, la idea era que yo jugase de 5 y Howard ocupase el puesto de 4. Después de dos partidos con esta fórmula, comencé a sentir más dolor. Estuve fuera un mes y a la vuelta el entrenador se olvidó de mí.

Era Brian Hill el entrenador de Orlando entonces, ¿no?

Sí. Al acabar la temporada vino y me dijo: «Lo siento por no haberte dado más minutos». Se podría haber ido a tomar por culo, ¿sabes lo que te quiero decir?

A buenas horas.

Y en esa época salió la opción de ir al Barcelona. Zoran Savić quería que firmase por tres años sí o sí. Me lo dijo claramente. Pese a que arrastraba una lesión que podía llevarme al quirófano y a estar varios meses fuera. Ahí yo di mi palabra a Zoran. Luego me llegó una oferta del Madrid que era muy superior económicamente. También se interesó el Baskonia, pero, en este caso, ofrecía una cantidad de dinero que ni fu ni fa.

El CSKA también se interesó en ti. Te lo escuché decir en alguna entrevista.

Creo que sí, y también te diría que el Olympiacos, aunque ya ha pasado mucho tiempo. Lo que recuerdo mejor de esta época es que me quiso el Estrella Roja, pero no tenían mucho dinero y yo sentía que no podía firmar por un equipo serbio. Mi padre participó en la guerra y ese conflicto todavía estaba muy reciente para nosotros.

De todas formas, habías dado tu palabra a Savić.

Yo soy una persona de palabra. Si me preguntas, acepté la oferta del Barcelona sobre todo por Zoran, y por nadie más. A veces pienso que fui tonto por no ir al Madrid. No lo digo solamente porque la oferta era de más dinero; creo que en este equipo encajaba mejor que en el Barça, no sé si me explico. Juan Carlos [Navarro] era un jugador que te cagas, una leyenda, pero todo el juego del equipo giraba a su alrededor. Y con Duško Ivanović de entrenador…

Tuviste varios problemas con él.

Recuerdo que en 2006 me llamó Shammond Williams, que había jugado en el Barcelona el año anterior. Él es un amigo íntimo de la mujer con la que estuve viviendo en Florida. Es un trozo de pan, el tío más feliz del mundo; siempre estaba riendo. Me llamó y me preguntó: «¿Eres tonto? ¿Has firmado con Duško Ivanović?». Cuando respondí que sí, él me dijo: «¿Pero sabes qué? Es un puto chalado». Yo pensaba que no podía ser que fuese más loco que Pešić. «Sí puede, sí puede», contestó.

Yo venía de la NBA y de jugar algunos partidos con Croacia. Tenía un porcentaje de grasa del 8 % y Duško Ivanović, el primer día, me dijo que estaba gordo. Me mandó por las mañanas a correr a la montaña antes del entrenamiento. A eso suma los dos entrenos, por la mañana y la tarde, de tres horas. Perdí doce kilos en ocho días. Me quedé como un fideo. Yo no estoy acostumbrado a jugar con este peso, ¿sabes? A mí me encanta correr, vale, pero si no tengo fuerza para ir al contacto con un tío grande y fuerte…

Yo siempre digo que con Ivanović estuve en la mejor forma posible para correr. Podría haber acabado un triatlón así [hace un chasquido de dedos]. Pero en cuanto al resto… En esta época llegué a plantearme la retirada. Odiaba el baloncesto, de verdad. Odiaba cada entrenamiento. Él tenía algo en contra de mí.

Te incorporaste tarde a la pretemporada a causa de unos partidos con tu selección.

Me perdí el inicio de los entrenamientos porque, en esa época, te multaban si no ibas a jugar con el equipo nacional. Yo no tenía dinero suficiente para afrontar esas multas. De la NBA había salido con poco dinero y el Barça todavía no había empezado a pagarme. Imagínate. Si no iba con Croacia, eran entre 30 000 y 50 000 euros de multa, algo así. A tomar por culo. Llamé a Savić: «Tío, yo necesito ir con el equipo nacional. Si no, me van a hacer pagar 30 000 y yo no los tengo». Zoran lo entendió, pero pagué eso con Duško. Él se enfadó conmigo.

Tío, yo por el entrenador mato, pero si veo que me da su confianza, que se fía de mí. Este no era el caso.

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¿Duško tuvo también problemas con otros jugadores?

Solo conmigo. Era como si me odiase. El segundo año, cuando solicité la rescisión del contrato, me encontré con una respuesta negativa. Savić tenía miedo de venderme al CSKA, por ejemplo, y que luego fuese decisivo en un partido contra el Barcelona.

No sé cómo explicarte e igual suena arrogante: me veía con muchas más capacidades que Jordi Trias, Marconato y Fran Vázquez. Lo digo con todo el respeto, pero era lo que creía. El problema era que llegaba el partido y no podías desarrollar tu juego; no te dejaban. Eran todo instrucciones marcadas previamente, y no sé para qué.

En noviembre de 2007, en su segundo curso en el FC Barcelona, Kasun sufrió un mareo antes de un partido de Euroliga contra el Fenerbahçe en el Palau. El 19 de enero de 2008, en un encuentro en Gran Canaria, el susto sería mucho mayor.

Tu segunda temporada en Barcelona viene marcada por esa taquicardia en enero de 2008.

