
Todavía queda una hora para que empiece el partido, pero los primeros aficionados ya comienzan a entrar por la avenida Santiago de Compostela al Estadio Nueva España. Aunque son las tres de la tarde de un lunes laborable, se espera que hoy acudan más de un centenar de seguidores para animar a su equipo, que se la juega contra el líder de la categoría. La última del fútbol profesional. A medida que pasan los filtros de seguridad, los aficionados, engalanados todos ellos con los colores rojo y amarillo, empiezan a buscar sus localidades. El mosaico de un torero preside la escalera que lleva a una de las tribunas. Y cerca de ellas una vitrina es custodiada por una imagen de los reyes de España. Los eméritos, eso sí. En la grada popular ya se han atado las banderas rojigualdas que algunos hinchas, de pie, empiezan a agitar mientras arrancan los cánticos que no dejarán de oírse durante más de 90 minutos para alentar al Gallego, como se le conoce al Deportivo Español de Buenos Aires, uno de los equipos con más historia del fútbol argentino.
Nacido de la inmigración española llegada a América, este club ha vuelto a resurgir tras haber rozado la desaparición. Fundado, cómo no, el 12 de octubre de 1956, se convirtió rápidamente en un trozo de España en Argentina. En este país desembarcaron cientos de miles de españoles entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX, y formaron una colectividad en la que se mezclaban inmigrantes económicos con exiliados políticos de la Guerra Civil. Por entonces Argentina era conocida como la tierra de las oportunidades y poco a poco en Buenos Aires comenzaron a proliferar comercios y restaurantes españoles. Locales en cuyas paredes quedaban claras las diferencias políticas que, en ocasiones, se dirimían con violencia en las calles de la avenida de Mayo. En medio de todo aquello, el fútbol se convirtió en una buena forma de acabar con aquellas discusiones eternas.
«Recuerdo que a mis cinco años fui por primera vez a la cancha de Huracán a ver al Deportivo Español. Me sorprendió ver a miles de españoles que habían ido a animar a su equipo, porque Español sintetizaba a través de la cultura deportiva una unión de la colectividad que era inédita. Estaba muy latente la separación entre autonomías e ideologías políticas, pero cuando jugaba el Deportivo Español las tribunas iban todas a una». Con estas palabras cuenta Daniel Castro Vázquez desde el imponente Centro Galicia de Buenos Aires la que ha sido una parte fundamental de su vida. Hijo de gallegos emigrados, nació dos días después de la creación del Deportivo Español, del que su padre fue socio fundador. Desde aquel partido en el año 1962 no paró nunca de acudir a los encuentros de su querido «Gallego», club en el que jugó en todas las categorías. «En mi infancia mi padre me llevaba a los entrenamientos y se iba con el resto de padres españoles a jugar a la brisca en el bar que estaba frente al campo». Años después llegaría a debutar en el primer equipo, que por aquel lejano 1976 jugaba en Primera C, la tercera y última categoría del fútbol profesional. La misma que hoy transita después de haber pasado los peores años de la historia del club.

El ‘matagigantes’ que trató de fichar a Maradona
El Deportivo Español tiene todavía el récord del equipo que más rápido ha ascendido desde su creación. En tan solo 4 años alcanzó la segunda división, y tardaría 7 más para llegar a la máxima categoría, aunque solo duraría un año en ella. Sin embargo, poco a poco toda aquella masa de españoles y sus descendientes fueron consolidando los cimientos de un club que empezaba a pelear en la élite del fútbol argentino y mundial. De hecho, todavía es recordada la gira que ‘El Gallego’ haría por España en 1961 jugando contra el Athletic Club y el Real Madrid capitaneado por Alfredo di Stéfano.
A finales de los 70 inauguraron el estadio Nueva España, convirtiendo desde entonces en su casa el barrio del Bajo Flores, una localidad al sur de la ciudad de Buenos Aires para la que el Deportivo Español supuso un antes y un después. «El club fue pionero en el proceso de urbanización de esa zona. Recuerdo que no había teléfonos en todo el barrio y de las escuelas venían a hablar a uno público que teníamos en las instalaciones del club. Era una región muy abandonada de la ciudad y la llegada de la colectividad española ayudó a desarrollar el barrio, que se movilizó al completo y colaboró arreglando y generando ese crecimiento», explica Castro Vázquez.
Todo aquello propició la llegada de su época dorada de la mano de una de las figuras más reconocidas del club -y también la más polémica-, el presidente Francisco Ríos Seoane. Nacido en 1934 en Ordes, Galicia, este español se convirtió en una celebridad de la época por su carisma y declaraciones explosivas. Una de las más sonadas fue su intento en 1980 de fichar a la estrella emergente del Argentinos Junior. Un jugador por el que pugnaban varios equipos argentinos y europeos. Un tal Diego Armando Maradona. Pese a ser un equipo de segunda división, Ríos Seoane aseguró que había hecho una oferta de 6 millones de dólares por el astro argentino. Una oferta desmedida para la época incluso para grandes clubes. Nunca llegó a haber negociación y ‘El Pelusa’ terminaría recalando en Boca Juniors y un año después en el FC Barcelona.