¿Y cuál fue su causa? Llegó por todo el estrés acumulado. Encima Duško me puso a entrenar solo una semana después.

Quedaba poco para la Copa del Rey de Vitoria.

Sí. Además la Copa ya me la había perdido la temporada anterior [por una fractura de estrés en el peroné; NdR]. Me lesioné por estar todo el día corriendo y saltando. En cuanto pude me incorporé con el equipo, con una protección para la zona lesionada. Llego al entrenamiento y Duško me dice: «Quítate eso o te vas fuera». Cada expulsión de un entrenamiento suponía una multa de 5000 pavos. Estuve jugando lesionado un mes y medio, o algo así.

Recuerdo que al final fui a hablar con Savić: «Tío, tengo un hueso rotísimo. Parece un chicle». Él entendió la situación y me dijo que me marchase a Croacia; que me relajase unos días y que cuando volviese a Barcelona ya empezaría el proceso de recuperación. Esto generó un enfrentamiento entre Zoran y Duško, que eran íntimos amigos.

Habían sido compañeros de equipo en la histórica Jugoplastika.

Claro, eran íntimos. Se distanciaron en esta época, y fue por mi caso. Los médicos dijeron que la recuperación sería de seis meses. Volví antes, pero Duško no me quería dentro del equipo. Quería que fuese a entrenar con el Cornellà. Estuve allí no sé cuánto tiempo.

Es superfuerte, porque el segundo año fue cuando sufrí el problema de corazón. Y claro, en un trabajo normal, después de una operación cardiaca, no vuelves hasta un mes después. Sin embargo, yo ya estaba entrenando la semana siguiente.

La operación cardiaca, producto de la taquicardia sufrida en Gran Canaria, consistió en un cateterismo con ablación (procedimiento que consiste en guiar unos tubos finos por los vasos sanguíneos hasta el corazón). Dentro del quirófano, Mario estuvo despierto en todo momento.

Tenías que mantenerte despierto durante la operación. Has contado alguna vez que te daban golpes en la cara para que no te quedases dormido.

Lo peor de todo fue cuando vino el doctor, que tendría más o menos mi edad, quizás un par de años más, y suelta: «Ostras, he estado con dos tías, metiéndome rayas». Lo decía la persona que me iba a operar el corazón. Y de fondo se oía la canción Highway to Hell, de AC/DC. A tomar por culo. Me comentaron que sería una operación sencilla, de dos horas. Al final estuve ocho horas en el quirófano, y mi padre esperándome fuera.

Imagina lo que supone estar ocho horas así: yo quedándome frito y ellos pegándome para que no me durmiese. Un espectáculo. Después de la operación es una sensación muy rara, porque cuando consigues ponerte de pie e intentas ir al baño, tienes la sensación de estar empujando un camión. Es increíble.

No tienes fuerzas para nada.

Pero tuve que incorporarme a los entrenamientos una semana después de todo aquello. El tío estaba chalado.

Cuando pasas por una experiencia así y regresas a la competición, ¿sientes miedo de que vuelva a ocurrir algo similar?

No, nunca lo tuve en los años siguientes. No tenía problemas con eso. Mientras haga lo que me gusta… Si me tiene que pasar algo, que sea en una actividad que he elegido yo.

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Quiero incidir sobre algo que has dicho antes: que todo el juego del Barcelona giraba alrededor de Navarro.

Más que nada, él tenía la libertad para hacer lo que quisiese en pista. Sabía que jugaría sí o sí, y es alguien que se merece este estatus, pero por otro lado tenías a Gianluca Basile. Era el mismo perfil de jugador y se tuvo que centrar en tareas defensivas. No tenía esa libertad que sí tenía Navarro. Si tienes a dos jugadores así, da autonomía a los dos, ¿no?

Me acuerdo de un entrenamiento. Basile ya tenía más de 30 años. Llega Duško y le dice: «Ay, Gianluca, hoy no te veo. Tienes las piernas perezosas. ¿Sabes qué? Vas a ir a correr un rato por las escaleras». Basile casi no podía ni caminar al día siguiente. Faltaban 24 horas para un partido y le pones a subir y bajar escaleras, ¿entiendes? No tenía ninguna lógica.

Yo sabía lo que podía aportar al equipo. Por ejemplo, puedes pasarme el balón dentro, y cuando llegue la ayuda a mi defensor, devuelvo la pelota al perímetro y te encuentras con un lanzamiento de tres en muy buena posición. Pero si solo me utilizas para coger rebotes y no hago nada más, podrías haber encontrado a algún jugador que te hubiera hecho lo mismo por mucho menos dinero. No sé, no acabé de acostumbrarme. No encajaba bien ahí.

Te enfrentaste, cuando todavía era muy joven, a Nikola Peković. En una entrevista para el medio croata Index te referiste a él como el jugador más complicado de defender.

Buf… ¿Sabes qué pasa? Tuvimos un partido contra el Partizan que recuerdo como si fuese ayer. Él no salió en el quinteto titular, y yo empecé muy bien, con un mate ante Vraneš, que medía 2,30. Un mate que flipas. Luego Duško cambió de defensa y Peković nos machacó. Tuvo muchas facilidades. Yo pensaba: «Tío, ¿no ves que esto no funciona?». Fue su primera gran actuación europea y Partizan nos ganó [con 29 puntos y 40 de valoración, Nikola fue el MVP de la primera jornada de la Euroliga 2007/08; NdR]. Cuando nos tocó jugar en Barcelona contra Partizan, me propuse que no se repitiese algo así. Te lo juro. En ese partido ganamos con mucha diferencia [95-69], y él se quedó en siete puntos.

Tenía una fuerza increíble. Había jugado contra Shaquille O’Neal en la NBA, pero Nikola era incluso más complicado. Cuando él cogía primero la posición en la zona, no había nada que hacer. Imposible. No había manera de recuperar. Tenía una fuerza en las piernas… Era como una puta roca, de verdad.

En 2008 sales del FC Barcelona y fichas por el Efes Pilsen, donde estaba Ergin Ataman de entrenador. ¿Qué tal fue la experiencia con él?

[Suspira y piensa unos segundos] A ver, este entrenador tiene tres Euroligas. Sabe hacer el scouting muy bien y conectar a los buenos jugadores en sus equipos. Yo siempre digo que es muy fácil hacer un equipo con cuarenta millones de euros, ¿no? Después se trata de saber dar espacio a cada jugador para que haga sus locuras, dicho entre comillas. ¿Qué pasó cuando se marchó Duško Ivanović del Barcelona en 2008? Que todos los jugadores se sintieron más libres. Jugamos muy bien hasta la final de la ACB. Ahí se notó que Xavi Pascual no tenía experiencia como primer entrenador. No supo cómo reaccionar y perdimos la final [el Baskonia ganó la serie por 3-0; NdR]; pero dos años después, con más experiencia, Xavi Pascual lo hizo de puta madre y el Barcelona ganó con él la Euroliga, ¿no? Esto es a lo que me refiero.

Ataman hace buenos equipos, pero siempre tiene mucho dinero a su disposición. Así es más fácil, ¿no? Con todos los respetos, en los dos años que estuve en Efes no lo hicimos bien en Euroliga porque siempre ejecutábamos las mismas acciones en pista. Nos pasó algo parecido en la liga en 2010. No cambiamos las acciones; solo el nombre de esas acciones.

Recuerdo ese playoff final contra el Fenerbahçe, en 2010. Su cuerpo técnico solo tuvo que coger el video del año anterior. Con eso lo supieron todo: cada paso, cada bloqueo… Ellos iban cuatro o cinco pasos por delante de nosotros. Fue imposible.

¿Cómo este tío ha sido tres veces el entrenador del campeón de Europa? Explícame.

Creo recordar que fue en Jao Mile podcast donde contaste que en medio de la final de Liga de 2009, que acabáis ganando, dijiste a tu representante que te querías ir de Efes. No estabas jugando.

Es que hasta la final yo salía en el quinteto titular, y todo iba normal. De repente, empieza la serie contra Fenerbahçe y me quedo en el banquillo. No entendía qué estaba pasando. Llamé a mi representante y le dije que me iba, que quería romper mi contrato con Efes.

Piensa que no perdimos ningún partido en las series previas, y que solíamos ganar al Fenerbahçe. Y de repente, perdemos los dos primeros encuentros de la final, y encima en nuestra cancha: 0-2 y yo sin jugar. Me senté para hablar con él [Ataman], y él se justificó diciendo que quería abrir más el campo o algo así. No sé, una excusa. Lo que le dije fue: «¿Quieres ganar esta final? Pues déjame jugar». Me dejó jugar y ganamos 4-2 el playoff. Así fue.

Antes del segundo año me llamó: «Estoy intentando traer a Nachbar. ¿Qué opinas de él?». Me pareció un fichaje de puta madre. Nos faltaba un 3-4 como Nachbar, de esas características. «Además tengo una sorpresa. Rakočević jugará aquí este próximo año», continuó. Eso no lo vi tan bien. Para mí Rakočević es un gran problema para un vestuario. Es un egoísta que solo se preocupa de sus cosas. Y no sigo.

Volviendo a Ataman y sus equipos, siempre ha contado con algún americano desequilibrante: tuvo a Larkin en Efes, en Panathinaikos a Nunn… Les deja hacer sus cosas. Permite que se sientan cómodos y que hagan lo que mejor saben hacer, que creo que es lo que necesita cada jugador. Mira a Manu Ginóbili. De la manera en la que jugaba en San Antonio no hubiera podido jugar en ningún equipo de la Euroliga. Ningún entrenador en Europa dejaría hacer este tipo de locuras. Ya desde el calentamiento era muy llamativo, pero así funcionaba Ginóbili. No puedes coger y atarle a un sistema, con unas acciones determinadas desde el banquillo. En esto sí es bueno Ataman. Da espacio y libertad a sus jugadores.

En 2010 Mario regresó a Croacia. Con el KK Zagreb disputó dos temporadas a un nivel alto. En 2011 fue el MVP de la Copa de Croacia (torneo que lleva el nombre de Krešimir Ćosić) tras protagonizar una actuación extraordinaria (27 puntos y 9 rebotes) en la final contra el Zadar, resuelta por 91-85. En la temporada 2011/12 volvió a disputar la Euroliga. Superados los 30 años, sus números contra Zalgiris o Unicaja hacían prever que todavía tenía cuerda para rato, pero, de nuevo, una lesión conspiró contra las expectativas.