Todo aquello generó un revuelo mediático que posicionó todavía más al Deportivo Español en el mapa. El equipo de Ríos Seoane seguía creciendo de la mano de una colectividad española en la que Seoane se movía como pez en el agua y de la que hacía uso para todo lo que necesitara el club. En 1984 los gallegos ascendieron en una temporada histórica y durante 14 años seguidos no salieron de la élite del fútbol argentino. En aquel recordado equipo estaba Héctor Clide Díaz, que recalaría en Español empujado por sus orígenes. «Yo venía de jugar en Velez Sarfield y cuando Ríos Seoane me dice que me quiere no lo dudé. Aquel equipo, pese a estar en segunda división, era increíble. Cuando volví a mi casa, mi padre casi me mata porque creía que era dar un paso atrás ir a jugar a la ‘B’. Pero no me arrepiento del desafío que tomamos y todo lo que conseguimos en un equipo como el Deportivo Español, que era el equipo del país de mis abuelos, que venían de Lugo. Todo influyó en mi decisión», explica Díaz, que todavía hoy recuerda con nostalgia cuando iba con sus abuelos a la confitería española que había frente al estadio.
Durante la década y media que pasó en primera el Deportivo Español comenzó a conocerse como el ‘matagigantes’, ya que no era extraño que ganara a grandes como Boca Junior, River Plate, Independiente o Racing. Quedó en dos ocasiones segundo de liga y jugó torneos internacionales. El equipo se había convertido en un clásico y llegó a tener más de 25.000 socios en un estadio con capacidad para 35.000 espectadores. El mismo estadio donde hoy los cánticos de los aficionados resuenan con el eco de un club al que le cuesta superar la centena de espectadores.
La decadencia del Deportivo Español fue sonada también por sus controversias. La primera, la detención de Ríos Seoane acusado de ser el instigador del homicidio en 1994 de uno de sus opositores en la directiva del club, Ignacio Torres, quemado vivo en su propio bar, cercano al estadio. El caso tuvo varios sobreseimientos y, pese a que Seoane pasó varios meses en la cárcel, moriría mucho tiempo después sin que el proceso tuviera un cierre claro. A esto se le sumaron los descensos, los problemas económicos, la posterior bancarrota y, como consecuencia, la pérdida y cierre de los terrenos del club en el año 2003. Un hecho inédito en la historia de Argentina y del que ahora comienzan a recuperarse

A la caza de aficionados entre los descendientes de españoles
Entre los socios que pueblan la tribuna central del Nueva España una mujer camina nerviosa mientras ve el partido. Va de un lado a otro de la grada apoyándose en la barandilla. Saluda a aficionados y amigos mientras sufre el partido que, por el momento, sigue cero a cero. Su nombre es María Sol Méndez, y es la actual presidenta del Deportivo Español y una de las artífices de que la Ciudad de Buenos Aires le haya devuelto hace tan solo unos meses el terreno al club. Por lo menos durante los próximos 20 años. Y es que de las casi 18 hectáreas que tenía el Español, 9 son utilizadas ahora por el club y las otras 9 las usa la Policía Metropolitana como centro de entrenamiento desde que el club quebró.
«Mi amor por el club nace a través de mi papá, que también fue socio desde pequeño. Él nació en Oviedo en 1948 y emigró hacia Argentina muy chico. Yo me crié acá, con mis hermanas», rememora Sol Méndez, que explica que cuando vio la situación del club decidió emprender desde su posición como diputada en el parlamento local de la Ciudad de Buenos Aires un proyecto de ley que permitiera al club recuperar sus terrenos. La iniciativa no fue sencilla y tardaría ocho años y multitud de intentos en ser aprobada, hasta que en el último mes de su segunda y última legislatura, el pasado 27 de noviembre de 2025 fue sancionada por mayoría la Ley de Restitución Histórica que le permite recuperarlo. Eso sí, solo por las próximas dos décadas.
«Con esto se consiguió que el club tuviera más seguridad jurídica para recibir patrocinios e inversiones y volver a ser un club serio», dice Sol Méndez, que agradece el papel que tuvo el embajador español en Buenos Aires en su apoyo público del proyecto. Meses después, esa misma diputada pasaría a encabezar una candidatura para hacerse cargo del club, a la vista de que «la gerencia no lo había gestionado correctamente ni de manera transparente». El 8 de marzo de 2026 Sol Méndez se convertía en presidenta del Deportivo Español. La única presidenta mujer del fútbol profesional argentino. «Nuestro desafío en estos próximos 20 años es crecer de tal forma que nunca tengamos que volver a discutir si nos quitan nuestro terreno o no. Vamos a reconstruir el club que fuimos. El club con el que nos criamos los hijos de españoles. Queremos volver a nuestras raíces y que vuelva la colectividad, que es muy grande y lo va a ser todavía más».
El fuerte arraigo que generaron esos inmigrantes que llegaron el siglo pasado no supuso que se olvidaran de su pasado. Y así lo quisieron plasmar en un equipo de fútbol. Argentina hoy tiene medio millón de españoles viviendo entre sus fronteras, lo que la convierte en el lugar con más españoles del mundo fuera de España. Pero, además, como apunta Sol Méndez, la reciente Ley de Nietos va a hacer crecer todavía más esa colectividad, ya que ha permitido que descendientes de españoles que no habían accedido a la nacionalidad anteriormente puedan solicitarla; algo que ya han hecho cerca de un millón de argentinos más. Por tanto, en un futuro no muy lejano, Buenos Aires será tras Madrid y Barcelona la tercera ciudad con más españoles de todo el planeta. Una ciudad que no se entiende sin su fútbol. Y en la que el Español busca volver a hacerse un hueco.
Por el momento, este lunes ha terminado con empate. No es un mal resultado, pues a escasas jornadas para finalizar la temporada regular el equipo sigue con opciones de jugar el playoff de ascenso. Un paso más para que el Gallego pueda recuperar parte de lo que siempre fue: un club histórico en Argentina y, también, el equipo que nos recuerda que un día nosotros también fuimos inmigrantes.