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Después de Efes vas a jugar al KK Zagreb. Das un rendimiento muy bueno y llegas a ser MVP de la Copa de Croacia.

Sí, estuvo genial. Además en aquellos años la Liga Adriática era un torneo muy competitivo, con Partizan, Budućnost, Estrella Roja, Ljubljana, Cibona… Tenía varios equipos buenos.

No había partidos a los que pudieses presentarte pensando: «Esto lo ganamos fácil». Es igual que cuando jugué con el Barcelona. La gente nos criticaba mucho cuando perdíamos contra un equipo de menos calidad. Recuerdo que nos cayó una buena tras una derrota en Murcia por varios puntos. Joder, pero es que jugábamos muchos más partidos, volábamos continuamente para competir en Europa… Los equipos más modestos tenían mucho más tiempo para preparar los partidos.

Y eso que en esos años no existían las dobles jornadas de Euroliga entre semana.

Claro, no puedes ganar todo. Es normal. Todo el mundo es capaz de jugar bien al baloncesto, y hablamos de partidos concretos. Ellos empiezan bien, nosotros mal y ya te entra la tensión y el miedo, ¿sabes?

En el KK Zagreb coincidiste con Mario Hezonja y Dario Šarić cuando eran unos adolescentes.

En esta época podías ver que los dos iban a ser unos jugadores que te cagas. Hezonja era más joven. Tenía 15 años y no sabes cómo era. Si le ponías un tanque delante, intentaba hacer un mate por encima del tanque. Buena gente.

En 2012 habías fichado por Montepaschi Siena, pero una lesión te apartó varios meses.

Había firmado tres años con Siena. La operación en la muñeca implicaba nueve meses de baja, así que decidimos rescindir el contrato. En ese tiempo aparecieron varias opciones, como ir a Berlín, al ALBA, con Saša Obradović. Además hubo interés del Bayern de Múnich, y también de la Cibona, creo, pero tenía claro que no podía engañar a ningún equipo. Primero necesitaba ver lo que iba a pasar con mi muñeca. Tenía dudas de que pudiese volver a jugar de manera profesional.

Durante este proceso me encontré de nuevo con Tommy Lloyd, con el que había trabajado en Gonzaga. Había venido a Europa para ver al hijo de Sabonis [Domantas].

Al final Domantas acabó en Gonzaga.

Sí, Tommy y yo fuimos a verlo. Estaba jugando en Málaga, creo.

A mí me habían dicho que no iba a poder jugar más al baloncesto de manera profesional. Entonces Tommy me animó a ir a Estados Unidos. Me dijo que podía ponerme en forma para volver a jugar. Le hice caso y estuve tres meses en Estados Unidos. Fue un proceso muy difícil. El primer mes lloraba de dolor. Piensa que me había roto varios huesos.

Gonzaga es la universidad de John Stockton. Él venía a entrenar con nosotros, y un día llamó a Jerry Sloan, que se mostró interesado en ir a verme. En esa época yo ya tenía 33 años, creo. Con Sloan estuvo Tommy Lloyd. Fueron tres horas de entrenamiento por la mañana y tres por la tarde. Ahí había como 30 jugadores. En fin, ¿qué puedes mostrar con tanta gente? Al acabar, Tommy Lloyd me preguntó que qué tal había ido. Yo le contesté con la verdad: que todo me había parecido muy raro.

A los dos días recibí otra llamada de Tommy. Jerry Sloan quería verme de nuevo. «Buf, vale. Voy otra vez». La verdad es que me solté un poco y jugué mejor. Luego recibí otra llamada: para ir por tercera vez. Parecía una broma. En esa tercera ocasión hice muy buenos números, y ¿sabes qué? Decidí que no me iba a retirar; que quería intentar volver al baloncesto profesional. Pero cuando tomé la decisión ya era tarde para firmar por un equipo europeo. Por eso fui a jugar a Dubái.

Estando ya allá, seguí asistiendo a algunos entrenamientos en Estados Unidos, con vuelos de ida y vuelta. En una de estas, se acerca a mí Jerry Sloan. Se le notaba triste, y yo me preguntaba por qué. Coge y me dice: «Tío, me encanta cómo juegas. Te quiero firmar [ya no era el entrenador, pero seguía trabajando para Utah; NdR], pero ahora mismo en los Jazz hay 15 jugadores con contrato fijo. Si quieres, puedes venir y jugar en la Liga de Desarrollo». Yo le respondí que no estaba dispuesto a hacer ese sacrificio: alejarme más de mi familia, de mi hija, estar viajando en autobús de un lado a otro… ¿Para qué? ¿Por 3000 dólares al mes? Con eso no podría ni pagarme la vida allí. No era una opción, así que regresé a Dubái. A nivel deportivo, jugué muy bien y me encantó la experiencia. Era el jugador extranjero y la referencia del equipo, y tenía que darlo todo, como si el entrenador me ponía a jugar de base. Todo dependía de mí. Cuando el equipo ganaba, perfecto, pero si perdíamos, todos me miraban a mí.

Fuimos a competir a la GCC Champions Cup, que es una especie de Euroliga, pero con los países de Oriente Medio. El equipo de Qatar, por ejemplo [Al-Sadd], tenía diez americanos. Y yo, en el Al Wasl, tenía a un tío de Egipto como el otro extranjero, ¿sabes? Y perdimos la final. Yo gané el MVP, y fui el primero en puntos y rebotes. Quería quedarme, pero ellos pretendían bajarme el sueldo. Con lo que me ofrecían no podía llevar una vida normal. Piensa que en Dubái una guardería te puede costar 6000 euros al mes; el piso, otros 6000, más lo que gastes en comida… Los costes fijos son muy altos. Si te queda poco dinero para gastar cada mes… Dubái es un lugar bonito para vivir, pero está hecho para que gastes mucho dinero cada día; y eso que yo no me iba a comer a los restaurantes.

Vivía con mucha tranquilidad, pero era un lugar demasiado caro. En ese periodo de espera, en el que no acababa de saber lo que iba a pasar con mi futuro, me llegó una oferta buenísima desde Irán. Me ofrecían un contrato de 400 000, o algo muy similar, por jugar solo dos meses. Estuve pensando en ir allí, pero preferí esperar un poco más, a ver si finalmente podía firmar un buen contrato en Dubái. Eso no pasó, y acabé firmando con el Levski, equipo de Sofía. Eso fue la bomba, tío.

KASUN56

Hubo algún problema con el presidente.

El Levski iba a jugar la Liga Adriática, con los equipos de la ex-Yugoslavia. Me ofrecieron, creo, dos millones por tres años. Genial, un último gran contrato antes de retirarme.

Normalmente voy por la vida un poco a mi aire, sin enterarme de lo que ocurre alrededor. No veo la tele. Creo que si llegase el apocalipsis, solo me enteraría cuando empezase a ver zombis por todas partes. El caso es que faltaban un par de semanas para que fuese a Bulgaria. Recuerdo que estaba en El Masnou, en la playa con mi hija, cuando me llamaron por teléfono. Era Savić: «Mario, ¿qué tal? ¿No viste lo que pasó con tu presidente?». No tenía ni idea. Le habían pillado con un montón de millones sin declarar. El equipo se iba a la mierda. Se acabó el rollo. Estaba sin equipo y era ya tarde. En esas un amigo representante me llamó para ofrecerme la opción de ir a jugar a Cedevita. Estaba Repeša de entrenador ahí. Hablamos, pero no llegamos a un acuerdo sobre los términos económicos del contrato, así que no cuajó esa posibilidad.

En 2014 estuviste entrenando con el AEC Collblanc, un equipo de L’Hospitalet que estaba en Liga EBA.

Me engañaron, tío. Estaba buscando un equipo solo para ir a entrenar y mantenerme en forma, y me dijeron que fuese con ellos. Iban a jugar un partido de algún trofeo autonómico de Cataluña, pero me dieron a entender que era un encuentro amistoso, sin ninguna importancia. Llega el día del partido, y veo que el pabellón está lleno de aficionados. Empieza el partido y veo una tensión entre los jugadores… ¿Y esto era un amistoso?

Te retiraste antes de cumplir los 35.

Sí, me retiré pronto. Podía haber seguido. Incluso hoy, pienso que si me pusiese a entrenar en serio, podría alcanzar un punto que me permitiese jugar diez o quince minutos a un gran nivel. Nunca vi un problema en eso, ¿sabes? Si te cuidas, si entrenas bien, estás bien.

Físicamente eras un jugador privilegiado.

Claro, mucha gente me decía que había tenido demasiadas lesiones. Sí, es cierto, tuve muchas lesiones, pero siempre volví al mismo nivel. No se dio nunca la situación de regresar de una operación y haberme convertido en una mierda de jugador. No sé si me explico. Siempre fui capaz en mis retornos de meter los puntos o hacer las cosas que fuesen necesarias para el equipo en el que estuviese en ese momento. Si había que meter 30 puntos, lo hacía. Si había que pegarse dentro de la cancha, no había ningún problema. Después podía salir y tomarme una clara con cualquiera.

Mario ha jugado algunos partidos con el equipo de veteranos del FC Barcelona. Por ejemplo, se pueden ver en Internet imágenes de un torneo disputado a finales de 2021, en Zaragoza, a beneficio de los damnificados por la erupción volcánica en La Palma.

Una vez retirado, tras un partido de veteranos, Lucas Victoriano y Lucio Angulo se sorprendieron del nivel al que seguías estando.

Sí, me acuerdo de este partido. Fue la primera vez que jugué contra los veteranos del Real Madrid. Yo iba pensando que sería como una especie de All-Star, ¿sabes? Un encuentro sin tensión.

¿No fue así?

Escúchame, la noche anterior habíamos salido de fiesta. No te quiero ni contar. Estaba en el vestuario, antes de jugar, con algo de resaca. Cuando salí afuera, veo a los veteranos del Barça, la mayoría con una buena barriga. Luego veo aparecer al Madrid, con 17 jugadores, todos en forma. Estaba por ahí Lucas Victoriano, que tenía muchísima fuerza en esa época. Entonces pensé: «¿Tú vas a jugar con estos, y contra ellos?». A ver, el único que estaba en buena forma era Roger Esteller, el resto estaban para el desguace [ríe].

La primera vez que me llegó el balón, hice un movimiento de engaño hacia la derecha, fui hacia la izquierda y, ¡pam!, recibí un golpe en la cara que me sacó la lentilla. Ahí me di cuenta de que en la pista nada de amigos. «Aprieta, que vamos a la guerra», me dije. Creo que fue la primera vez que ganamos al Madrid de veteranos después de unos cuantos años. Fue solo un partido, pero estuve dos días casi sin poder caminar. Ya no estaba hecho para ese ritmo, aunque bueno, fue divertido. Están locos estos veteranos.

Mira, cada dos por tres quedamos aquí, en este restaurante, Ferran Martínez, Quique Andreu, Manel Bosch, Manolo Flores y yo. Quedamos y comemos juntos. Somos como una familia, no solo amigos. Son divertidos y buena gente. A mí me encantan este tipo de personas. Esto es para mí el Barça: la gente con la que puedes crear una relación. A nivel institucional, de club, siento mucha más distancia. ¿Sabes qué pasa? Cuando llegas a este nivel, tú eres solo un número, un clavo dentro de la máquina. Ellos te pagan y ya está.

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Jot Down Magazine

Eres una pieza que se puede reemplazar en cualquier momento.

Nadie te pregunta cómo está tu madre, si se ha muerto algún familiar tuyo, si tú mismo estás bien, si estás jugando lesionado… Da igual. Es así, y cuanto antes lo entiendes, es mucho más fácil. Ojalá que yo lo hubiese tenido claro desde el principio.

¿Sabes qué pasa? Nosotros jugamos toda la vida al baloncesto, aunque bueno, yo empecé más tarde a aficionarme, con 12 años; pero todos empezamos por amor a este deporte, por el simple hecho de jugar. Nadie empieza pensando en ganar dinero. Es una cuestión de pasión, que muchas veces se acaba convirtiendo en obsesión. Mira, hace un par de días salí con mi hija y estuvimos tres horas jugando al baloncesto. Esto no se hace por dinero. Así que, cuando coincides con un entrenador que te insulta o no te hace sentir cómodo, el pensamiento que te viene a la cabeza es: «No me estáis pagando lo suficiente para aguantarle a él».

Te gustan mucho las motos y has corrido rallies. ¿Echas de menos la adrenalina de la competición profesional?

Creo que ese es el problema de los que hemos sido deportistas. Somos muy competitivos y necesitamos actividades que nos ayuden a sacar la adrenalina. Si no las hacemos, nos volvemos locos. Nuestro cuerpo está acostumbrado a tener emociones fuertes todo el tiempo, y cuando paras de repente… Por eso creo que mueren muchos exjugadores a edades tempranas. Dejan de entrenar y de llevar sus cuerpos a otros niveles; empiezan a comer, fumar y beber, y a tomar por culo, ¿sabes?

Ir en moto es algo que me hace sentir libre. Es una sensación que no se puede explicar con palabras. Es parecido a volar, pero en tierra y con menos protección. Aunque no fuese por mi culpa, ya he tenido dos accidentes de moto muy graves. Con todo, todavía me gusta conducir; por esa libertad de la que te hablo. No hay mejor sensación en el mundo, pero claro, tu seguridad depende de otras personas. No solo de ti.

Vas muy rápido, y sin carrocería.

Aquí en España he visto unas cosas… Es increíble lo que la gente hace mientras está dentro de su coche, tanto hombres como mujeres. Es para flipar. Leen libros, se pintan los labios…

Muchos aprovechan para mirar el móvil.

Y tú, cuando estás subido a una moto, tienes que estar concentrado todo el tiempo. Estás alerta, siempre pendiente de lo que puede pasar.

En una entrevista con un medio croata, Index, elogiaste a las aficiones de Partizan y Estrella Roja. Imagino que esas palabras crearon polémica en tu país.

Bueno, pero es que el año pasado fui a ver un partido entre Partizan y Estrella Roja. Era la primera vez que veía un partido así desde la posición de un aficionado. Tenía ganas de hacerlo, y el ambiente fue una locura.

Cuando era profesional y jugaba en este tipo de canchas, era como si me metiese en un búnker. Me mentalizaba para no hacer caso a nada relacionado con el público; intentaba no escuchar ni ver. Ahora que he vivido este derbi desde la grada, puedo decir que son las dos mejores aficiones del mundo. Es increíble.

Seguro que muchos te reconocieron.

En un momento me acojoné. Estuve en una zona VIP, con un amigo que es una bestia también. Cuando salimos y estábamos esperando al ascensor para bajar, vemos aparecer por ahí a un calvo con muchos tatuajes. Tatuajes de símbolos serbios y del Partizan.

Él me miró, y yo estaba con el móvil esperando que no me reconociese. Me mira y dice: «Tú has sido jugador, ¿quién eres?». No podía mentir, porque quizás sí me conocía. Mientras, mi amigo se colocó por detrás de él, por si se ponía agresivo y tenía que intervenir. Nunca sabes con estos chalados. Yo dije la verdad: «Mario Kasun». El tío se emocionó. Me comentó que era su cumpleaños, comenzó a abrazarme, a besarme, me pidió una foto… Estuvo como cinco minutos abrazándome ahí, junto al ascensor. Me dieron ganas de preguntarle si quería coger una habitación del hotel para los dos.

Sí, en Serbia te reconocen por todos lados. Está guay. Me encanta, porque respetan mucho a los deportistas. En España también ocurre esto, pero en Croacia no. Es como si la gente estuviera celosa o algo así.

La carrera de Mario Kasun no se entiende sin sus presencias con la selección de Croacia. Impactó su aparición en el Eurobasket de 2005. Ante Italia sumó 20 puntos, con 8/8 en tiros libres, y 7 rebotes en 27 minutos; exhibió una conexión con Nikola Vujčić (16 puntos y 4 asistencias) que resultó imparable para la subcampeona olímpica. La siguiente cita, los cuartos de final contra España, fue en sus primeros minutos una prolongación del duelo con Italia. El juego interior croata perforaba una y otra vez la defensa del equipo de Mario Pesquera.

Tu primer campeonato con la selección absoluta fue el Eurobasket de 2005. Aquella fue una gran oportunidad perdida para Croacia.

¡Buf! No te puedo explicar con palabras cómo me hubiera sentido en caso de haber escuchado nuestro himno nacional en un podio en Serbia. Era mi sueño.

Teníais un equipo muy competitivo. Antes del partido con España, Dino Rađa declaró que veía a Croacia capaz de ganar el campeonato.

Podíamos haber ganado el Eurobasket, sí. Teníamos el potencial suficiente, pero hubo mala suerte en el partido contra España.

Mala suerte y una canasta polémica de Fran Vázquez.

Si miras el partido, hay como 48 faltas que no se pitaron. Nuestra mala suerte fueron las lesiones. Caímos Zoran Planinić y yo en el primer cuarto. Fue un lío tremendo.

Estabas creando muchos problemas a España.

Sí, había anotado varios puntos cuando me lesioné [8 de los 15 puntos de Croacia, que dominaba 4-15 en ese momento; NdR]. Teníamos el partido controlado en el primer tiempo, pero después se fue todo a la mierda. Bueno, hay cosas que no puedes controlar.

Si me preguntas a mí, creo que el conjunto de 2005 ha sido el mejor equipo nacional croata después del de la plata en Barcelona 92.

Contigo jugaban Gordan Giriček, Nikola Vujčić, Zoran Planinić, Marko Popović, Marko Tomas…

Nikola Prkačin también. Era muy buen equipo.

Con Nikola Vujčić te entendías muy bien.

Sí, sí, me encantaba jugar con él. Además, somos íntimos amigos. Es un buen tío.

Erais jugadores interiores con cualidades muy complementarias.

Claro, él se movía más por fuera y yo por dentro. En función de las ayudas defensivas, yo podía sacar el balón para que él tirase, o él me pasaba y yo metía una canasta sencilla.

Vujčić y tú, hasta el momento de la lesión, creasteis constantes problemas a España.

Bueno, es que faltaba Pau Gasol en España. Así era más fácil para nosotros. No había un jugador que pudiera pararme. Además, teníamos una fórmula similar a la suya cuando estaba Pau. Ellos hacían mucho el juego dentro-fuera con Garbajosa y Gasol.

Con 70-73 favorable a Croacia y solo siete segundos para el final, Navarro dispuso de dos tiros libres. Metió el primero y lanzó el segundo a fallar. Tomas tenía controlado el rebote (en la retransmisión en TVE, Pedro Barthe soltó un elocuente «pues nada») hasta que un contacto con Garbajosa le hizo perder el equilibrio y caer al suelo. La bola suelta llegó a las manos de Fran Vázquez, que igualó el marcador. Croacia, desquiciada, fue presa fácil para España en la prórroga, como indicó el 101-85 final. Navarro (36 puntos) y Fran Vázquez (26), futuros compañeros de Mario en Barcelona, sumaron 62 de los 101 puntos hispanos.

Neven Spahija era el seleccionador en aquel Eurobasket de 2005. ¿Qué opinión tienes de él?

Para mí ha sido el mejor entrenador que ha tenido la selección croata. Él o Aleksandar Petrović. Repeša [piensa unos instantes] es buen entrenador, pero…

Petrović no llegó a entrenarte.

Pero tuve alguna experiencia con él y me di cuenta de que era un gran motivador.

Tiene un carácter muy competitivo.

Sí, sabe cómo motivar a la gente y sacar lo mejor de sus jugadores. Mira su trabajo en la selección brasileña; están todos encantados con él.

En el Eurobasket de 2007 llegasteis con un equipo de menos calidad que el de 2005, pero una victoria contra España [85-84] os colocó en muy buena posición para la segunda fase.

En este torneo fue cuando comencé a darme cuenta de que algunos jugaban más por su futuro en el baloncesto de clubes, por una buena venta y un buen contrato, que por la selección de Croacia. Era una situación que me entristecía mucho.

Ese año perdimos partidos por tonterías. Es muy triste. Los mejores jugadores no eran los que tenían más minutos en aquella Croacia. Fue ridículo.

El combinado balcánico entró en la segunda fase con dos victorias, pero tres derrotas seguidas (ante Israel, Grecia y Rusia) abocaron a un cruce en cuartos contra la invicta Lituania. Aunque Croacia estuvo a un paso de dar la sorpresa (74-72 fue el resultado), volvió a salir de un torneo con una sensación amarga.

En 2009 jugaste tu último torneo con Croacia [el equipo finalizó en sexta posición, tras caer en cuartos con Eslovenia por solo dos puntos]. Acabaste muy enfadado ese Eurobasket porque apenas coincidiste en pista con Vujčić. Jasmin Repeša era el seleccionador.

Nada, jugamos juntos seis minutos. Además fue ridículo porque Repeša trajo muchos interiores [además de Nikola Vujčić y el propio Mario Kasun, Nikola Prkačin, Krešimir Lončar, Marko Banić, Sandro Nicević; NdR]. En mi opinión, en esa convocatoria había jugadores que no se merecían estar en el equipo nacional. Esto no es como un equipo en el que buscas meter puntos para venderte a otro equipo mejor; aquí estamos para ganar por nuestro país. Si en un partido lo que se necesita es que coja 15 rebotes y no que haga puntos, eso es lo que toca hacer.

No te he preguntado antes por aquel Europeo U18 de 1998, en Bulgaria. Formabas parte de la selección croata que perdió la final contra España; contra Gasol, Navarro, Raül López, Calderón, Felipe Reyes…

¿En serio me vienes con esto ahora [sonríe]?

Quería saber la impresión que te causaron aquellos jugadores con esa edad.

Estaba claro que todos ellos iban a ser jugadores de puta madre, pero también nosotros teníamos mucho potencial en nuestro equipo. Sin embargo, la liga de Croacia se fue debilitando con el paso del tiempo. Antes tenía un nivel alto. Al final obtienes lo que cosechas con tu inversión.

Aunque sea otro deporte, mira por ejemplo lo que pasó en el último Mundial de fútbol. Inglaterra ganó a Croacia, vale. Mira dónde juegan los futbolistas de Inglaterra. La gran mayoría en equipos de su país. La liga inglesa tiene un nivel alto y los futbolistas ingleses pueden crecer jugando en su país. En Croacia ocurre lo contrario. En la lista de convocados, había dos jugadores de equipos croatas. El resto juegan en conjuntos extranjeros. Solo puedes mejorar cuando en tu competición hay un nivel alto. Si el nivel es bajo y tu deseo es crecer como jugador, pronto llega el momento de ir a otro sitio.

¿Entiendes lo que quiero decir? Si eres competitivo y juegas contra equipos de nivel, te vas a desarrollar mucho más rápido. En mi caso, yo siempre jugaba mucho mejor contra los grandes equipos que contra equipos más pequeños. En estos casos me costaba motivarme. Cuando jugaba en KK Zagreb, había varios partidos de la Liga en los que prefería que jugasen los más jóvenes. Lo digo en serio. No por una cuestión de arrogancia, sino porque creía que era lo mejor. Cuando sabías de antemano que ibas a ganar de 40 puntos… Yo quería carne, chicha, pelea; cuando el suelo se estaba quemando y la pelota era como una roca caliente. Ahí es donde me gustaba estar y jugar.

¿Cómo ves el futuro del baloncesto croata?

Buf, está muy mal. La gente que manda busca colocar alrededor a sus amigos. Hay mucha corrupción. Es siempre lo mismo y pinta muy mal. ¿Sabes por qué me alejé del baloncesto? Porque me daba asco esta corrupción.

Tengo un respeto tremendo por Kirilenko, pero jugadores como él no pueden estar cómodos en la pista. Recuerdo un partido frente a Rusia en el que la diferencia la estaba marcando solo él [se refiere a un encuentro de la segunda fase del Eurobasket 2007; NdR], y yo no entendía por qué no salía a defenderlo alguien que pusiese más intensidad. En un duelo contra Alemania [por el quinto puesto de ese mismo campeonato de 2007; NdR], en el que acabamos perdiendo, me tocó defender a Nowitzki. Metió 31 puntos, pero te aseguro que después del partido se acordó de mí mientras se daba un baño de hielo. Hay que ser agresivo en este tipo de partidos y contra estos jugadores.

Me agobiaba mucho que el reparto de minutos no fuese solo por méritos deportivos. No me gusta la gente falsa ni las mentiras. No quiero formar parte de ese sistema. No puedo decirte que este vaso es de una serie limitada y vale 15 000 euros cuando yo he pagado 5 por él. ¿Somos tontos o qué? No puedo engañarte así, no me jodas. No me extraña que haya tantos millonarios por el mundo.

Estamos acabando y no te he preguntado todavía por tus tatuajes. Tienes cubierta casi toda la piel con ellos. ¿De dónde viene esta atracción?

Mi ídolo de pequeño, dentro del baloncesto, era Shawn Kemp; pero también me encantaba Dennis Rodman. Si a eso le sumas el rock, punk, hiphop… El tipo de música que siempre me ha gustado.

Para mí es como una adicción, y me relaja. Es como una terapia psicológica.

¿Tus planes de futuro pasan por Barcelona?

Ahora mismo mi idea es quedarme. Mi pareja es de aquí y tengo la vida más o menos montada. También tengo algún negocio en Croacia, así que me tocará viajar. No mucho, pero tendré que moverme de vez en cuando.

Por lo demás, quiero disfrutar de la vida. Lo único que en este mundo no podemos comprar es tiempo, así que intento pasar el mayor tiempo posible con la gente que más quiero.

KASUN04
Jot Down Magazine

Un comentario

  1. Amelia Machado

    Vaya por fin escribís de Basket.

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